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El arpa de pedales en Manizales

 

(*) Estos textos hacen parte de la tesis de doctorado : “El arpa de pedal en Colombia – Evolución instrumental, de la creación musical y de la formación de arpistas”, elaborada y sustentada por Mónica Milena Gallego-López. Universidad de Burgos, Burgos (España) 2017.

1. Antecedentes

Manizales, mi ciudad natal y capital del departamento de Caldas, es considerada hoy día como una de las ciudades con mayor calidad de vida en Colombia. Además de ser ciudad universitaria, se ha destacado por la labor musical que han realizado las bandas y orquestas sinfónicas a lo largo de los años. En esta ciudad, tuve mi primer experiencia con la música y fue de la mano de esta expresión artísticia, que realicé mi labor musical como docente, creando la cátedra de arpa en el Conservatorio de Música y como intérprete, siendo la primer intérprete de este instrumento. Después de varios años de estudios y gratas experiencias musicales y pedagógias en el exterior, hoy quiero compartir parte de mi trabajo como investigadora, que me lleva de nuevo a estas tierras para indagar un poco más sobre el desarrollo del arpa de pedales.
Esta ciudad que goza del privilegio de las maravillosas vistas de la cordillera central o los llamados Andes, despierta cada día con el activo Nevado del Ruíz, y en épocas del enero festivo se oyen las voces de ¡Ay Manizales del Alma! en las bandas que desfilan por sus calles al ritmo de los pasodobles. Pero no sólo las voces de los alientos resuenan en las ferias, también se han dejado sentir las cuarenta y siete cuerdas vibrantes del arpa en la iglesia la Inmaculada de manos de una de las exalumnas -motivo de orgullo-. Y es que son ya dos décadas de formación de arpistas en esta ciudad, que deja ver el avance de uno de los instrumentos más exóticos que ha logrado llegar a los oídos de los manizaleños con sus armoniosas melodías. Y rememorando la voz de Gustavo Adolfo Becker (1ª estrofa, Rima VII): “Del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase el arpa..” quiero contar mi historia y la de mi compañera de ¡tantos viajes!. De esta manera y cual palabras de Becker, lucían las dos arpas en la biblioteca del Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas, hacia los años noventa; época en la cual se daban las primeras generaciones de licenciados en música e innovadores proyectos musicales como el programa Batuta, el cual, liderado por el maestro Nelson Monroy, logra que una vez más suenen las cuarenta y siete cuerdas de las antiguas Érard.
En este capítulo queremos dar a conocer a través de un esbozo musical, las primeras manifestaciones musicales sucedidas años después de la fundación de la ciudad, dadas con la llegada de las primeras compañías artísticas -por caminos a penas construidos-, que brindaron  otro tipo de esparcimiento musical a los manizaleños. De igual manera hacemos mención de los primeros teatros que acogieron a estas compañías, a las orquestas, instituciones musicales, directores y artistas tanto nacionales como extranjeros, entre ellos al inigualable arpista español Nicanor Zabaleta, los cuales dejaron sus legados musicales en pro del desarrollo musical y cultural de la ciudad. A pesar de la escaza información existente sobre nuestro tema de estudio, hemos podido tener un acercamiento por medio de los relatos de músicos de la época, encontrando detalles significantes que enriquecen nuestro trabajo, como también, los programas de concierto y archivos del periódico local, los cuales nos permiten tener una visión de la escena musical de la época, datos éstos, que junto a las escasas referencias bibliográficas existentes, se unen a la experiencia personal y profesional, dando inicio así, de esta historia que bien merece la pena ser contada y documentada.


2. El arpa en las salas de concierto

Las primeras manifestaciones artísticas musicales que incluían el canto, la música y el baile, muchas de ellas reconocidas como españolas y de las cuales gozarían los colombianos, fueron las presentadas por las compañías de zarzuelas, operetas y variedades. Estas compañías atravesando pueblos y caminos de difícil acceso llevarían estos espectáculos a los más recónditos lugares del país, entre ellos a la ciudad de Manizales. Es entonces a mediados del siglo XIX que varias ciudades colombianas se convertirían en destino para estas compañías, “las cuales caracterizadas por su versatilidad y facilidad de montaje de la zarzuela y particularmente los espectáculos de variedades, proliferaron con inusitado éxito tanto por su nivel de convocatoria como por su arribo a lugares apartados” (Cortés, 2004, p. 146). En el libro Caldas. Cien Años. Historia y Cultura (1905-2005), Humberto Gallego Gómez en sus “Apuntes de la Música en Caldas”, hace mención de la primera compañía española que se presentó en la ciudad: “en 1874 llegó a la ciudad la compañía española de José Zafrané, quien al final de la temporada propuso montar una zarzuela…y fue esta la primera vez que en la escena musical manizaleña se escucharon auténticos aires españoles” (2005, p. 325).

Estos acontecimientos artísticos que en un principio no tuvieron espacios adecuados se presentarían más adelante, en los salones y teatros fundados en la ciudad. El primer espacio cultural que brinda a los manizaleños un acercamiento al arte, la música y al entretenimiento artístico, surge en el año de 1914 como iniciativa de Leonidas Narango, conocido como “Lenaranjo”, manizaleño pujante “con sangre paisa en sus venas” como lo recuerdan los de su generación, y quien además fuera fundador del primer periódico  pionero de la crítica musical y de la divulgación artística de la ciudad, llamado El Hojarasquín del Monte, el cual llevaba por lema “sale cuando le da la gana. El señor Naranjo con el apoyo de otras personalidades de la ciudad, llevó adelante la labor de construcción del llamado “Salón Olympia”, espacio cultural que “primero tuvo como vestido una vieja carpa y después una funcional sede, toda en madera, inició labores con todas las de la ley, cualquier día del mes de octubre del mencionado año 1914” (Atehortúa, 1999, p. 13 ). El historiador Luis Londoño, en su libro Historia de Manizales (1936 p. 209), refieriéndose al origen de este salón nos deja leer: “Nuestro coterráneo, don Leonidas Naranjo, empresario de teatros, consiguió en arrendamiento tres predios colindantes para edificar un local apropiado para espectáculos públicos. Este local lo empezó en marzo de 1914 y lo terminó en octubre del mismo año”. El Olympia, inaugurado con el estreno de la opereta La Generala de Franz Lehár (1870-1948), continuó su labor abriendo sus puertas a compañías dramáticas, de zarzuela, de variedades: Canto y Baile, circos, cantantes e instrumentistas, tanto nacionales como internacionales, que realizaban sus giras de temporada; convirtiéndose así en la sala de espectáculos culturales de aquel entonces hasta que fue destruído por el incendio del 3 de julio de 1925.

Pero el evento cultural y musical que tendría más importancia durante ese tiempo sería la actuación de la compañía de ópera Bracale, procedente de Italia, y cuyo nombre daba honor a su director Adolfo Bracale (Nápoles 1873- Bogotá, 1935), quien se había desempeñado como coordinador del Teatro de la Ópera de El Cairo entre 1908 y 1912; en éste último año, fue reconocido por el gran montaje de la ópera Aida de Giuseppe Verdi (1813-1901) que tuvo lugar en las pirámides de Egipto (Cárdenas, 2015, p. 285). El año de 1922, marcó el inicio de esta compañía en el país, realizando sus primeras presentaciones en Bogotá (22 de enero) y Medellín (17 de marzo), en donde presentó Rigoletto de Giuseppe Verdi, en los teatros respectivos: el “Colón” y el “Bolívar”. Después llegaría a Manizales y continuaría su segunda temporada presentando Aída de Verdi, en las ciudades de Bogotá (26 de noviembre) y Medellín (enero 27 de 1923). En Manizales, esta compañía itinerante llevó a escena 16 montajes de óperas entre el 11 y el 27 de agosto de 1922. Llegó por primera vez a la ciudad pasando por Chinchiná, “en ese entonces conocida como San Francisco, el 10 de agosto de 1922, utilizando bueyes, mulas y caballos que cargaron los ochenta enormes bultos y cajas que constituían el equipaje de los cuarenta artistas de la Bracale” (Atehortúa, 1999, p. 17). Su debut tuvo lugar al siguiente día de su arribo con la ópera Rigoleto, de Verdi, compositor del cual se escucharían más adelante Aída, la Traviata y el Trovador, así mismo fueron presentadas las óperas: Carmen de George Bizet (1838-1875), Lucía de Lammermoor y La Favorita de Gaetano Donizetti (1797-1848), I Pagliacci de Ruggero Leoncavallo (1857-1919), El Barbero de Sevilla de Gioachino Rossini (1792-1868) y la Bohemia de Giacomo Puccini (1858-1924). Obras que sonarían con el regreso de la compañía, la cual visitó la ciudad dos veces más en los años de 1928 y 1933 -año de quiebra de la compañía-. El último año, bajo la dirección del maestro Mucci y Pietro Mascheroni -como director substituto-, el último radicado en la ciudad de Medellín, Colombia hasta el 31 de octubre de 1979, año de su fallecimiento. Las últimas óperas puestas en escena por la compañía, fueron las óperas Tosca de Puccini, y de Donizetti, sonarían: Elixir de Amor y una vez más su obra Lucía de Lammermoor, la cual sería interpretada como despedida definitiva de la ciudad, hecho que fue anunciado en los volantes de la época.

Al hablar de esta compañía que también contó con la presencia de solistas y artistas nacionales, se hace mención de una numerosa orquesta que dirigía el concertista Amadeo Ferrer -quien tuvo una trágica muerte al lomo de un caballo en la entonces avenida Cervantes, hoy conocida como avenida Santander- y se hace alusión a instrumentos poco conocidos como el oboe y los timbales, lo que nos hace pensar en la posibilidad de que también el arpa formara parte de la orquesta; y más aún cuando se deja leer sobre las obras interpretadas en el artículo que registró la prensa de la época:

Esta ópera es una verdadera escuela ambulante de cultura musical, que pone muy en alto el nombre del arte colombiano y que le cubre de orgullo legítimo. Se regocija y se emociona el espíritu patriótico al oír este conjunto magistral (de compatriota) en la ejecucución imponderable de obras de tanto valor clásico, como Lucía de Lammermoor, Rigoletto, La Traviata, y otras de tanto mérito como estas (Atehortúa, 1999, p. 18 ).

La revista Manizales, 150 años N. 53, haciendo referencia a la “Historia de los Teatros” y a las presentaciones que tuvieron suceso en el Salón Olympia, deja leer:

El poblado vibró como nunca cuando ese 22 de agosto de 1922 Vicenso Bettoni, de la Escala de Milán, el cuerpo de baile del Metropolitan de Nueva York, relucían en nuestro descomplicado pero orgulloso teatro. Su orquesta de trienta músicos tocaron “La Traviata”, “I Pagliacci”, “El Trovador” y la “Bohemia”. Fueron siete grandiosas noches inolvidables para los manizaleños. Sin embargo, la muerte de su director Amadeo Ferrer…provocó el sentimiento y solidaridad de todos los habitantes (La Patria, Instituto Caldense de Cultura, 1999, p. 3).

La mención de todas las óperas representadas -ya reconocidas en la escena musical europea- las cuales llevan gran instrumentación y en su mayoría, arpa, por mencionar un ejemplo: Lucía de Lammermoor, que sobresale por su bella y exigente cadencia del arpa, nos lleva a suponer que sólo puedieron ser interpretadas en un arpa de pedal; pero teniendo en cuenta la dificultad de transporte de la época y al no encontrar mención del instrumento, nos cabe la duda de si en realidad fue usado dicho instrumento.

Después del incendio de 1925 que dejó gran parte del centro de la ciudad destruida, se levanta de nuevo el “Olympia”, que pasó de ser un salón a convertirse en el Gran Teatro, gracias a la idea de sus fundadores Enrique Gómez Latorre, quien con tan sólo 25 mil pesos y en compañía de Arístides Amaya, logran conseguir el presupuesto de 300 mil pesos para dar inicio a su construcción en el mes de febrero de 1929. Este espacio que durante casi cincuenta años fue escenario artístico, teatral y cinematográfico, ofreció al pueblo manizaleño un esparcimiento cultural. El teatro fue terminado en abril de 1930, gracias a la compañía constructora Papio y Bonarda -procedentes de Europa-, quienes reflejaron en éste, el estilo italiano de los teatros de ópera y ballet. Su inauguración tuvo lugar el día 08 de mayo del mismo año en beneficio de la Cruz Roja de Manizales, tal como se deja leer en el periódico La Voz de Caldas: “Debe usted asistir a la magnífica velada con que la Cruz Roja inaugura el “Gran Olympia”. Esta concurrida noche sobresale la interpretación de El Vals de las Flores -obra con gran cadencia del arpa- a cargo de la orquesta sinfónica compuesta por más de 20 músicos de la ciudad.

La orquesta del Gran Teatro, que fuera dirigida en un comienzo por el maestro Ramón Vargas Sicard (1871-1931) y, más adelante por el maestro Temístocles Vargas (1866-1950), haría su intervención también en los espacios de cine mudo de la época. Al igual que el cine, las manifestaciones artísticas y musicales continuarían teniendo lugar, con las presentaciones de otras compañías de ópera que pasarían por este teatro y trabajarían en conjunto con el coro y la orquesta. Una de ellas fue la conocida Gran Compañía de Opera de Buenos Aires, que con sus treinta integrantes y junto a las veinte personas del coro y una orquesta compuesta por treinta profesores, llevaría a escena -una vez más- la ópera Lucía de Lammermoor en la noche del 6 de marzo de 1946. Fueron varios los acontecimientos musicales y artísticos sucedidos durante la  década de los cuarenta y cincuenta en el teatro “Gran Olympia”, el cual tenía una capacidad para 3.000 espectadores (1.000 butacas de platea, 500 de palco y 1.500 de preferencia). Los eventos de gran importancia cultural para la ciudad y de los cuales hace mención Trujillo (2007), fueron anunciados en el periódico local La patria, tal como citamos a continuación: 

  • Orquesta Sinfónica Nacional: “Como segura se da la presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional durante la celebración de la semana Cívica…La velada se llevará a cabo en el Teatro Gran Olimpia” (16 de septiembre de 1944).
  • Compañía de ópera antioqueña: “A principios de diciembre de este año, debutará en el Teatro Olimpia, la Compañía de Opera Antioqueña…Entre las obras que presentará se destacan “Rigoletto” de Verdi, “Traviata” del mismo, “Caballería Rusticana” y “Los Payasos” de Mascagni y Leoconval (sic)… (noviembre 7 de 1944).
  • Orquesta de Xavier Cugat: “Gran entusiasmo ha despertado en la ciudad el anuncio sobre la presencia de la famosa Orquesta de Xavier Cugat, la cual hará su debut el lunes 12 de los corrientes en el Teatro Gran Olimpia” (marzo 9 de 1951).
  • Cuarteto Budapest: “Ayer se presentó en el Teatro Gran Olimpia el famoso Cuarteto Budapest, un espectáculo de alto nivel intelectual, que ha obtenido resonantes triunfos en distintos países. Desgraciadamente la asistencia fue bastante reducida” (julio 18 de 1951).
  • Compañía de ópera y zarzuela: “Mañana en las horas de la noche debutará en el Teatro Gran Olimpia, la compañía española de Zarzuelas y Operas de Manuel Abad, con la bellísima “Zarzuela Romero y Fernández Show”, con música del maestro Moreno Toaba., Luisa Fernanda que está catalogada como uno de los mejores espectáculos de su género” (marzo 23 de 1958).

Varias de las óperas mencionadas y la zarzuela Luisa Fernanda, incluyen el arpa dentro de la orquestación, cumpliendo un papel de gran exigencia musical y artística.

En el “Gran Olympia”, tuvo lugar la presentación de la Orquesta Sinfónica de Colombia el 1 de septiembre de 1959, a las 6 y 30 p.m., como parte de la programación de la “Semana Cultural Caldense”. La actuación de la Sinfónica de Colombia marcó un precedente histórico musical en la ciudad, pero quizás el evento de mayor importancia fue la presentación de la Compañía de Ópera Italiana, que con grandes solistas de la Scala de Milán llevaron a escena otras óperas, entre ellas, Rigoletto de Giuseppe Verdi (1813-1901) y Madame Butterfly de Giacomo Puccini (1858-1924) los días jueves 27 y viernes 28 de julio de 1971. “Ni que decir del Coro de los Murmullos, o Coro Mudo, que la orquesta hizo levantar de nuevo al respetable, por ese efecto fílmico de raro encanto; con la conducción del maestro Attillo Bordonalli” (Atehortúa, 1999, p. 130).

Las óperas mencionadas incluyen el arpa; una vez más y siendo conocedores del gran papel del arpa con sus cadencias y acompañamientos en la interpretación de estas obras, suponemos la presencia de un arpa de pedal en la orquesta acompañante, lo que nos hace pensar que antes de los cincuenta, las compañías viajaban con su arpista. Es bien sabido que todas las compañías eran itinerantes, permanecían varios meses de gira por el país y luego se marchaban, muy seguramente durante esta estancia los músicos de estas compañías, daban clases particulares o participaban en otros montajes musicales.

Pese a los esfuerzos de construcción de este espacio cultural, que permitió la presentación de compañías de ópera y zarzuela, orquestas sinfónicas, reconocidos artistas tanto nacionales como extranjeros, fue muy probable que por no pertenecer al Estado o por la falta de leyes en beneficio de la conservación de monumentos nacionales en esa época, el “Gran Olympia”, pasara de ser una gran fuente de historia artística y cultural a tan sólo una sala de cine en manos de particulares, hasta su demolición en el año de 1978. Roberto Rubio Hurtado -quien fuera miembro del Centro de Historia de Manizales- en la Revista Civismo, 214 (4 de abril de 1978, p. 303) refleja el sentir del pueblo: “Lentamente en este mes de abril de 1978, va desapareciendo al golpe del martillo, la pica y la almádana, el Gran Teatro Olympia, que tantas obras maravillosas nos brindó, como las óperas italianas…y otras, todo esto en profusión artística que cambiaba por completo nuestro sistema de vida durante los días de sus representaciones”.

Otro de los espacios representativos de la escena musical, fue el “Teatro Cumanday”, en donde tuvo lugar la presentación del arpista español Nicanor Zabaleta; sin lugar a dudas, la más significativa para la historia de este instrumento, al ser el primer solista en actuar en la ciudad y en el país. El año de 1937 marcó el comienzo de una gira de conciertos que realizó Zabaleta en varias ciudades de Colombia, incluyendo Manizales, ciudad en donde ofreció un maravilloso concierto el 9 de noviembre en el “Teatro Cumanday” y el cual fue anunciado en el periódico local La Patria (noviembre 9 de 1937):

Esta noche debuta en el Teatro Cumanday de la ciudad, el gran arpista Nicanor Zabaleta, quien sólo toca para públicos bastante selectos. A Manizales lo ha distinguido el artista con su presencia en la importante sala del Cumanday. Zabaleta está a la altura de Andrés Segovia, el Arpa de Zabaleta, en la cual trepida la llama interior que arde en la frente de los maestros inmortales, en el mundo de las formas, una de las más vastas expresiones del arte verdadero, consagrado por los más famosos críticos europeos. (también Trujillo, 2007).

La anterior mención, es la primera que confirma la presencia del instrumento en la ciudad, no existe mención de otros arpistas en la primera mitad de este siglo; sólo se dará hasta 1955, año en el que se documenta la presencia del arpa, en los programas musicales de la Orquesta Sinfónica de Caldas -ver más adelante-.

Hacia 1965, el “Teatro Los Fundadores” se convirtió en el espacio cultural más importante en la ciudad, permitiendo las presentaciones de las diferentes manifestaciones artísticas, que siguen sucediendo actualmente, entre ellas: los festivales internacionales de teatro, los conciertos sinfónicos y de música de cámara, en donde también el arpa ha estado presente. Dentro de las agrupaciones sinfónicas que se presentaron en este espacio, resaltamos la actuación de la Orquesta Sinfónica Nacional en el año de 1973, anunciada en La Patria:

Por primera vez el escenario del Teatro Los Fundadores, presentará en un solo espectáculo en la noche del 27 de abril, a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia y a la Asociación Coral “Giuseppe Verdi”, para un fabulosos concierto, digno de los más importantes centros culturales del mundo” (abril 18 de 1973). 

Este teatro dio espacio al concierto de la Orquesta de Cámara de Caldas, el día 27 de mayo de 1991, con un programa que incluyó el arpa, instrumento tocado por el arpista colombo-italiano Mauricio Nasi. El programa incluyó el Concierto para Arpa y Orquesta en Si bemol mayor de Haendel (1685-1759) y la Serenata para flauta, arpa y orquesta de Howard Handson (1896-1981). A partir de la década de los noventa, las presentaciones sinfónicas tomaron mayor presencia en la ciudad, con las actuaciones frecuentes de la Orquesta Sinfónica Juvenil Batuta-Caldas, no sólo en el “Teatro Los Fundadores”, sino también en los diferentes escenarios culturales de la ciudad, entre ellos, el Auditorio “Temístocles Vargas” de la Universidad de Caldas. Desde esta época, el arpa estuvo presente en estos y otros espacios culturales, no solo como parte de la orquesta, también lo hizo como solista en agrupaciones de cámara, dúos y ensambles de arpa, que conformaron más adelante los primeros alumnos del instrumento; dando lugar así, a la formación de la primera cátedra de arpa en la ciudad. 

3. El arpa en las Orquestas: Sinfónica de Caldas

Durante el gobierno de Gustavo Sierra Ochoa, la capital de Caldas tendría una época de gran historia y crecimiento musical con la formación oficial de la Orquesta Sinfónica del departamento, la cual bajo la dirección del maestro Nino Bonavolontá (1920-2007) y sumando la gran calidad instrumental e interpretativa de los músicos que la conformaron -en su mayoría italianos-, contribuyó al esparcimiento cultural de los manizaleños durante la segunda mitad de la década de los cincuenta. Hacia 1955, con la llegada a la ciudad de todos estos músicos procedentes de Italia, sucede un gran movimiento musical y artístico, con la formación de la orquesta sinfónica, el coro y grupos de cámara, teniendo como director a Bonavolontá, quien ejerció el cargo hasta 1957 -año en que se retira-. La destacada participación de estos músicos, quienes muy seguramente, llegaron con sus instrumentos, permitió la formación de una gran orquesta que incluyó por primera vez el arpa de pedales, interpretada por la arpista Giuliana Ronzi.

Con motivo de la celebración de los “50 años de Caldas”, el Gobernador del Departamento, Sierra Ochoa, dispuso la formación de esta orquesta, la cual se presentó como parte del acto central en el teatro Gran Olympia -después demolido-, la noche del 15 de junio de 1955. En este concierto se escuchó la música de los compositores italianos Felix Mendelssohn (1809-1847) con las notas de la Sinfonía Italiana, las Tres Canciones italianas de Emilio Porrino, El Matrimonio Secreto de Doménico Cimarrosa (1749-1801) y muy seguramente, El Amor Brujo de la polular “Danza Ritual del Fuego” del compositor español Manuel de Falla (1876-1946) hechizaría al público manizalita. La Orquesta Sinfónica de Caldas, integrada en su mayoría por músicos italianos -como ya hemos mencionado-, contaría también con la presencia de músicos nacionales y de la ciudad tal como se deja leer en el siguiente listado de integrantes citado por Atehortúa (1999, p. 156)  y Cardona (2005, p. 112).

Director:                     Maestro Nino Bonavolontá.

Flautas:                       Vito Sollecito, Rafael Camargo Espolidore.

Oboe:                          Florio Croce.

Clarinetes:                   Armando Ananía, Hipólito Tabares, Samuel Gaviria.        

Fagotes:                       Gualtiero Barbieri y Luigi Nicola Vasallo.

Trompas:                    Rolando Gallucci, Giulio Cesare Rabacchi, Luis Jaramillo.

Trompetas:                 Bruno Carletti, Guillermo González –manizaleño-

Trombones:                 Vasco Pasotti

Violines primeros:       Alfredo Vala, Colombo Gazzoni, Luigi Negri, Renata Zanni, Mario Lumachi, Rodolfo Podestá, Vicenso Gurgone.

Violines segundos:      Bernardo Hernández, Humberto Sánz, María Eugenia Góngora, Antonio Molinari, Adolfo Podestá, Luis Carlos Espinosa y Antonio Testoni.

Violas:                        Ettore Cavalle, Giovanni Costantino, Pierina Montagna, José Antonio Suárez –manizaleño- (continuó su labor como maestro del Conservatorio hasta su jubilación)

Chellos:                      Giorgio Mainardi, Oscar Faccio, Fulvio Kirby.

Contrabajos:                Mario Pratti y Samuel Uribe.

Arpa:                           Giuliana Ronzi

Piano:                          Vera Taragnolini

Timbales:                    Gustavo Vélez.

Coordinador:               Heriberto Cañas.

Esta agrupación musical realizaba conciertos semanales, actuando en varios auditorios culturales de la ciudad, entre ellos: el aula máxima de la Universidad de Caldas, la sala cultural de la Industria Licorera de Caldas y los teatros Olympia y Cumanday; también llevó su música a las ciudades del eje cafetero: Pereira, Santa Rosa de Cabal y Armenia. Asimismo, se presentó junto al Ballet dirigido por la italiana Tina Paolucci y algunos de sus integrantes que también eran solistas y se ofrecieron recitales de varios instrumentos como: violín, violonchelo y arpa. Un acontecimiento que  sin lugar a dudas, dejaría huella en los manizaleños, sería la grabación original del pasodoble Feria de Manizales. El evento patrocinado por don Oscar Hoyos Botero en las primeras ferias “del gran espectáculo de América”, tuvo lugar en el cuarto piso de la Industria Licorera de Caldas en acto privado, y contó con la participación de la cantante española Conchita Lirio. “Pero el pasodoble oficialmente, se estrenó en una de las corridas (1956) y ante un público ávido de la fiesta brava por la Orquesta “El Empastre”, con letra, como bien se sabe, del poeta Guillermo González Ospina, y música del director de esa institución musical-española, Juan Mari Assins” (Atehortúa, 1999, p. 157).

De igual manera, dejarían huella dos manizaleños que formaron parte de esta orquesta y que se destacaron en el ámbito musical de la ciudad, ellos fueron: el maestro trompetista y compositor Guillermo González Arenas (1923- 2012) y el violista Antonio Suárez (1925-2015). En mi época de estudiante en el Conservatorio de Manizalez, tuve la fortuna de conocer al maestro Suárez, con quien sostuve algunas conversaciones -antes de su jubilación- en mi interés de saber un poco más sobre la historia de las arpas “Érard” existentes en el conservatorio, y también de los arpistas que pasaron por la ciudad. Algunos de los acontecimientos musicales sucedieron en la época del Conservatorio, dirigido por Nino Bonavolontá, y otros que corroboran la presencia de reconocidos arpistas en la ciudad, fueron narrados a manera de memoria personal, por el maestro Suárez:

Los músicos de la orquesta llegaron bajo la presidencia de Gustavo Sierra -asesorado por el intelectual Alfonso Ríos García-. Su director “Nino” -el italiano-,  quien llegó a la ciudad de Ibagué primero, trajo más músicos italianos, entre los cuales estaba la arpista Juliana Ronzi. Recuerdo que interpretamos el Concierto para Arpa y Flauta de Mozart en el viejo salón de la Licorera. La escuela de música funcionó por un tiempo, donde es actualmente el Club Manizales, luego pasó al Palacio de Bellas Artes -sede actual-. Nicanor Zabaleta pasó por Manizales, dando concierto en el Teatro Cumanday ya no existe- y en dos ocasiones más: en el seminario Conciliar -actual facultad de derecho de la Universidad de Caldas- y en el Colegio Sagrado Corazón -actual Universidad de Manizales-, además de dar conciertos en pueblos del eje cafetero (Santa Rosa de Cabal, Pereira, y Apía). Llegó mucho antes que los italianos -alrededor de los treinta-.

El año de 1937 marcó el comienzo de una gira de conciertos que realizó Zabaleta en varias ciudades de Colombia, entre ellas, la ciudad de Manizales en donde ofreció un maravilloso concierto -mencionado anteriormente- el 9 de noviembre en el “Teatro Cumanday”.

Con el retiro de Nino Bonavolontá en 1957, se da un cambio que no deja muy contentos a los músicos de la orquesta. La mayoría de los músicos italianos regresaron a su país, otros se trasladaron a la capital del país, y los pocos que decidieron quedarse en la ciudad, pasaron a ser dirigidos esta vez por el maestro Ramón Cardona García. “Desde la llegada del maestro Cardona, la Orquesta se ve reducida en el número de ejecutantes, pero continúa un tiempo más como orquesta de cámara con maderas y cobres por uno y arcos. Mucho antes de finalizar el año de 1957 la Orquesta deja de funcionar” (Cardona, 2005, p. 126). De la Orquesta Sinfónica que había existido desde el año de 1955, solo quedaron 3 primeros violines, 3 segundos, 2 violas, 1 violonchelo, 1 contrabajo, 1 flauta, 1 oboe, 1 clarinete, 1 fagot, 1 corno, 2 trompetas, timbales y piano. Esta Orquesta, muy reducida y sin arpa, pasó a llamarse Sinfonietta y tuvo uno de sus últimos conciertos, el día viernes 25 de octubre de 1957, en el aula máxima de la Universidad de Caldas, bajo la dirección del maestro Ramón Cardona. En el programa de concierto se puede leer: “está integrada por un total de veinte ejecutantes, en su gran mayoría colombianos”.

Pasarán casi cuarenta años para que el arpa tomara presencia de nuevo en la orquesta y en la ciudad, con la conformación de la agrupación sinfónica juvenil del programa Batuta Caldas, bajo la dirección del maestro Nelson Monroy, en la década de los noventa. Esta orquesta, que más adelante pasaría a formar parte de la Universidad de Caldas, contó desde sus inicios con la participación de la arpista manizaleña Mónica Gallego, quien trabajó con estas dos intituciones, dando lugar a la continuidad de los talleres de arpa en la Fundación Batuta Caldas y a la creación de la cátedra de arpa en el Conservatorio.

3.1. Orquesta Sinfónica Juvenil

Esta agrupación musical, se empieza a formar en el año de 1992 bajo la iniciativa del maestro bogotano Nelson Monroy. El 14 de mayo de 1993 tras la constitución oficial de la Fundación Batuta Caldas -dirigida por Monroy-, esta institución, lidera la formación de orquestas juveniles e infantiles en la ciudad; siendo la Orquesta Juvenil Batuta Caldas -más adelante denominada Orquesta de Bellas Artes- la agrupación formadora de los nuevos intérpretes sinfónicos de Manizales. Desde sus inicios la orquesta promovió el uso del arpa, instrumento restaurado por iniciativa del maestro Monroy e interpretado por la arpista manizaleña, Mónica Gallego -formada en la Fundación Batuta y en el Conservatorio de la Universidad de Caldas-.

Dentro de los conciertos ofrecidos por esta orquesta destacamos la participación del arpa en las obras: Concierto para Flauta y Arpa de Wolfgang A. Mozart (1756-1791) -con la participación del flautista manizaleño Carlos Arturo Marín-, Vals de las Flóres y el Lago de los Cisnes, de Pyotr I. Tchaikovsky (1840-1893) y las Danzas Polovetsianas de “El Príncipe Igor” de Alexander Borodin (1833-1887), entre otras. De igual manera, el arpa sobresalió como solista acompañando las voces de cantantes y corales, entre ellas la coral “Santa María” -dirigida por el maestro Nelson Monroy-, y la interpretación -por primera vez- de la Ceremonia de Villancicos, de Benjamin Britten (1913-1976) -obra escrita por el compositor en 1942 en un barco durante la segunda guerra mundial-.

3.2. Orquesta de Cámara de Caldas

Creada en 1990, con el objetivo de fomentar la cultura musical en Manizalez y el departamento de Caldas, esta agrupación ha permitido la difusión del instrumento con la participación de los arpistas solistas: Mauricio Nasi -bogotano- y la manizaleña Mónica Gallego. El primero, interpretó el Concierto para Arpa y Orquesta en Si bemol mayor de Haendel (1685-1759) y Serenata para flauta, arpa y orquesta de Howard Handson (1896-1981) -en compañía del flautista Darío Montoya-, el lunes 27 de mayo de 1991, en el “Teatro Los Fundadores”. En el año 2000, la arpista Gallego, realizó el estreno de Policromías, Concierto para Arpa y Orquesta de Cuerdas (1996) del compositor y arpista Mauricio Nasi, el 29 de marzo, en el auditorio del “Fondo Cultural del Café” de Manizales.

4. El arpa en el Conservatorio de Música

Desde 1936, la constituída “Sociedad de Amigos del Arte”, formada por personalidades del mundo intelectual y empresarial de la ciudad, aportaba anualmente cinco mil pesos bajo la dependencia de la Dirección Nacional de Bellas Artes, en beneficio de la formación artística de la ciudad y de la creación del Conservatorio. La Escuela de Bellas Artes fue fundada el 11 de noviembre de 1931 como entidad particular y más tarde subvencionada por el Municipio de Manizales y por la Sociedad de Mejoras Públicas de la ciudad, “mediante Ordenanza número 24 del mes de julio de 1937, la Asamblea Departamental de Caldas, reconoció la Escuela de Bellas Artes como plantel Departamental” (Cardona, 2005, p. 110). El periódico local La Patria, en su artículo del 4 de diciembre de 1939, deja leer: “Semana Pro Palacio de Bellas Artes. Se proyecta la organización de la semana cívica de la Sociedad de Mejoras Públicas 1.940, con miras a recuadar fondos para avocar la construcción del Palacio de Bellas Artes…”.

El Conservatorio, inició sus labores el 11 de noviembre de 1938 y en 1940 formó parte de la existente Escuela de Bellas Artes. Tres años después, la Universidad Popular (Ordenanza No. 6, mayo 24 de 1943) más tarde Universidad de Caldas (Decreto No.19 de enero 15 de 1951), entra a administrar la Escuela de Bellas Artes y el Conservatorio de Música. Hacia 1942, ya estaban establecidas la Escuela de Bellas Artes y de Música: “A partir de la fecha, quedó constituída la Escuela de Bellas Artes y Música y se procedió a designar profesores y directores, para cada rama de la actividad. Como director de la Escuela fue designado el artista Gonzalo Quintero C.; para la de Música doña Rina Silva de Hincapié…” (La Patria, Enero 21 de 1942). En 1957 se otorga la categoría de Facultad a la Escuela de Bellas Artes, que hoy ocupa el espacio que lleva por nombre el Palacio de Bellas Artes, diseño del ingeniero José María Gómez, construído con motivo de la celebración del Centenario de Manizalez en la década de los cincuenta y declarado Monumento Nacional en 1994 (Resolución 051, octubre 26 de 1994).

Dentro de los primeros maestros que estuvieron a cargo del Conservatorio figura el músico manizaleño Gonzalo Hincapié, quien llegara de Italia en la década de los cuarenta. A partir de 1950, con la llegada de músicos extranjeros y con ellos, nuevos instrumentos musicales nunca antes vistos en la ciudad, la labor musical del Conservatorio marcó el inicio de grandes experiencias musicales y pedagógicas. El primero de ellos, el maestro alemán Karl Ludwig Schweineberg, quien llegó a Manizales procedente de su ciudad natal Bonn, Alemania hacia el año de 1940, para ejercer la cátedra de música en el Seminario Mayor. Asimismo, se desempeñó como organista en los Templos de la Inmaculada, los Agustinos, Cristo Rey y más adelante, en 1972, en la Catedral Basílica; a partir de 1952, fue nombrado como director del Conservatorio -cargo que desempeñaría hasta finales de 1954-. El Conservatorio tuvo “entonces un programa de licenciatura en música con su correspondiente título que, algunos de los estudiantes alcanzaron a recibir”. El maestro Schweineberg, considerado uno de los grandes maestros de música que ha tenido la ciudad, permaneció en ésta hasta sus últimos días de vida, muriendo atropellado por un auto frente a la Catedral donde tantas veces había tocado, el 26 de junio de 1982. El segundo, el maestro italiano Nino Bonavolontá -quien venía de dirigir el Conservatorio de Ibagué-, produjo un cambio muy significativo en el Conservatorio con la creación de la Orquesta Sinfónica en el año de 1955, dirigiéndola al igual que el Conservatorio de Música, hasta el año de 1956. Según Ramón Cardona (2005, p. 112) la llegada del maestro Bonavolontá marcó cambios a nivel histórico, estructural y organizacional:

Para recibir al maestro Nino, el Conservatorio de Música fue trasladado al Palacio de Bellas Artes, una construcción en forma de barco con revestimiento de granito, levantada donde comienza el cerro de “La Cuchilla, un antiguo barrio alegre de la ciudad, hoy totalmente urbanizado como zona residencial. Dos acontecimientos desastrosos acompañaron este traslado: a). La Escuela de Bellas Artes sufrió un cierre definitivo e inapelable, b). El archivo de la Escuela de Bellas Artes y del Conservatorio de Música desapareció. Hasta el día de hoy no se sabe si el archivo fue incinerado, abandonado a las inclemencias del tiempo o encaminado hacia la basura. Allí estaba la historia de la Institución y la vida académica de los estudiantes…Bonavolontá desconoció todo derecho académico a los antiguos alumnos de ambas escuelas. Según él afirmaba, todo aprendizaje anterior a él era deficiente e inútil. Quien quisiera seguir estudios en el Conservatorio debía comenzar por el año primero.

Bonavolontá, quien además de ser director, fue maestro de piano, teoría y solfeo avanzado, historia de la música, armonía y coro; contribuyó de manera positiva al crecimiento musical, artístico y pedagógico de la institución con la implementación de: conciertos orquestales, música de cámara, nuevos métodos instrumentales, corales y de solfeo como el Pozzoli. Asimismo, intensificó los horarios de estudio para lograr la excelencia interpretativa instrumental, que estaría apoyada por los profesores -músicos principales de la orquesta- de las diferentes disciplinas musicales, sobresaliendo entre ellos Giuliana Ronzi en el arpa. No sabemos si en tan poco tiempo que funcionó esta orquesta -un año- estos maestros lograron formar alumnos en todas las disciplinas; en el caso del arpa, no existe mención alguna de alumnos en esta área.

Hacia 1955, el Conservatorio de Música contaba con una nómina de 76 personas, muchas de las cuales participaron activamente en los programas musicales de la intitución. El Conservatorio de Música “presentaba actos culturales, especialmente para los días de Semana Santa, el día de Santa Cecilia y para la clausura de labores académicas. Predominaba en estos actos, la presencia del coro, dirigido por el maestro Nino Bonavolontá, los solos de piano y las arias de ópera italiana” (Cardona, 2005, p. 117). Un acontecimiento importante fue la celebración de la “Semana de cultura musical en honor a Santa Cecilia”, ofrecida por el Conservatorio de Música de Caldas, del 16 al 22 de noviembre de 1955. Durante estos días varios eventos dieron muestra del trabajo musical de los directivos, maestros e intérpretes de esta época.

Destacamos el concierto de inauguración ofrecido por la “Orquesta Sinfónica del Conservatorio”, bajo la dirección del maestro Nino Bonavolontá, el cual tuvo lugar en el Teatro Cumanday a las 9 p.m., y el “Recital de Arpa, Canto y Piano” con la participación de los profesores de la institución, entre ellos la arpista Giuliana Ronzi. En este recital la arpista interpretó: La Source de Marcel Tournier (1979-1951), Juegos de agua de Carlos Salzedo (1885-1961) y las arias “Oh, casta flor” de Massenet (1842-1912), entre otras. Giuliana Ronzi, estudió en el “Liceo Musicale di Piacenza” de Italia, con la maestra Anna Mutti; su estancia en el país fue corta, al parecer, permaneció sólo en la ciudad de Manizales durante la existencia de la orquesta sinfónica, que dirigió Bonavolontá.

El programa de concierto, muestra la imagen de “Santa Cecilia” tocando un arpa de aproximadamente veinte cuerdas; la Santa, en posición de pie, apoya el instrumento sobre la pierna y el hombro izquierdo, en lugar del derecho, posición usada por los arpistas. La imagen, de gran belleza, hace alusión a la fiesta celebrada el 22 de noviembre en honor a “Santa Cecilia”, patrona de los músicos. En esta festividad, el arpa que fuera tocada por la arpista italiana Giuliana Ronzi, volvió a sonar 43 años despues (1998), de manos de la arpista manizaleña Mónica Gallego, quien interpretó junto a la oboísta norteamericana Tracy Russell, la obra Danza indígena, para arpa y corno inglés, del compositor colombiano Mauricio Nasi (n. 1949), con motivo de la celebración de “Santa Cecilia”; festividad que continúa realizándose en el Conservatorio de Música de la ciudad.

Después de la labor musical del maestro Bonavolontá sucedería la del colombiano Ramón Cardona García (1922-1959), quien a inicios del año de 1957, ocupó el cargo de director del Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas y de la Orquesta Sinfónica de Caldas. El 10 de mayo del mismo año, tras el cambio del Gobierno y las limitaciones presupuestales para las escuelas de Bellas Artes y de Música, el maestro Cardona es nombrado Coordinador del Departamento de Música de la Universidad de Caldas, cargo que ocupa hasta 1959, año en que fallece, víctima de la violencia por parte de un grupo de bandoleros, hecho que sucedió cerca de Calarcá, en el viaje de regreso a Manizales que realizaba en compañía de varios músicos del Conservatorio.

En la década de los ochenta la educación musical se consolida en la ciudad con la creación de la Licenciatura en Música, permitiendo la fomación de profesionales capaces de ejercer la docencia musical y el desenvolvimiento a nivel vocal o instrumental con el aprendizaje en estas áreas, como parte de las herramientas pedagógicas ofrecidas. La presencia del arpa en el Conservatorio, sucede hasta mediados de los noventa con la creación de los talleres -liderados en un comienzo por el maestro Mauricio Nasi y más delante, por su alumna Mónica Gallego-, auspiciados por la Fundación Batuta Caldas, y con el apoyo del Conservatorio. 

4.1. La primera Cátedra de Arpa en el Conservatorio

Con el establecimiento de la “Fundación Batuta Caldas” en la ciudad de Manizales, a inicios de los noventa, suceden los primeros talleres de arpa en la ciudad. Esta fundación originada en la capital del país, descentraliza su labor musical y la práctica orquestal a varias ciudades de Colombia, entre ellas, Manizales. Hacia el año de 1992, el maestro Nelson Monroy -quien además forma parte del profesorado del Conservatorio de Música-, ejerce el cargo de director musical de la Fundación Batuta Caldas y lidera la apertura del primer taller de arpa en el año de 1993, con el apoyo del Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas. Estas dos instituciones permiten el inicio del taller de arpa bajo la tutoría del maestro colombo-italiano Mauricio Nasi, quien imparte los cursos temporalmente en la ciudad durante esta década. Los talleres de arpa -uno por mes- tuvieron lugar los fines de semana en el Conservatorio de Música -lugar que albergaba las arpas- y contaron con la participación de varios alumnos del Conservatorio y de la Fundación Batuta; de los cuales la alumna Mónica Gallego -graduada del Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas-, lidera la formación de la cátedra de arpa en el Conservatorio desde mediados de los noventa, hasta el 2002 -año en que viaja al exterior-.

Durante esta época los alumnos formados en el instrumento, tomaban sus clases individuales y grupales en un horario intensivo de fin de semana en el “taller de arpa” con el maestro Nasi y, más adelante, en la cátedra de arpa con la maestra Gallego, las clases tuvieron una continuidad semanal. Asimismo, realizaban la práctica instrumental formando parte de la orquesta, de grupos de cámara y dúos de arpa, entre otros. La formación musical, encaminada más hacia la práctica orquestal, brindó excelentes oportunidades a los arpistas de esta época, quienes tuvieron contacto con el público desde los inicios de su formación instrumental, por medio de los conciertos frecuentes de la orquesta y de los recitales de arpa -realizados en un comienzo con el apoyo del maestro Nasi, quien tocaba a dúo con ellos-. De esta manera, la difusión del instrumento, tuvo lugar en varias salas culturales importantes de la ciudad, entre ellas, la “Sala Múltiple” del Banco de la República de Manizales, lugar en donde la arpista Mónica Gallego ofreció un variado programa, a dúo, con el flautista manizaleño Carlos Arturo Marín, el día jueves 25 de noviembre de 1999. 

4.2. Las arpas Érard del Conservatorio

A mediados de los cincuenta, “el presupuesto del Conservatorio de música había tenido una impresionante curva ascendente. Todo el mundo se preguntaba cómo había ocurrido el milagro y algunos contestaban complacidos: “Parece que al Coronel le gusta la música, y también al General” (Cardona, 2005, p. 116). Al parecer, fue durante el mandato del general Rojas Pinilla, que sucedió la compra de varios instrumentos musicales, entre ellos dos arpas de pedales “Érard”, las cuales después de su uso a mediados de los cincuenta permanecieron guardadas hasta la década de los noventa, época en la cual sucede el nacimiento de una nueva orquesta: la “Sinfónica Juvenil Batuta-Caldas”. Este movimiento musical fue liderado por el maestro bogotano Nelson Monroy, quien hacia el año de 1993 decidió restaurar las antiguas arpas “Erard” del Conservatorio, permitiendo el uso de los instrumentos, en un comienzo en los llamados “talleres de arpa”, que dieron lugar después a la formación de la cátedra de arpa en el Conservatorio de la ciudad y más adelante, como parte de la orquesta de la ciudad.

Fueron pues, estos dos instrumentos antiguas arpas “Érard” -ver capítulo VI- las que permitieron la iniciación musical de los primeros arpistas de la ciudad. De la primera generación destacamos el trabajo de la arpista Mónica Gallego, quien a parte de ser gestora de la cátedra de arpa -como ya hemos mencionado-, propicia la continuidad y difusión del instrumento, al igual que la formación de otros arpistas, quienes hasta el día de hoy, permanecen activos en la labor de difusión del arpa en Manizales.

4.3. Primera generación de arpistas

Fueron varios los alumnos de arpa que pasaron por los “talleres de arpa” y más adelante, por la cátedra del Conservatorio de la ciudad, pero pocos, los que continuaron su formación profesional. Dentro de los arpistas formados en la década de los noventa y que realizaron labor pedagógica e instrumental en el siglo XX -al cual nos referimos-, hacemos mención de Mónica Gallego. Esta arpista manizaleña, quien “le da voz al arpa de pedales”, tal como la presenta el periódico local, ha sido la primera en formarse en esta ciudad y en realizar una gran labor de difusión del instrumento, tanto en su ciudad como en el exterior. “Actualmente su interpretación es como solista, pero ha hecho parte de varias agrupaciones sinfónicas y de cámara en Colombia, México, Estados Unidos y Europa” (La Patria, diciembre 28 de 2016).

La arpista Gallego, egresada del Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas y de “Steinhardt School of Music” de la Universidad de Nueva York, permanece activa en su trabajo tanto como intérprete como compositora. Ha llevado su música a varios países del mundo incluídos México, Estados Unidos, Italia y España -donde reside actualmente- y por supuesto, Colombia.

Arpas Érard en Colombia

Antecedentes

El interés que suscita un instrumento antiguo, es parte del devenir artístico de músicos, intérpretes o constructores interesados en el arte musical. Es así, como de la mano de mi primer maestro de arpa, el arpista Mauricio Nasi, iniciamos la búsqueda de datos que pudieran ayudarnos a corroborar el origen de los instrumentos que ambos tocábamos: bellas y antiguas arpas Érard, y conocer un poco más sobre la historia de los mismos.

En el catálogo existente de las arpas Érard -arpas francesas-, se pueden leer los manuscritos -muchos de ellos poco legibles, en su idioma original: francés-, de diferentes épocas, relacionados con los datos de construcción, venta y propietarios de estas arpas.

En este apartado hacemos una relación de las arpas de pedales Érard existentes en Colombia y que han sido usados por maestros, intérpretes y estudiantes del país, en el siglo XX, mismos que continúan en uso en la actualidad. Incluimos además, las características de los instrumentos, nombre de los propietarios y anotaciones encontradas -textualmente- respecto al origen de algunos de ellos, como también notas de alguno de los dueños, y las fotografías de los mismos.

Las arpas Érard existentes en Colombia son instrumentos que se fabricaron en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Estos instrumentos que poseen una tabla armónica recta y no muy ancha, tienen una estructura más ligera que las arpas de pedales actuales y se caracterizan por tener un sonido limpio y brillante, muy diferente al que ofrecen las arpas de pedales modernas. Estas arpas, que sobresalen en su mayoría por el estilo gótico y bellos acabados en laminilla de oro, son las arpas de pedales más antiguas que existen en el país, instrumentos éstos que en su mayoría, continúan en uso, tal como citamos a continuación.

6.1. Arpas Érard en Manizales

  • No.2759. Arpa en estilo gótico, con 47 cuerdas, madera de palisandro.  

19 de junio de 1900 -año de fabricación-

7 de septiembre 1900 -vendida- a Madame Olympia Guimarães Catta Preta, Ribeirao Pires -ciudad en la región de Sao Paulo, Brasil-. Arpa Restaurada.

  • No.3451. Arpa en estilo gótico, con 46 cuerdas, “columna en espiral”.

4 noviembre de 1908 -año de fabricación-

19 noviembre de 1908 -vendida- señor M. (Monsieur) Vito Balacco di Ant. (Antonio?),  Molfetta – ciudad de Bari. Apulia, Italia-. Arpa Restaurada.

Estas arpas pertenecen al Conservatorio de Música de Manizales y fueron usadas por la primera generación de arpistas de esta ciudad. Al parecer llegaron en la misma época en que existió la orquesta Sinfónica de Caldas -en la década de los cincuenta-, la cual estaba formada en su mayoría por músicos italianos y entre ellos, la arpista Juliana Ronzi.

Arpas Érard en Bogotá

Pertenecientes a Mauricio Nasi

  • No.1909. Arpa en estilo gótico, 47 cuerdas, palisandro (madera)

junio 1880 -año de fabricación- 

1884 -vendida- al señor M. Caramiello, Nápoles.

Comprada -por la familia Nasi- en Roma por los años setenta.

Restaurada en varias ocasiones.

Nota del dueño actual: “busqué y descubrí que la familia Caramiello de Nápoles incluía distinguidos arpistas y compositores entre los cuales se destacó cierto Giovanni, del cual hay en YouTube una pieza arpística aún tocada hoy en día!”.

  • No.4216. Arpa gótica, 47 cuerdas.

19 de diciembre de 1921 -año de fabricación-

14 de marzo de 1922 -vendida- a “Monsieur Sebastiani”, Buenos Aires.

2015. Comprada por Mauricio Nasi en un anticuario de Bogotá.

Restaurada

Notas del dueño actual: “El señor Augusto Sebastiani -busqué por internet- fue un muy reconocido profesor de arpa, también de origen napolitano y antaño alumno del antes mencionado Giovanni Caramiello. En internet aparece este profesor en una foto con sus alumnas, cada una con su arpa”.

“Este instrumento yo lo encontré “de milagro” en un anticuario de Bogotá, a pocas cuadras de mi casa, sin cuerdas, sucio, con huecos de gorgojo, pero estructuralmente casi intacto; con gran labor, lo recuperé bastante”.

Evidentemente, Augusto Sebastiani nació en Nápoles (Italia) en 1889. Fue un arpista destacado desde muy temprana edad, en 1911 fue primer arpa del Teatro San Carlos de Nápoles y en 1913 fue contratado para tocar en la temporada del Teatro Colón de Buenos Aires-Argentina, bajo la dirección de Luigi Mancinelli -a quien conoció en Nápoles-. Sebastiani, quien pensaba que Buenos Aires era “una ciudad abierta a todos los pueblos”, decidió quedarse desde ese año hasta 1928, desempeñándose como primer arpa -solista- del Teatro Colón y más delante como maestro de varios conservatorios del país, siendo recordado como “el gran promotor del arpa en la Argentina”. Haciendo referencia a las arpas de ésta época, Sebastiani en su autobiografía comenta: “Todas las niñas de la mejor sociedad argentina estudiaban el arpa, pero no está mal decir la verdad, afirmando que de este período no ha sobrevivido nada. Sólo sobreviven hermosos y lujosos instrumentos Érard” (Méndez, 2004, p. 83).

El arpa Érard No. 4216, muy seguramente, fue el arpa con la que Sebastiani viajó a la Argentina, una vez decide establecerse allí. En relación a la llegada del instrumento a Colombia, no hemos encontrado datos que nos permita corroborar esta información, lo que bien es sabido, es que gracias al arpista Mauricio Nasi -quien tiene gran aprecio por estas arpas-, una vez más, el arpa de Sebastiani ha vuelto a sonar, esta vez, en Colombia.

Este instrumento, muy diferente a los mencionados anteriormente, no posee número de serie visible en su mecánica -característico de las antiguas Érard-. Fue comprada en Paris, en el almacén de la Salvi, por Luisa Marina Uribe en el año de 1984, época en la cual se encontraba realizando estudios de arpa en París.

 

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Edición No. 184