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Humanizar la tierra desde la ciudad y el campo: una utopía realista (Reflexiones con Edgar Morin; París, enero de 2014)

Contexto

El desarrollo urbano, económico y social de la ciudad de Medellín-Colombia dio pie a su elección por ONU-Habitat para ser la sede de la Séptima Sesión del Foro Urbano Mundial (WUF7 por sus siglas en inglés, abril 2014).  Los organizadores tomaron por hilo conductor “Equidad urbana en el desarrollo – Ciudades para la vida”, pues la desigualdad se ha convertido en el planeta en una brecha cada vez más violenta, de hecho, es una preocupación universal.  Las diferencias en el acceso a las oportunidades, la salud, la educación, los ingresos, el consumo, la ubicación urbana o rural, la información y la tecnología, son hoy en día la norma, no la excepción.

Conceptos como Equidad e Igualdad están en tensión e importa lo que se piensa, se diga y se escriba sobre ellos. Equidad viene de la idea de la igualdad moral desde la condición de la Dignidad y de la Identidad humana; Igualdad se refiere a tener el mismo status en los aspectos de la vida que implican acceso a bienes públicos, razón por la cual es un concepto clave de la triada economía, sociedad, política.

Como principios inherentes a los derechos humanos, Equidad e Igualdad sustentan aspectos tales como la indivisibilidad de los derechos humanos, la no-discriminación e inclusión, la prioridad a los grupos vulnerables y marginalizados, e igualdad de género.

Como principio inalienable de la condición intima de cada ser humano, Equidad se refiere al comportamiento ético, justo y complejo de quien tiene el poder y el derecho de decidir de la distribución de oportunidades, de quien beneficia de estas.  Se trata de la Igualdad de acceso a la atención sanitaria, a la educación y los bienes públicos de una manera que sea justa y equitativa.

El WUF7-Medellín se quiere una respuesta más adecuada a las crecientes desigualdades en las sociedades de todo el mundo.

Asesor académico del WUF7, Gustavo López-Ospina propuso asociar a dicha respuesta el aporte científico de la Corporación COMPLEXUS para el desarrollo (Bogotá, 2000) y de la Fondation Maison des Sciences de l’Homme (FMSH, París, 1963).  Por lo cual, el 26 de enero de 2014 se dieron cita en París, alrededor de Edgar Morin, expertos y personalidades de estas dos instituciones con el fin de elaborar una propuesta-faro, una contribución a la “Carta Medellín” del WUF7.

Las ideas que presenta Edgar Morin en la entrevista que sigue son el eje de la propuesta académica que aportaron COMPLEXUS y FMSH.

 

Introducción a la entrevista

Con sus 93 años, cada vez más lúcido y más creativo, Edgar Morin sigue en su propósito de entrelazar las fronteras teóricas.  Su obra dinamiza los saberes, abre y atraviesa muros epistemológicos, provocando el pensamiento entre un mar de dudas e islotes de certezas.  Inmensa y generosa, su obra rebosa brillantez y juventud, al tiempo que provoca placer y asombro, puesto que pone los paradigmas antiguos y modernos en metamorfosis.  Morin es un vigía alerta de nuevas preguntas y un sembrador de propuestas penetrantes y sagaces para pensar los probalemas globales y las necesidades locales en el campo de los sujetos, la naturaleza y las sociedades.

El pensador francés nos enseña a mirar el planeta y la humanidad con lente multipolar y desde la toma de conciencia del prisma interdisciplinario, ahí donde ver que el individuo está ontológicamente entrelazado con la naturaleza y el cosmos, la sociedad y la cultura.  Su libro “La Vía para el futuro de la humanidad” (París, 2011) muestra cómo es necesario entrelazar, desde propuestas innovadoras y buenas voluntades, el vínculo entre individuo, especie y sociedad. Esta obra ayuda a pensar lo urbano como un crisol de caos organizador-desorganizador o morada vital del homo cuerdo-imaginario, pues en dicho caos-orden emerge y se expresa la organización de lo que llamamos la Civilización, el Derecho, las Artes. Condiciones éstas para una vida próspera, digna y en paz.

Morin considera el pensamiento de lo que es, ha sido y debería ser la “ciudad” como uno de los mayores desafíos del siglo 21, pues la urbe concentra las reformas políticas, económicas, sociales e individuales, educativas y vitales que, por sí solas, han estado, están y estarán condenadas a la insuficiencia y al fracaso.  El pensamiento global y complejo nos enseña justamente que cada reforma progresa en su tema si lo hace en relación eco-re-alimentadora, evaluativa y evolutivamente con las demás.  Las vías reformadoras son diversas, correlativas, interactivas e interdependientes.  La Vía es una unidad-mixta y meta-mórfica.

 

Entrevista con Edgar Morin

NVG – Profesor, nos hemos reunido en la propuesta “Carta Medellín” para meditar ¿Qué significa “humanizar la tierra”? ¿Qué significa “pensar lo urbano”?  Esta “carta” se envía al mundo con motivo del 7º Foro Urbano Mundial.  Muchos aspectos de su obra se pueden leer ahí, en filigrana.  Como usted lo precisa en su libro “La Vía”: las ciudades necesitan impulsar un desarrollo urbano incluyente, equitativo y solidario en el que la articulación entre el individuo, la especie y la sociedad sea la visión y misión de una gobernabilidad generosa y responsable.  Desde la Antigüedad, la ciudad no es un problema como tal; por el contrario, lo urbano es una creación humana substantiva para la convivencia pacífica, el surgimiento del comercio, de la política, de las instituciones, del derecho, de la civilización, de las artes… ¿Podría precisarnos estos temas desde el enfoque del pensamiento complejo?

EM – Usted tiene razón: los enormes problemas para la gestión de las ciudades no deben llevar al extremo romántico de considerar a la ciudad como el problema, pues la urbe es la única solución para acomodar en el planeta diez billones de seres humanos de manera equitativa, ecológica y sostenible a largo plazo. Me explicaré más adelante.

Me alegra que mis amigos Gustavo López y Marco Antonio Velilla hayan querido asociar mis estudios sobre Pensamiento complejo para contribuir en dicha carta. Con Gustavo y con usted nos une la publicación de “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” (UNESCO, París, 1999); con Marco Antonio, la creación de COMPLEXUS.  Acepté también porque le tengo a la ciudad de Medellín y a los “paisas” admiración y cariño.  Cuando visitamos la ciudad por primera vez, en 1996, invitados a la Universidad Pontificia Bolivariana por Eduardo Domínguez y William Yarce, recuerdo haber respondido a una de sus preguntas diciendo que en Medellín hay una fuerza tal, que sus gentes viven y crean a la temperatura de su propia destrucción.

Con todo, constato ahora menos violencia y mayor pujanza.  Han sabido hacer un salto cualitativo ejemplar en las dos últimas décadas y pasar del miedo a la esperanza.  Es muestra de que hay gentes con visión en grande y capaces de pasar de una generación a otra lo mejor de los bienes públicos.

Véase, por ejemplo, la “cultura metro-cable” que entrelaza el centro y las periferias, revitaliza la unidad-diversidad del tejido social, interconecta poblaciones heterogéneas; además es un transporte público ecológico que modera la contaminación ambiental y contribuye, así, con la salud pública.  Admiro también la Red de bibliotecas que ayuda con ilustración a los menos favorecidos.

Veo ahí dos fuentes de la ética de “religación” (o de “entrelazamiento”) que yo convoco en mi obra para la salvación de la humanidad: la Solidaridad y la Responsabilidad.  Es prueba también de que el futuro de una ciudad se juega en tanto y cuando las oportunidades de educación, salud, diversión, luz y agua potable, seguridad, buen vivir, son accesibles a todos los habitantes, cualesquiera que fueren, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, u cualquier otra condición.  Las ciudades deberían tener como bandera el ideal planetario de convivir en una familia humana capaz de liberar las calles y los campos del temor y de la miseria.

NVG – Usted habla de “calles y campos” ¿Qué tienen de particular en un pensamiento complejo sobre lo urbano?

EM – Cuando decimos que las calles son las “arterias” de la ciudad hacemos referencia a vías de circulación, pero también a la analogía de un cuerpo vivo y organizado. Las calles son como savia vital para una ciudad.  El concepto “ciudad radiante” de mi compatriota Le Corbusier fue un fracaso en arquitectura y en urbanismo, pues veía la ciudad como un gran edificio al interior del cual había de todo (tiendas, farmacias, restaurantes, escuelas, clínica, etc.), menos calles de verdad. Lucio Costa, el urbanista brasilero, también se equivocó construyendo Brasilia como una ciudad futurista, en donde las calles son avenidas enormes, inhumanas, sin cafés con terraza, tiendas ni mercados al aire libre.

Me temo que ahora sea el mismo concepto espantoso que maneja el “mall” a la estadunidense, paradigma del consumismo liberal y del individualismo apabullante, y que ha crecido como champiñones en ciudades de Asía, Medio Oriente y América Latina.  Se trata de lugares encerrados, vigilados por servicios privados de seguridad, donde se reúnen todo un día a consumir los que tienen dinero y se creen entre sí gentes de “buena clase”; es una especie de “incesto clasista”.  Con lo cual, se acaba el mestizaje creativo, la hibridad cultural, el comercio y el libre intercambio que otorgan como posibilidad las calles y pequeños mercados.  Los historiadores enseñan que la calle ha constituido, desde la Antigüedad, la arteria por donde circula la savia vital de la cultura.  Una ciudad sin calles animadas es una ciudad sin cultura.  Por supuesto, se requieren políticas urbanísticas creativas y audaces para religar en las calles seguridad, belleza, convivencia, amabilidad, comercio y cultura.  Además, las calles son por antonomasia el espacio libre, público, allí donde emerge cotidianamente la relación entre lo privado y lo público, lo familiar y lo foráneo.

Por todas estas razones, pensar la política urbana desde la “calle” implica una profunda visión del sentido jurídico y ético de una sociedad, en tanto es en la “calle” donde se pone al descubierto la idea que tiene un pueblo de la cosa pública (Re(s)pública), de lo que se comparte entre todos: ahí se constata el comportamiento ético y respetuoso de cada uno.

En lo referente a la “cosa rural”, no creo posible pensar hoy una política urbana sin pensar al mismo tiempo y de manera interconectada por principios, medios y consecuencias la ruralidad.  Imaginamos el “campo” como el lugar idílico de la urbe, allí donde no hay polución, ruido, etc., es decir, el lugar sin los males urbanos; olvidando que lo rural es la granja cada vez más contaminada de la ciudad.  Con una población urbana mundial que se acelera de manera exponencial desde los años cincuenta del siglo XX, los campos se han convertido en explotaciones agrícolas inmensas, donde se conjuga de manera trágica la guerra entre la ciencia, la técnica y la finanza especulativa mundial.

En agricultura resuena también “cultura”.  El desafío de la política urbana para el siglo XXI consiste en encontrar una nueva forma de “cultura” agrícola y ecológica, que pueda alimentar a toda la humanidad sin envenenar con productos químicos los pozos de agua y sin que siga creciendo el desierto por la tala desmesurada y por la mono-cultura especulativa.  Además, cuando los productos vienen de granjas en donde animales y plantas son como robots con genes manipulados en función de la sed de conocimiento, la sed de poder y la sed de dinero -lo que produce riqueza para pocos, miseria y desempleo para la mayoría- surgen males, monstruos y costos en salud física y mental.

El dasafío consiste entonces en provocar ahí la consciencia frente al mal, cambiar de mentalidad, cuestionar la lógica puramente cuantitativa y desarrollista, educar desde una ética de religación, pues somos a su vez identidad humana, natural y social: lo que sirve o destruye lo uno, sirve o destruye lo otro.

Pensar la política urbana en clave de “calles” y de “ruralidad” implica pues considerar a los ciudadanos como personas que dependen a su vez de la dimensión de individuo con sus necesidades, deseos y ambiciones; de la dimensión de especie con su relación a la naturaleza, a la vida; de la dimensión social con su relación a los demás, a la cultura, a la política, a la economía.  Es pensar justa y moralmente en lucha contra los monstruos que engendra la sed de conocimiento (manipulaciones genéticas), la sed de poder (terratenientes), la sed de dinero (especulaciones y corrupciones).

NVG – El éxodo rural interconecta las calles y los campos en la política urbana, enfrentada ésta al abandono del campo y a calles vueltas asilo de miseria ¿Qué le inspira esta iterconexión nefasta?

EM – El éxodo rural existe desde el origen de la humanidad cuando individuos dispersos en la estepa se agruparon en lugares estratégicos y emergió una eco-re-organización, una sociedad, una cultura que luego se llamó “urbe”.  Hay un éxodo rural natural y positivo, cuando se busca en la ciudad ilustración, diversión, trabajo y superación, o cuando simplemente se va a la ciudad a negociar los productos del campo; pero hay un éxodo rural negativo y del cual sufren los paises donde no hay reforma agraria para el bien de todos, ni visión global en la relación entre lo urbano y lo rural.  De hecho, la especulación de tierras y la agricultura industrial desaforada, sin regulación territorial ni políticas públicas solidarias y responsables acaban con el campesinado, con las culturas y los saberes tradicionales; cuando no es ya el crimen, la violencia y bandoleros de toda índole los que asesinan o expulsan al campesino, provocando el éxodo rural irregular e indeseado hacia las urbes, cargado de miseria, dolor y venganza.  Este éxodo dramático se vuelve un desafío socioeconómico y humano para la gestión urbana.  En tal caso no hay política ni reforma urbana que valga sin política y reforma agraria sostenible, solidaria y de cara al interés colectivo en una región o en un país.  Con la exploción demográfica en las ciudades y las megaciudades en todo el planeta, el problema agrario será central en toda política urbana, pues se requiere tener en la mente los hilos complejos de necesidades locales y desafíos globales: tratados de libre comercio, tráfico de droga, cambio climático, tala de bosques, escasez de agua potable, especulación mundial de precios de cereales…

NVG – Además de estas reflexiones ¿Qué mensaje especial quisiera enviar para que el WUF7 y la “Carta Medellín” sean un éxito?

EM – Yo quisiera enviar y sembrar el mensaje más simple: un mensaje dos veces milenario.  Se trata de pensar y actuar con finalidad ética.  Lo que tiene dos caras complementarias: resistencia a la crueldad y a la barbarie y, realización de la vida humana con memoria y dignidad. Para ésto se necesita un acto individual de religación (consigo mismo, con el prójimo, con la comunidad, con una sociedad, con la naturalza, con la especie humana).  Yo tengo fé en ésta ética.  La fé ética es una especie de amor médico que nos dice: “amad para vivir, vivid para amar; amad lo frágil y lo perecedero, pues lo más precioso, lo mejor, incluida la conciencia, incluida la belleza, incluida el alma, es frágil y perecedero”.

 

 

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Edición No. 169