Concurso de cuento y poesía UN-Colectivo Magma
Ganadores de concursos de cuento corto Cronopios Intemporales, y de poesía Los Atardeceres del Capitán.
En el marco de la celebración del Día del Idioma, el Colectivo Magma y la Oficina de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, organizaron el evento que llevaba por nombre Un Encuentro con Cortázar y Neruda, en homenaje a los dos escritores, los días 21-22 de abril de 2004. Dentro del evento se desarrolló el concurso de cuento corto Cronopios Intemporales y el de poesía Los Atardeceres del Capitán.
Para los ganadores del concurso en las dos modalidades se establecieron los siguientes premios:
Primer lugar (Cuento y Poesía):
· Publicación en la revista Aleph
· Bono de $ 50000.oo pesos
Segundo Lugar (Cuento y Poesía)
· Publicación en la revista Magma
· Bono de $ 50000.oo pesos
El jurado calificador en la modalidad de poesía estuvo conformado por la Escritora Dorian Hoyos, el Dr. José Fernando Calle y el Dr. Pablo Felipe Arango. En la modalidad de cuento corto, el jurado estuvo conformado por el Escritor y Médico Orlando Mejía Rivera, el Dr. José Fernando Calle y el Dr. Pablo Felipe Arango
La premiación de los textos ganadores se consignó en las siguientes actas de juzgamiento:
1. Acta de juzgamiento del concurso de cuento corto “Cronopios intemporales”
El jurado calificador reunido con el fin de premiar los cuentos presentados al concurso “cronopios intemporales”, en fallo por mayoría acordó otorgar:*
Primer puesto al cuento titulado “Adriano o del devenir” seudónimo Abel Valenciazagara.
Segundo puesto al cuento titulado “Marcel Joules” seudónimo Marcel Joules.
Y otorga Mención de honor: “Mirmecolexia”, seudónimo Anacron. “Declaraciones de un hombre de fe”, seudónimo Joseph K. “Mentes extintas” seudónimo Devosv Qcumq.
* Se deja constancia que el profesor Orlando Mejía Rivera jurado difiere en el fallo por mayoría en los siguientes términos: “Difiero de considerar al cuento titulado “Adriano o del devenir” como el cuento ganador del concurso. Considero que el relato “Marcel Joules” tiene a mi juicio mayores meritos literarios para haber sido el ganador”
Para constancia firmamos el veintiuno de abril de 2004
Humberto Posada Cifuentes
Organizador del concurso
Alberto Moreno Armella
Director divulgación cultural
Pablo Felipe Arango Tobón
Jurado
José Fernando Calle Trujillo
Jurado
Orlando Mejía Rivera
Jurado
2. Acta de juzgamiento del concurso de poesía “Los atardeceres del capitán”
El jurado calificador reunido con el fin de premiar los poemas presentados al concurso “los atardeceres del capitán”, acordó el siguiente fallo:
Primer puesto: “Telesabor”, seudónimo Magoo.
Segundo puesto: “Los secretos se quedan en la noche”, seudónimo Julio.
Mención de honor: “Ada azul”, seudónimo Juls. “Jugando”, seudónimo Juanhom. “Louis Armstrong vs Julio Cortázar”, seudónimo Marino sin mar.
Para constancia firmamos el 20 de abril de 2004
Humberto Posada Cifuentes
Organizador del concurso
Alberto Moreno Armella
Director divulgación cultural
Pablo Felipe Arango Tobón
Jurado
José Fernando Calle Trujillo
Jurado
Dorian Hoyos Parra
Jurado
A continuación el relato y poema ganadores:
Adriano o del devenir
Felipe Calderón-Valencia
Con la grabadora escupiendo música melancólica y el cerebro intoxicado, estaba echado en el sofá -simulando tener unos segundos de paz- Adriano Figueroa, un hombre con una vida aparentemente macabra.
Todos los días eran extraños, o al menos eso decía él. Pero la realidad era otra. La musa de la objetividad encarnada en los ojos de los pájaros y las estatuas sucias de los parques podía decir que no pasaba nada. Cuando Adriano llegaba a su casa del trabajo lo invadía un terror profundo, pues pensaba que tal vez esa no era su casa y que en cualquier momento llegaría cualquier otro a sacarlo a patadas. Esto, aunque puede sonar extraño, a él se le hacía geométricamente muy posible. Ya verán por qué.
Adriano, durante toda su niñez y temprana adultez, fue atemorizado de manera demente por los cáusticas palabras de su padre, y en especial por su febril afición por Heráclito. El padre era una persona temible, de extraño semblante, con abismos oscuros bajo los ojos y manos de piedra, cabellos alborotados y bigotes de brea fresca. Tenía un ánimo de fácil combustión: era profesor universitario; profesor de filosofía. El señor Figueroa era una persona bastante extraña, casi un autista. Tal vez lo fue y nadie lo comprobó con los medios adecuados. Este señor le llegaba al pequeño Adriano con el cuento ese de que “las cosas son y no son”.
-Imagínate que eres hoy alguien y mañana, o tal vez al instante, sin pensarlo y sin darte cuenta, eres una ser nuevo, un completo extraño. ¡Piénsalo bien, que nunca se te olvide, quien quiera que seas!
Y esto lo gritaba de una manera insistente y a toda voz cada vez que entraba en la casa, para aumentar la cuota de terror en los corazones de sus familiares. Por esa razón Adriano sólo conoció a su padre como un loco energúmeno, pues por lo demás… era alguien diferente. Y bueno, el padre murió en la isla del divorcio y la pobreza extrema por una ridícula manía de cambiar de ropa, pero comprándola a todas horas.
Adriano Figueroa siempre dormía con un arma en su mano, no para matar a su yo de mañana sino para evitar que le hiciera daño cuando lo viera en su cama y con su mujer. Adriano no era un hombre violento, pero no sabía si podía decir lo mismo de la persona que él sería y a la vez no era.
Una día como de la primera semana de diciembre de 1987, Adriano Figueroa venía del trabajo con migajas de sospecha entre los ojos y al pasar por la tienda del barrio algo se le hizo familiar. Se encontró frente a frente con el charco que vio por la mañana luego de cerrar la puerta exterior con el cuidado de siempre, y no estaba seguro del cuento ese de pasar dos veces por el mismo charco. Su sangre se hizo espesa, palideció de terror, ahora era un ser compuesto por una baba traslúcida que hacía pública aflicción. Corrió a su casa para evitar que su mujer se encontrara con alguien que solía ser él, con su yo de ayer, que seguro estaba disfrutando del almuerzo. Cuando llegó a su casa todo estaba perdido. Descubrió la puerta desparramada, las paredes conservaban las marcas de la risa de su yo de ayer aún frescas, y se alzaban en lenguas de fuego rosa. Subió las escaleras y desde el pórtico pudo ver a su amada en el suelo del comedor, tendida como una muñeca de cera a medio derretir por el calor de la venganza. Su yo de ayer la había envenenado.
Si tan solo Adriano hubiera recordado que ayer tuvo ganas de matar a su esposa con los fideos que tanto le gustaban por una pequeña disputa entre la novela y el partido de fútbol. Si hubiera reaccionado, tal vez… tal vez, no hubiera dejado a su yo de mañana pudriéndose en la cárcel.
Telesabor
Marco-Alexander Guarín Gómez
Qué rico es almorzar
Frente al televisor a las 12:30
-Fueron diez niños inocentes
El tipo merece morir
Toda la familia está reunida
-Y a eso le dicen mujer
Por poco mata su hijo a golpes
Entonces las cucharas se detienen
-Pero estos tipos que piensan
Pusieron otra frente a un colegio
Ahora aumenta la concentración
– ¡Eh¡ nosotros somos muy demalas
Perdemos en el fútbol y perdemos en la uno
Y vuelve
Lentamente la cuchara
Una sonrisa en cada rostro
Satisfechos observan el entretenimiento
Y olvidan el sabor de las 12:30
