«Bulevar de los héroes»: las alegrías de un ‘manizalita triste’
Una novela, alegre, divertida, desenfadada, es esta de Eduardo García-Aguilar, un narrador nacido en Manizales hace 34 años. Bulevar de los héroes es su título. En ella se refleja, con gracia e ironía, toda una época del desarrollo político no solo de Colombia sino, en general, de los otros países latinoamericanos que vivieron esa fracasada etapa con mayor o menor intensidad.
Su personaje central, el Loco Rincón, que es al mismo tiempo Petronio, pasa por innumerables peripecias, por todas las aventuras ideológicas y físicas a que lo conduce su aparente firme propósito de cambiar el país, de darle un vuelco total a las pregonadas instituciones, mediante la Revolución. (Así, escrita con mayúscula, como suele creerse que ha de ser toda revolución que de verdad lo sea y se respete como tal). Pero a Petronio, el inefable Loco Rincón, lo derrota la tremenda realidad del país, que él, como muchos de los llamados revolucionarios ignora, deja de lado, no tiene en cuenta.

E. García-Aguilar con Gabriel García-Márquez
Y es en ese plano donde entra a funcionar de modo divertido el acendrado humor de este “manizalita triste”, como él, García-Aguilar, se empeña en calificarse, sin tener para ello, por lo que puede apreciarse, ninguna razón valedera.
El protagonista de Bulevar de los héroes se convence finalmente, tras la derrota y las persecuciones, de que no va a llegar nunca al poder. Al ambicionado poder político. Y se va al exilio, obligado por las circunstancias. Pero el suyo es un exilio pleno de exotismo y de delirios en esa zona fantástica del bulevar donde al fin puede realizar sus sueños quiméricos. Que no son ya los de la ambición de poder, sino, sencillamente, otros sueños quiméricos en los que se mezclan el amor y el sexo.
Tiene toda la razón el comentarista mexicano que, en una publicación de su país, dice que “esta es, sin duda, una de las obras más sorprendentes de la nueva narrativa hispanoamericana de fin de siglo”. Y la verdad es que no se sabe a ciencia cierta que es lo que más sorprende, y llega hasta deslumbrar, en la excelente novela de Eduardo García-Aguilar. Si la gracia de lo que en ella pasa y el manejo que el autor da a los hechos y a las situaciones, a los personajes y a los ambientes, o el impecable y rico y riguroso lenguaje empleado, sin hacer concesiones a los excesos retóricos a que, por su origen, podría estar expuesto el joven narrador.
El lector que toma en sus manos un ejemplar de Buelvar de los héroes podría estar prevenido antes de iniciar su lectura, por el temor de encontrarse ante un texto pretendida y pedantescamente serio y grave, retórico en fin, y ese lector descubre, al avanzar por las páginas de esta estupenda novela, que es la de Eduardo García-Aguilar, una prosa sobria, dominada a plenitud. Pero que dice todo lo que el narrador quiere decir, despojado de lo que pueda parecer palabrero, y hueco, sin sustancia.
Esta, Bulevar de los héroes, no es la primera novela de Eduardo García-Aguilar. Y esta es otra sorpresa. Antes, el año pasado, publicó en México Tierra de leones, que el terco, infatigable lector que firma estas notas ha buscado, sin éxito, en las librerías colombianas. Como no ha podido encontrar tampoco los otros libros de García-Aguilar. Dos colecciones de textos en prosa: Cuaderno de sueños (1981) y Palpar la zona prohibida (1984) y un libro de poesías: Ciudades imaginarias (1986).
En cambio, este redactor leyó hace unos pocos años otro pequeño libro de Eduardo García-Aguilar: García-Márquez: La tentación cimematográfica, publicado en 1985 por la Universidad Nacional Autónoma de México. Estos textos, contenidos en 125 páginas, confoman un bien investigado y documentado ensayo sobre los trabajos de García-Márquez como guionista de cine.
Bulevar de los héroes es una novela de 238 páginas, editada por Plaza y Janés de México, en agosto de 1987. La portada, hermosamente diseñada, es de Manuel Aguado y la fotografía de la contraportada la hizo Ignacio González.
Eduardo García-Aguilar vivió seis años en París, donde adelantó estudios de Economía Política y filosofía en la Universidad de Vincennes (Paris VIII). Hace ya varios años está radicado en México, consagrado a su quehacer literario con empeño y con rigor: Y además con excelentes resultados. A juzgar por esta excelente novela que es Bulevar de los héroes.