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El destino no falta a la palabra

Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto
y un hilo. Nunca daremos con el hilo, acaso
lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia,
en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía
o en la mera y sencilla felicidad.
                                                              Jorge-Luis Borges
                      (en “El hilo de la fábula”, de “Los conjurados”, 1985)

Se le atribuye a Picasso haber dicho que cuando se es joven, se es joven para toda la vida. Merecida expresión para quien estuvo en labores hasta pasados los noventa años. Caso entre nosotros de David Manzur, con acentuada creación, pinceles en mano, a los 94 años dice desear resistir hasta los 120 puesto que la vida del artista es demasiado corta para cumplir con la ambición de obras. No solo en los artistas de las expresiones visuales se dan estos casos. En todos los campos del pensamiento y la cultura irrumpen en la historia personalidades que sobrepasan límites pensables de edad, con actividad en disfrute. Así, Alexander von Humboldt, en la frontera de los 90, con destino cumplido de una genialidad de productividad incesante. En Colombia, por caso, está el Académico de Ciencias, Alberto Ospina-Taborda (n. 1924), graduado en el MIT con especialización en electrónica y comunicaciones, gestor de empresas y promotor de la enseñanza de la Física, fundador de Colciencias, todavía en actividad. Y en el campo de la humanística, asimismo está en nuestro país Vicente Pérez-Silva (n. 1929), investigador, escritor en literatura e historia, Académico de la Lengua, febril en labores.

La idea de juventud no se limita solo a la edad, es cuestión de espíritu. Si la salud ha permitido superar cronologías tempranas, con cuidado del organismo y actividad en las propias vocaciones, ese término puede ser extensivo a la adultez. No es cosa de consejos. Es propósito de cada persona delinearse su camino, mejor en un ambiente estimulante. En Machado aprendimos que se hace camino al andar. No en la inactividad, en el sosiego de distracción. Cada día ha de ser un propósito ingente para cumplir la jornada, con perspectiva de las siguientes, así el futuro depare sorpresas, por un lado o por el otro.

Pensando en estas cosas he acudido a dos libros para disponer de ayuda y colaborar en la comprensión de asunto de tanta trascendencia, por las poblaciones identificadas con eufemismos de adultos mayores, tercera edad, provectos, jubilados, senectud… En últimas en lo conciso: viejos, en la generalidad de los casos tratados con desdén, como una carga en la sociedad. Está el libro de Martha Nussbaum et al.: “Envejecer con sentido – Conversaciones sobre el amor, las arrugas y otros pesares” (Paidós, 2018), que se apuntala muy bien en la historia griega y romana, en especial en el tratado de Cicerón: De senectute (Sobre el envejecimiento) que lo compuso junto con el tratado De amicitia (Sobre la amistad), escritos en el 44 a.C., un año antes de ser asesinado, su cabeza y manos cortadas. Orador, filósofo, político, escritor prolífico. Estos dos tratados se encuentran reunidos, por ejemplo, en Alianza Editorial (octava reimpresión, 2023). Obras desarrolladas a manera de tertulia, la primera ambientada en el 150 a.C, y la segunda alrededor del 129 a.C.

Se desprende del primer tratado, con Catón de dialogante, una serie de consideraciones para apuntalar las posibilidades de la persona mayor. Se inculca perseverar en la disciplina, el ejercicio, la alimentación, las lecturas, las conversaciones en familia y amistades, incluso intergeneracionales, con el cultivo del respeto en la diversidad, con el compartir de alegrías y adversidades. De estimar que la amistad estimula la esperanza, tan necesaria en estos tiempos saturados por preponderancia de informaciones intimidantes, violentas, de golpe al instante por los avances de las tecnologías. Además, alimentar la curiosidad y mantener actividad en el oficio preferente, incluso en la jardinería, el cultivo de las plantas.

Catón, como vocero del pensamiento de Cicerón, reivindica la vejez en algunas ideas sustantivas: Hay que vivir la vejez de una manera natural, por disposición de la naturaleza, y esa fase de la vida habrá de estar condicionada por la virtud que se haya dispuesto en la historia personal anterior, como también dependerá del carácter de la persona.

Se recuerda la modalidad de los pitagóricos para estimular la memoria: cada noche repasar en la mente lo ocurrido en el día. Y se propone dar prioridad de atención a las facultades mentales, con lecturas, diálogos, estudio de temas de la fascinación de cada persona. No faltarán momentos de quebranto, cabizbajos, de aburrimiento, con estados de ansiedad y decepción. Hay factores de especial consideración como la culpa, la aflicción, el remordimiento, que motivan la actitud de afrontarlos con serenidad reflexiva. No hacer del pasado una acumulación de elementos que entorpezcan el presente y las ambiciones de futuro. Necesario el autoconocimiento y la valoración del propio yo. Pero si atendemos aquellas insinuaciones, podremos soportar con estoicismo y dignidad esas dificultades y superarlas para seguir el camino, con arreglo a los propósitos de vida.

Pasados los años en nuestras vidas, la idea de la muerte se vuelve palpitante. Cada vez se estará más cerca de ella. Entonces tendremos que meditar en lo inevitable de ella y aceptar la situación del destino, con el buen deseo de abordarla sin mayores traumas en el ambiente que nos rodea. Epicuro creyó que el miedo a la muerte era el problema central de la vida humana que suele conducir a la superstición. A su vez, Epicuro con Lucrecio consideraron que el miedo a la muerte es una pasión irracional e intensa, que afecta el pensamiento racional, con el peligro de caer en la obsesión.

El filósofo Norberto Bobbio (1909-2004) se ocupó de la vejez en lección impartida al recibir el doctorado honoris causa en la Universidad de Sassari (1994), bajo el título “De senectute”, donde expresó:

En una sociedad donde todo se compra y se vende, también la vejez puede convertirse en una mercancía como las demás. Basta con mirar a nuestro alrededor, ensanchar la mirada a residencias de ancianos y hospitales, o a los pisitos de la pobre gente que tiene un viejo en casa al que vigilar y cuidar de continuo, pues no pueden dejarlo solo ni un momento, para darse cuenta de cuán falsa es la representación no desinteresada, sino interesadamente lisonjera, del viejo es hermoso. Fórmula trivial, adaptada a la sociedad de mercado, que ha sustituido al elogio del viejo virtuoso y sabio. (N. Bobbio. De senectute y otros escritos biográficos; Ed. Taurus, Madrid 1997;  p. 35)

Siempre es posible y deseable conquistar condiciones favorables de vida con los avances de la edad, dejando a un lado los temores infundados y los riesgos inútiles. Por supuesto que en la sociedad hay gentes sumidas en condiciones fatales, de injusticia y pobreza alienante. Sinembargo, abundan los casos de superación de personas en esas condiciones que escalan en la educación y en la posición social, sin ser ajenos al altruismo al margen del beneficio personal.

[Publicación parcial en “La Patria”; domingo 13.IV.2025; p. 18]

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