La ilusión, un arma cargada de futuro
Gabriel Celaya escribió poema que lleva por título: “La poesía es un arma cargada de futuro”, el cual fue musicalizado por Paco Ibáñez de cuyo título asumo el destino de la ilusión, motivo de esta columna. Ilusión como un devenir, como un pensar, como inquietud de no saberse su relación con el futuro que si acaso habremos de transitar. De ahí que la ilusión también dispone de especie de carga en compromiso para el mañana, sin despojar la condición de azar y destino.
María Moliner en su mágico “Diccionario de uso del español” recoge el origen de la palabra en el latín, illusio, de illúdere, con el sentido de engañar, de formar en la mente la imagen de algo inexistente, pero asumida como real. Trae ejemplos de los usos corrientes, incluso al incorporar nociones de alegría y felicidad, al experimentar la contemplación, posesión o esperanza de algo. Expone el caso de “hacerse ilusiones”, en el sentido de autoengaño, incluso de tono burlón. En el infinitivo ilusionar, con las opciones de causar alegría, y también con la acepción de estimar cosas halagüeñas con poco fundamento.

He llegado a considerar el tema de la “ilusión” por un detalle singular. Hace poco, nuestra colega Marta-Cecilia Betancur, ejercitante de la Filosofía, participó como expositora en un congreso en España, y al merodear por librerías se sorprendió con un libro: “Breve tratado de la ilusión”, de Julián Marías (Ed. Alianza Editorial, primera edición de 1984, en reimpresión del 2024; 150 pp.). En tertulia C&G, de Aleph, nos lo compartió con la sorpresa de un estudio juicioso sobre orígenes y desarrollos lingüísticos de la palabra ilusión. Seducido por sus comentarios sensatos, acudí a su compra y he aquí mis inquietudes, una vez leído con detenimiento. Al observar la frecuencia con la que se nos dice iluso cuando planteamos algo que parece difícil de poner en realidad, con facilidad se define una derrota, por supuesto ficticia o de suposición.
Caso: tuve la ilusión de aprovechar unos grandes terrenos al oriente de la ciudad para que se proyectara e hiciera un maravilloso parque de atracción ciudadana. Puse el tema en conversaciones con propietarios y autoridades, pero no caló la idea, y ahora se desarrolla amplio proyecto para edificaciones; es decir, con pensamiento en la rentabilidad. Claro, un parque de beneficio ciudadano no es generador de dinero, sino de bienestar, con costos de asumir por las administraciones de ciudad. Entonces esa ilusión que tuve fue a la vez estimada como derrota.
En Julián Marías la expresión tiene estudio en múltiples fuentes de la literatura y la filosofía. Para comenzar establece que esa palabra es reciente en nuestro idioma, con registro en 1611 en el diccionario de Covarrubias. Incorpora sentidos positivos y negativos en el uso. Distingue, por ejemplo, “tener ilusión” (positivo) de “hacerse ilusiones” (negativo). Estudia los tiempos de la ilusión. En la niñez esa ilusión tiene perspectiva, pero se atenúa en el adulto mayor, o vejez. Con elementos que involucra como la inseguridad, especie de condición propia de la vida. También se incorpora la idea de anticipación, por la ilusión de lo que puede llegar, o pueda suceder. El afán de la espera genera también la impaciencia, ese ánimo de acelere por alcanzar lo que de pronto no pueda lograrse, y la ilusión pase a ser una frustración.
Es de notar que nuestras vidas están estimuladas con frecuencia por asuntos pequeños, de poca importancia: el encuentro que tendré mañana, las reuniones de familia y de amigos, el sabroso almuerzo que dispondremos, el viaje de paseo que nos espera, el momento de descanso, etc. En el discernimiento sobre la ilusión irrumpe el deseo, como algo a lo que se aspira, alcanzable o no; en conjunto, fuente de vida; es decir, el deseo genera la ilusión. En esta línea aparecen las emociones y las pasiones, como cuestiones pasajeras las primeras, mientras que las segundas son más duraderas y llegan incluso a permanecer. Enseguida irrumpen comprensiones de necesidad, azar y destino. La combinatoria de azar y necesidad es el destino, interpreta Marías. El destino personal es la vocación, que surge de manera ineludible. El destino no se elige, es un patrimonio insospechado de la persona, sin poder elegir su contenido. Cuando la vocación tiene afortunado desarrollo se consigue la felicidad, en tanto realidad conquistada.
El conjunto de las ilusiones que se suceden en la persona integran el llamado “mapa de ilusiones”, que configura su biografía. Y en la biografía se suceden muchas cosas. Una de ellas, la capacidad de relacionarse, la generación de amistad como opción de encuentros entre personas con ciertas afinidades, en lo intelectual, las lecturas, las afinidades espirituales, con la ilusión de encuentros que suelen ocurrir en tertulias, del grato departir, sin ninguno querer aprovecharse de otro, amistades congregadas en cultivo de la ilusión, de la esperanza, por un mañana volverse a reunir, con abrazos y conversaciones que hilan las biografías.
Se cita por caso singular la amistad de Don Quijote y Sancho. Éste toma en serio a aquel, a pesar de reconocerle su locura y es quien le facilita la conexión a tierra, al facilitarle a Don Quijote sus movimientos entre la gente sin mayores tropiezos. Se da entre ellos el cariño y la ilusión mutua, a pesar de todas las diferencias que se suceden en la obra. Don Quijote se equivoca al enfrentar los molinos de viento, pero no pasa lo mismo en su ilusión o deseo de justicia, la defensa de la dignidad, la voluntad de salir al encuentro de un mundo que pueda ser distinto, mejor. El acierto mayor de Don Quijote es imaginar, como necesidad humana.
Otra situación de considerar es la relación del docente, profesor o maestro con los alumnos. Para que esa relación sea efectiva, debe de surgir la ilusión. Ilusión de los estudiantes al esperar al profesor, puesto que ven en él estímulo, entendimiento y desarrollo de afinidades por el conocimiento. De igual modo, el buen docente, en su profesionalismo y formación, tiene ilusión por el encuentro con los alumnos, por ser el campo de su vocación, de la consagración a un oficio de alto y singular significado. Condición de empatía, con la ilusión de ambas partes por los encuentros y los desarrollos en la formación dialogada y comprensiva.
Para redondear la idea vale la pena considerar dos aspectos: por un lado, la ilusión se considera esperanza, un deseo, una ambición por un viaje, por un encuentro, por un libro, de feliz expectativa, o algo de esperar en confianza. De otra parte, también se la considera como referente de una apariencia, del engaño, del espejismo, por estimar algo como real sin serlo. El primer sentido es el preponderante en el uso habitual. Sinembargo, la ilusión conlleva riesgo, puesto que lo deseable de alcanzar puede no lograrse, pero hace parte de nuestra manera de habitar el mundo. No deja de estimarse lo inconveniente cuando la ilusión remplaza la realidad, en lugar de dialogar con ella. Es algo también como la frontera entre la realidad y el sueño, especie de umbral. Y la vida consiste en conservar abierto ese umbral.
Los humanos no vivimos solo de lo que se ve, también de lo que se recuerda, de lo que se imagina, de lo que se espera, sin perder la posibilidad de anticipación. Se da especie de región fronteriza entre el sueño, la memoria y la esperanza, lo que nos remite al pensamiento de María Zambrano, quien buscó una razón capaz de acercarse a aquellas zonas de la existencia donde el concepto por sí solo no alcanza, con el estimado del sueño, la esperanza, la memoria, la revelación de lo íntimo. En general, la ilusión precede a la obra, a lo que pueda lograrse en la realidad.
En la parte final del libro, Julián Marías explora el sentido de la ilusión con interpretaciones en la poesía de San Juan de la Cruz, Pedro Salinas, Dante Alighieri, Calderón de la Barca, Petrarca, Garcilaso de la Vega, lo que me motivó para escudriñar el tema en la poesía de Jorge-Luis Borges.
Los temas y conocimientos en Borges son inagotables. Su erudición era pasmosa, con una memoria sin límites. Conocedor de idiomas, de literaturas, de filosofías, de épocas, de conexiones en el conocimiento, incorporada la ciencia. Una sabiduría que siempre sorprendente al leerlo y releerlo. Ebullición de ideas y de imágenes en ensayos, cuentos, poemas. Nada fácil abordarlo en una comprensión de síntesis. Quizá no haya Premio Nobel de Literatura que siga teniendo la vigencia de él. Autor permanente, simbólicamente eterno.
La palabra ilusión irrumpe en poemas de Borges, en lo imaginario del tiempo, el origen, el libre albedrío. Así, en su poema “Descartes” establece el tiempo como “esa larga ilusión”. En el “Otro poema de los dones” alude a “la ilusión de un principio” en signo de la mañana, del comienzo del día. Y en otro, “Mientras dure esta música” refiere al libre albedrío como “esa ilusión de cada instante”. Con influencias de Berkeley, de Schopenhauer y del budismo, Borges encuentra en la ilusión el tejido mismo de la realidad y propone que el mundo, el tiempo y el propio yo son construcciones ilusorias, hermosos o terribles simulacros. En su poesía se encuentra la sospecha de ser el sueño de otra entidad que, a su vez, está siendo soñada, como puede apreciarse en su cuento “Las ruinas circulares”.
La poesía de Borges da la impresión de pensar que el mundo, el tiempo y el propio yo son modalidades ilusorias, incluso bellas e incluso a manera de simulacros aterradores.
Quizá por eso la palabra ilusión conserve todavía su doble fulgor: puede significar engaño y esperanza, apariencia y promesa, extravío y comienzo. En Borges, esa ambivalencia alcanza una forma singular. El pasado puede ser ilusorio. El tiempo puede ser una larga ilusión. El espejo puede ofrecernos un mundo ilusorio. Incluso nuestra propia imagen puede no ser más que una apariencia. Pero la mañana —esa humilde mañana que vuelve una y otra vez— todavía puede traernos «la ilusión de un principio». Ahí parece encontrarse la última verdad de la ilusión.
No en hacernos olvidar la realidad, sino en impedir que la realidad clausure el porvenir. Porque el futuro, mientras no llega, necesita ser imaginado. Y acaso eso sea la ilusión: el lugar secreto donde la memoria deja de ser pasado y comienza a convertirse en esperanza; donde el sueño busca una forma de realidad; donde lo que todavía no existe empieza, apenas, a ser posible.
Entre la realidad y el sueño, entre la memoria y el porvenir, el hombre sigue caminando.
Termino invocando a Gabriel Celaya, en el poema referente del comienzo, otra manera de vislumbrar la ilusión:
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
[Publicado más breve en “La Patria”, 13.IX.2026: p. 18]