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Historias de vida y estrategias discursivas de inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos

La literatura chicana se nutre de dos eventos históricos: de la anexión de gran parte del territorio de México en 1848 y de la revolución mexicana en 1910. El Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 hizo a los habitantes mexicanos en el territorio ciudadanos de los Estados Unidos. Los inmigrantes empezaron en gran número a entrar en los Estados Unidos desde el 1910. La mayoría de autores de la literatura chicana desciende de familias inmigrantes. Se pueden distinguir cinco fases de esta inmigración:

1900-1920 El Enganche, buscando trabajadores mexicanos para los EE. UU.,

1929-1941 Deportaciones, durante la Gran Depresión,

1942-1964 Bracero, un programa bilateral de los dos gobiernos para un trabajo de temporada,

1965-1985 Migración sin documentos (ilegal) después que terminó el programa Bracero,

1986-2000 La Gran División, tratando de mantener la frontera como una división signifcante[[Douglas Massey, S. Massey, Jorge Durand, and Nolan J. Malone. Beyond Smoke and Mirrors. Mexican Immigration in an Era of Economic Integration. (New York: Russell Sage, 2002), 27-51.]]

La literatura chicana moderna empieza durante la cuarta y florece durante la quinta fase. Las primeras novelas chicanas siguen el modelo biográfico: un héroe migra a los EE. UU. y se ve enfrentado con una cultura ajena que le discrimina y que le obliga a asimilarse o volverse a México. Dominan conflictos culturales o laborales en las novelas desde 1959: Pocho de José Antonio Villareal, The Plum Plum Pickers (1969) de Raymond Barrios, Chicano (1970) de Richard Vásquez, The Revolt of the Cockroach People de Oscar Zeta Acosta (1973) o The Road to Tamazunchale de Ron Arias (1975)[[Nicolás Kanellos and Claudio Esteva-Fabregat, ed. Handbook of Hispanic Cultures in the United States. 4 vols. (Houston: Arte Público Press, 1993-94), tomo II:: Literature and the Arts. Ed. F. Lomelí. (1993).]]. El vínculo con la literatura mexicana -americana anterior es el modelo autobiográfico que usaban los mexicanos residentes en los territorios anexados[[Padilla, Genaro M. My History, Not Yours. The Formation of Mexican American Autobiography. (Madison: U of Wisconsin Press, 1993).]].

Dos novelas de la cuarta fase marcan la transición a una trama más amplia que combina la vida colectiva de los inmigrantes con los residentes chicanos sin sacrificar los conflictos individuales o laborales: Y no se le tragó la tierra (1971) de Tomás Rivera y Klail City y sus alrededores (1976) de Rolando Hinojosa. La última esboza la vida colectiva de todo un condado tejano sobre el Rio Grande con sus migraciones de las temporadas de algodón, de verduras y de frutas desde Texas hasta Wisconsin y más allá, muestra los vínculos de muchas figuras de la segunda generación tejana con México o la Revolución Mexicana. Algunas figuras descienden de los pobladores mexicanos antes del 1848.

Con el crecimiento de la producción literaria de las chicanas y los chicanos en los años 1980 y 1990 el tema de la inmigración laboral ha hecho sitio a un tratamiento más metafórico y posmoderno de «la frontera», un campo temático rico y ambiguo. Los novelistas han adaptado las fórmulas de la novela histórica de varias generaciones, la novela policíaca, el romance, la novela pícara o epistolar, la novela del realismo mágico, etc. Otras han contribuido una serie de novelas feministas donde el conflicto cultural se entrelaza más con conflictos de género que de clase. Gloria Anzaldúa en Borderlands / La Frontera (1987) representa esta vuelta al feminismo y a la metaforización de la frontera como una condición mítica y existencial. Sapogonia (1990) de Ana Castillo incluye el asilio y el retrato de una dictadura imaginaria de Latinoamérica. Sandra Cisneros en Woman Hollering Creek (1991) hace volver a sus protagonistas a México, al país mítico del La Llorona. Estos cambios literarios tienen que ver con un cambio de la política de los EE. UU y con su expansión económica global.

1986 era un año importante en la historia de la inmigración mexicana, un eje en las tentativas de controlar las fronteras del sur del los EE. UU. Las tentativas de crear La Gran División, una frontera fortificada con alambres, muros y cárceles habían fallado, iniciando una nueva fase en la inmigración mexicana. GATT (1985) y NAFTA (1994) llevaron a una política largamente simbólica de controlar la frontera, aumentando los fondos para las patrullas y construyendo más muros[[Massey (2002), 80-104. George J. Borjas, ed. Mexican Imigration to the United States. (Chicago: U of Chicago Press, 2007), 13-56.]]. Pero la inmigración sigue en las pautas establecidas en la fase anterior (1965-85): cuarenta por ciento cruzan cerca de Tijuana, un tercio de los inmigrantes será detenido, todos consiguen entrar después de algunas tentativas, dos tercios se quedan en California, alrededor de dos tercios mandan dinero a sus familias en México, y más de la mitad vuelve a México después de haber acumulado algunos ahorros. El número de inmigrantes sigue creciendo. Alrededor del año 2000 los latinoamericanos han pasado a los afroamericanos como la minoría más grande en los Estados Unidos.

1986 también era un año importante para Marilyn P. Davis, una etnógrafa de California trabajando en un pueblo en México. Se decidió cruzar la frontera con inmigrantes no-documentados. Esta experiencia y la confianza que se desarrolló en el viaje llevaron a una serie de entrevistas grabadas, en las cuales mexicanos y mexicanas de ambos lados de la frontera cuentan la historia de su vida. Estas historias, recopiladas entre 1986 y 1990 fueron publicadas como Mexican Voices / American Dreams. An Oral History of Mexican Immigration to the United States (New York: Holt 1990). Es decir, Davis entrevistó en los años cuando GATT y nuevas leyes de inmigración presionaron a los inmigrantes de dos lados distintos.

Muchas de las narrativas recopiladas siguen la pauta que ha establecido Massey ya para la segunda y tercera fase de la inmigración:

Salir ? cruzar ? llegar ? trabajar ? remitir ? volver ? salir de nuevo[[Massey (2002), 53-64.]].

Las ochenta narrativas de inmigrantes (excluyendo algunas entrevistas adicionales en el libro de Davis) representan una experiencia colectiva, bien matizada por los narradores, pero también similares en juntar el desarrollo individual con el cambio histórico, con las diferencias culturales, y con la (re-) construcción de una propia identidad. Son voces coherentes que encuentran escasa representación en la novela posmoderna chicana. Son voces que surgen de un nuevo género: la historia de vida[[Para historias de vida vea Margaretta Jolly, ed. Encyclopedia of Life Writing. 2 vols. (London: Dearborn Fitzroy, 2001); Genaro Padilla. «The Mexican Immigrant as *: The (de)Formation of Mexican American Immigrant Story.» In: The Culture of Autobiography. Constructions of Self-Representation. Ed. Robert Folkenflik. (Stanford: Stanford U Press, 1993), 125-48; Joe Rodriguez.. «US Hispanic Autobiography and Biography: Legend for the Future.» In: Kanellos / Esteva-Fabregat, vol. I, (1993), 268-91.]]. Desde los años 1980 se colectan más y más relatos de inmigrantes y la autobiografía oral se esta haciendo un género importante de la literatura chicana.

En este ensayo voy a concentrarme en ocho historias de vida, seleccionándolas desde las distintas secciones temáticas de Davis: «Push-Pull,» «The Passage,» «El Norte,» «The Future.» La mitad de las historias son de mujeres, una por cada sección. Voy a analizar la construcción sucesiva de diferencias culturales y identidades étnicas como un discurso colectivo[[Para el análisis de discurso usé: Helena Clasamiglia Blancafort y Amparo Tusón Valls. Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso, (Barcelona: Editorial Ariel, 1999). George Lakoff and Mark Johnson. Metaphors We Live By. 1980. Rev. (Chicago, London: U of Chicago Press, 2003); Luis Cortés y Ma. Matilde Camacho. Unidades des segmentación y marcadores del discurso. Madrid: Arcolibros, 2005.]]. A pesar de haber hecho un análisis cuantitativo para toda la colección quiero destacar aquí las estrategias coherentes de ocho narradores, estrategias que tienen que ver con la experiencia de cada uno y las valorizaciones derivadas de esta experiencia[[Las referencias en el texto siguiente llevan a las narrativas respectivas en el libro deDavis 1990.]].

Progresión temática y estrategias individuales

Don Ezekiel Pérez, agricultor en Las Barrancas, México, empieza su narrativa con una fecha: fue en 1914 que las primeras gentes de su pueblo cruzaron la frontera del norte (15-21). Él empieza convencionalmente, ancla su narrativa en el tiempo histórico y lo conecta como los otros con un evento biográfico importante: la primera vez que uno va a cruzar (188), que se encuentra con su marido futuro (47), que fue nombrado director (347) o simplemente con la fecha del nacimiento (265). Algunos relatos empiezan sin anclaje, lo que puede ser causado por la grabación. Muchos relatos tienen una sola referencia en fechas, una de las mujeres usa ninguna. Ezekiel marca los eventos en su vida con «then» (después o entonces), los ordena distinguiendo «this time» de «that time» (esta vez, aquella vez). Su orden consiste en repeticiones: cruzadas, detenciones, ofertas de trabajo repetidas etc. Usa «again» (de nuevo) más que todos los otro siete. El segundo ordenamiento es espacial: usa «here» para Las Barrancas y «there» para cualquier otro lugar en el relato. Esto crea un sentido de espacio muy fuerte, anclado en Las Barrancas. Todo los ocho usan la oposición del «aquí / allá», pero nadie tan estrictamente como Ezekiel. Él reduce su espacio bastante a estas dos dimensiones y incluye su «yo» firmemente en un «nosotros todos» opuesto muchas veces a un «ellos todos». Solamente en el final de la historia surge el individuo y su familia: «I came back with all the money I had saved, and we bought several parcels of land and animals-horses, cows, and pigs» (21). Su vida con sus idas y vueltas se parece a una secuencia de cosechas.

La segunda historia de vida viene de Ana Chávez de Smith, una madre joven y asistente de investigación en Albuquerque, New México (47-53). Ana ancla su relato en su matrimonio: se encontró con su marido Miguel por la primera vez en 1984, lo vió repetidamente, se casó con él y tuvieron un bebé. Ella marca y enumera las veces, pero las contrasta con el presente, el «ahora» firmemente establecido y anclado en la conclusión de su relato (53). Ana está marcando etapas cognitivas, usa «conocer» mucho más que Ezekiel y usa «allá» solamente para México. Otra diferencia con Ezekiel es que Ana cuantifica y generaliza su experiencia: «The next day, Sunday, was the bullfight. I had breakfast with them and then went to mass with the girls. All of the men went to the mass in the plaza de toros because at twelve noon they always have what they call the sorteo wherein the bulls are assigned to each bullfighter.» (48). Es interesante como Ana combina «todo» con «siempre» para explicar («por eso») roles de sexo en México. Ella destaca experiencias que tuvo «por la primera vez» para establecer diferencias culturales entre los dos países (52). Sus palabras más frecuentes se refieren a México y el estilo de vida allá. Todas estas palabras culminan en sus fines: la intención de volver a vivir allá para que su hija conozca la vida de los dos lados (53). También ocurren en la conclusión dos palabras nuevas por la primera vez en su relato: oportunidad y experiencia. Subsumen lo anterior: experiencias son oportunidades.

José Vásquez Ordaz, un pescador quien vive en Guadalajara, México, ancla su historia en una sola fecha: la muerte de su padre en 1975 (116-24). El marca el paso del tiempo con frases de repetición y de diferencia (esta vez / aquella vez) y el enumera los eventos. Pero generaliza solamente una vez sobre los eventos que se repiten. Otra paralela con Ezekiel consiste en el uso del «sabes», que incluye a Marilyn Davis, la invita a ponerse de acuerdo, pero que nunca lleva a reflexionar sobre los experiencias como lo hace Ana. José muestra mucho humor en su relato y termina como Ezekiel mencionando dinero. Como Ana conecta el pasado con el futuro en una progresión temática (124). Y como los dos José introduce palabras nuevas (chicos y vacaciones) para cerrar su relato con un futuro vago:

Well, my wife was homesick. She was worried that she would never see her grandmother, who had raised her. The result is that ten years later her grandmother is still living, but we came back to Mexico. Now, with five children, it’s not possible to go back. Maybe when they are grown, we’ll go on vacation. (124)

Volverse se ha hecho recíproco, se puede referir a las dos naciones. Las palabras más frecuentes y su progresión representan una jerarquía de valores. En José «dinero» y «trabajo» son más frecuentes que «México» o los «Estados,» «familia» o «gente.» Su desviación de las frecuencias de las diez palabras más frecuentes en toda la colección puede revelar una estrategia individual.

Rosa María Muniz de Navarro, ama de casa en Buena Vista, México, revela la historia de su marido infiel en Los Angeles (157-63). Ancla su relato con la fecha cuando su marido cruza la frontera por la primera vez. Marca tiempo y repeticiones y los conecta con su presente. Su oposición de «aquí» y «allá» establece el tema del marido infiel. Rosa muestra poca confianza en cuantificaciones y nunca generaliza sobre diferencias culturales. Desarrolla su drama en términos de la ironía trágica de una esposa que no sospecha nada: «saber» es una de las palabras temáticas. Rosa representa su historia en escenas dramáticas como una telenovela y concluye su relato con una escena que simboliza las diferencias culturales como deceptivas:

I thought we would be grabbed at any moment, but Maria said we looked almost like gringas. I wore some pants and these big earrings that she had given me, and she combed my hair out. Of course we didn’t understand a word of what they were saying on the loudspeaker, but we just watched and did what everyone else was doing. We put our bag in that machine and buckled the belts and everything. We closed the window shade so we didn’t have to look out and the time passed very rapidly. Really, I couldn’t even tell that we were on the ground again (163).

«Again» aparece por la primera vez en el relato y lleva las ironías múltiples de la narradora/protagonista. La auto-ironía socava el acto heróico de cruzar la frontera.

Guadalupe Buendía Mendoza, propietaria de un restaurante en Albany, California, relata una historia de éxito (264-72): ella trabajó duramente toda su vida desde su infancia en México, ella perdió su marido y ahora maneja sus negocios como soltera. Ofrece tres fechas: día de nacimiento, del casamiento y de cruzar la frontera. Prefiere dividir su vida por locaciones del trabajo, tiene poco uso de marcadores temporales. Usa verbos modales para expresar la iteración en su vida. (Ana usa modales para expresar posibilidades del futuro). «Aquí» y «allá» pueden referirse a los dos lados de la frontera. Su referencia espacial cambia cada vez con el lugar del trabajo. Lupe cuantifica mucho, pero nunca en relación a diferencias culturales. Siempre tiene que ver con su sueño de irse a los EE. UU., su ignorancia y sus pensamientos en el futuro. La conclusión reune todas sus palabras preferidas:

It was always my dream to progress. It didn’t matter what the work was, all I wanted was to progress. We were very poor and I never knew a father. I was never able to have the pride to say «papa.» So this was my idea, to work and to progress. And thanks be to God he helped me and until this day is helping me. (272)

Es la clásica secuencia del «sueño americano» que se cumple. No hay palabras nuevas, pero «Dios» da el peso adicional a las fines: es el término más alto en la jerarquía de Lupe. Dios ha remplazado a su papá ausente.

Cuauhtémoc Menéndez, un trabajador de construcciones en Guadalajara, México ha desarrollado una actitud muy diferente hacia el trabajo y hacia México (188-95). Sigue la fórmula que hemos establecido ya en los otros: ancla su cuento en una fecha, usa oposiciones espaciales y temporales para sortear los eventos y las culturas, subraya y cuantifica repeticiones y recombina sus palabras claves con un concepto nuevo supremo en la conclusión. Eventos se repiten y solamente la gente puede cambiarlos. Cauhtémoc reconstruye su aprendizaje gradual en cruzar la frontera y en su regreso. Al final ha aprendido a mirar más allá de la frontera:

Nothing more, except a warm greeting to the pueblo [people] of the United States with wishes that this crisis of immigration, in which they too are a part, will soon find a remedy where there will be work and opportunity for everyone (195).

Su término supremo es «pueblo» que va a vencer la crisis actual de la inmigración. Es el único entre los ocho quien ha desarrollado este sentido histórico de su propia vida.

Ana de Haro trabaja como un disk jockey en Texas (346-53). Ella cuenta su historia sin anclaje temporal (es la única de hacerlo entre los ocho). Ella se ubica firmemente en El Paso, y «allá» siempre se refiere a la frontera hispánica del Rio Grande y a México. Ana tiene un sentido fuerte de arriba y abajo («up» es su palabra preferida) y además cuantifica generosamente sobre sus experiencias. También desarrolla opiniones críticas sobre los prejuicios en Texas. Ana concluye:

Most Hispanic men are real macho. There are very few like my dad. But when I find a prospective boyfriend, I want him to be Mexican American, Catholic, and from a good family. I consider myself to be pretty open-minded about it. But that’s what I want, maybe because it would make my mom extremely happy (353).

«Open-minded» aparece por la primera vez, es el valor supremo, subsume todos los otros términos como parte de su esquema cognitivo sobre etnicidad y familia.

Juan Cadena, Director del Comité de Migrantes en Muscatine, Iowa, presenta el último relato en nuestra selección (374-83). Él toma su trabajo para los migrantes muy en serio, focaliza todos su referencias espaciales y temporales sobre su vida presente en Muscatine y hace del saber y la ignorancia una parte importante de su trabajo. Juan tiene siete generalizaciones sobre diferencias culturales, cuantifica muchas veces, y usa el verbo modal tan frecuente como Ana, pero en el sentido iterativo. Afirma más a menudo la verdad de su cuento que cualquier otro narrador en nuestra selección. Con Ezekiel también es el más arraigado de los ocho, pero del otro lado de la frontera. No recombina sus palabras claves en la conclusión. Ha dicho todo lo importante durante la secuencia temática anterior.

Nuestras observaciones tal vez permiten unas primeras generalizaciones. Surge un esquema común entre las historias de vida que he elegido por su tamaño (5000 hasta 6000 palabras), su distribucíon entre los sexos y los temas de la colección:

1. El anclaje de la vida personal en la cronología histórica marca una división importante en antes y después. Cruzar la frontera es solamente una de estas divisiones.

2. Los narradores marcan el tiempo y el espacio de los eventos en oposiciones de ahora-entonces y de aquí y allá. En estos relatos las oposiciones marcan diferencias culturales.

3. Narradores también marcan repeticiones de eventos en el pasado y algunas cuantifican sus experiencias en estos eventos.

4. Cuantificaciones pueden llevar a generalizaciones, juicios que establecen diferencias culturales y posiciones étnicas en ellas. Generalizaciones construyen una identidad.

5. Las palabras más frecuentes, especialmente los sustantivos, revelan esquemas cognitivos. Muchas veces forman una jerarquia de valores como pueblo, trabajo,tiempo, México, dinero, colegio, familia, años, Estados (los sustantivos más frecuentes en la colección).

6. Estos valores se acumulan en la conclusión del relato, combinados con nuevas palabras que ocurren por la primera vez en el relato y que subsumen los valores anteriores o le dan una dirección hacia el futuro. Son valores supremos que enmarcan la identidad.

7. Finalmente, narradores planifican su narrativa y marcan una progresión temática con conceptos que acompañan la secuencia de eventos. Revelan estrategias.

Conclusiones

Existe tal vez una gramática fundamental de las historias de vida que cuentan los inmigrantes y esta va más allá de la secuencia cronológica establecida por Massey. Esta gramática permite muchas variaciones individuales o genéricas. Permite también destacar un desarrollo económico y/o cognitivo que integra las diferencias culturales en un estado más o menos equilibrado. En algunos casos permite la reflexión de experiencias repetidas y opiniones adquiridas. Es la gramática del Bildungsroman.

Las narrativas que genera esta gramática refutan prejuicios en los EE. UU. sobre los inmigrantes. Prejuicios populares como los enfrenta Ana de Haro o los prejuicios más elaborados debajo de teorías de identidad nacional como las elabora Samuel Huntington[[Samuel P. Huntington, Who are we?: the challenges to American national identity. New York [u.a.] : Simon Schuster, 2004.]]. No solamente refutan estos prejuicios compartidos por muchos en los EE. UU., sino ofrecen narrativas de diversas construcciones étnicas como de las experiencias que fundamentan estas construcciones. Nos hacen entender como construimos generalizaciones étnicas.

En otras palabras, las historias de vida narradas por inmigrantes mexicanos a Davis ofrecen más que un testimonio de los peligros y oportunidades de la frontera. Son más que documentos de una identidad híbrida de inmigrantes. Forman la matriz de la cual deriva una gran parte de las ficciones chicanas en los EE. UU. Novelistas elaboran los caracteres y los eventos hasta presentarlos en escenas dialogizadas, combinan escenas en tramas múltiples y a veces muy complejas; novelistas añaden un simbolismo contemporáneo o mítico a las reflexiones de los caracteres etc.

Así se podría decir que la novela chicana, especialmente en su versión posmoderna, merece ser confrontada con las historias más directas, más económicas y más auténticas de los migrantes entre dos culturas. Sus estrategias narrativas pueden deberse a la narrativa literaria o televisiva, pero la literatura chicana también puede nutrirse o enriquecerse escuchando a los migrantes mexicanos. Van a ser parte de la literatura chicana del futuro si ya no son del presente.

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Edición No. 145