«El aguacero edificable»

Sin duda podría pensarse que Romero es un poeta narrativo que utiliza las palabras de la conversación corriente. Un poeta narrativo por la forma y lírico por los sentimientos que expresa. Esto puede explicar que no haga distinción entre prosa y verso y que combine o alterne ambas formas en sus libros, sin ningún prejuicio ni intelectualismo. La prosa al servicio del poema lo lleva a una condensación extremadamente elíptica, a veces de cariz surrealista o automático, cuya concisión, no estando al servicio de lo lineal, es la misma que procura el uso del verso libre. En el lenguaje transgenérico de Romero se disuelven las fronteras de las formas para favorecer una comunicación poética abierta donde lo que menos importa es la definición genérica del texto.
El humor y el absurdo, tan sutil y prolijamente manejados por Romero en la narrativa y en la poesía, no sólo ponen de manifiesto recursos literarios extraídos de la experiencia surrealista, sino que revelan situaciones propias del imaginario fantástico y del realismo mágico que tanto apasionan a este autor, lo cual está presente también en su manera de ser. A este respecto puede decirse que no es la forma lo que determina el carácter de sus temas, sino que son éstos los que plantean la forma en que deben ser tratados.
No hay, por eso, dicotomía para quien como Romero, cualquiera sea la forma que utilice, identifica vida con poesía. La coherencia de ésta ha de buscarse en su universo mismo. Por lo que podemos concluir diciendo que Armando Romero no es un narrador que escribe poesía o viceversa. Es el tipo de escritor cuyo orgullo estriba en que sabe colocarse siempre por encina de los géneros.
N.B.: Prólogo en «El aguacero edificable, antología 1961-2010», de Armano Romero. Ed. Monte Ávila, Caracas 2011