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A manera de epílogo

 

Fernando González era un escritor de devocionarios. Detrás de la pirotecnia del panfletario, en lo cual fue el campeón más afilado de su tiempo, palpita un temblor místico. Los valores del estilo, entre el lenguaje literario y el habla, desenfadado y transparente, la claridad y el humor de su obra, escrita con las vísceras, desde el remordimiento y la perplejidad, ofrecen al lector emociones inagotables. No sólo sueña el sueño de Sudamérica, en Envigado, Marsella, Bilbao. Ningún colombiano tuvo el coraje de exponerse como él hizo, en el proceso ascético de crucificar su mundo pasional.

 

Tomado de: Eduardo Escobar. Prosa incompleta: Los huesos de Vargas Vila, Villegas Editores, Bogotá 2003

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Edición No. 166