Francisco de Paula Santander: la República como obra de la inteligencia y de la Ley
La edición número 219 de la Revista Aleph, correspondiente a octubre-diciembre de 2026, en el año de celebración de sus seis décadas de existencia, está dedicada a exaltar la vida y la obra de Francisco de Paula Santander. Se trata de un número monográfico que, a doscientos años de la fundación de algunas de las instituciones esenciales de la República, propone una revisión de la figura del estadista, su pensamiento político y su contribución a la formación de Colombia. La publicación está dedicada, asimismo, a la memoria y al honor de Pilar Moreno de Ángel, autora de una de las más rigurosas y documentadas biografías del prócer.

El propósito que anima esta edición es recuperar a Santander de las interpretaciones parciales y de las controversias ideológicas que durante mucho tiempo han condicionado su reconocimiento. La presentación de Carlos-Enrique Ruiz, titulada «El Estadista Santander, a los 200 años», sitúa al personaje en el centro de una reflexión sobre la construcción republicana: el Estado de derecho, la educación pública, la ciencia, la cultura y la organización de las instituciones. Santander aparece allí como un fundador cuya obra no puede reducirse a la administración de normas, sino que debe comprenderse como una voluntad de dar forma civil y democrática a la nación. La evocación de su trayectoria universitaria y de las vicisitudes de su memoria pública invita, además, a considerar el modo como Colombia ha tratado —y a veces desatendido— a uno de sus principales constructores.
El recorrido se inicia con el ensayo de Gabriel Poveda-Ramos, «Francisco de Paula Santander-Omaña, el mejor presidente de Colombia», que examina sus dos períodos de gobierno y destaca la magnitud de su labor administrativa. El autor reconstruye, en secuencia histórica, los esfuerzos por organizar el erario, consolidar el ejército republicano, establecer una administración judicial y territorial, impulsar la educación, fomentar la minería y la agricultura, abrir caminos y promover el comercio y la navegación. Su lectura presenta a Santander enfrentado a las enormes carencias de una nación recién salida de la guerra, y subraya la capacidad de convertir recursos limitados en instrumentos de organización y progreso.
La dimensión humana y política del estadista se amplía con «Santander. Personalidad del Estadista», de Otto Morales-Benítez. En estas páginas se reivindica al hombre que, después del exilio, regresó a defender la aplicación de la Constitución y las leyes como fundamentos de la vida republicana. El texto invita a reconocer la complejidad de su destino y la persistencia de prejuicios que han oscurecido su condición de militar, gobernante y ciudadano comprometido con la democracia.
La biografía de Santander escrita por Pilar Moreno de Ángel constituye otro eje de la edición. Javier Ocampo-López se ocupa de esa obra monumental, mientras Jairo Ruiz-Mejía, en «El Santander de Pilar Moreno – Reseña», vuelve sobre la investigación que permitió reconstruir la vida del prócer a partir de documentos, correspondencia y testimonios. La presencia de estos textos no es solamente un homenaje a la historiadora: recuerda la importancia de la investigación rigurosa para superar las leyendas políticas y acercarse a la dimensión real de los personajes.
La educación y la creación institucional ocupan un lugar central. Fernando Sánchez-Torres examina la relación de Santander con la Universidad; Germán Arciniegas aborda la creación de la Colombia granadina; Jaime Jaramillo-Uribe estudia las reformas de la República; y Belisario Betancur destaca a Santander como fundador de instituciones. Armando Martínez-Garnica, por su parte, profundiza en la formación de las instituciones republicanas. En conjunto, estos trabajos permiten apreciar una preocupación constante por establecer las bases de una nación organizada, con educación, administración, conocimiento y leyes capaces de sostener la vida colectiva.
La edición incorpora también asuntos que revelan otras facetas del personaje y de su tiempo. Darío Valencia-Restrepo presenta «Santander – Un exilio musical», y Vicente Pérez-Silva estudia el origen de la enemistad entre Bolívar y Santander, una ruptura que marcó profundamente la historia política de la Independencia y de la primera República. Albio Martínez-Simanca, en «La instrucción pública: semilla de felicidad y prosperidad», vuelve sobre el horizonte educativo de la Constitución de 1821. Antonio García-Lozada, con su lectura de Las Convulsiones de Vargas-Tejada, sitúa la creación literaria en las tensiones de la transición republicana.
Finalmente, la lección de Carlos-Alberto Vargas J. en la conmemoración de los noventa años de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales enlaza la memoria de Santander con la continuidad de la vida científica del país. El número se completa con notas, el patronato histórico de la Revista y la noticia de autores, elementos que dan cuenta del marco intelectual y editorial de esta celebración.
Así, la Revista Aleph ofrece una lectura plural de Francisco de Paula Santander: militar de la Independencia, gobernante, legislador, promotor de la educación y artífice de instituciones. Más que una exaltación aislada, el monográfico propone volver sobre su legado como una pregunta todavía vigente acerca de la República: cómo se construye, qué instituciones la sostienen y de qué manera la ley, el conocimiento y la educación pueden convertirse en fundamento de una convivencia democrática.