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Antanas Mockus, pensador de acción creativa y transformadora

Pocos referentes hay, de haberlos en la historia cultural de Colombia, de personas que congreguen formación científica y humanística, con capacidad de pensamiento indagador y profundo, conducente a transformaciones sustantivas. Antanas (n. 1952) es caso singular. De estirpe lituano-judía, nacido en Colombia, siempre el mejor alumno, estudioso, con capacidad permanente de explorar formas de conocimiento, con actitud de duda y debate racional, matemático de la Universidad de Borgoña (Dijon), con maestría UN en filosofía, de la más alta calificación, doctor honoris causa de la Universidad de París y de la UN.

Personalidad singular ejercida principalmente en las lides académicas de la Universidad Nacional de Colombia, como docente, como vicerrector académico y como rector, luego como alcalde y como candidato presidencial. No sujeto a formalismos antipáticos, pero continuo creador de maneras de expresarse y de llegar a los otros, tanto en conferencias, en charlas y en la conducción de organismos de gobierno y de ciudadanía. Con algunas excentricidades, pero ceñidas a una actitud pedagógica para enviar señales que al producir choque llevan a formular interpretaciones, pensamientos en desarrollo. No es persona que pase indiferente, crea de manera natural empatía por las expresiones y las posiciones públicas, nunca de opositor ofensivo, sino con indeclinable perseverancia en construir con los demás caminos duraderos, pertinentes, sostenibles en lo conceptual y en las formas de manifestarse.

Antanas es algo así como el discípulo predilecto de Carlo Federici (1906-2004), científico y pedagogo italiano, atraído por el rector Gerardo Molina, en 1948, quien formó escuela en la UN; auncuando no fue alumno directo, lo convocó para integrar grupo de investigación sobre teoría de la educación y enseñanza de la matemática y de las ciencias naturales. Equipo académico reconocido como “Grupo Federici”, al cual también pertenecieron José Granés, Jorge Charum, Carlos-Augusto Hernández, Luz-Marina Caicedo y Berenice Guerrero, con actividad continua durante quince años, con resultado especial, por ejemplo, las ocho mil páginas que produjeron para la educación básica primaria, a la manera de “currículo a prueba de maestro”.

Antanas se destacó temprano en la UN por su capacidad de expositor, con sabiduría en disciplinas de la ciencia y la filosofía, atractivo para el auditorio por la disposición al libre examen, con fortaleza en la información y en los argumentos. Invitado a conferencia en diferentes lugares. En el rectorado de Ricardo Mosquera, fue nombrado vicerrector académico (1989), y asumió intenso proceso para alcanzar una valedera reforma académica. De ese impulso y liderazgo salió el Acuerdo 14 del Consejo Académico (1990), con los “criterios generales para la organización de los programas curriculares de pregrado”. Importante señalar que esa disposición se obtuvo con la más amplia participación de la comunidad académica, con el mismo Antanas debatiendo en asambleas y reuniones amplias de profesores y estudiantes, para conseguir esa formulación singular. Quizá se trató de una disposición única construida en colectivo, que merece ser recordada. A partir de ella se emprendió proceso de actualización de los programas curriculares, y en especial se crearon los cursos de contexto, una manera de articular ciencia y humanismo, en conferencias magistrales, o de trabajo en aula. En lo personal ejercí la “Cátedra Aleph”, como curso de contexto, por más de veinte años en la sede Manizales de la UN (2002-2024), con pedagogías intensivas, a la manera de la formulación de Antanas, con el ejemplo de Germán Arciniegas, en el “Aula del estudiante de la mesa redonda”, en su memoria y honor.

Por ese tiempo el Consejo Superior Universitario lo presidía el propio ministro de Educación Nacional, Dr. Alfonso Valdivieso-Sarmiento, que al apreciar las cualidades de comprensión y análisis de Antanas, le pidió en privado la hoja de vida, y pronto fue nombrado rector (1991-1993) por el presidente César Gaviria. Además de la reforma académica se puso el reto de modificar el sistema de pagos en las matrículas, bajo el criterio de quien tiene más, pague más; quien tiene menos, pague menos, y quien nada tiene, no pague. Se formuló una escala, con resultado positivo, después de amplios debates, encabezados por el propio Antanas. Consiguió con el presidente que los dineros que entraran por ese concepto no afectaran la partida de la nación, y fueran destinados para inversión, incluso consiguió que por cada peso adicional que entrara en matrículas, la nación aportaría un peso adicional en el presupuesto. Asimismo consiguió que el 10% de los estudiantes antiguos pagaran más de lo que venían pagando. Cambio sustantivo que no produjo ninguna huelga, por la capacidad que se tuvo de dialogar y debatir con argumentos, hasta alcanzar consenso.

En la Alcaldía de Bogotá de igual modo tuvo realizaciones del más alto significado. Por derrumbes en el sistema de conducción de Chingaza, movilizó a la ciudadanía para autorregular el consumo de agua, sin decretos ni amenazas, con resultados sorprendentes. También convocó a pagar más en los impuestos de predial y de industria y comercio, a quienes tuvieran a bien hacerlo; y los resultados fueron igualmente significativos, en virtud de la confianza que despertó la administración por la pulcritud y transparencia en el manejo de los recursos públicos. Otra acción, de no desconocer, fue el alcance de la Cultura Ciudadana que gestó con creatividad y persistencia en la campaña por formar ciudadanía, con respeto a las normas y el fomento de la solidaridad.

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En conferencias, ensayos, entrevistas y libros, Antanas fue prolífico en elaborar pensamiento sobre educación, ciudadanía, derechos humanos, normas, ética, política pública, entre otros campos, con soporte en su amplia y rigurosa formación filosófica, y elaboración en desarrollos pedagógicos con estudio científico de casos. En especial se ocupó del tema Universidad.

Considera que la fortaleza de una sociedad depende de sus valores espirituales, articulados a los desempeños de la vida práctica. Y la educación contribuye a generar capacidad para identificar identidades y diferencias. En el caso de Colombia se formula la inquietud de cómo podría la educación contribuir en la formación de convivencia. A su vez, recuerda que la educación es motivadora de logros, de ahí la importancia de alcanzar niveles de calidad en la educación. Destaca el caso de la Universidad Nacional de Colombia por manifestarse en ella el triple de la motivación al logro que el amor a la familia, con la curiosidad de disponer de conexión del logro con pertenencia, en virtud de reconocerse que se ingresa en el examen de admisión por resultados en puntaje, es decir, por el desempeño del aspirante.

Establece la diferencia entre personas más educadas y las de menos educación. Las primeras tienen la tendencia de autorregularse, de controlarse por ellas mismas, en sus conductas, en sus maneras de asumir decisiones. En cambio, las segundas están más expuestas a depender de la opinión de otras personas. En la educación las relaciones interpersonales se hacen más formales, de control recíproco y más afines con la voluntad de las personas. Manifiesta el deseo de construir confianza, para mejor regulación social y moral, y disponer de sentido de previsión, y de esa manera evitar sobresaltos inútiles.

Estima que en las actitudes y decisiones se presentan tres tipos de justificaciones: 1. Moral, es decir, en cuanto mi conciencia lo permita, 2. Cultural, es decir, por ser lo acostumbrado, lo que socialmente se acepta, y 3. Legal, es decir, en consideración de lo permitido por la ley. Subraya los efectos de la educación en el fortalecimiento de los valores de autoformación. Alude a Kant, quien dice que en lo moral cada uno construye su camino, pero con seguimiento de reglas, sin el vaivén de las circunstancias, y cuando se asume una regla o una norma sea porque se quiera que los demás también la sigan. Y en las diferencias, debe tenerse la disposición a discutir con argumentos, para convencer en la sostenibilidad de la regla o de la norma. Admite el pluralismo moral, pero distante del todo vale, con la exigencia de la validación. Acude de nuevo a Kant con el buen deseo de universalizar la regla, y a Habermas por cuanto una norma no es sostenible si no podemos disponer de elementos para defenderla.

Antanas ha sido consistente y perseverante en la necesidad de la argumentación en los distintos procesos, con la exigencia de poner en suspenso otras fuerzas para su debido examen y de esa manera encontrar el camino adecuado. Cree que la educación debe implicar el sometimiento a la argumentación, en sentido determinante. A su vez, en la discusión deberá considerarse al otro en autonomía para sus planteamientos, dotado de conciencia, en el estimado que las partes involucradas se regulan por la conciencia, por la ley y la cultura; de esa manera el proceso será productivo, de mejor comprensión, con resultados de armonía. A su vez, cada uno de nosotros debe sentirse con la responsabilidad de asimilar lo que nos pase.

Con el conocimiento en la comprensión de Hannah Arendt sobre ciudadanía, como el derecho a tener derecho, impulsó reconocimientos y el compromiso de aceptar cumplir con los deberes, cuando lo preponderante ha sido discutir y pelear por los derechos que, sin desconocerlos, hizo énfasis en los deberes. Acatar las normas fue también motivo de sus campañas ciudadanas, con tres maneras de abordarlas: 1. Seguirlas y someterse a ellas, 2. Exigirle a otras personas su cumplimiento, y 3. Someterlas a discusión crítica para modificarlas, de ser el caso. Comprende que las normas jurídicas se apoyan en normas para desarrollar o generar otras normas.

Establece la necesidad de generar procesos de formación para el respeto, en general considerado como tolerancia, de tal modo que se puedan alcanzar formas de sincronía emocional, en consideración de los tres sistemas reguladores del comportamiento: ley, moral y cultura. De ese modo se podría lograr el nexo estrecho entre normas y emociones. En cuanto a lo cultural, concibe cambios, en tanto mutación pragmática, mutación hedonista, mutación feminista y ambiental. Apela a la idea de recontextualizar, con tres características: 1. La académica: abierta y altruista, 2. La empresarial, en la combinación de libre acceso a los negocios, y 3. El interés de las instituciones multilaterales en establecer indicadores que permitan comparar, para hacer seguimiento en las formas del desarrollo.

La universidad la concibe en su misión al deberse a sí misma, con reconocimiento de su tradición y proyecto, siempre en nexo comunidad-institución, con ejercicio permanente de la discusión racional, la escritura en la forma de elaborar desarrollos de indagación, de síntesis de las discusiones y con fomento de la creatividad, así como el desarrollo consciente de las acciones, en las formas del decir y del hacer, como del representar y disponer. No deja de comprometer el sentido de universidad con la necesidad de intervenir en la transformación propia, del entorno y de la sociedad, con influjo saludable. Para ello señala lo imperativo en la selección de conocimientos existentes y, aun, reconstruidos. La lealtad a las reglas de juego en la cultura académica, es determinante, con alcance en el estimado de dilemas y de cuestiones pertinentes. Enfatiza la escritura en la tradición institucional como manera de hacer registro de historia, para testimoniar procesos y períodos, con el acervo de conocimientos.

Antanas expone que su labor universitaria no ha sido la de construir ni descartar modelos de universidad, pero si se ocupó de jerarquizar, con la siguiente expresión que considera simple: “si la universidad no sirve suficientemente a sus propios demonios, su servicio a otros  demonios… será inevitablemente muy precario.”  Quizá la idea de demonio se refiera a las dificultades, tropiezos y adversidades que suelen presentarse en el ejercicio de universidad. En su misión está, ineludible, el aportar a lo público y lo privado, al desarrollo de la cultura y de la democracia, con fidelidad a la propia tradición, orientada a la ampliación permanente de lo que se considere posible. Pero observa la debilidad en la conexión con sectores externos, de propiciar entendimiento con el Estado, con la industria, con las administraciones públicas y privadas, incluso con las organizaciones sindicales, con los movimientos políticos, puesto que esa amplitud de relaciones conlleva generación de conocimientos. Debe vincularse a procesos internacionales en investigación y en cambios globales, sin detrimento de la sensibilidad creciente que debe tener por lo local, motivada por la articulación con lo global.

Es claro al señalar la necesidad de establecer en la universidad la comunicación honrada, el despliegue de argumentos, en especial los relevantes, el culto a lo preciso en la expresión. Alude a Bernstein, otro de sus pensadores de cabecera, para señalar como avanza la mercantilización del trabajo intelectual, dadas las condiciones de nuestra época, al convertir el conocimiento en dinero. Dice: “La mercantilización del conocimiento tiende a desordenar este esquema profundo y amenaza la estabilidad de una estructura que ha sobrevivido más de ocho siglos.”  El tema se ha vuelto complejo por el establecimiento del salario de los profesores en función de la publicación de artículos, de citas que obtengan y de otras actividades, con asignación de puntos salariales vitalicios, lo que ha desencadenado una “mercantilización” del actuar académico, que suelo designar con la palabra puntofagia. Asevera, con razón, que cada vez la educación está más seducida por el pragmatismo, con la consecuencia de atenerse a resultados prácticos, de arraigo en la filosofía norteamericana de finales del siglo XIX.

Formula tres manifestaciones del pragmatismo: 1. Pragmatismo silvestre, el que se atiene a los resultados, lo que favorece el escepticismo y la desconfianza, en la tendencia de identificar lo verdadero con lo útil; 2. Pragmatismo filosófico, atinente a las consecuencias prácticas de las ideas, y 3. Pragmatismo calificado, especie de simbiosis de los dos anteriores, con la importancia de la acción y sus consecuencias, a la vez que asume la previsión racional. Redondea el tema expresando la importancia de no solo indagar por las consecuencias deseadas, también por las posibles.

Indica que en Colombia la sociedad contemporánea padece alto grado de divorcio entre ley, moral y cultura. Se tienen formas de regulación cultural, por encima de la autorregulación moral y de la regulación jurídica, lo que conduce a saber que lo social tiene vida propia con desborde del individuo y del estado. Con el surgimiento del intelectual, como resultado de las tensiones entre ley, cultura y la reflexión académica, se hizo manifiesta la reflexión moral, surgida con Sócrates. En el caso colombiano la regulación cultural tiene alto poder, que en ocasiones no concuerda con la ley y conduce a las personas a proceder en contra de su propia convicción moral. De ahí que se propone la incidencia de la universidad en el cambio de prácticas, por caminos distintos, pero con el uso de disposiciones jurídicas, de acatamiento en lo personal, con propósitos de cambios culturales.

Antanas hace referencia a diferentes formas de pedagogías: 1. Pedagogías extensivas, con interacción profesor/estudiante; 2. Pedagogías intensivas, con trabajo autónomo del estudiante, las de promover en especial en la vida universitaria; 3. Pedagogías visibles, o tradicionales, con normas y procedimientos explícitos; 4. Pedagogías invisibles, con menos directrices e intensidad en la comunicación; 5. Pedagogías ascéticas, con autocontrol y disciplina, y 6. Pedagogías hedonistas, con el placer de aprender, comprender y relacionarse. Con esos conocimientos, Mockus tuvo despliegue en convocatorias y acciones de resultados favorables, por las maneras de ejercer procesos pedagógicos.

Otro concepto notable en las ideas de Antanas es el de “Anfibio cultural”, expresión con la que identifica a personas con capacidad de tener desempeños en varios contextos culturales, para aprender y enseñar, lo que les permite intervenir en la diversidad cultural.

No pretendí agotar el tema de las pesquisas en las ideas de Antanas, puesto que sería necesario examinar cantidad abundante de documentos, con sus conferencias, ensayos, libros, entrevistas, conversaciones públicas,….  Siempre pródigo y elocuente, con exposición novedosa en cada ocasión, en busca permanente de conocimientos afianzables en el mejoramiento de los comportamientos de la sociedad. De ahí su programa bandera en la Alcaldía de Bogotá, “Cultura Ciudadana”, de amplio impacto que hubiera merecido continuidad en los gobernantes sucesores e incluso con adopción de política pública, de regencia en el territorio nacional.

Nota:
Para este artículo consulté en especial los siguientes documentos:   1. A. Mockus. “Requerimientos para la modernización de la Universidad Nacional de Colombia” (Ed. UN, Bogotá 1991. Apartado: “La misión de la universidad”; síntesis de conferencia de A.M., el 9 de septiembre de 1987;  pp. 2-3).   2. A. Mockus. “Gozarnos la productividad”, en: “Una reflexión sobre Colombia desde la educación – Tensión de la memoria y placer del pensamiento” (Ed. Universidad EAFIT, Medellín 2002; pp. 17-35.   3.  A. Mockus. “Pensar la Universidad” (Ed. Universidad EAFIT, Medellín 2012). 

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Edición No. 210