Alquimia de escritor
Prólogo, selección y notas de Roberto Rubiano-Vargas,
Icono, Colombia, 2006
Hay algo que sólo hasta ahora veo claro: la mirada, “el modo de ver”, del fotógrafo es el mismo del narrador: atrapar en una imagen, en una historia, un instante, un momento de vida; congelar el tiempo para que después el espectador o el lector, al enfrentarse a ella, vea/lea lo que está detrás de ella, lo que está oculto, y ni el uno ni el otro sean otra vez los mismos.
El paisaje se extiende más allá del horizonte. La historia continúa en nosotros cuando cerramos el libro. Las enriquecemos al verlas y contarlas. Pienso esto después de cerrar por segunda vez en mi vida Alquimia de escritor de Roberto Rubiano Vargas. Supe por primera vez de su existencia, la del autor, en 1991 cuando este libro recién publicado, empezaron a pedirlo en la librería donde trabajaba por ese entonces, varias veces al día, y fue una especie de best seller. Hasta que se agotó. ¿Qué era lo que tenía, qué es lo que tiene este libro, esta selección, que atrajo a tantos lectores en aquellos años y que ahora, cuando saben que acaba de reeditarse, preguntan si el autor lo amplió para comprarlo de nuevo, después de decir todos que es buenísimo? Este es un libro “hecho de amores pasajeros, de opiniones tomadas de entrevistas, cartas, revistas, novelas, prefacios” por un escritor que “lee para escribir, escribe para leer el libro que nadie ha escrito”. Ha utilizado su mirada, su lente (no podemos olvidar en ningún momento que Roberto Rubiano Vargas fuera de narrador es fotógrafo. Y de los buenos, de los que saben ver lo que está detrás de la estatua en el parque o en la mirada que se cruza con la nuestra en una calle), “como un buscador de oro”, se dedicó a “lavar el platón en busca de las pepitas de oro que forman este conjunto de páginas”. Su mirada atrapó las frases y con sus manos hizo el revelado, el collage: las ordenó por temas y afinidades para que se pudieran leer/ver como una conversación de muchos participantes en la que nadie tiene la razón y todos escuchan y ceden la palabra. “Iniciamos el diálogo sobre el tema” y el tema es uno de los más sugestivos e inquietantes para un lector: “la alquimia literaria es la faceta oculta del oficio de escritor”. Han sido años de lecturas y de memorias: guardar frases que sugerían, inquietaban y, acaso lo fundamental, invitaban. Ordenarlas como quién dispone una escenografía, en algunos casos “revelarlas”, con los dedos ensombrecer lo que tienen de transitorio y contingente y aclarar lo que las hace únicas y fugitivas: dicen lo que intuíamos pero no sabíamos cómo decir. Esta es la obra de un lector/fotógrafo que ve para saber. Y después contar. No es un manual o recetario: es una cámara que nos invita a ver el otro lado de la montaña, lo que oculta la niebla.