Bag Bag, el vertical
La presentación de esta tarde genera en mí sentimientos contradictorios. Por un lado me siento bastante extraña por el honor que realmente implica para mí que Nicolás y Álvaro hayan pensado y decidido que yo estuviera hoy aquí con ustedes presentando a Bag Bag. Sinembargo, siento la comodidad que implica el afecto, en este caso triple: el primero, el que sintió una adolescente por ese misterioso y oscuro N (los Cuadernos de N estuvo durante varios años permanentemente en mi mochila), y que se hizo extensivo a ese autor, Nicolás Suescún, igualmente enigmático, al que algunas veces vi caminando por las calles. Al verlo deambular quería realmente entrar en esa mente que había explorado hondamente mi naciente pesimismo. El segundo afecto es por San Librario, un ente que más que una librería o una editorial es una extensión de nuestros sueños -bibliográficos, es cierto, pero para quienes nuestra vida son los libros ¿qué más sueños que aquellos que nos hacen vivir los libros o el sólo anhelo de tenerlos en nuestras manos que es la misión de San Librario? Es además una extensión de Camilo y Álvaro, que no sólo se conforman con hacernos accesibles y más amables los libros, sino que ahora también los hacen. El tercer afecto es por el Nicolás persona -distinto al autor- que tuvo la generosidad de permitirme estar aquí y además de leer el manuscrito completo de Bag Bag.
Creo que para quienes estamos aquí Nicolás Suescún seguramente no necesita presentación, pero hablaré breve (muy brevemente) de él. Nació en 1937 en Bogotá y se ha dedicado a oficios varios: Librero, en la Extemporánea antecesora de San Librario y en la mítica Buchholz (de la cual dirigió por muchos años su revista Eco); poeta, profesor universitario; Nicollagista; periodista; antinovelista; columnista; traductor; jefe de redacción; cuentista; diagramador y ensayista. Ha vivido en disímiles lugares: como Virginia y Iowa en Estados Unidos; Berlín, París y Bogotá, ciudad que aunque él no lo quisiera, impregna cada página de su obra. Ha publicado los siguientes libros: La vida es, Tres A.M. y La voz de nadie de poesía; El retorno a casa, El último escalón, El extraño y otros cuentos y Oniromanía de cuentos; y la antinovela o libro de aforismos Los Cuadernos de N.
Al leer Bag Bag es imposible no recordar a N, el oscuro y agridulce antihéroe de los Cuadernos, pero un análisis de sus matices nos permite contrastarlos y a su vez caracterizar a Bag Bag. Esta comparación será la base de esta presentación.
Lo primero que salta a la vista al hojear los dos libros es la horizontalidad vs. la verticalidad. Los aforismos de N son horizontales, la gravedad los hace caer en el renglón. Los poemas de Bag Bag son verticales, sus versos van cayendo a cuentagotas, aunque si nuestro orden de lectura nos lo permitiera, deberían subir como el humo hasta disolverse. Y es que estos sentidos (el horizontal y el vertical), en vez de iluminarnos sobre estos dos caracteres nos muestran su contradicción interna y las diferencias entre ellos. Aunque a N lo vemos caminar por las calles, sentimos que es un ser esencialmente inmóvil. Aunque Bag Bag no nos hable nunca del mundo exterior (sólo como testigo), parafraseándolo a él mismo, es un hombre de acción en la inacción o como dice el poema “Bag Bag sale”: “se acabó el / camino / comienza el / viaje / el cuerpo / no es nuestra principal / posesión / desplazarse en el / espacio / nunca podrá tomar / el lugar de nuestros / sueños / por eso el / viaje / comienza / cuando se acaba el / camino / es así como al regresar / de su última / salida / comprobó / que no había dejado su / cuarto”. La gravedad ni el dolor son capaces de aplastar a Bag Bag, gracias a su actividad, que va desde colaborador en la construcción de la torre de Babel, hacedor de caminos cerebrales, cantante y bailarín a dúo con su doble, o simplemente preguntón resignado, se convierte en un sabio que según él mismo “son / dementes / que han olvidado su / desgracia”. Pero esta actividad no puede quedar impune y se me ocurre pensar que esta verticalidad no es sólo la liviandad o la actividad misma sino su consecuencia, en este ritmo fracturado a veces al extremo sentimos la respiración interrumpida de la ansiedad o la fatiga.
Así como el ritmo, nos encontramos con su expresión poética en su juegos con el lenguaje, por ejemplo en el poema “Bag Bag rutinario” recordamos los neologismos de Guimarães Rosa, el poeta no encuentra suficientes las palabras que le brinda el idioma y hace que las palabras se fundan, se confundan y nos confundan.
Para concluir, podemos de nuevo contrastarlo con N, ya que el principal material de éste es el pensamiento racional (su cárcel) aunque a veces se tiña de absurdo y el de Bag Bag es el lenguaje, el juego y los sueños (su libertad).
Bogotá, agosto de 2003