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Aproximaciones al «Festival Internacional de Teatro de Manizales»

El Festival Internacional de Teatro (en sus comienzos, latinoamericano y universitario) es sin duda el evento cultural más importante de Manizales y Caldas, pues concita la atención y la mirada de los hacedores y público aficionado al arte dramático en Colombia y del mundo desde su creación en 1968. Si este Festival ha influido en la comunidad y alentado al movimiento teatral local, nacional e internacional, no se va a discutir ahora, solo se hablará del movimiento teatral local previo al festival, de los años anteriores a la creación y puesta en funcionamiento del Festival,  esa  “la sabia locura”, como lo llamó en sus inicios el crítico chileno Sergio Vodanovic.

Durante los años sesenta del siglo pasado se vivó en el mundo una época turbulenta, de convulsión  política y por supuesto de convulsión en el arte. Los países del primer mundo instigaban guerras en sus colonias,  en Latinoamérica los dictadores asesinaban estudiantes y líderes sociales, y para rematar el cura Camilo y el Che pasaron de la ficción al heroísmo.

Grupos progresistas trataban de organizarse para enfrentar la ignominia, sin éxito aparente. Hasta que estalló la revuelta de Mayo de 1968 en París, allí grupos estudiantiles, obreros y sociedad civil se unieron para realizar la más grande movilización huelguística  que se conozca,  ella transformó sin duda las mentalidades.

En esa época Colombia no fue ajena a  los movimientos universales de  estudiantes, trabajadores y  campesinos que luchaban por reivindicaciones económicas, sociales y culturales.  En los Departamentos y en especial en Caldas las artes en general no contaban con apoyos estatales y el movimiento teatral era débil. Sinembargo la afición por esta bella actividad de las tablas aparecía en colegios, escuelas y universidades y moría rápidamente por falta de presupuestos económicos.

Manizales siempre registró amplio movimiento cultural, representado en la música culta, en la danza, la pintura, la escultura, la poesía y en general la literatura. Actividades artísticas emuladas en los municipios de Caldas, en especial cuando se trató de asuntos folclóricos. Sin embargo el teatro no fue la más importante expresión artística, aunque  cuenta de tiempo atrás con grupos de teatro y  directores que se enfrentaban con la uñas a  las complejidades de dirigir teatros infantiles o de adultos, en una ciudad como la nuestra, tradicional y conservadora en asuntos morales, éticos y culturales.

Quien escribe estas notas llegó a Manizales procedente de Aranzazu,  municipio situado al norte del Departamento,  a finales de 1966, allí desarrollamos  importante actividad teatral, con Aníbal Salazar y Norita Jiménez, llevando a las tablas del Teatro Peláez, clásicos españoles como “Los árboles mueren de pie”  de Alejandro Casona y otras obras del Siglo de Oro. Se escenificaban especialmente sainetes españoles y colombianos. Llegué ávido de teatro,  vinculándome al año siguiente al único grupo que por esas calendas funcionaba como organización artística estable,  en la empresa Tejidos Única. El grupo estaba conformado principalmente por obreros de la sección de tintorería, sus directores Álvaro Echeverry  y  Hernando Soto eran  jubilados de la empresa  Coltejer  de Medellín y estaban vinculados, sobre todo el primero a Tejidos Única como supervisor de la sección de Tintorería.

También funcionaba en la sede del Instituto de Seguros Sociales el grupo dirigido por Jorge  Zúñiga. Representaba  “El cepillo de dientes”  de Jorge Díaz,  con actores como Fernando Molano, Mario Escobar, Néstor-Gustavo Díaz y algunos trabajadores de la institución. La mayoría de actores se dedicaron  a la dirección en instituciones educativas, ya que el accionar del grupo trascendió poco.

Al grupo de Tejidos Única recién había llegado Óscar Jurado primero como asesor de montajes y más adelante como director. Ya que el grupo contaba con varios montajes: “Aceite” de Eugenio O’Neil;  “En el camino real”  de Antón Chéjov;  “El loco de moda” y  “El doctor Manzanillo”  de Luis-Enrique Osorio  y  otras. Más adelante  pusimos en escena  “La requisa”  de Enrique Buenaventura. Era una agrupación, sin duda, con un amplio y variado repertorio de obras escenificadas.

Óscar Jurado se había ganado el mérito de ser el director del grupo de Tejidos Única porque era connotado actor, además su primera obra como dramaturgo: “Ellos tienen la culpa”, había sido puesta en escena por el Grupo de Teatro de la Universidad Nacional, sede Manizales, dirigido por el estudiante de Ingeniería Civil Henry Cardona y llevada en el año de 1966 a un Festival Nacional de Teatro Universitario, en el que fueron jurados Óscar Collazos y Enrique Buenaventura y había regresado con honores.

El grupo de Tejidos Única lo integraban entusiastas obreros que no recuerdo sus nombres, además Pedro-Nel Zapata, Edilberto Zuluaga, Orlando Sánchez, Favert Velarde Duque, Judith Valencia y este servidor  Rodrigo Zuluaga-Gómez, entre otros. Esta agrupación teatral  fue pionera del teatro organizado, funcionaba en las instalaciones de una pequeña escuela que la empresa tenía para los hijos de los trabajadores y que el grupo usaba en los días festivos, los fines de semana y en las vacaciones de los infantes.

Cabe mencionar que el folclorista Dorian Uribe-González asesoró en ese tiempo a diversos grupos en el trabajo corporal y de preparación física, en una búsqueda de la armonía de las formas para la actuación.

No deja de sorprender el interés por el teatro de las gentes de Caldas principalmente en Manizales;  en el Norte  sobresalen Aranzazu y  Salamina con actividad teatral o “veladas” como se les llamaba,  desde los años cuarenta. En general todos los municipios caldenses tienen una historia que no se ha recogido y que tiene que ver con el Teatro con fines benéficos.

Cuando se inauguró el Teatro Los Fundadores en 1965, el teatro de actores no tuvo especial protagonismo, pues las agrupaciones con elenco estable no existían o no tenían posibilidad de sobresalir, a causa de su deficiente organización y difusión,  por eso la programación solo incluyó música sinfónica y danza folclórica.

Néstor Gustavo Díaz fue diligente notario de la actividad teatral de Manizales por muchos años y quien escribió algunas obras dramáticas que él mismo llevó a escena,  solía platicar con los contertulios en las viejas “fuentes de soda”, como se llamaba a las cafeterías y contaba de las dramáticas presentaciones de Doroteo Martí (Español), de los montajes de Antonio Madero, que venía de Argentina a montar la “Cantante Calva”. Una obra de teatro del Absurdo de Eugene Ionesco que los asistentes en la función no entendieron, abandonando muy temprano la sala.

Díaz retenía en su memoria a los directores de teatro y sus diversos montajes. Así hablaba de: Antonio Madero (La zorra y las uvas, La cantante Calva); Dorian Mejía (Un sombrero lleno de lluvia); Roberto Rubio (actor de varias obras); Alfonso Chica (La cabra de Nubia); Néstor-Gustavo Díaz (El escarabajo anarquista y Un Jabalí para la cena); Mario Escobar O.  (Un tranvía llamado deseo); Alonso Parra (El monumento)  y  de Óscar Jurado (Ellos tienen la culpa, La Resaca y otras). Es de notar que Jurado, entre todos,  se destacó como actor, como dramaturgo, finalmente como director de actores y crítico teatral.

Por supuesto que la historia del Teatro en el entorno caldense, antes del Festival Internacional de Manizales está por investigar y escribir. Porque esa afición y ese Teatro tan esporádico fue débil como movimiento creativo, pero quiérase o no  dio origen y justificó la edificación del Teatro Fundadores y posteriormente la fundación del Festival de teatro más longevo de Latinoamérica.

 

(Nota: El autor agradece la especial colaboración en la elaboración de estas notas de Pedro Nel Zapata, Dorian Uribe G., Edilberto Zuluaga G. y Judith Valencia.)

 

 

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Edición No. 186