NOTAS… UN-San Andrés y Miss Iris…
20 años de presencia en el Archipiélago (por: Raúl Román-Romero; Director Sede Caribe, Universidad Nacional de Colombia en San Andrés). Conmemoramos 20 años de presencia institucional en uno de los territorios que, por su condición transfronteriza y sus particulares circunstancias diferenciadoras, representa la mayor importancia estratégica para el país. En marzo de 1995, como resultado de una apuesta académica innovadora e incluyente, la Universidad Nacional de Colombia creó en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina el Instituto de Estudios Caribeños, dos años después en 1997, se fundó la Sede San Andrés, convertida posteriormente en Sede Caribe. Desde su instauración, se asumió el desafío de fortalecer las capacidades académicas y científicas del Archipiélago mediante el cumplimiento de su quehacer misional, representado en las acciones de investigación, formación y extensión, las que hoy se ejecutan desde sus tres unidades académicas básicas: Instituto de Estudios Caribeños, Jardín Botánico y Centro de Estudios en Ciencias del Mar –CECIMAR.
A lo largo de estas dos décadas, se han desarrollado novedosos e importantes proyectos de investigación al servicio de la comunidad, posicionando a la Sede y a la Universidad en su conjunto, como una de las instituciones que ha generado mayor comprensión del territorio insular. De la mano de sus gentes, de sus líderes comunitarios y sociales, de las instituciones con injerencia en las islas, hemos emprendido el reconocimiento y el abordaje de sus problemas, hemos producido conocimiento valioso y aprovechable para cristalizar avances y logros en materia ambiental, cultural, económica, histórica, social y política. No obstante, la tarea no concluye, viejos desafíos persisten y otros nuevos han entrado en escena.
Desde nuestros inicios hemos insistido en la urgencia de formar el talento humano al más alto nivel, de modo que se asuma el liderazgo de los procesos de desarrollo del Archipiélago de manera endógena. Ya son más de 180 profesionales egresados de nuestros programas de posgrados en Maestría en Estudios del Caribe, Maestría y doctorado en ciencias –línea biología marina, Maestría en Medio Ambiente y desarrollo, Maestría en Enseñanza de Ciencias exactas, y en diversas especializaciones en áreas del derecho, la administración, el análisis de redes, el medio ambiente y la gestión de proyectos, y que hoy por hoy, y fundamentados en la excelencia de la formación, abordan las problemáticas de la región insular con profesionalismo y compromiso.
Desde el año 2008 hasta la fecha, se están formando en diferentes áreas del saber más de 200 jóvenes en el Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (PEAMA), los que en años futuros estarán engrosando el número de profesionales con capacidad de contribuir con el desarrollo insular.
Hemos trabajado mancomunadamente con la población étnica Raizal, lo que le ha posibilitado a la comunidad académica de la Universidad, entender los aspectos esenciales de su cultura, y por ende, nuestro ejercicio académico muestra un respeto prevalente. Son múltiples los proyectos adelantados que han tenido un gran impacto en la comunidad, vale la pena mencionar la Inmersión en inglés, programa apoyado por el Ministerio de Educación Nacional y en el que han participado diversos sectores de la comunidad, encabezados por las familias que ofrecen el servicio de posadas nativas, gestores culturales, conductores, profesores y tutores raizales.
Son 20 años trabajando con la comunidad y para la comunidad. Hemos creado espacios de reflexión académica sobre los diferentes procesos sociales, políticos y culturales del archipiélago, sus resultados, en aras del compromiso con la apropiación social del conocimiento, están a disposición de la institucionalidad local, regional y nacional y obviamente de los habitantes de las islas.
En los últimos años como una apuesta para fortalecer la capacidad científica y tecnológica del Archipiélago, se realizan proyectos que vinculan estudiantes de la educación básica y media a procesos de investigación y formación temprana con exposiciones científicas y museológicas, así como también se vinculan bachilleres a programas que permiten fortalecer sus competencias para el ingreso a educación universitaria.
Son 20 años de arduo compromiso con la sostenibilidad ambiental del territorio y con la conservación de sus recursos, esta es la institución con la colección viva más grande y variada en San Andrés, ubicada en el Jardín Botánico, que sin duda deberá gestionarse como un patrimonio ambiental para el archipiélago. Contamos con el proyecto más grande de generación de energías limpias en la isla de San Andrés y con un plan de manejo ambiental que nos garantiza el respeto por la conservación ambiental.
Estos esfuerzos y apuestas en favor del desarrollo de las islas, harán a la Universidad Nacional de Colombia, Sede Caribe en un patrimonio académico de los habitantes del Archipiélago.
Miss Iris, la novia de San Andrés (por: Eduardo Lunazzi y Samuel Ceballos; Ref.: Periódico “El Tiempo”, 19 de Abril de 1999). Iris Abrahams Robinson tiene una memoria certera. Recuerda con precisión que además de sus seis hijos, también tiene 29 nietos, 52 bisnietos (uno de ellos vive con ella), tres tataranietos y varios sobrinos.
Con la misma agudeza se refiere a los detalles y hasta los olores del largo viaje que emprendió de San Andrés a Bogotá, para matricularse en la Normal de Señoritas.
Tenía 15 años. En Europa se combatía la Primera Guerra Mundial mientras ella se embarcaba rumbo a Cartagena, con escala en Colón (Panamá). Fueron 20 días durante los cuales empezó a dejar atrás sus primeros recuerdos y llenó sus ojos con los paisajes que desde el barco de vapor le regalaba el río Magdalena. “La visión fantástica de la exuberante geografía colombiana también influyó para mi inclinación pictórica , admite hoy”.
Miss Iris, como la llaman cariñosamente en la isla, es la pintora, la que ha plasmado en el lienzo los azules del Caribe. Ella es La novia de San Andrés, como dice Simón González.
Miss Iris nació con el siglo (18 de marzo de 1900) y los que la conocen, dicen que primero fue gracias al azul de sus ojos que se volvió popular. Luego, la decisión que la convirtió en artista plástica la fue haciendo conocida.
Su abuelo, un navegante de origen judío llamado Alexander Abrahams, arribó a San Andrés en 1875. Se enamoró y se quedó definitivamente, como tantos otros que hallaron en estas coordenadas mágicas del Trópico de Cáncer el amor de sus vidas. Fundó su familia con la dama nativa Catalina Hugdson Bent, ejerció como maestro y se organizó en el que sería el último puerto de su carta de navegación.
Documentos del Archivo General de la Presidencia de la República fechados en 1880, que reposan en manos de su nieta predilecta, certifican que Alexander Abrahams, como funcionario de la Secretaria de Instrucción Pública Nacional, ejerció el cargo de profesor en San Andrés con una asignación anual de 600 pesos Hoy, miss Iris lo recuerda con lucidez y ternura: Tenía una barba larga, blanca y hermosa, con la que yo jugaba haciéndole trencitas. Una vez me dio un consejo que puse en práctica a lo largo de toda mi vida: no dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy .
Fue cuando partió a Bogotá. Corría el año 1915 y allí, junto a ochenta internas de todos los rincones de Colombia, aprendió el español que años después ya convertida en educadora enseñó a los isleños habituados casi exclusivamente al ingles o al creole. Tras un corto ejercicio del magisterio en San Andrés (fue directora de escuelas en los sectores de San Luis, La Loma y en la isla de Providencia), se casó y se fue para Panamá y vivió cosiendo y bordando sotanas, recobrando imágenes de santos y pintando fragmentos bíblicos en grandes óleos.
Pero los recuerdos pesaron más y después de 20 años retornó a su isla; convencida de que al igual que su abuelo, el navegante, había un momento en la vida en que tocaba fondear el ancla.
Poco a poco, la pintura fue tomando un lugar de preferencia en la inspiración artística y artesanal de Iris Abrahams. La visión del paisaje, la naturaleza, las costumbres y la vida apacible anterior al advenimiento del aluvión turístico y comercial del Puerto Libre, se comenzaron a reflejar en cuadros de pequeños formatos.
Imágenes con un manejo delicado y evocador como los sueños, aparecieron y siguen apareciendo sobre telas pintadas al óleo en una suerte de estilo ingenuo y romántico que refleja su espíritu idealista.
Un espíritu que no obsta para que miss Iris haga observaciones agudas sobre la sociedad actual con una lucidez que sorprende. Cada vez que el gobierno no tiene nada que hacer, vienen a buscarme comenta con ironía, aunque exhibe con orgullo algunas de las placas y medallas que ha recibido.
Al despedirnos, mientras el atardecer caliente se mete por su ventana, con una sonrisa miss Iris dice: voy a estrenar un vestido nuevo a ver si me consigo un novio de treinta en ese homenaje que me va a hacer el gobernador.