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Narrativas intergeneracionales – Para volvernos a tomar de la mano

Mundos complejos, separados por unas lógicas de un consumismo terminal, que alejó de todos nosotros el vuelo del colibrí y el canto del sinsonte. Alejo de nosotros, el paisaje de una vecindad creativa, para adentrarnos en la fatiga que nos trajo una fuerte ola de ausencias humanas. Nos compartimentaron el cotidiano vivir, trayendo consigo una soledad que ni unos ni otras, merecemos en estos deseos de vivir posibles mundos mejores, en los que el otro es la fiesta inaplazable, la de los días por venir. Vecindad que desde las primeras infancias, nos enseñó a estar con otros, que somos nuestro complemento inseparable, para aprender los senderos del vivir en comunidad, desde la fiesta del saber que nos inspiró Estanislao Zuleta.

Mundos que nos alejaron del testimonio, siendo la mas bella practica de compañía para todas nuestras fragilidades. El testimonio es nuestra mayor riqueza, pues es memoria y silencio, de todas nuestras TRAVESIAS DE INFANCIA Y NUESTRAS TRAVESURAS DE ADOLESCENCIA. Nuestros primeros acercamientos a los mundos del erotismo y la sensualidad, desde la contemplación amorosa de la flor, hasta el bello tejido de castillos con las nubes y festejar con los atardeceres, esa inconfundible ruta de los venados, en decir de las entrañables abuelas.

Mundos en los que, desde muchas familias, comenzamos por darle como espacio existencial, a los adultos mayores, esos lugares de las casas, que se parecen un poco a los lugares del olvido, fantasma silencioso, que nos amenaza con frecuencia en este complejo trasteo por la tierra. Toda familia pareciese ser, tiene un ser en relativos olvidos, en estas velocidades industriales, escenarios de la muerte prematura, trivial heroísmo de los jóvenes en las motocicletas de la falsa valentía, vanidad innecesaria, opulencia de celofán, consumo de ingenuos heroísmos en la seducción de lo acartonado, bajo los afanes de los amores de celofán, gratuitas e innecesarias formas de debilitar lo humano en el otro, en los otros, en todos nosotros.

Mundos de una opulencia vacía, de una generación de palabras sacrificadas y dejadas como derrotas a la vera del camino, huella de tanto pensar lo humano, en los laberintos camineros del barrio popular, sagrado y único territorio, donde se llega a tener dos y tres mamas al mismo tiempo. Mundos de todos y de ninguno, aterrador inventario que nos enluta los ojos y ensordece nuestra escucha sagrada de las primeras infancias. Necesitamos de una gestualidad relacional más humana, vegetal, en armonía con nosotros y con la naturaleza natural y la naturaleza humana. Que cada palabra, venga de donde venga, nos convoque en amorosa presencia, siempre inaugural, por una nueva arquitectura terrenal humana.

La vecindad, es el camino a toda construcción de una humanidad distinta, la de los silencios para festejar la cosecha, la de inventar palabras para atraer de nuevo a los pájaros, la que siente alegría por la presencia del otro, de los otros. «Necesitamos volver al relato de provincia, necesitamos volver a lo que no dijimos« (Silvio Sánchez).

¡OJO! «Necesitamos volver al relato de Provincia, necesitamos volver a lo que no dijimos«. Sabia forma de pensar, para enfrentar estos tiempos de dogmatismos super-académicos e institucionales. Necesitamos del saber sagrado de nuestras niñas y niños, para enriquecer los multicolores paisajes de ciudad, de humanidad, de inspiración. Necesitamos volver a lo que no dijimos, con la convicción de encontrar otras formas de nombrar el mundo, de ponerlo entre las manos de los niños y niñas, que sabrán enseñarnos a colorear todo cuanto nos rodea, los nuevos paisajes de humanidad.

Las nuevas formas de nombrar el mundo, no favorecen mucho, nuestros entornos territoriales, por cuanto la figura de ciudades envejecidas, poco dirá a los adolescentes que hoy apenas se alejan de sus primeras infancias. Formas secas, frívolas, de muy poca musicalidad, que pretenden, al nombrarnos, dejarnos como estáticos en un rincón del tiempo. Nos vamos a apoderar del lenguaje que nos queda, para bautizar los tiempos de transformación, jamás los de un estatismo que no nos contiene de ninguna manera. Por ejemplo, LO INTERGENERACIONAL, seria una alternativa maravillosa, para recuperar unas formas de relacionarnos, que signifiquen más humanidad para nuestras búsquedas ético-estéticas.

A conversar, a caminar, a recorrer la ciudad a ritmo del paisaje, a inventar abrazos duraderos entre la mañana y la noche, a tejer vecindades que traigan otras celebraciones del estar juntos. Podríamos inventar las rutas del agua, las rutas del silencio, las rutas de la pregunta, las rutas del compartir sin cuenta de cobro, a colorear las calles, desde las metáforas de las niñas y los niños, tomados para siempre de las manos de sus abuelos, de los mayores de la entrañable ciudad. A expedir pasaportes para los adultos mayores, de todos los espacios donde los jóvenes cultivan lo más sagrado de sus creaciones pictóricas, dancísticas, teatrales; todo su repertorio de los nuevos lenguajes que crean a diario para el mundo. A compartir los saberes acumulados y los recién aprendidos en las nuevas propuestas humanas, académicas, que la Universidad de Caldas en este tiempo vital, propone a estos estudiantes del eterno vivir.

Aparecerán entonces los universos intergeneracionales, los de lo no dicho, los de un silencio que merecería convertirse en palabra, para celebración de la vida por vivir. Lo intergeneracional como el cuidado de todos los cuidados, para que cada habitante de la ciudad, se sienta convocado, provocado, incluido, desde su particular forma de asumir estas cotidianidades, en nuestras abismales topografías. Lo Intergeneracional como la recuperación de nuestra cultura de la convivencia, de la vecindad creativa, de la fiesta del estar juntos, para trazar nuevos mundos posibles para todos.

En algún momento leímos de nuestra política colombiana, la definición de grupos vulnerables y aparecían los niños-niñas, los jóvenes y los adultos mayores. Preguntamos vitalmente:

Vulnerables los niños y las niñas, cuando son el nacimiento de la pregunta.? Vulnerables los jóvenes, cuando son la poética de toda transgresión.? Vulnerables los adultos mayores, cuando son precisamente la memoria del camino.?  Y si los pensamos como el gran trípode, de cualquier reconstrucción entusiasta, humana, en cultivos creativos diversos, polifónicos. Es la gran fiesta de los saberes colectivos, que acunaremos amorosamente, en la entrañable ciudad de todos los nacimientos.

Caminos en ruta intergeneracional, para el imaginario de un mapa vivo de Ciudad

«RECORRER LA CIUDAD A RITMO DEL PAISAJE« en la que «CADA SER HUMANO SERÁ COMO UN LIBRO NO LEIDO«

1. Conversatorios de ciudad entre abuelos y nietos. Lo abuelos narran sus infancias. Los nietos preguntan en lúdica libertad.

2. Rutas del caminar de la mano, para alivio del cuerpo colectivo. Para estos tiempos tan complejos, necesitamos de la compañía, siempre la compañía. No es bueno intentar vivir estos ritmo-tiempos solos, cuando sabemos que nos tocara asumir nuevas y complejas demandas, de las naturalezas tanto naturales como humanas.

3. Los niños y niñas, les enseñan a los adultos, alrededor del juego. ¿Cómo los niños y las niñas, podrían educar a los adultos? (ejercicio Bogotá-Secretaria de Educación.)

4. Programación cultural…cada evento podría incluir temas para abuelos-nietos. O actividades creativas específicas, dentro del evento mismo. Procesos de creación colectiva entre unos y otros. Conjugación maravillosa de sus particulares éticas y estéticas. Co-crear para Convivir.

5. Actividades deportivas lúdicas, afuera y juntos. El cuerpo como expresión de un todo, que nos cuida y aproxima en un nosotros indivisible. Nunca desde la competencia, la rivalidad, la anulación de las capacidades del otro. Cada ser humano, desde su particular forma de ser y estar, embellece los paisajes de ciudad, los entornos territoriales.

6. Caminatas por senderos ecológicos, aptos para compartir entre determinadas edades, que potencien la conversación (caminar la palabra del otro).

7. Historias de los barrios que acentúen los contextos de las infancias. De todas las infancias, las del juego, las del miedo, las del poder, las del agua, las de la esquina, las del olvido.

8. Temas estratégicos de ciudad, que convoquen a la creatividad, la innovación, de niños, adolescentes, jóvenes y adultos mayores (Intergeneracional). Las rutas de la palabra, las rutas del silencio, las rutas de la contemplación, las rutas de la complicidad. Las rutas cromáticas del Testimonio.

Cuando hablamos de relaciones intergeneracionales, nos estamos refiriendo vitalmente a las relaciones de la Armonía, que los adolescentes denominan para dar a entender, como deberían ser entre Educación y Cultura. Relaciones que le dan sentido a cada uno de los sucesos de la ciudad, que traen consigo aprendizajes y prácticas de una ética profunda, amorosa, sensible e inteligente. Entre la Cultura y la Educación, van y vienen la mitad de las gestualidades humanas, que desde sus particulares formas de sucederse, se contienen unas a otras inseparablemente. Como si deseáramos afirmar, que todo acto cultural, es un gran hecho educativo y todo acto educativo, es un gran hecho cultural. Sucede así, hasta en lo mas sutil, en lo mas imperceptible. Esta es la metáfora, quizá más bella del silencio. Jamás como ausencia de sonido, de palabra, por el contrario, nuestra consciente forma de dejar de vernos, para mirarnos, dejar de oírnos para escucharnos, dejar de garlar tanto para conversar de verdad un poco. El silencio como la forma más sutil de acompañar a cada ser humano de la ciudad, desde su particular forma de ser y de sentir. Es otra ética, una especie de complicidad humana, que me permite entender cuando la quietud, cuando el bullicio, cuando la escucha, cuando la ausencia silente necesaria.

Es otra practica de lo humano, en otra humanidad pausada, que aprende a evitar las velocidades de lo prematuro, de la improvisación, de los afanes innecesarios, para inspirar las pausas variopintas, de una complicidad humana, desde lo más profundamente humano del existir. No se trata entonces de imponer nada, de exigir nada, de cuestionarlo todo. En esta tarea sabrán acompañarnos la hierba, las piedras, la sombra del vuelo del Colibrí, los vientos del sur, la hora sagrada de las cosechas, por los siglos de los siglos………

Un acuerdo innegociable

No se trata de plantearle solo estas ideas a los ciudadanos en general. Se trata de construirlas con ellos, procurando que cada palabra, que cada gesto, tengan un lugar en el escenario mismo de la creatividad. Bello camino el de consultar a los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos mayores, sobre sus diversas ideas y deseos, para el diseño colectivo, de un paisaje de civilidad compartida, acunada, desde un nuevo nosotros polifónico, acompasado, que atraiga por siempre, en caravanas, la anhelada visita de los pájaros y las mariposas.

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Edición No. 216