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Albert Camus descubre y saborea la felicidad

Sobre El Extranjero (1942) de Albert Camus  se han dicho muchas cosas extrañas y curiosas. Parece una novela que le ha resultado muy difícil de entender a algunos lectores y a veces a la crítica. A  lectores con muchos prejuicios. No se ha leído la obra con detenimiento ni mirado en su contexto histórico, cultural e intelectual. Y se repiten en los distintos intentos de  explicación absurdos lugares comunes, e ideas  sin valor argumental ni probatorio.

Algunos  hablan, en relación con El Extranjero, de la  indiferencia y la apatía en Mersault porque no se declara enamorado. Como lugar común, del escepticismo de la época reflejado en algún impreciso lugar del texto. De la crueldad del protagonista por haber llevado a un hogar geriátrico a su madre. Y los críticos se pegan de detalles  mal  comprendidos y  mal interpretados y sacados del contexto… Que al protagonista no le dolió la muerte de la madre. Que era un insensible. Que se retiró muy rápido del lugar de velación. Que no sentía compromiso con la relación afectiva.  Que   a Mersault no le interesaba ni la amistad ni el éxito profesional,  y se lo acusa sin argumentación clara, ni soporte real de «inercia existencial»  y, como si fuera  una falta  mayor, de  «ateísmo». 

Es muy difícil encontrar más  atrevimiento intelectual entre la colección de  preconceptos, prejuicios, ligerezas, y afirmaciones sin ningún respaldo, con los que se acercan  distintos lectores,  divulgadores, y hasta profesores de literatura, a la obra de Camus.

Los escritores y pensadores existencialistas cuestionaron los valores tradicionales, burgueses y/o generales, y pensaron, lo mismo que ya había dicho Nietzsche, que se debían replantear. Y escoger otros. Uno de los aportes de Sartre y  de Camus radica precisamente en eso: en hacer ver el desgaste y quiebre de los valores y costumbres, entre ellos el tradicional matrimonio para siempre. Invitaron a pensar de nuevo el tema del amor-deseo y sus pequeñas duraciones, frente a la ficción del amor eterno. En su escritura y con sus vidas dieron ejemplo de otras modalidades posibles de acuerdos afectivos. Aunque todas no resultaron funcionales o aceptables, como la misma Simone de Beauvoir lo admitió en sus últimas entrevistas…

Sartre señaló, como elementos esenciales de la libertad, la capacidad de elegir y actuar por sí mismo y  de establecer un  marco propio de valores. Y el Mersault de El Extranjero, lo mismo que el de igual nombre en La muerte feliz, tienen una visión propia de la vida, muchas veces apartada de los  patrones  más tradicionales.

El Mersault  de El Extranjero es esencialmente un hombre libre. Sin ataduras de ideología o religión. Como lo fueron Sartre,  Camus o  Beauvoir… La libertad , el  amor y el sexo aparecen como  temas principales de sus reflexiones. Y construir un pensamiento libre e independiente de las respuestas tradicionales fue su mayor propósito. 

En El Extranjero el protagonista establece una relación afectiva de baja intensidad. Como tantas que todos los hombres y mujeres de hoy sostienen a diario. No está interesado en el matrimonio ni en una relación formal sino en pasar un rato agradable. Como miles de hombres de nuestro tiempo. El matrimonio no está entre sus opciones inmediatas ni cercanas. Y eso no lo hace un hombre extraño. Disfruta el día y el momento. Contempla con deleite el mar, el sol y el cielo azul. Encuentra la felicidad a ratos. La comprende momentánea y pasajera. Responde a las preguntas  de la mujer con franqueza y sinceridad. No ha pensado en casarse. No es un hombre convencional. No comparte el espejismo de la felicidad matrimonial. Su pensamiento, como el de su autor, se sale de los marcos  preestablecidos. Camus dibuja un hombre nuevo,  con un pensamiento distinto, que no cree en la felicidad para siempre.  

Muchos filósofos y escritores han hablado de la felicidad, sin ponerse de acuerdo. Camus en todos sus libros la descubre y saborea. Su infancia argelina pobre lo rodeó sin embargo de un mundo luminoso, alegre y colorido que marcó su espíritu y su visión de la vida. Creció rodeado de belleza, calor, sol, aromas silvestres, mar, el piar de los pájaros, insectos sonoros, aceitunos, almendros en flor, » ajenjos ahítos de sol»,  «rosas de te», «jacintos y buganvillas», y «luz desbordada».

Mersault en El Extranjero encuentra la felicidad en «el olor y el color de la tarde de verano» (p.99).En los recuerdos de «los ruidos familiares de una ciudad que amaba y de una cierta hora en la que solía sentirme contento.» (p.100), entre muchas  otras situaciones y momentos.  

Las reflexiones y digresiones sobre la felicidad son constantes en las obras del argelino. Y las caracteriza una claridad conceptual y una sencillez comprensiva que no tienen otros pensadores académicos u otros filósofos del metalenguaje. En Camus todo tiene la luminosidad de su infancia. La felicidad es un tema temprano que está rodeado de poesía. Que surge en su mirada como posible y alcanzable, pero breve y pasajera. El personaje se da cuenta que la felicidad se construye  y se desvanece. Camus se refiere a la felicidad  o al amor, con la lucidez del filósofo. Es consciente de su carácter provisorio. Pero la menciona como experiencia vivida y  como posible encuentro diario. Y sus reflexiones en torno de la felicidad  invitan a  reflexionar y a moldear una mejor respuesta propia.

En La muerte feliz (1971) se plantea también el tema de la felicidad. Se dirime en el diálogo entre Zagreus y Mersault. Dice Mersault:

«Tengo la seguridad -empezó a decir éste- que no se puede ser feliz sin dinero. Y eso es lo que hay. No me gustan ni la facilidad ni el romanticismo. me gusta darme cuenta de las cosas.Y me he fijado que en algunas personas de élite hay algo así como un esnobismo espiritual que consiste en creer que el dinero no es necesario para la felicidad. Es una tontería, no es cierto y, hasta cierto punto, es cobarde.»

Responde Zagreus: 

«Mire, Mersault, a un hombre bien nacido nunca le resultó complicado ser feliz. Le basta con retomar el destino de todos, no con la voluntad de renuncia, como tantos grandes hombres de pacotilla, sino con voluntad de felicidad. Pero se necesita tiempo para ser feliz. Mucho tiempo. La felicidad es también una prolongada paciencia. Y en casi todos los casos se nos va la vida en ganar dinero cuando haría falta ganar tiempo mediante el dinero,» (pp. 60-61)

La vida humana oscila entre la desdicha y la felicidad.  Para Camus la felicidad es una construcción y una resolución de la voluntad. En primer término, una determinación de la voluntad, y una capacidad de  observación, encuentro y goce en los actos más elementales y diarios. Camus la  disfruta en muchos momentos cotidianos: los baños en el mar, la contemplación de los desbordamientos de luz, las caricias  del sol, la  belleza del cuerpo femenino…la felicidad secreta de la sencillez, el aroma de los naranjos, los movimientos de la luz. En sus páginas no faltan el sol y la luz. Son dos motivos recurrentes que ensanchan su ánimo y hacen espaciosa su alma y su mirada.

En el diálogo entre Zagreus y Mersault, en La muerte feliz, el narrador intercala bellas  reflexiones sobre la felicidad: «La exigencia de felicidad me parecía lo más noble del corazón del hombre. Desde mi punto de vista, lo justificaba todo». (p. 61)…»parecería que la única tarea de los hombres fuera vivir y ser felices» (p. 21). Zagreus le dice a Mersault que su único deber es vivir y ser feliz. (p. 55). Con lo cual Camus responde a la pregunta antigua y mal respondida del sentido de la vida. De si hay o no sentido. Encuentra el sentido en «admirar la vida entre la sal y la piedra caliente…las cascadas, las colinas y el cielo» (p. 104).»Contemplar la primera estrella que cuaja despacio en el cielo». «Las arrugas del mar contra los costados del barco…En «observar «un cielo cargado de estrellas» (p.101-104). En el contrapunteo del diálogo, Mersault incorpora al concepto de felicidad los requisitos del tiempo y el dinero: hay que tener tiempo para ser feliz, dirá, y el tiempo se compra haciendo dinero, para disfrutar la vida en el tiempo.

Camus habla de la experiencia de cierta felicidad. De una felicidad que a veces se reconoce tardíamente. De la felicidad «que en su fuero interno, y como todo el mundo, tenía por imposible». Y en su penetrante retrato humano añade: «había jugado a querer ser feliz». 

Es el hombre quien le da el sentido particular a su vida. No hay un sentido general y uniforme. Dice Camus que el hombre pasea su determinación de felicidad, su deseo de felicidad, hasta la muerte.(p. 95). Y su tarea  fundamental es construir su felicidad (p. 101). El hombre es un buscador de felicidad. Y la felicidad está por conquistar y descubrir a diario. (La muerte feliz, p.107)»Es una ventana que abre una feria de colores y luces».

El mundo de Camus es luminoso. El sol es protagonista hasta tres veces por página. La embriaguez de la luz y los colores sacude el espíritu. Observa «los tejados rojos y las sonrisas del mar» (p.107).»La danza del cielo y el mar».(p. 108.) «El sol exquisito».(p.109) «La noche henchida de estrellas» (p. 122).Y de nuevo «el mar como ofrenda colmada de sal, de rubores, y de sueño» (p.127). 

En cuanto a la relación entre el amor y la felicidad dice el escritor que el amor le dio muchas veces felicidad…pero que  no es el único medio…y su experiencia se proyecta en unas palabras justas: «No esperes que la vida te venga sólo de un hombre o una mujer. Por eso se equivocan tantas mujeres/y hombres. Espérala de ti mismo/a». (La muerte feliz, p. 130)

La felicidad implica una elección, y, en el seno de esa elección, una voluntad organizada y lúcida. No hay felicidad sobrehumana. Solo felicidad humana, que hay que escoger, construir,  y saborear al ritmo de los días. La felicidad llega por cosechas. Por temporadas.

Pero lo más novedoso quizás, en la visión camusiana sobre la felicidad, se encuentra en el dilema final de La muerte feliz: El personaje se pregunta si»¿es posible  morir lúcido y feliz a la vez? si ¿se podrían juntar la felicidad y la muerte?» Así, el Mersault  deLa muerte feliz se afirma feliz antes de aceptar y llegar a la muerte. 

Ahora, el escepticismo es una condición esencial a la filosofía y a la inteligencia. No es una falta ni un delito. Los escépticos, desde los griegos, revisan teorías, conceptos e ideas, repiensan los temas y las respuestas, buscan pruebas y soportes lógicos. Prefieren los  argumentos. El escepticismo fue una valiosa herramienta intelectual que ayudó a los escritores existencialistas a reenfocar los temas y a buscar mejores  rumbos explicativos. Encontrar en el Mersault de El Extranjero las huellas del escéptico no puede equipararse con un hombre disminuido ni apático. Son cosas muy distintas. Extranjero sí parece, de forma metafórica, porque piensa distinto de la mayoría de su entorno. Extranjero en su manera de pensar. Sartre decía que la libertad del hombre se expresa en su libre pensamiento y en su libre actuación. Mersault no repite lugares comunes. No habla con clichés. No se identifica con la actuación de muchos o la mayoría de sus congéneres. Eso lo hace a veces  un «extranjero» ante sus ojos. Gonzalo Arango sentía extranjeros a los hombres. No entendía sus guerras, sus violaciones, sus desmedidas ambiciones de poder y dinero. Por eso alguna vez, con mucho  humor, pensó en desafiliarse de la raza humana.

Acusar al Mersault de El Extranjero de insensible es repetir los cargos y motivos absurdos del discurso acusatorio del fiscal de la obra. El buen lector no puede adherir con facilismo a las acusaciones del fiscal que se colocan como parte de los rasgos del  mundo absurdo que señala el propio autor, como lo hizo Kafka en El Proceso y en La Metamorfosis. Se refieren a   los errores, injusticias y absurdos del mundo social y judicial. También Ionesco y Beckett  quisieron  representar y resaltar los absurdos a los que tiene que someterse el hombre. Mersault, personaje similar en ambos libros de Camus, contempla, examina y  reflexiona sobre el mundo, mientras que los humanos que lo rodean siguen jugando sus roles tradicionales, dando las mismas respuestas,  repitiendo las mismas costumbres y formulando los mismos juicios y acusaciones ante los patrones que no pueden  entender o descifrar.  

Vargas-Llosa en La verdad y las mentiras examina El Extranjero. Y formula algunas ideas esenciales para su comprensión. Señala que la  obra  nos permite ver lo falso y absurdo que hay en la vida comunitaria y sus leyes. En los ritos sociales. Habla del pesimismo de Camus frente a la condición humana y la sociedad. Del libro  como «metáfora de la sinrazón del mundo y de la vida» (p.125) y de lo perturbadores y repugnantes que resultan  el juez, el procurador y el capellán  (p.131). Observa a la vez el carácter transparente, directo y elemental del personaje (p.129) y reflexiona sobre la necesidad de las mentiras en el sostenimiento de la vida social.  Mersault no dice mentiras. La novela prueba la necesidad de las mentiras en las relaciones humanas. «El sentimiento fingido es indispensable para asegurar la coexistencia social», dirá el  escritor peruano. Y destaca que al protagonista lo conmueven los paisajes y la naturaleza,  aspectos frente a los cuales podemos pensar que  expresa una  alta sensibilidad y encuentra la momentánea felicidad.

También las palabras y comentarios de Sartre sobre El Extranjero y El mito de Sísifo pueden orientar una buena comprensión de la novela. 


Bibliografía

Camus, Albert. El Extranjero (1942). Madrid: Alianza Editorial, Biblioteca de autor, 2005.

Camus, Albert. La muerte feliz (1971). Madrid: Alianza Editorial, 2014.

Champigny, Robert. Sur un héros païen. Paris: Gallimard, 1959.

Sartre, J.P. Comentarios sobre el Extranjero y El Mito de Sísifo. de A. Camus. En francés.

Vargas Llosa, Mario. La verdad de las mentiras. «El Extranjero». Bogotá: Ed. Seix barral, Biblioteca Breve, 1990, p.p. 125-133.

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Edición No. 205