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NOTAS – «De progresista a reaccionario, sin cambiar»…

De progresista a reaccionario, sin cambiar (por: Moisés Wasserman). Los infortunados eventos de terrorismo en París me sacudieron dos veces. La primera, por ellos mismos, por su absoluta sinrazón, y la segunda, por comentarios en la prensa y en las redes que pretendían disminuir la gravedad de los hechos con explicaciones justificativas. Recordé, entonces, el tiempo en el que yo era tan “progresista” como hoy esos comentaristas.

Adopté, aún en el colegio, algunas premisas contundentes. Una fue el rechazo a la base del pensamiento religioso (no a los religiosos). Es decir, a la presunción de que hay conocimientos revelados y que por tanto son dogmáticamente verdaderos. Esa certeza de verdad ha sido origen de persecuciones y guerras, y me resultaba inaceptable.

Partí de un gran respeto por el ser humano que me llevó a pensar que con su ciencia era capaz de generar nuevo conocimiento para resolver los problemas de la humanidad, y con sus reflexiones filosóficas podía avanzar en sistemas morales cada vez mejores. Es decir, creía que existía el progreso y que un tiempo futuro podría ser mejor.

Creí que la dignidad intrínseca de los seres humanos implica la igualdad entre todos ellos y que eso lleva al respeto por las decisiones de la persona sobre su vida y su cuerpo. Me parecía abominable la discriminación por raza, nación, género u orientación sexual. El derecho individual estaba, para mí, por encima de cualquier interés, aunque fuera colectivo. Todo eso llevaba a la esperanza de un mundo abierto, sin fronteras, equitativo y en permanente mejora ética y material. A pesar de que nunca me afilié a un partido político, me identifiqué con las aspiraciones socialistas de la época y con los países que parecían haberlas adoptado.

Con el tiempo, hubo tropiezos. Los primeros fueron con esos países. Hubo que ‘tragar sapos’, pero finalmente resultó imposible creer que todos los científicos e intelectuales presos y en manicomios realmente eran criminales o estaban locos, que las denuncias de los gulags eran un complot, que los perseguidos por homosexualidad eran criminales, y así tantos otros casos. Las justificaciones se enredaban: que los presos políticos fueron liberados, pero que en realidad no eran presos políticos porque nunca los hubo, y que si eran presos se lo merecían y que no eran políticos, sino opositores del progreso.

Luego llegó el posmodernismo de izquierda, con su relativismo moral. Resultaba entonces que “todo valía” si las circunstancias así lo exigían y que yo era un sicorrígido. Que el dogma religioso se rechazaba o no dependiendo de la geopolítica. Es decir, eran condenables las religiones judeocristianas, pero no aquellas que se oponían a las potencias occidentales. Así empezaron a volverse aceptables la ley del talión, las condenas a muerte de mujeres adúlteras, las ejecuciones por homosexualidad, por ateísmo, por blasfemia o por lo que fuera. La “tolerancia cero” al abuso se ablandó, y el progresista empezó a definir el valor moral de las víctimas según quien fuera el victimario.

El relativismo moral se extendió. La creencia de que el progreso era posible se volvió políticamente incorrecta y las costumbres ancestrales tomaron su lugar predominante. Así, para ser progresista hoy, hay que aceptar la ablación del clítoris o el abandono de los mellizos en el monte. La ciencia y la tecnología dejaron de ser esperanza y se volvieron amenaza. El progreso legítimo, hoy, se parece mucho al regreso a algún pasado.

Yo era, pues, un joven progresista porque creía en la ciencia, en la igualdad, en la dignidad humana, en la independencia intelectual y en el progreso, y rechazaba las verdades reveladas y los dogmas. Hoy he sido notificado de que, pensando exactamente lo mismo, soy viejo y reaccionario.

[Ref.: “El Tiempo”, Bogotá, Col., 23.I.2015; http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/de-progresista-a-reaccionario-sin-cambiar/15136315]

Nos escriben…  “Estimado amigo: No te alcanzas a imaginar la emoción que sentí al leer la última revista [Aleph No. 171] ¡dedicada a Jorge Zalamea! ¿Cómo pueden profesores y alumnos desconocer hoy una obra tan decisiva como la del autor de «Minerva en la rueca», «La grieta», «La vida maravillosa de los libros», escritura de una modernidad asumida críticamente y una premisa sin la cual la literatura del presente no ha dejado de ser ese melancólico producto del marketing impuesto por los pulpos editoriales españoles? Gracias por esta contribución para rescatar nuestra verdadera tradición. Un abrazo. Darío Ruiz-Gómez”  (Medellín, 14.II.2015)

Hemos recibido…  De Jorge Mora-Caldas, prestante abogado e intelectual nariñense-colombiano, hemos recibido sus más recientes obras: 1. “Los libros, aporte bibliográfico, las bellas artes e investigaciones históricas”, 2 volúmenes. Edición del autor, Pasto 2014; 2. “Memoria y epistolario”, 2 volúmenes. Edición del autor, Pasto 2014. Obras que fueron presentadas en solemne acto académico-cultural, en el cual llevó la palabra nuestro colega, el profesor Heriberto Santacruz-Ibarra, quien, entre otras, expresó: “… Señalo que de la lectura de sus obras se destaca el carácter liberal clásico y su republicanismo acendrado. En cuanto a lo primero debido a su preocupación por los otros y por el manejo pulcro de lo público, como puede verse a través, no sólo de su apoyo a obras por pequeñas que parezcan –como los baños de Tajumbina-, sino por los distintos reclamos que con actitud enhiesta hace respecto de los problemas de Nariño, como la ausencia de parques, de carreteras, de escuelas, etc., así como su temprana preocupación por la represa del Patía…/ En cuanto a lo segundo, es decir, respecto de su acendrado republicanismo, por su insistencia en la necesidad de la separación entre lo religioso y lo civil, actitud que, sinembargo, nunca le impidió, no sólo el enaltecimiento, sino también el apoyo de la labor de los religiosos, como se desprende de mensajes cruzados con miembros de diversas órdenes religiosas que, a manera de ejemplo, menciono la recibida de la Madre Laureana Perafán, o la envida al padre Jaime Álvarez, las cartas de los padres Carmelitas de El Charco, las de Monseñor Justino C. Mejía y Mejía, la de Monseñor Miguel-Ángel Lecumberry, prefecto apostólico de Tumaco, como la enviada a la señora Catalina Morgan./…”

De José Chalarca (n. 1941) los siguientes libros de su autoría: “Trilogio” (cuentos), Ed. Los Conjurados, Bogotá 2001; “Marguerite Yourcenar o la profundidad” (ensayo), Ed. Los Conjurados, Fundación Común Presencia, Bogotá 2011 (tercera edición), y “El biblionavegante – Un viaje por la cultura del mundo”, Ed. Los Conjurados, F.C.P., Bogotá 2014.

Robinson Quintero-Ossa: “13 entrevistas a 13 poemas colombianos [& una conversación imaginaria]”, Ed. Letra a Letra, segunda edición, Bogotá 2014. Nicolás Duque-Buitrago y Jhon Isaza-Echeverry (estudio y compilación): “Obra en Blanco – Notas sobre la filosofía de Julio-Enrique Blanco”, Ed. Universidad de Caldas, colección Laurea, Manizales  2014. José Jaramillo-Mejía (autor y compilador): “Este soy yo, tal cual… Rafael Arango-Villegas – Textos críticos y páginas sueltas”, Edición del autor, segunda edición, Manizales 2013. Adriana Hoyos: “La mirada desobediente” (poesía), Ed. Devenir-Poesía, Madrid 2013. Ángela María Pérez-Beltrán: “Cuento y miniCuento”, Página Maestra Editores, Bogotá 1997. Ciro Quiroz-Otero: “Vallenato: hombre y canto”, Ed. Asociación de escritores del Caribe, Asecaribe, segunda edición, Bogotá 2004. Marco Antonio Velilla-Moreno (Director académico): “La construcción colectiva del medio ambiente – Consejo de Estado de Colombia 100 años”, Ed. Planeta Colombiana, Bogotá 2014.

El Rectorado de la Universidad Nacional de Colombia entregó los cuatro primeros volúmenes de la colección “Apuntes maestros”: “Marta Traba en facsímil” (Editor: Fernando Zalamea); Fernando Zalamea: “Prometeo liberado – La emergencia creativa en maestros de los siglos XIX y XX”; José-Félix Patiño R.: “Pensar la medicina”; Gustavo Caponi: “Leyes sin causa y causa sin leyes en la explicación biológica”. Ed. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá 2014.

Dos muy bellos y singulares libros editados por la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín : “Arboretum y Palmetum – Guía de identificación” (2013), de Teresita Varón P. y León Morales S, con fotografías de León Morales y Jorge-Federico Morales; “Aves de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín – Guía de campo” (2014), de Carlos-Esteban Lara, Maureen-Daniela Montoya, Néstor-Javier Mancera y Juan-Manuel Obando, con ilustraciones de Ana-María Lozano, Catalina Suescún, Silvana Giraldo y Gabriel-Omar Villada.

Las novelas: “Cielo parcialmente nublado” (Intermedio Editores, Bogotá 2013) y “Destinos intermedios”  (Intermedio Editores, Bogotá 2014), de Octavio Escobar-Giraldo. “Las sombras” (Sílaba Editores, Medellín 2014), de Darío Ruiz-Gómez.

Mario-Hernán López: “Yo me acuerdo mal de usted” (Ed. Universidad de Caldas, Manizales 2014. Al respecto de este libro, Rigoberto Gil-Montoya escribió: “En este texto percibo a un profesor preocupado por leer algunos de los signos culturales y sociales de su tiempo, arriesga él mismo a formar parte del entramado con que puede agenciar una sensibilidad íntima…”  Varios autores: “La historia muy antigua del municipio de Palestina (Caldas) – Proyecto de rescate y monitoreo arqueológico del aeropuerto del café – Centro de Museos, Universidad de Caldas, Asociación Aeropuerto del Café (2005-2011)”; Ed. Universidad de Caldas, Manizales 2011.

Patronato histórico de la Revista.  Alfonso Carvajal-Escobar (א), Marta Traba (א), Bernardo Trejos-Arcila, Jorge Ramírez-Giraldo (א), Luciano Mora-Osejo, Valentina Marulanda (א), José-Fernando Isaza D., Rubén Sierra-Mejía, Jesús Mejía-Ossa, Guillermo Botero-Gutiérrez (א), Mirta Negreira-Lucas (א), Bernardo Ramírez (א), Livia González, Matilde Espinosa (א), Maruja Vieira, Hugo Marulanda-López (א), Antonio Gallego-Uribe (א), Santiago Moreno G., Rafael Gutiérrez-Girardot (א), Eduardo López-Villegas, León Duque-Orrego, Pilar González-Gómez, Graciela Maturo, Rodrigo Ramírez-Cardona (א), Norma Velásquez-Garcés, Luis-Eduardo Mora O. (א), Carmenza Isaza D., Antanas Mockus S., Guillermo Páramo-Rocha, Carlos Gaviria-Díaz, Humberto Mora O., Adela Londoño-Carvajal, Fernando Mejía-Fernández, Álvaro Gutiérrez A., Juan-Luis Mejía A., Marta-Elena Bravo de H., Ninfa Muñoz R., Amanda García M., Martha-Lucía Londoño de Maldonado, Jorge-Eduardo Salazar T., Ángela-María Botero, Jaime Pinzón A., Luz-Marina Amézquita, Guillermo Rendón G., Anielka Gelemur, Mario Spaggiari-Jaramillo (א), Jorge-Eduardo Hurtado G., Heriberto Santacruz-Ibarra, Mónica Jaramillo, Fabio Rincón C., Gonzalo Duque-Escobar, Alberto Marulanda L., Daniel-Alberto Arias T., José-Oscar Jaramillo J., Jorge Maldonado (א), Maria-Leonor Villada S. (א), Maria-Elena Villegas L., Constanza Montoya R., Elsie Duque de Ramírez, Rafael Zambrano, José-Gregorio Rodríguez, Martha-Helena Barco V., Jesús Gómez L., Pedro Zapata, Ángela García M., David Puerta Z., Ignacio Ramírez (א), Nelson Vallejo-Gómez, Antonio García-Lozada, María-Dolores Jaramillo, Jerónimo Pizarro-Jaramillo, Albio Martínez-Simanca, Jorge Consuegra-Afanador, Consuelo Triviño-Anzola, Alba-Inés Arias F., Lino Jaramillo O., Alejandro Dávila A.

 

 

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Edición No. 172