Análisis del discurso distópico de Soledad Acosta de Samper y el utópico de Julio Verne
La escritora Soledad Acosta de Samper (1833-1913) hizo un reconocimiento y valoración de las mujeres, desde sus creencias religiosas, plasmados en artículos divulgados en diversas publicaciones y medios circulantes impresos, que tuvieron incidencia nacional e internacional. Sus aportes enriquecieron la historia y la literatura nacionales, en el entorno político de los gobiernos de la Confederación Granadina (1858-1863) y el movimiento de la Regeneración.[1] Con la idea puesta en el progreso, Soledad Acosta de Samper consideró que sus aportes literarios serían esenciales para orientar la cultura en una época de acelerados cambios. Para generar sorpresa y posiblemente estupor en desprevenidos lectores, concibió una visión distópica en 1872, una humanidad sin religión, y la presentó bajo el título Bogotá en el año de 2000: una pesadilla; en la que vislumbra una sociedad progresista, en la línea del cambio social, pero desapegada de las creencias tradicionales, entre ellas la religión católica. Tres años más adelante, el 12 de diciembre de 1875, Julio Verne dio a conocer su famoso discurso en la Academia de Ciencias, Bellas Artes y Letras de Amiens titulado Una ciudad ideal: Amiens en el año 2000. El presente ensayo aborda un análisis comparativo entre el discurso distópico de la colombiana y el utópico de Verne, dos miradas hacia el futuro.
Bogotá como contexto de la obra de Soledad Acosta pasó de tener un poco más de 40 mil habitantes, en 1843, a sobrepasar los 80 mil en 1881, prácticamente el doble; poseía edificaciones sencillas, otras de dos pisos y algunas construcciones religiosas y gubernamentales que alcanzaban alturas de 15 metros. Desde el cerro tutelar de Monserrate se observaba la pequeña ciudad, ubicada en lo que fue un inmenso lago, circundada por una verde espesura natural y una niebla permanente, que un escritor de la época describió, así en un cuadro costumbrista:
se inventó el adjetivo nieblino o niebluno para baldonar lo que parecía cursi, anticuado o retrógrado, sus residentes eran gentes habituadas a comer a hora fija y poco después del mediodía a tomar chocolate antes de las oraciones … que madrugan y se recogen temprano… Las casas de irregular estructura y mezquina apariencia. (Marroquín 1898).
La plaza de San Francisco llamada así en 1557, en honor al santo de Asís, era el sitio donde se realizaban actos públicos y, frente a ella, fue erigida la iglesia del mismo nombre. Allí, en un costado de esta plaza quedaba la residencia de la familia Acosta-Kemble, lugar donde nació la niña Soledad el 5 de mayo de 1833; ella detalla aspectos de la ubicación de su vivienda familiar: “Mi padre era militar y amigo de las letras y una de las primeras expresiones agradables (que tuve), era verle vestido con su uniforme, así como me encantaba con la vista del ejercicio que hacen los soldados en la Plaza de San Francisco en donde estaba sita la casa de mis padres” (Acosta, S. Infancia, 3, 4).
El análisis descriptivo que se propone este ensayo está basado en los diarios de Joaquín y su hija Soledad Acosta, que reposan en la Biblioteca Nacional de Colombia (BNC). El padre adelantó estudios de derecho en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y cuando le faltaba un año para culminar, abandonó la Universidad para ingresar al Batallón Cazadores del ejército patriota, bajo el mando del general Simón Bolívar. Cuando tenía 19 años fue nombrado subteniente y en pocos años encargado de varias expediciones por las regiones del Chocó, Cauca y la isla de Providencia. Ejerció como oficial de la Secretaría de Estado y Guerra en 1822; pero él tenía claro que debía prepararse mucho más en su formación hacia el futuro, como militar de carrera; en tal sentido gestionó una comisión de estudios para París, donde se matriculó para realizar la especialización en ingeniería militar; el 11 de octubre de 1825 partió para Europa.
Los jóvenes que habían asumido las riendas del proceso de consolidación de la Independencia de Colombia, por lo regular militares, eran sometidos a un riguroso escrutinio en los países europeos, hasta obtener el beneplácito de ingreso; incluso, debían recurrir a prestantes amistades para ser aceptados en los países de destino. Los que iban de civil, pasaban como comerciantes o estudiosos en ciencias, porque debían encajar en el proceso de intercambio comercial de los países europeos con los americanos; esta situación sería posteriormente aprovechada para justificar la doctrina del latino-americanismo, promulgada por Francia. Para el caso de Joaquín Acosta, su aceptación como alumno en París, tuvo la intervención del Barón de Humboldt, quien había mantenido estrecha amistad con la familia Acosta en la Nueva Granada, pues durante su estadía en Colombia se había alojado en Guaduas, en la casa de don José de Acosta, padre de Joaquín, cuando apenas éste era un niño. (Acosta, S. 109).
El joven militar Acosta se encontró en París con otros colombianos entre quienes estaban el coronel Juan Salvador Narváez, Rafael Ayala, José Fernández Madrid, el cartagenero Juan García del Río, José María del Real Hidalgo, Rafael Álvarez, Manuel José Hurtado, Santos Michelena y Luis Viveros, entre otros (Gutierrez D.) (Sánchez del Real R. p. 81). De acuerdo con su plan, Joaquín Acosta adelantaría también estudios en diversas ramas de las ciencias. Aprovechó para frecuentar amistades de sabios y hombres públicos, entre ellos el francés Jean Baptiste Boussingault (1801-1887) con quien se había conocido en Bogotá. En París, Joaquín Acosta asistía a las clases con Joseph-Louis Gay-Lussac, químico y físico francés; a los cursos libres de química con Thénard; a los de física con Lefebvre y Gay Lussac, a los de botánica con Cuvier y a los de mineralogía con el abate Hauy. Ingresó a la Escuela Práctica de Mineros de Saint-Etienne; pequeño pueblo situado cerca de Lyon. Estudió metalurgia, geología, mecánica y geometría. Uno de sus profesores, Le Boulanguer, lo inició en el análisis de muestras metálicas; hizo contribuciones sobre como calcular las alturas y los estudios sobre minas; la composición de las rocas y otros aspectos geológicos; las observaciones taxonómicas y el estudio de tubérculos y vegetales, el impacto de los mismos en la naciente comunidad científica neogranadina y en la ciencia universal (Saldivia, et. al). Viaja por Italia, Inglaterra, Francia y Estados Unidos; en Nueva York conoce a su futura esposa Carolina Kemble, con la que se casó el 31 de mayo de 1832; nació su hija a quien bautizaron Soledad, el 5 de mayo de 1833. En noviembre de 1837 Joaquín Acosta es nombrado Encargado de Negocios de la Nueva Granada; en 1845 la familia viaja a Europa, Soledad y su madre permanecen en Halifax, Nueva Escocia, durante un año, y por último la familia se radica en París en 1846, mientras su padre adelanta investigaciones sobre historia y geografía de la Nueva Granada; su hija empieza sus estudios de formación, ante todo en lenguas francesa e inglesa; en París estalla la revolución de 1848, hecho histórico europeo que ella registrará en algunos de sus escritos; en 1850 regresan a Colombia, en 1851 Joaquín es ascendido a general del ejército colombiano y al año siguiente falleció en Bogotá, lo que constituyó durísimo golpe sentimental para su hija.
Pero lo importante en esta relación de padre e hija, es que ésta asume una actitud patriotica frente a temas nacionales. En 1853 Soledad Acosta se conoció en Guaduas con José María Samper, su futuro esposo; de regreso a Bogotá inició la escritura de su diario, conjunto de apuntes en los que va consignando episodios de su vida, hechos trascendentales y otros intrascendentes, pero que sirven como referencia para identificar situaciones de su acontecer social y político, como dar a conocer que su noviazgo se dio pocos días antes de que se formalizara la dictadura del general José María Melo, acontecimiento histórico nacional que quedó registrado en sus memorias. El 10 de junio de 1854 lanzó su famosa proclama ¡A las valientes bogotanas! donde las invitó a armarse contra la dictadura de Melo, porque según expuso, las mujeres ¡son las salvadoras de la Patria!
Finalmente, se realiza el matrimonio con José María Samper[2] el 5 de mayo de 1855 y al año siguiente nació su primera hija, a quien bautizan con el nombre de Bertilda, acrónimo de Libertad, sentimientos que venían aferrados a su accionar patriótico, personal y político. Un año después, el 15 de octubre de 1857 nació Carolina, su segunda hija. Al año siguiente la familia Samper Acosta viajó a París, donde José María le fueron asignadas funciones como secretario de la Legación Colombiana en la capital francesa. Simultáneamente Soledad Acosta ejerce como corresponsal para los periódicos El Mosaico, la Biblioteca para Señoritas, de Bogotá y El Comercio de Lima, donde hace reseñas de libros y otras variedades. Dos de sus hijas nacen en Europa: María Josefa, en Londres, 1860 y Blanca Leonor, en París en 1862. Al final de este año se regresan a América, pues José María Samper es nombrado redactor principal del periódico El Comercio y también redactan y publican la Revista Americana.
En 1863 se regresaron a Colombia, donde Samper es elegido representante por Cundinamarca en el primer gobierno de la Constitución de Rionegro de 1863 y al año siguiente Soledad deja consignados aspectos reflexivos de su compromiso y lo que puede aportar para el progreso y la vida política del país. Es un proyecto de vida que pretende realizar en un periodo de su existencia. Dice al respecto:
Además de mis trabajos ordinarios o correspondencias i de la esmerada corrección de mis obras, ya impresas o inéditas, me consagraré con empeño a desarrollar laboriosamente un vasto plan intelectual que revele el conjunto de mis creencias i mis aptitudes. Del mayor o menor mérito que tenga cada uno de mis trabajos respecto de los demás, dependerá el conocimiento definitivo que yo adquiera sobre mis verdaderas aptitudes para tal o cual ramo de la literatura. En cinco o seis años completaré mi programa; tendré entonces 36 o 37 años, i me quedará tiempo aún para seguir una vida determinada, sea romancista, sea de poeta dramático i épico, sea la de publicista, sea la de historiadora, sea la de simple periodista; o si para todas fuere incapaz, me pondré humildemente a sembrar café o tabaco, o a vender trapos y trebejos. (Apuntes 1864, Manuscrito)
Para iniciar su proyecto intelectual, se propuso divulgar sus conocimientos en literatura, idiomas y del panorama mundial (geoestrategia), lo que le permitió redactar un vasto programa de reconstrucción histórica y de publicaciones a través de medios impresos en el país y el exterior. Es entonces cuando se plantea desarrollar su proyecto parcial de vida literaria, cuyo cumplimiento se impone cumplir en 5 ó 6 años, para lo cual se prepara con intenso trabajo, y toma como punto de partida la edad que tiene en ese momento: 31 años, proponiéndose, además llegar a la meta a los 36 ó 37 años. Sin lugar a dudas que su visión estratégica le permitirá abordar amplios estudios sobre la Nueva Granada, desde el enfoque geográfico e histórico, constitucional, incluyendo los elementos del progreso, del derecho, en contra de la violencia; destacará el papel que jugarán las ciencias, el enfoque científico, inscrito en lo social; el arte de gobernar a los pueblos y hará un estudio comparativo de las culturas de Europa y América, que difundirá en cuatro novelas de género costumbrista. Personificará el Progreso de los pueblos en un superhéroe, representación alegórica que será una especie de guía de las figuras emblemáticas de Europa como es el caso de Cristóbal Colón con respecto de América. Estas figuras serán tomadas de la mano del progreso y adquirirán una visión universal del mundo, deberán comprender el manejo del país, basados en la economía, la ciencias sociales, y las artes en general, haciendo énfasis en el arte dramático. Todos estos aspectos en su conjunto serán piezas fundamentales para la gobernabilidad y construcción de una Patria grande como la quiso el Libertador. Así lo subraya en sus Apuntes:
Mi plan se compone de (seis) partes que todas concurren, por distintos caminos i bajo formas diferentes, a un fin absoluto: la defensa i proclamación del elemento moral sobre el material, del progreso contra la negación de él, del derecho triunfando de la violencia, de la idea contra el hecho tradicional.
Para realizar ese plan, me es preciso escribir:
1º. Mi obra comenzada sobre la Nueva Granada, exponiendo hasta donde mis fuerzas alcancen: su geografía, su historia, sus instituciones i costumbres, su estadística i sus elementos de progreso. Esta obra debe ser publicada en Francia.
2º. La “Teorías de la ciencia social y del arte de gobernar”, que tengo trazada y comenzada, en que trataré todos los problemas, fundamentalmente de ciencia constitucional, del (tesoro) público, de legislación civil i penal de i economía política, cuyo estudio es la base del arte de gobernar, enteramente distinto de la ciencia de gobernar. Espero hallar en la libertad i el reconocimiento del derecho i de la lei del progreso, la solución de todas las cuestiones.
3º. Un estudio comparativo completo de la civilización de Europa i América bajo todas sus formas, que resultará de mis observaciones de viajes.
4º. Cuatro novelas sociales i de costumbres, cuyos planes tengo trazados.
5º. Trabajar el poema del Progreso cuyo plan tengo trazado. El progreso en personificación de un héroe inmortal (a estilo del judío errante) que conduce a Colón al Nuevo Mundo, asiste la obra de la conquista, guía a Bolívar en la independencia y al dejar fundada la República, se vuelve rejuvenecido, a continuar su obra en Europa.
6º. Una comedia en que se ofrece (según el plan que tengo escrito) la lucha entre el homme de monde, el homme d’esprit i el homme de coeur. (Acosta, S. Apuntes 1865).
De allí en adelante Soledad Acosta se propuso desarrollar cada uno de los puntos anteriormente expuestos; se identificó con una agitada vida literaria y comprendió perfectamente cuál era su papel de escritora, anteponiendo su ideal de educadora publicista. El conjunto de publicaciones y libros que editó, permiten considerarla como la escritora colombiana más importante del siglo XIX y una de las más famosas y prolíficas de América Latina (Ordóñez, 1999). Se inició prácticamente con La perla del Valle en 1864, en El Mosaico; publicó al año siguiente su novela Dolores. Cuadros de la vida de una mujer, en formato de folletín en el periódico El Mensajero; después hace la primera compilación de sus relatos bajo el título de Novelas y cuadros de la vida sur-americana, publicada en Bélgica.
En 1875, su marido es puesto preso por razones políticas, confiscan sus bienes y cierran su imprenta. Ella por su parte continúa escribiendo novelas históricas: José Antonio Galán. Episodios de la guerra de los comuneros (1870), Biografía del General Joaquín París (1883); en 1895 publicó su ensayo La mujer en la sociedad moderna, en 1886 publicó en París su libro Consejos a las mujeres[3], ensayo con el que quería influir sobre las mujeres, ante todo las casaderas, para que contribuyeran a edificar una sociedad virtuosa, enfoque utópico, por supuesto, pero era su objetivo en ese momento, producto de la fe puesta en una sociedad ideal hacia el futuro.
Viajó con sus hijas a París, pues su esposo había fallecido el 22 de julio de 1888. Fue nombrada delegada oficial de la República de Colombia al IX Congreso Internacional de Americanistas en Madrid. Un inventario somero indica que escribió más de 20 novelas, cerca de 50 cuentos, cuatro obras de teatro, numerosos estudios sociales y tratados de historia; fundó y dirigió cinco periódicos; no sólo cumplió con su proyecto de vida literaria, sino que lo sobrepasó con creces; a ello hay que agregar que junto a sus utopías y como recurso literario y didáctico también recurrió a la visión distópica, como se verá a continuación.
La visión distópica de Soledad Acosta de Samper
En 1872, Soledad Acosta de Samper publicó su cuento titulado Una pesadilla, en el que expuso de manera visionaria el rumbo que tomarían las creencias de los habitantes de Bogotá, con 128 años de anticipación, es decir, hacia el año 2000. Según su visión se presentaría un desapego generalizado de las personas hacia la religión católica, hecho que afectaría toda la sociedad, dando un giro hacia la incertidumbre y el derrumbe de la sociedad en su conjunto. Esta situación la afectó tanto, por lo que consideró que el país confrontaría una tragedia nacional con la pérdida generalizada de las creencias religiosas en los años siguientes.
El título final de su cuento, después de varias republicaciones quedó: Bogotá en el año 2000: una pesadilla. Hoy día es considerada una distopía, porque es inverso al que dio Tomás Moro a su discurso: Sobre el mejor estado de una república y sobre la nueva isla de Utopía, cuyo nombre simplificado es Utopía, el cuento se popularizó como un lugar no existente, pero posible; sinónimo de perfección, lugar agradable y deseable pero inalcanzable para los seres humanos; por el contrario, el discurso de Bogotá en el año 2000: una pesadilla, muestra una sociedad en el marco del progreso, con elementos tecnológicos, pero ideológicamente, desde el punto de vista de la religión católica, es un punto de retroceso; para los creyentes no es un lugar deseable y en general es desagradable. Lo que la narradora expuso en su cuento, muestra una Bogotá en donde los usos y costumbres de las personas han cambiado de manera radical, encaminándose hacia otras falacias; no obstante, insiste en que Bogotá será una ciudad desarrollada que utiliza las posibilidades que brinda la electricidad como motor de la modernidad; esta parte de su exposición la coloca en consonancia con Julio Verne, escritor de moda en la época; ella fue seguidora de los escritos del francés y lectora de sus Viajes Extraordinarios, hasta el punto que, a partir de 1875 cuando encontró una coincidencia de anticipación, amplió el nombre de su cuento Una pesadilla, para lo cual se basó –como ya se señaló– en la narración utópica de Verne titulada Una ciudad ideal: Amiens en el año 2000 ó Una ville idéale. (Akal, Utopías, 182).
En el sueño expuesto por Soledad Acosta aparecen dos mujeres (que cambian su condición de sirvientas a ilustradas) quienes encarnan todos los horrores y miedos que se darían frente a la emancipación de la mujer (Montserrat 12), vendrán nuevas religiones, y el triunfo del egoísmo, el dinero, la corrupción y la injusticia (ibid). Expone que se han perdido las sanas costumbres que, si bien estaban entronizadas en la sociedad colombiana desde la Colonia, estas fueron rechazadas por los liberales radicales en el poder, los que venían propiciando un cambio en las estructuras del Estado pero de forma violenta, y que querían imponer en el conjunto de la sociedad. El propósito de sus adversarios políticos, era el de asumir las riendas del poder político y con ello modificar la Constitución de 1863, hecho que en pocos años lograron, consiguiendo la aprobación de la Constitución de 1886, bajo el lema: ¡Regeneración Administrativa o catástrofe!
José María Samper Agudelo, su esposo, fue un humanista, literato y político, que tuvo una agitada participación en la vida política, económica y social el siglo XIX en Colombia, amigo personal de Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez; escribió un libro autobiográfico: Memorias íntimas y de historia contemporánea (1834 a 1881), Imprenta de Zalamea Hermanos (1881); fue comerciante y desempeñó cargos públicos, hechos que combinaba con actividades literarias y teatrales.
En cuanto al mantenimiento de la Corona española en el poder político y económico, recordemos que colocó sus ejércitos como soporte de fuerza, para el sostenimiento del régimen y la iglesia como sustento ideológico; esta combinación dio sus resultados favorables en el ejercicio del poder, para lo cual el binomio funcionó como mecanismo ideal que posibilitó la permanencia del poderío español y con ello la sujeción de los americanos, en los territorios donde ejercía su dominio. Después de la salida física de los españoles, hecho que se dio hacia principios del siglo XIX, hubo plena garantía que los gobiernos republicanos sucesivos, continuaran con el aparato ideológico heredado, situación que permitiría la continuidad de la gobernanza, atada a los antiguos paradigmas, dogmas y creencias.
Ya en el periodo republicano, los procesos educativos en Colombia, estuvieron a cargo de los Hermanos Cristianos, quienes asumieron el encargo de la transmisión del conjunto de valores, conocimientos y tradiciones religiosas. Aquí es preciso recordar que en 1679 Juan Bautista de la Salle abrió en Francia la primera escuela gratuita y tres años después fundó el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. La enseñanza impartida estaba orientada hacia una formación para el trabajo práctico y uno de los campos era proporcionar la formación de maestros cristianos, para lo cual se enfocaría en sus propósitos hacia la creación de las escuelas normales. (Alzate et al 2012, 3). Hacia finales del siglo XIX la comunidad lasallista fue invitada a Colombia por monseñor Bernardo Herrera Restrepo (1844-1928), obispo de Medellín (1885-1891) y arzobispo de Bogotá (1891-1928); el país estaba regido por la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887, herramientas con las que la Iglesia Católica se convirtió de manera férrea en baluarte ideológico del Estado. El alto prelado adelantó los contactos para que los Hermanos Cristianos vinieran a Colombia en el marco del catolicismo integral promulgado por el movimiento regenerador, que se propuso retomar la actividad política, social y religiosa en la organización de la sociedad.
Cuando accedieron al poder los liberales radicales, en Colombia, consideraron que era correcto hacerle frente a los vestigios de la herencia colonial española, a través de programas de gobierno y desde la administración pública, pero en la mayoría de los casos ejercieron estos hechos por la fuerza; no obstante, fracasaron en este intento, porque la tradición pesaba mucho más como un conjunto de procedimientos, usos y costumbres, que estaban entronizados en la normalización del cuerpo y en el alma de los gobernados. La cultura social y política seguía las directrices que impuso el régimen español, pero ante todo era en el inconsciente donde se establecía el accionar de quienes seguían actuando como súbditos. La iglesia se seguía reforzando con las encíclicas papales. Las relaciones Iglesia y Estado durante la segunda mitad del siglo XIX enfrentaban abiertas hostilidades que generaban rupturas entre el poder civil y el eclesiástico. La Encíclica del Papa Gregorio XVI, emitida cuando apenas habían pasado 10 años de la independencia del Perú (1921), en un documento oficial fechado el 15 de agosto de 1832, así lo corrobora.
La reorganización del Estado colombiano, promovido por los liberales radicales, presentó un problema cuya salida política se enfocó en forma de república federalista, con lo cual se trataba de romper la tradición centralista lo que buscaba que las provincias tuvieran autonomía para manejar sus asuntos; en la economía se siguió el modelo del Laissez faire o libre comercio, doctrina del liberalismo clásico, con el que se pretendía estimular las importaciones y exportaciones; en tal sentido la Constitución liberal de Rionegro (1863) posibilitó que los estados confederados tuvieran un mayor recaudo fiscal y se alcanzaran mayores beneficios en el gasto público. En el aspecto cultural las acciones se abordaron con reformas educativas, para propiciar una formación acorde con la modernidad; sin embargo, no era posible excluir completamente a la iglesia; más adelante y bajo el proyecto conservador, las comunidades religiosas se harían presentes con entidades muy sólidas. En su conjunto los liberales radicales tenían el propósito que el país pudiera salir adelante, pero la parte negativa provino de las luchas fratricidas que se generaron cuando los Estados federales armados se enfrentaban entre sí y se acrecentaban las guerras civiles. La situación territorial fue difícil de controlar y por lo tanto el Estado mismo se convirtió en un problema inmanejable. Al periodo de la Constitución de Rionegro y del radicalismo liberal (1863-1886) se le reconoce su propósito de cambio en varios frentes, sobre todo en el clima de las ideas, la agitación, la ruptura con la tradición, la implementación de programas políticos, sociales y culturales; en fin, fue un periodo rico al que hay que recurrir continuamente, porque en él se sentaron las bases de lo que se podía considerar un cambio deseable por las bondades que se ofrecían para un futuro promisorio de Colombia; lamentablemente todo se vino al traste, al no sostenerse con novedosas ideas que permitirían salir adelante, y superar el cúmulo de conflictos surgidos por las enormes contradicciones que se generaban entre sí. La guerra civil de 1885 dio cuenta del poder de los liberales, quienes después de 25 años de un federalismo mal conducido, se vino abajo a raíz de la crisis económica mundial del año de 1873, cuando cayeron las exportaciones y con ello los ingresos fiscales; el naciente gobierno cayó y enseguida seguiría un periodo de cincuenta años de gobiernos conservadores en el poder iniciado por Rafael Núñez, periodo al que históricamente se le conoce como la Regeneración. En 1886 se establecieron las bases del moderno Estado colombiano, cuando fue promulgada la nueva Constitución; se centralizó de nuevo el poder en cabeza del presidente de la República. El artículo 120 de la Constitución le dio la atribución de dirigir, cuando lo estimara conveniente, las operaciones de guerra como jefe de los ejércitos de la República. En virtud de estos factores, la necesidad de tecnificar el ejército impulsó la creación de una escuela militar, por ley 127 de 1886 y reglamentada por decreto 284 de 1887, y con la llegada de una misión francesa se reorganizaron las fuerzas militares sobre el modelo de divisiones, batallones y regimientos. Este es el clima político que se vive hacia 1872, cuando Soledad Acosta escribe y publica su pesadilla.
Por la vinculación de José María Samper al proyecto de la Regeneración, Soledad Acosta también se sentió identificada con este movimiento que realmente estaba basado en las encíclicas de Pío IX, Quanta Cura y el Syllabus, y tenía como propósito eliminar la influencia del liberalismo francés, que se venía implementando por los radicales. Su principal artífice en Colombia fue Miguel Antonio Caro, desde lo ideológico e implementado desde el poder político por Rafael Núñez Moyedo; su objetivo fue establecer una república autoritaria, soportada en la religión católica y el centralismo, teniendo en cuenta las bases ideológicas que dejó el Estado español.
Por su permanencia y formación en el país galo, Soledad Acosta de Samper se sentía identificada con la ideología francesa conservadora; por su apego a las letras mantenía correspondencia con escritores franceses y cuando viajaba a París frecuentaba los círculos de intelectuales. Era seguidora de Verne y se enteró de primera mano que él había pronunciado, en diciembre de 1875, su discurso utópico Amiens en el año 2000.
Una pesadilla, el escrito de Soledad Acosta, fue publicado antes del discurso de Verne, es decir, el 3 de mayo de 1872 en la sección literaria de El bien público, firmado por Aldebarán, en ese mismo año en la revista La Caridad, (subtitulada Correo de las aldeas. Libro de la familia cristiana), siete años después en la primera revista que dirige, La Mujer. El título final quedó Bogotá en el año de 2000: una pesadilla, como se le conoce hoy día. La ciudad de Bogotá, es presentada en el escrito de Soledad Acosta, en el año 2000, no como el pequeño poblado de su infancia; ahora rivaliza con grandes ciudades, embaldosada, con mármoles y piedras de colores; con edificios altos, monumentos, se hace una exaltación al siglo XXI, con alta tecnología, en la que por todas partes brillan luces, relojes que son movidos por electricidad, voces argentinas (de timbre agradable y buena entonación), en lugar de timbres, que se accionan al poner el dedo en los botones eléctricos. De noche alumbran lámparas y arañas que brillan por toda la casa. Se aplica la medicina preventiva; no hay enfermos, se utiliza el diagrama de pulsaciones, especie de elctrocardiograma. Los medios de transporte son la máquina alada, el ascensor y los coches tirados por cuatro caballos. En cuanto a la educación, financiada por el Estado, se realiza según las ideas avanzadas de la civilización; se enseñan ciencias naturales y las leyes de la naturaleza (Naturalismo), la educación es asumida por el Estado. En cuanto al vestuario, las mujeres del servicio están vestidas de sedas, con medias, cubiertas de joyas, sombreros emplumados, monóculos (lentes) en los ojos, tenues velillos sobre la faz, guantes de color claro, zapatillas de tacón alto, elegantes carteras y tarjetas doradas de presentación, con formación avanzada y vínculos con la Universidad Nacional. Todo esto genera conflictos sociales: las trabajadoras están en un alto nivel, por encima de las personas que las contratan para que les presten sus servicios. El punto del discurso radical (distópico) se presenta cuando las trabajadoras de servicios que se requieren, tienen una formación académica, que contrasta con la tradicional; no creen en la religión, consideran que las iglesias son focos de superstición e idolatría; que son una burla y que el cristianismo es un mito, peor aún, es definido como un “andrajo podrido que deshonra la verdadera civilización.” (Acosta, Una pesadilla 17).
Contrario a este discurso ideológico, Julio Verne exalta el progreso material de la ciudad de Amiens en el año 2000, la que define comoUne Ville idéale o “la mejor de las ciudades posibles”, –según sus palabras. La historia indica que hace referencia a la antigua Samarobriva, nombre que le dieron los conquistadores romanos, y que tiene para el año 2000, una población de 450.000 habitantes. Amiens es la Pequeña Venecia industrial, iluminada con farolas de bronce cuyas elegantes lámparas llegaban hasta alcanzar follaje de los tilos y castaños, “estrellas de primera magnitud” capaces de sustituir las apagadas “llamas amarillentas del gas de antaño” (Verne, 187); los bulevares eran regados a una hora establecida del día, con enorme afluencia de gentes; había paseos paralelos como los Campos Elíseos de París; se utilizan como medios de transporte: omnibuses, ferrocarriles, trenes con vagones de calefacción, con pasarelas para pasar de un vagón a otro. Con calzada por donde rodaban magníficos carruajes, coches con tiros de cuatro caballos con postillones. Dos escaleras helicoidales sustituían los caminos de cabras. Tiene un teatro soberbio, gran fachada y arquitectura polícroma. Monumentos, coches con tiros de caballos con postillones. Damas maravillosas que se pavoneaban por los pasesos con unos arreglos tan fantasiosos que dejaban atrás las modas últimas que había visto en París”. El vestuario: arreglos fantasiosos, flores artificiales, parecían ramos prendidos debajo del busto; usan sombreros con lianas entrecruzadas. Plantas arborescentes, pájaros tropicales, serpientes y jaguares en miniatura, moños de volumen embarazoso y peso considerable cargados en cesticos de mimbre adornados, polonesas de pliegues, cintas y encajes; se interpreta la música del futuro con un título ampuloso: Ensoñación en la menor sobre el cuadrado de la hipotenusa. Existen raros impuestos: gravamen sobre la soltería. Se utiliza la tecnología en los conciertos eléctricos. Concierto mundial a través de una red, especie de Internet, tienen a Amiens conectada con Londres, Viena, Roma, San Petersburgo, Pekín, es decir no existen barreras en la comunicación. La educación es puramente científica, comercial e industrial
Punto ideal (La utopía). La plaza Longueville, un pequeño Sahara. Era un oasis, sombra fresca proporcionada por los árboles corpulentos, macizos de flores, un tapiz verde, aire balsámico, un arroyo que murmuraba entre toda aquella vegetación. La náyade de los tiempos pasados, algo sedienta relucía con agua limpia.
Consideraciones finales
•Ambos discursos parten de un sueño que se da en la mitad del desarrollo y el progreso, tanto de Bogotá como de Amiens. Para Soledad Acosta la pérdida de las creencias religiosas forma parte de una tragedia, situación que ubica su discurso en una distopia. Julio Verne también plantea la ciudad de Amiens en el camino del progreso y el desarrollo, y con sus avances, como la mejor ciudad posible.
•Las dos exposiciones tratan de llamar la atención hacia un futuro posible de la humanidad. El distópico es desesperanzador, el utópico es más progresista y esperanzador.
•Ambos discursos son políticos, el de Soledad Acosta es además geoestratégico, en la medida en que está basado en el enfoque mudial de las encíclicas papales.
•Ambos muestran un tipo de compromiso que tenían sus autores con la sociedad, parecido al de los superhéroes, cuya misión es guiar a la humanidad hacia mejores condiciones materiales y espirituales.
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•Verne, J. (2018). Una ciudad ideal: Amiens en el año 2000. Ediciones Akal/básica de Bolsillo. Utopías. Une Ville Ideale. Lecture faite dans la Séance publique annuelle du 12 Décembre 1875, par M. Jules Verne.Directeur de L´Académie. Amiens.
[1] La Regeneración fue un movimiento político surgido en Colombia en la segunda mitad del siglo xix, liderado por Rafael Núñez. Su objetivo era cambiar la organización que tenía el gobierno y la sociedad colombiana. El movimiento regenerador estaba conformado por los conservadores y los liberales moderados, en oposición a los liberales radicales, que ostentaban el poder.
[2] José María Samper Agudelo fue masón, promotor de las Sociedades Democráticas, fundador de la Escuela Republicana; testigo firmante de la expulsión de los Jesuitas en 1850. En su juventud, hizo parte de las fuerzas que derrotaron a José María Melo en 1854. En 1858 viajó por primera vez a Europa durante seis años y formó parte de la Sociedad de Geógrafos de París y de la Sociedad Oriental y Americana de Etnografía. En los tiempos en que se alejó del país, con doña Soledad, cuestionó la validez de las ideas que prevalecían entre los Radicales y dio una voltereta que comenzó a practicar al regresar a los Estados Unidos de Colombia; se vinculó a los diarios y publicaciones del independientismo en ciernes y pronto a los periódicos conservadores, alejándose para siempre de las ideas Liberales y del corazón de sus militantes. Falleció en Anapoima (Cundinamarca) el 23 de junio de 1888. (José María Samper Agudelo. Un intelectual discutido. Rodrigo Llano Isaza, B.N. de Colombia, noviembre 11 de 2009, 5:30 pm, conversatorio con el profesor Rubén Sierra Mejía y el abogado Horacio Gómez Aristizábal).
[3] Acosta, de Samper S. (1986). Consejos a las mujeres. (Consejos a las señoritas, Consejos a las madres, Cartas a una recién casada). París, Garnier Hermanos, Libreros-Editores.