Ryszar Kapuscinski, el reencuentro con la sensatez
En todo caso/ ven a la cita/ hay tantas/ cosas que aclarar/
mirarnos a los ojos/ compartir/ la carga.
Ryszard Kapuscinski
El oficio de lector acarrea responsabilidades de recordar, también de olvidar. Y en un de pronto se vuelve a lo perdido, con recuperación de libros y de autores, en mayor grado cuando se participa de tertulias, de diálogos, de conversaciones por ejemplo en el “Aula UN del estudiante de la mesa redonda”, con la Cátedra Aleph, ya en veinte años de ejercicio. En la Versión 15 (II, 2009) nos dedicamos a explorar el tema: “El fanatismo, ¿gen del mal?”, con apoyo en dos libros: “Contra el fanatismo” (2005) de Amos Oz y “El encuentro con el Otro”(2007), de R. Kapuscinski. Considero oportuno recuperar las notas tomadas de esta buena obra, para compartirlas en esta columna.

Ryszar Kapuscinski (1932-2007) fue un notable periodista polaco viajero, con formación básica en Historia, preocupado por las diversas situaciones de la humanidad, con dilucidaciones de pensamiento para examinar la existencia del Otro, de los otros, como sustento de la propia identidad. Padeció las secuelas de la segunda guerra mundial, en una Varsovia hecha ruinas por los bombardeos, el hambre generalizada y la indefensión frente al frío. Logró incluso plasmar sus sentimientos en un libro de poesía, además de sus consagrados volúmenes de narrativa, reportajes y conferencias, como “El emperador” (sobre el poder absoluto y demoledor de Haile Selassie, en Etiopía), “Viajes con Heródoto” (compuesto por el gran impacto que tuvo de la obra del historiador griego, con ejemplar que siempre lo acompañó), “El imperio” (sus viajes por la Urss), “El mundo de hoy” (sobre el 11-S, el 11-M, con relato autobiográfico), y más volúmenes de calidad narrativa y testimonial.
Siempre tuvo la preocupación por el conocimiento e identificación de sentido del Otro, para alcanzar a comprender la condición personal y las interrelaciones humanas. Supo escuchar para enriquecer el conocimiento de la sociedad, en diversos lugares, con la propia diversidad de las comunidades. Su vocación fue viajar de manera continua, con la aventura de atravesar fronteras físicas y mentales, en la ambición de encontrar respuestas a tantos interrogantes formulados y recogidos. Entre estos, el tema del miedo que le llevó a decir: “el problema no es el miedo, sino la creación de ese miedo a lo desconocido”, para agregar que la separación de los seres humanos se da por la educación y la cultura. Su convicción profunda de reportero fue la de buscar contextos para conseguir explicaciones sobre lo que ocurre, emparentado con Gabriel García-Márquez quien lo trató de “Maestro”.
“Encuentro con el Otro” es libro publicado en 2007 por Anagrama, con inquietudes fundamentales como desentrañar la idea de quién es el Otro, las opciones de encuentros, las atrocidades de las guerras, la discriminación racial, la filosofía del diálogo, la transición a la “sociedad planetaria”, con sentido de globalización, la irrupción del nuevo Otro, las oportunidades que surgen frente a la necesidad de conservar la diversidad y la singularidad. En la obra se rastrea el origen y la situación de los primeros grupos humanos, con familias o tribus de 30 a 50 individuos, con la situación de si eran numerosos había pérdida de rapidez y eficiencia en el nomadismo, y si eran más reducidos se tenía dificultad en autodefensa en la lucha por sobrevivir.
En los encuentros con otros, se tiene un descubrimiento de trascendencia: somos más, ¿qué hacer? Surgen los duelos, los conflictos, las guerras, todo por no tener la disposición de entendimiento con el Otro. También al procurar la defensa, surgen las separaciones y el aislamiento con murallas. Pero también la historia ha deparado otras experiencias en la cooperación como en los casos de la ruta de la seda, la ruta del ámbar, las caravanas del Sahara,… que a su vez propiciaron los encuentros, los intercambios de mercancías y de ideas, con el notable descubrimiento de cada uno llevar consigo elementos del Otro.
Ocurre que en general la humanidad es voluble, con cambios en ocasiones drásticos, campea la inseguridad, sin pisar en general suelo firme ni tener certezas confiables, con incapacidad de actuar de manera sensata, con compasión o benevolencia. La discriminación racial sigue siendo doctrina de odio, desprecio y repugnancia hacia el Otro, el extranjero. En cambio para los griegos el forastero era reconocido como prioritario. Surgió la idea del peregrino, en el deseo del encuentro con el Otro, lo que conduce a un mundo más diverso enriquecido con los intercambios culturales.
Kapuscinski se apoya en los filósofos del diálogo: Emmanuel Lévinas, Martin Buber, Ferdinad Ebner, Gabriel Marcel y Jozef Tischneer, para develar la idea de Otro, como entidad única e irrepetible, lo que valora al individuo: yo, tú, el Otro. Lo que se contrapone a dos fenómenos del siglo XX: el nacimiento de las masas que eliminó la separación de los individuos, y la expansión de ideologías totalitarias destructivas. En especial Lévinas propuso el deber de dialogar cara a cara con el Otro, al igual que debemos asumir responsabilidad por él. De conjunto, los filósofos del diálogo rechazaron la guerra, puesto que conduce al aniquilamiento, a la destrucción sin consideración alguna. También ellos censuraron la indiferencia y pregonaron el deber ético de acercarnos al Otro, con el trato de benevolencia.
Acude al trabajo de Bronislaw Malinowski, quien expuso las maneras de abordar al Otro, el desmantelamiento de la jerarquía del mundo y sus culturas, con la característica de todos estar en el mismo bote. Y con la connotación de todos los habitantes del planeta ser el Otro para los Otros, con la caracterización de Yo para Ellos y Ellos para Mí.
El autor señala la transición en que se está de una sociedad de masas a la sociedad planetaria, con factores subyacentes: revolución electrónica, desarrollo de las comunicaciones, el progreso en los medios de transporte. En todo ello estamos inmersos sin posibilidad de tomar distancia para la reflexión. Y hay la tendencia de las culturas volverse híbridas y heterogéneas, con la perspectiva de un mundo multiétnico y multicultural, donde las comunidades se expresan en voz alta, con exigencia de ser admitidas en la mesa redonda.
También el autor señala los desafíos de nuestro tiempo, con el surgimiento de un Nuevo Otro. Recuerda que en la segunda mitad del siglo XX las dos terceras partes de la humanidad se liberaron de la dependencia colonial, y comenzaron a redescubrir su pasado, sus mitos, sus leyendas, sus sentimientos de identidad. Es decir, esas sociedades cayeron en la cuenta de ser forjadores del propio destino. Kapuscinski consideró que se avanzaba hacia un mundo absolutamente nuevo, con grandes oportunidades para quienes asuman con responsabilidad su trabajo, de ofertas potenciales y muchas exigencias para los desempeños. Asimismo, señala dos corrientes contradictorias: la globalización y la conservación de diversidad y singularidad. Y tuvo la esperanza que el Nuevo Otro pudiera ser heredero de esas dos corrientes.
Señaló a la bondad hacia el prójimo como la actitud única que pueda permitir la relación con el Otro de manera sensible y humana. Concluye con cita de Conrad donde refiere el misterio que rodea la vida, el sentimiento de piedad, belleza y dolor, la contrariedad con la creación, y la solidaridad en los sueños, la alegría, la pena, las ambiciones, la esperanza y el miedo.
En estos tiempos convulsos hay que volver a Kapuscinski, para intentar siempre de nuevo la comprensión del Otro, con respeto en las diferencias, el encuentro de colaboración y el repudio a las guerras.

[Versión ampliada del artículo en “La Patria”, domingo 13.XI.2022; p. 19]