KUMANDAI – Nocturno-Sinfonía Op. 87
– en el primer centenario del departamento de Caldas – Guillermo Rendón G.
La obra fue escrita en Manizales, en el año 2005, en el Primer Centenario del Departamento de Caldas. La intencionalidad directriz es la escritura de una secuencia nocturna, en cuatro secciones.
Para efectos de la música, lo más importante de la noche no es la obscuridad sino el infinito juego de luces, sombras y destellos siempre en movimiento y la manera cómo estos fenómenos agitan en nosotros, reminiscencias y esperanzas.
Secciones
1. Nocturno. Luces del atardecer, caída de la noche, color, movimiento cósmico. Alternancia de timbres puros.
2. Africanía – Canto del río Cauca. Instrumentación masiva dosificada. Es un Allegro en forma Sonata sobre dos temas, uno de subdivisión binaria, otro de subdivisión ternaria, carácter africano en su ritmo sincopado y en su instrumentación. Ritmos exclamativos, pasajes aleatorios de energesis prolongada y fuerte dramatismo, creados por los trombones y los contrabajos, se intercalan a la estructura rítmica predominante.
3. Serenata. La noche de los enamorados.
4. Al alba. Fuerza ascencional. Ritmos exclamativos. Eclosión. Energía aluvional. Lamentación. El alba que consuela.
Síntesis
1. Técnica: energesis, microtonos, sonidos nuevos, nuevos signos. Timbre característico para cada episodio.
2. Estética: refiguración. Mímesis de la noche objetiva y subjetiva.
Al recibir de la Comisión el encargo, por demás honroso, para componer una obra destinada a conmemorar el Primer Centenario de mi pequeño Reino de Caldas, la primera idea que surgió en mi mente fue la de indagar en la extensa gama de símbolos que hacen posible nuestra propia identidad ecológica, hacer apropiación de algunos de ellos y reafirmarlos a través de la música.
Todo aparece allí envuelto en la atmósfera de la noche. La caída vertiginosa de la penumbra sobre los montes es tan contudente que apenas deja espacio para la nostalgia.
Segunda idea: el Río Cauca, una larga espera de sitio en la topología de la psiquis, para aterrizarla en la creación artística.
Tercera idea: la serenata, canción en ritmo de bambuco, de indiscutible raigambre africana, pero también tan ligado al verso octasílabo, al sentimiento indígena de los Andes, a la floración del campo, al paisaje de montaña y al sentimiento del amor romántico que aún caracteriza buena parte de nuestra personalidad.
Cuarta idea: el color-símbolo, tan arraigado en mí a través de la música y la investigación científica; el amanecer, indesligable de la infancia, el amanecer de la vida.
Como conclusión, la noche objetiva, en su devenir, se hunde en el sujeto y lo puebla de imágenes, la noche subjetiva se aplica al objeto para refigurarlo en poesía. De todo esto resulta que la psiquis humana se transforma a través de este proceso. Es esta transformación dialéctica lo que llamamos identidad cultural.
Identidad cultural es ese elixir que nos sumerge en el pasado y nos permite recordar el futuro.