Los acuerdos de La Habana: un paso definitivo para la construcción de paz
1. Introducción
Definitivamente los acuerdos logrados entre el Gobierno Nacional y las FARC en la Mesa de Conversaciones de La Habana trascenderán en la realidad nacional no sólo como aquellas resoluciones que lograron silenciar las armas de quienes han estado al margen de la ley por más de 50 años, sino como una verdadera oportunidad para transformar las realidades en esos territorios invisibilizados históricamente como consecuencia del conflicto y el desinterés de la institucionalidad.
Gobierno y FARC trazaron desde agosto de 2012 una hoja de ruta que ha permitido ponerle orden a las discusiones que desde entonces vienen abordando. Las experiencias vividas en anteriores procesos de paz, tanto a nivel nacional como internacional, indicaron el camino que debía dársele a esta nueva oportunidad de ponerle fin al conflicto y empezar una verdadera fase de construcción de paz.
La paz no puede ser vista exclusivamente como el silenciamiento de unos fusiles. La paz implica la garantía de derechos y oportunidades para todos los colombianos, la garantía del goce pleno de derechos de todos los que habitamos este territorio.
La instauración de la Constitución de 1991 trajo grandes cambios positivos que han permitido la transformación de nuestra sociedad hacia una sociedad con mayores compromisos de protección de los derechos humanos, mayores garantías para las minorías, ampliación de la democracia y una autonomía territorial que por lo menos en el papel se encuentra relativamente bien desarrollada. Desafortunadamente muchas de esas promesas consagradas en la Constitución no han podido materializarse, en algunos casos porque el conflicto lo ha impedido, y en muchos otros porque nuestros gobernantes se han escudado en la existencia del conflicto para no cumplir con sus tareas.
El logro que significa quitar ese obstáculo del conflicto, generará mayores oportunidades para los territorios, señalará el principio del fin de una guerra que nos ha marcado por más de cinco décadas y obligará a nuestros gobernantes a fijarse en las necesidades inmediatas de nuestros territorios y nuestras poblaciones.
El propósito de este artículo no es desmitificar las falsas ideas que se han construido en torno a la Mesa de Conversaciones y los acuerdos allí logrados. Lo que pretende es mostrar las oportunidades que se generarán a partir de los acuerdos para una verdadera construcción de paz.
2. Los acuerdos de La Habana como una oportunidad de transformación
Son más de tres años y medio de conversaciones formales en La Habana entre el Gobierno y las FARC. Tres años y medio que han dado frutos sin precedentes en la historia de Colombia, respecto a temas centrales como el desarrollo agrario integral, la participación política, la solución al problema de las drogas ilícitas e incluso víctimas. Con su reconocimiento, hemos logrado sacudirnos de una realidad que se convirtió en cotidiana para quienes han vivido el conflicto armado de manera directa pero que, desafortunadamente, han pasado desapercibidos para la mayoría de los ciudadanos urbanos de Colombia, en un momento tan importante como el que vivimos con el desarrollo de estas conversaciones.
Es obligación de cualquier gobierno la búsqueda y materialización de muchas de las tareas que surgen de los acuerdos logrados en La Habana, y debe ser imperativa la búsqueda de dichos objetivos con o sin acuerdos entre las partes involucradas en este conflicto armado interno. Sin embargo, no podemos vendarnos los ojos y pensar que es lo mismo hacerlo con conflicto que sin él.
Pedalear una bicicleta libre de obstáculos permite un mayor avance que aquel que debe hacerlo con un palo en la rueda. Liberar la bicicleta de ese palo, permitirá a su ciclista liberar cargas y hacerla rodar mucho mejor. Poder identificar la realidad para liberarnos de los obstáculos no es tarea fácil. Los acuerdos logrados en La Habana parecen identificar verdades de perogrullo que construyen nuestras realidades y que definitivamente no hemos podido solucionar. La identificaciones de esas verdades y la eliminación del palo en la rueda llamado conflicto armado interno, permitirán dar una paso fundamental hacia la consolidación de un país con una paz estable y duradera.
2.1. Transformación del campo colombiano.
El primer punto de discusión en la Mesa de Conversaciones fue el denominado “Política de desarrollo agrario integral”, finalizado en junio de 2013. Era definitivamente el presagio de un buen comienzo. Se acuerda entonces una Reforma Rural Integral (RRI) en la que “las comunidades desempeñan un papel protagónico en la definición del mejoramiento de sus condiciones de vida”. Así suene a retórica, el poder hacer énfasis en necesidades tan primarias como el papel protagónico que deben cumplir la comunidades en la construcción de sus realidades, nos demuestran el atraso de construcción democrática que principalmente han tenido que padecer nuestros territorios más apartados, generalmente rurales y afectados históricamente por el conflicto.
Los acuerdos logrados en la Mesa hasta el momento y consecuentemente el Acuerdo Final, contienen un componente fundamental de fortalecimiento y puesta en marcha de los mecanismos de participación ciudadana que permiten un alentador avizoramiento del logro de aquella gran promesa de la Constitución de 1991, de desarrollar una democracia representativa pero también participativa, que pueda verse materializada y que sirva a la construcción de paz en los territorios.
No podemos seguir viviendo ese patrón de comportamiento inequitativo consistente en que desde el centro se decide lo que debe pasar en la periferia, sin tener en cuenta las realidades y las dinámicas que allí se desarrollan.
Cuestiones tan básicas pero fundamentales como la actualización del catastro rural, que permita incrementar el recaudo efectivo de los municipios, así como el estimulo a la desconcentración de la propiedad rural improductiva, son tareas que implicarán una mejor distribución de las tierras y consecuentemente unas mejores oportunidades de desarrollo para los territorios más afectados por el conflicto y la falta de presencia institucional.
Las brechas existentes actualmente entre el campo y la ciudad son evidentes. Definitivamente la posibilidad de asegurar el acceso a servicios y bienes públicos por parte de nuestros campesinos generarán mayores garantías de desarrollo en el campo, consecuentemente en la economía y por ende un desarrollo digno de quienes lo habitan. En el acuerdo logrado en el punto de “Desarrollo agrario integral” se hace un énfasis especial en el desarrollo social. Salud, educación, vivienda, erradicación de la pobreza, son políticas fundamentales que deben ser desarrolladas para superar la desigualdad y conseguir una paz duradera y estable. Adicionalmente, la finalización del conflicto debe permitir llenar esos espacios que el Estado no ha podido ocupar, llegando con verdadera condición institucional que permita el desarrollo local de las poblaciones invisibilizadas como consecuencia del conflicto.
2.2. Consolidación y ampliación de la democracia.
La Constitución de 1991 permitió la apertura democrática en un país donde únicamente dos partidos se turnaban el poder y donde los ciudadanos no tenía verdaderos mecanismos para involucrarse en la construcción de país, excepto el día en que elegían a sus representantes.
Los acuerdos logrados en materia de participación política de La Habana, permiten fortalecer y consolidar la democracia colombiana.
Vale la pena recordar el comunicado conjunto del 6 de noviembre de 2013 entre el Gobierno Nacional y las FARC en el que anuncian el acuerdo logrado en materia de participación política. Una lectura detallada del mencionado anuncio permite evidenciar en uno de sus apartes el reconocimiento del Gobierno de que existe una democracia que requiere su profundización y robustecimiento, y del otro lado la declaración de una guerrilla, que ha estado en contra de la institucionalidad, pero que la acepta como propia y en consecuencia se dispone a acogerse a sus reglas de juego: “Lo que hemos convenido, en su desarrollo, profundiza y robustece nuestra democracia, ampliando los derechos y garantías para el ejercicio de la oposición, al igual que espacios de participación política y ciudadana”.
Ampliar la democracia bajo la lupa de los acuerdos logrados, implica la eliminación de barreras para elegir y ser elegido. Eliminar obstáculos como el umbral del 3% para poder acceder o conservar una personería jurídica por parte de los partidos y movimientos políticos facilita que nuevas voces puedan representar minorías en las altas esferas del poder. La creación de Circunscripciones Especiales Transitorias de Paz busca, en el mismo sentido, que aquellos territorios más afectados por el conflicto y el abandono puedan elegir unos representantes de manera temporal para que ocupen una curul en la Cámara de Representantes. Pero también que el acceso a puestos de votación y las garantías de transparencia en desarrollo de las elecciones, deben estar plenamente garantizadas para todo el territorio nacional.
Igualmente el fortalecimiento de la democracia participativa para que sean los propios ciudadanos los que puedan involucrarse en la toma de decisiones que los afectan.
2.3. Solución al problema de las drogas ilícitas.
Son muchas las comunidades que han derivado su subsistencia de los cultivos de uso ilícito, especialmente comunidades campesinas en situación de pobreza.
Uno de los principios que han enmarcado las negociaciones entre el Gobierno y las FARC en La Habana ha sido el de “Nada está acordado hasta que todo esté acordado”, y tiene varios objetivos: uno de ellos, es poder desarrollar de manera integral los puntos que ambas partes consideraron como esenciales para ponerle fin al conflicto y comenzar la construcción de la paz. Muchos de estos puntos comparten vasos comunicantes. Es el caso específico del desarrollo del punto de “Solución al problema de las drogas ilícitas” que tiene una conexión directa con la Reforma Rural Integral acordada en el primer punto. Sus objetivos primordiales son la superación de la pobreza, especialmente de aquellas comunidades campesinas afectadas por los cultivos de uso ilícito, promoción de la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito, promoción de políticas y oportunidades productivas para los cultivadores, entre otras.
La generación de verdaderas oportunidades para el campo podrá tener implicaciones muy positivas para acabar con el detonante que ha perpetuado el conflicto armado en Colombia.
2.4. Las víctimas en el centro del Acuerdo.
Lograr un Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición es un hito no sólo a nivel nacional sino internacional. Definitivamente los retos que se vienen para lograr la consolidación del mencionado Sistema son muy grandes, pero sobretodo muy esperanzadores.
Permitir que la sociedad pueda tener una explicación de lo ocurrido durante estos años de conflicto armado, y buscar el reconocimiento de las víctimas y las responsabilidades de quienes han participado en él, son pasos fundamentales hacia la reconciliación.
Así mismo, satisfacer el derecho de las víctimas a la justicia, proteger sus derechos y contribuir al desarrollo de una paz estable y duradera son objetivos de las tareas consignadas en los acuerdos logrados en La Habana, que requerirán el compromiso decidido del Estado colombiano, de las FARC y de quienes de una u otra manera han participado de manera directa o indirecta en el conflicto armado interno.
Y finalmente, reparación y garantías de no repetición, permitirán resarcir a quienes de manera directa han sufrido como consecuencia de esta guerra que hemos vivido por más de 50 años, pero sobretodo garantizar que esos capítulos atroces que hemos presenciado no se vuelvan a repetir nunca más.
2.5. El fin de la guerra.
Después de 3 años en que la Mesa de Conversaciones se dedicó a pactar una serie de medidas que permitieran preparar el terreno para una construcción verdadera de paz, se logra el 23 de junio de 2016 un acuerdo fundamental: “El cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y dejación de las armas”.
Como lo hemos planteado desde el principio de este documento, la paz no es exclusivamente la búsqueda del silenciamiento de los fusiles por parte de quienes han estado al margen de la ley, pero sí permite la materialización del resto de los objetivos tratados en los acuerdos logrados en La Habana de una forma mucho más eficaz y expedita.
El camino recorrido no ha sido fácil y los retos que se vienen hacia delante permitirán la construcción de un país en paz, pero su éxito depende de todos.
3. La construcción de paz en los territorios
Lo ha planteado reiterativamente el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, y hacemos nuevamente énfasis en una idea: “La idea básica de este proceso es que primero hay que terminar el conflicto para luego abrir una fase de construcción de la paz”.
Lo ocurrido en La Habana es un primer paso fundamental que requiere de un complemento decidido en el territorio. El fortalecimiento de la institucionalidad, la satisfacción de los derechos.
El reto más importante que tendrá el Estado en una fase de transición, será la de ocupar los espacios que dejan los grupos armados al margen de la ley y que como consecuencia del conflicto o desidia estatal no ha logrado copar la institucionalidad.
Esos espacios se ocupan no únicamente con seguridad, esos espacios se intervienen con oportunidades, con protección de derechos, con participación.
Necesitamos que los colombianos volvamos a confiar, no sólo en los otros como lo planteó Ingrid Betancourt en su discurso del 5 de mayo pasado : “Reconciliarse implica aprender a confiar en el otro. Duro reto en un país donde ser confiado es visto como una falta de carácter”, sino poder confiar en nuestras instituciones, esas que deben garantizar el goce pleno de nuestros derechos en todo el territorio nacional.
4. Las cartas están echadas
El camino recorrido ha sido largo y tortuoso: más de 220.000 muertos, un registro de víctimas que supera los 8 millones, más de 25.000 desparecidos y 4.744.046 desplazados, según cifras del informe “Basta YA” publicado en noviembre de 2013 por el Centro Nacional de Memoria Histórica.
Los acuerdos logrados en La Habana no se ejecutan automáticamente por la firma de las partes que en ellos participan. Son una puntada fundamental para la construcción de la paz en Colombia, pero definitivamente requieren del compromiso de los 48 millones de colombianos que habitamos este territorio.
Ponerle fin al conflicto no implica la paz en sí misma. Con la firma de un Acuerdo Final que le ponga fin al conflicto armado y trace las bases para la construcción de la paz empieza una segunda gran etapa que requiere de la determinación de todos los colombianos.
Las cartas están echadas, requerimos de decisión, decisión que implique un compromiso irrestricto con el futuro que les vamos a dejar a quienes vienen detrás.
Bibliografía referenciada
Gobierno de la República de Colombia y Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejercito del Pueblo. Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. La Habana, Cuba, 26 de agosto de 2012.
Betancourt, Ingrid. Discurso. Foro “Reconciliación, más que realismo mágico” Fundación Buen Gobierno. Bogotá D.C., Colombia, 5 de mayo de 2016.
Grupo de Memoria Histórica. Informe: ¡Basta YA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá D.C., Colombia. Imprenta Nacional, 2013.
Jaramillo, Sergio. Discurso: “La paz territorial”. Universidad de Harvard. Cambridge, Estados Unidos, 13 de marzo de 2014.
Mesa de Conversaciones de La Habana. Borrador conjunto: Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral. La Habana, Cuba, 26 de mayo de 2013.
Mesa de Conversaciones de La Habana. Borrador conjunto: Participación política: Apertura democrática para construir la paz. La Habana, Cuba, 6 de noviembre de 2013.
Mesa de Conversaciones de La Habana. Borrador conjunto: Solución al Problema de las Drogas Ilícitas . La Habana, Cuba, 16 de mayo de 2014.
Mesa de Conversaciones de La Habana. Borrador conjunto: Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, incluyendo la Jurisdicción Especial para la Paz; y Compromiso sobre Derechos Humanos. La Habana, Cuba, 15 de diciembre de 2015.
Mesa de Conversaciones de La Habana. Borrador conjunto: Acuerdo sobre cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y dejación de las armas entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP. La Habana, Cuba, 23 de junio de 2016.