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Jaromír Uždil, educador por el arte

Educación por el Arte, educación para el futuro

“Los ponentes y los oyentes deberán orientarse hacia el nacimiento, sobre este planeta, y en esta época, de una profunda civilización humana que guardará la esencia del Humanismo para estar en armonía con las nuevas condiciones y las conquistas técnicas de la vida individual y colectiva y con las nuevas posibilidades de la comunicación internacional”. Fue el lema escogido para la apertura del XVIII Congreso Mundial de la Sociedad Internacional de Educación por el Arte, INSEA, llevado a cabo en 1966, en la ciudad de Praga. La idea de su realización fue expresada por el doctor J. A. Soika, profesor alemán, en ese entonces Presidente de la Sociedad, al tiempo de la Exposición Internacional “El Niño y el Mundo”, realizada en Praga, en los meses de octubre y noviembre de 1964. En 1965 se publicaron allí todos los discursos que se pronunciaron, y en 1966, la obra ilustrada “El Niño y el Mundo”. Inmediatamente, con el apoyo del Ministerio de la Educación y la Cultura, el Profesor Dr. Jaromír Uždil, Dr. Scs., fue nombrado Presidente del XVIII Congreso de la INSEA, a partir del primer trimestre de 1965.

El cuadro de autoridades que fue escogido para el evento quedó constituido por dos estamentos: Uno internacional con profesores pertenecientes a la INSEA, tuvo la Presidencia de Honor, en la persona de Sir Herbert Read. La Presidencia Ejecutiva la ejerció el Dr. A. Soika, educador y teórico del Arte, a su vez Presidente permanente de la Sociedad. Una Vice-Presidencia de cuatro miembros de diferentes países, y un Consejo de veintinueve miembros, también del exterior, pertenecientes a la INSEA. El otro estamento, conformado por profesores de Arte del país residente, otorgó la presidencia a Sir Herbert Read. Los demás cargos fueron adjudicados a profesores residentes en el País, así: Un presidente y nueve miembros conformaron el Comité Nacional. El Comité Preparatorio lo integraron veintiún profesores; dentro de este estamento nacional los presidentes de las secciones de trabajo fueron profesores del exterior.

El Profesor Jaromír ocupó, como lo anotamos anteriormente, la Presidencia general y la Curaduría del Congreso; gran artista, eminente Profesor universitario y Teoreta, ocupaba en ese momento la presidencia de la sección de enseñanza artística de las Escuelas Superiores de Arte de Praga. Las ejecutorias preliminares al Congreso fueron acompañadas desde sus inicios por los miembros de la Comisión Nacional de la Unesco y la Sociedad de Artistas checoslovacos. La INSEA se hizo cargo de la publicidad del Congreso en el exterior, las consultas permanentes y las deliberaciones.

El Congreso abarcó todos los temas relacionados con la Educación por el Arte. Las exigencias del niño y la sociedad que lo alberga, fue el primer planteo que se colocó en la discusión general. Se planificaron tres secciones: Pedagogía, Psicología y Métodos (didáctica). El desvelo permanente fue el de conservar el más alto nivel profesional en todas las categorías. Hubo franquicias para que los ponentes pudieran pasar de una categoría a otra en el caso de existir intereses generales.

La Comisión de Programas encontró válido el establecimiento de diferentes «rangos»: Rango terapéutico, rango de relaciones del color y otros. El encuadramiento del Congreso bajo el punto de vista cuantitativo dio como resultado: Un aumento considerable en los temas que se trataran. Un aumento cualitativo en el número de participantes como ponentes. La preparación del «Programa social y cultural». El aseguramiento de hospedaje para todos los participantes en el Congreso y para los visitantes. Se habilitó para el caso, todo el cupo de las residencias universitarias de Strahov, además de los hoteles y residencias. El cálculo del programa alimentario para los 1.500 participantes y para los visitantes extranjeros y nacionales. El transporte de todas estas personas. El perfeccionamiento de los datos de llegada y salida de cada integrante del Congreso. La activación de todas las divisas necesarias para los gastos que ocasionase el Congreso a nivel internacional. El Comité preparatorio trabajó asiduamente con los profesores de arte y también con ayudantes extraños a esa disciplina quienes presentaron sus relaciones diarias con los resultados y las novedades que se producían. Hubo que preparar a todo el cuerpo de profesores de arte de Praga.

El único entorno de la capital capaz de contener a todas las personas y a la «Exposición de trabajos de los niños del mundo», era el Palacio de los Congresos, exótico edificio construido en 1891, todo en hierro ensamblado y ornamentado con vaciados artísticos igualmente en hierro. Los organizadores opinaron que el edificio constituía «como un cierto romanticismo industrial y científico al estilo de Julio Verne»… debido a su monumentalidad y estilo. Allí albergaron a 1.500 participantes y al numeroso público nacional y extranjero que observó la Exposición Internacional. El Profesor Uždil trabajó denodadamente desde el primer día y hasta dos años después, cuando se publicaron los «Anales del Congreso», en tres lenguas: francés, inglés y alemán, en la obra «L’Art et l’Éducation, rapport du XVIIIe Congrès Mondial de l’INSEA», Statní pedagogické Nakladatelství, Praha, 1968. Las ponencias del Congreso se transmitieron simultáneamente en cinco lenguas. Inglés, francés, alemán, checo y ruso. El Congreso tuvo un éxito mundial sin precedentes en el ámbito de la «Educación por el Arte». Las conclusiones dieron nuevos enfoques y méritos a la materia y tuvieron la virtud de llevar adelante en muchos años su pedagogía y su metodología.

Realicé con asombro -debido a sus altos merecimientos académicos- la traducción del discurso del Profesor Uždil. Con su lectura se dio por iniciado el XVIII Congreso Mundial de la INSEA. Este trabajo sobre su discurso y el recuerdo sobre algunos momentos de amistad compartidos en la amada ciudad de Praga, con el profesor Uždil, amigo entrañable, permanezcan con el valor de un homenaje póstumo a su vida y obra. A su esposa, profesora Dra. Jarmila Uždilová, a su hija Ak. Mal. Bedriška Uždilová, artist painter, y a su nieto Jan Markovich, como el testimonio del amor y la admiración que les profeso.

Sentimientos de amistad

Estábamos de vuelta en Praga, en 1976. Guillermo me había acompañado a la ciudad de Brno, capital de Moravia, allí fuimos a realizar la grabación de su Sonata número 1 para piano. Los profesores Uždil nos invitaron a compartir un atardecer con ellos. Aceptamos ir a tomar una taza de té. Nos dimos cita en la Escuela Superior de Artes donde el profesor Jaromír Uždil tenía la sede de todas sus actividades. Tomamos el tranvía que va hacia Radio Praga y nos bajamos un poco más adelante. ¡Ya hemos llegado! Nos detuvimos al frente de la casa que habitaban nuestros amigos. El profesor Jaromír siempre nos explicaba, como lo hiciera en nuestro primer encuentro en la Iglesia de San Jacobo: «…las columnas de mármol de diversos colores, gruesas y espiralizadas, adornan el barroco checo el que a partir de aquí en su camino hacia el Este, se va cargando de más ornamentaciones», y agregaba el rasgo trágico cuando existía: «esa pequeña ventana que da sobre este costado de la nave es la del cuartucho donde se escondió Kafka durante una persecución».

Pero ahora estábamos en Praga-2 y el Profesor nos dijo frente a su casa. “es un interesante edificio en estilo Art Nouveau bien conservado” y continuó explicando las características que esa arquitectura presentaba en Praga. Recuerdo el revoque de la casa de color gris piedra, de ese gris que tanto amo en los edificios de Praga; me infundían una extraña serenidad, percibía en ellos los años estancados ahí, durante siglos y esa sensación me transportaba a otros tiempos y me impulsaba a entrar en todos los anticuarios que encontrara al paso.

Subimos al piso alto. Entramos a la sala, dos enormes sofás, algunos asientos de diferentes estilos completaban el mobiliario. En Europa, el aprovechamiento del espacio hace que los diferentes ambientes de una casa, sufran transformaciones de uso, según la hora del día o de la noche; la función que deriva de ellos no se adivina si sus dueños no la comunican. Detrás de uno de los sofás y a modo de pared estaba una laga vitrina con base de madera obscura y hacia arriba se apoyaban cristales en todo su alrededor. Dentro de ella guardaban la más envidiable colección de vidrio checo del siglo XVII, como suele verse en algunos castillos de Bohemia y Moravia. Se trataba de copas de gran tamaño, setenta centímetros de altura, con sus respectivas tapas; el vidrio estaba grabado a mano, con bellísimos motivos. Las realezas checas guardaban en ellas los más preciados tesoros: piedras, semillas, conchas de moluscos de belleza excepcional traídas de los mares de Oriente, insectos extraños; pero también dulces y otras exquisiteces.

El Profesor Jaromír Uždil nos expresó que los checos tienen un mayor aprecio por el vidrio antiguo que por el cristal. Había en la vitrina otras piezas más pequeñas por las cuales sus dueños sentían un aprecio muy especial siempre justificado por su valor cultural. Detrás de la pared-vitrina había un piano de cola y un violín, mesas y otros asientos, en las paredes una colección de arte plástico de gran valor y algunas obras en varias técnicas de su hija Bedriška, artista afamada en toda Europa. Seguían desde aquí, estudio, biblioteca y el resto de entornos vitales.

La pared que cerraba el comedor y la sala, doblaba en ángulo hacia la puerta de entrada; presentaba un arreglo decorativo ocasional para el momento de la invitación: desde el techo hasta el piso colgaba una cortina de tela gruesa de algodón de rayas en blanco y color azul rey vibrante, con bordes de gruesa pasamanería blanca. No era plegada como generalmente se colocan las cortinas sino tableada en toda su extensión. Tenía abrazaderas para sujetarla contra las paredes.

Lo más increíble sucedió en el momento anterior a sentarnos a la mesa. El profesor Jaromír, a quien seguramente se debía el trabajo con la tela realizó en pocos segundos los últimos ajustes que faltaban al adorno. Qué inmenso artista, poseedor de una capacidad tan maleable para pasar de una técnica a otra en las artes; ésa es la formación que imprime la Escuela Superior de Artes de Praga. Por esta razón, los artistas checos, también su hija, hacen pintura, grabado, textiles, porcelana, escultura, artes del fuego.

Nos ofrecieron la prometida taza de té. Todo este ambiente de claridad y belleza, dado por la cortina, nos colmó de alegría y amistad. La profesora Jarmila arreglaba las mesas. En ese momento ella defendía su Doctor Philosophiae en la Universidad Carolina de Praga, había estudiado Filosofía, Psicología y Pedagogía; atesoraba un largo trabajo docente y de creación literaria y era intérprete del violín.

Recuerdo los gestos de emoción de ambos amigos en el momento de ofrecernos el brindis: exhibiendo una bellísima botella, el profesor Jaromír nos relató en qué forma había realizado la «cacería» del mejor vino rojo de Hungría, muy difícil de conseguir en ese momento. ¿Cómo podría describirse el famoso vino húngaro? Su color muy oscuro no le era dado por un alto contenido de tanino sino por el color de la uva utilizada en su elaboración; servido en las copas y a la luz, sobre el borde circular del cristal, pintaba una línea de color rosa frambuesa. El sabor, sí, en verdad, era único, sólo de ese vino, y percibí que serviría para acompañar carnes de todo tipo hasta comidas de mar y también repostería. ¡Alegría, alegría, de la mejor! En la mesa mayor, carnes, salsas y pan negro de centeno, mi preferido. Los checos como los ingleses, aprecian algunos dulces para acompañar las carnes de monte, para la de venado, mermelada de agraz. Recuerdo que una bella mañana salimos con Guillermo a caminar hasta los límites de la ciudad y en una verja de alambre de un huerto recogimos de esas frutitas de agraz y también grosellas.

En las mesas más pequeñas había reposterías y té. Todo el ambiente me remitió a la obra de Dostoiewski: «Humillados y Ofendidos». Indudablemente su autor, el escritor poseedor de la psicología más profunda de la humanidad, detalló genialmente el momento del convite y los sentimientos de los agasajados. Nunca podré olvidar ese pasaje literario ligado a la velada disfrutada con los queridos amigos. El mismo entorno eslavo, antiguo y profundo estaba allí, en esa casa. Qué encuentro inolvidable. Supimos sobre los trabajos mutuos de investigación. Nuestro conocimiento se remontaba a seis años atrás, durante ese tiempo nos habíamos vuelto a ver varias veces y además mantuvimos correspondencia; nos comunicábamos acerca de los trabajos acabados. Durante nuestros viajes, este tipo de invitaciones se sucedieron muy a menudo en diversos países, pero ninguna de ellas alcanzó la atmósfera que se instaló en ese atardecer en la casa de nuestros amigos.

Estaba ya la primavera, cuando la noche marca la misma duración del día si Céfiro ha fecundado a Flora. Sí, aquella era la hora del sosiego cuando el sol pálidamente se arrebola en cada país con colores diferentes. Era la hora única del día, cuando en Praga comienzan a perder luz sus paisajes.

Si uno va caminando por una callecita toda vieja pero no derruida, de las que bajan serpenteando por detrás del Castillo del Rey Carlos, ojalá de ésas que tienen a los lados alambre tejido por paredes y adentro hay un huerto de árboles frutales y un jardín, entonces se produce el aquietamiento de los pasos y no sabemos si estábamos caminando sobre un recuerdo o si de verdad íbamos hacia alguna parte. Es la hora del goce íntimo que regalan las certezas del amor poseído cuando se marcha a su lado dulcemente cogidos de la mano; pero si el amor se hubiese ido y sólo nos tomaran de la mano por un acto de humana protección… entonces sería mejor morir en Praga, con el corazón estrujado reclinarse en el alambre y con la cabeza volteada hacia el huerto, clavar los ojos para siempre en el más florido duraznero.

Cuando regresamos a nuestra casa, con el océano y unos países de por medio, alimentamos románticamente la idea de que ya volvemos, que ese encuentro se repetirá, que los amigos del alma estarán allí, esperándonos. Que el amado profesor Jaromír nos citará nuevamente en la Escuela Superior y seguiremos juntos a su casa otra vez, y esa esperanza nos anima a pensar un nuevo viaje. Pero de pronto un día Bedriška escribe: «papá ya no lee ni escribe». Aterrorizados, recontamos los años de almanaque, el profesor Jaromír tiene noventa y un años.

Su querida hija, nos envía un libro, catálogo de su última Exposición en Ámsterdam, al abrirlo aparece presidiendo las obras un diseño de su familia. Querida amiga Bedriška: han pasado muchos años desde la visión de la cortina azul y blanca, pero Jaromír, Jarmila, tú y tu hijo Jan se han prendido con más fuerza a nuestras vidas. El amor de amigos, «más que hermanos», tiene una potencia humana capaz de crear todos los soportes necesarios para vivir la vida. Pero cuando alguno de ellos se inclina sobre su último albergue nos sobreviene un cataclismo tan colosal que durante varios días deambulamos como sonámbulos en nuestras casas y los llantos de todas las medidas nos reatan y nos hacen creer que el amigo no se ha ido y es el universo el que se acaba.

Adiós, adiós Jaromír Uždil, amado y admirado amigo nuestro, ahora todos seguirán con tu recuerdo en la casa de color gris. Jarmila repasará cada objeto amado por Jaromír y comenzará a fabricar su consuelo. Jan bajará del dibujo de su madre su vieja bicicleta y cruzará Praga como una saeta y tal vez vaya hasta la casa del bosque de Jaromír y sin que nadie lo vea llorará desconsolado porque ya no tiene abuelo para escuchar con él, todas las veces que quisiera El templo blanco de Guillermo y cuando llegaren los grandes silencios a entrecortar la música de los estruendos borrascosos de los volcanes del Río Róyata, exhalar juntos ah… ah… Bajarán las ardillas creyendo que ha llegado Jaromír con la nuez más dulce, y el viejo alce venido desde una antigua leyenda Checa pondrá su ojo en el vidrio de la casa para encontrarse con el ojo del más grande amigo de los hombres y de los animales. Ahora Jan montará otra vez su bicicleta sin cadena y volverá a Praga sobre una nube acuarelada de otro cuadro de su madre.

Jaromír, amigo nuestro, si la vida me alcanza iré a Praga en primavera a mirarte en el jardincito de tu tumba y a ponerme sobre el corazón tus trágicos dibujos de la guerra nazi y de la otra guerra: cuando Jan Palach aún niño, corría con su cuerpo incendiado por la plaza Wenceslao, el dieciséis de enero de 1969, delante de las tanquetas ciegas… y después… más dolor, más dolor, la autoeliminación del tierno y bello Jan Zajíc, cuando ya las tanquetas habían escrito sobre calles y plazas lo que dejaron escrito.

Querido amigo Jaromír, era por eso que desde el día en el que te conocimos, tus ojos lloraban secos. Ay, ay, ay…

Praga en primavera ay, ay ,ay,

Toda vuelta un jardín de lilas lilas,

lilas rosas, lilas blancas de marfil,

colgantes como mágicos pámpanos

e incrustadas en el verde tierno del follaje…

No bien asoman se miran en el espejo manso del Vlatava.

Praga… ay, ay, ay, cuándo te volveré a ver.

Praga la más bella, la más vieja,

donde Europa entrecruza todos sus caminos.

De los sueños, el lugar.

Hoy caminé sobre tus postales y tus libros.

Allá viven mis amigas y mis amigos, ay, ay, ay…

Tantas veces entré magnetizada

y tantas veces salí llorando.

Praga, ay, ay, ay, cuándo te volveré a ver…

Cuándo te volveré a ver…

Y Anielka sigue sentada

en los pastos verdes

de las azules montañas de Colombia,

Ay, ay, ay…

Y es octubre de 2006, en Manizales.

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Edición No. 141