Conocerse para vivir en paz con el mundo – De Goethe a Gerhard Masur
Hay que regresar, una y otra vez, a los clásicos, en sus personalidades y en sus obras. La noción de “clásico” es el tiempo el que la define, para apreciación en campos de las artes, las ciencias, la literatura… Podremos estimar en ese atributo a Sócrates, Confucio, Michel de Montaigne, Baruch Spinoza, Beethoven, Bach, Mozart, Goethe, Humboldt, Picasso, Einstein, Hannah Arendt, María Zambrano, David Bohm, J.L. Borges, Isaiah Berlin Margaritte Yourcenar, Alfonso Reyes, Rulfo, George Steiner, Francisco José de Caldas, Marta Traba, Gabo, Maruja Vieira, Matilde Espinosa,… Por fortuna, innumerables. Personajes con presencia viva en mi propia biblioteca. Los alterno en relecturas y apreciaciones. Ahora me ocupo de Goethe, en virtud de haber descubierto un libro muy singular: “Goethe – La ley de la vida”, de Gerhard Masur (Ed. ABC, Bogotá 1939; con prólogo de D. Baldomero Sanín-Cano).

G. Masur (1901-1975), académico e intelectual judío que en el afloramiento del nazismo le tocó huir de Alemania, y por ciertas circunstancias llegó a Colombia, en 1935, al escapar por Suiza, e incorporado al Ministerio de Educación Nacional fue director y profesor del departamento de Filología e Idiomas en la Escuela Normal Superior (ENS, 1936-1951), histórica y singular institución, modernizadora, creada por Alfonso López-Pumarejo, con docentes e investigadores en número significativo de inmigrantes, donde se formaron los primeros científicos sociales en el país, además de algunos en las ciencias básicas. En los quince años de existencia de la ENS tuvo 659 egresados (73.6% hombres, 26.4% mujeres) en las disciplinas de la Física, Matemáticas, Química, Biología, Antropología, Historia del Arte, Psicología, Idiomas; contó con laboratorios, una estación de meteorología y una biblioteca que llegó a tener cincuenta mil ejemplares, con suscripción a revistas internacionales. Con estudiantes de diferentes regiones del país, becados con $40/mes, que les alcanzaba para vivienda, alimento, vestuario, útiles escolares.
El presidente López-Pumarejo la creó para formar una élite intelectual que se dedicara al estudio del país, con actitudes predominantes: la investigación, laicismo, ciencia, formación integral, trabajo de campo en excursiones, con incorporación mixta de sus estudiantes. Su rector principal fue José-Francisco Socarrás. Al llegar de nuevo los gobiernos conservadores, separan hombres de mujeres, y trasladan las instalaciones a Tunja. En 1951 le dan el golpe mortal, al considerar que allí lo que había era filosofía liberal, e ideologías que consideraron contrarias a la fe cristiana. Muchos de los libros de su biblioteca fueron destruidos.
Sinembargo, cabe recordar los destacados profesores extranjeros que tuvo: Paul Rivet, Rudolf Hommes (padre), Ernesto Guhl, José María Ots Capdequí, Luis de Zulueta, Fritz karsen, Pedro Urbano González de la Calle, Gerhard Masur, entre otros. Algunos profesores colombianos fueron: Jorge Zalamea, Luis-Eduardo Nieto Arteta, Darío Echandía, Germán Arciniegas. De los egresados más notables están: Virginia Gutiérrez, Blanca Ochoa, Jaime Jaramillo-Uribe, Edith Jiménez, Milcíades Chaves, Roberto Pineda-Giraldo, Luis Duque-Gómez. Y de singularidad nombro al profesor Octavio Calderón, Químico de la ENS, docente del Instituto Universitario de Caldas, donde fui su alumno, quien luego fue incorporado a la Universidad de Caldas con asignaturas de su especialidad. Además de su solvencia en el área, manejaba de idiomas el inglés, francés y alemán. Estudioso y motivador.
Vuelvo a Gerhard Masur, además de sus desempeños en Colombia fue profesor visitante en la Universidad Libre de Berlín y en la Universidad de California. En su libro de referencia examinó con criterio la vida y la obra de Goethe, en quien descubre una marcada influencia de la Ética de Spinoza, con las características integradoras de Dios y Naturaleza, la condición indispensable de cada ser para cuidar su existencia y hacer de esta la mejor realización. Asimismo, Goethe asimiló el conocimiento en el modo como las emociones influyen en la vida humana (alegría, tristeza, amor, odio), y tuvo por igual la comprensión en la trascendencia de la razón para conseguir la libertad y la felicidad. La naturaleza del conocimiento y la comprensión de la realidad, fueron por igual preocupaciones en su desarrollo y aplicaciones, con singularidad énfasis en la necesidad de desplegar libertad y autonomía en las personas para las respectivas aplicaciones, en la investigación y la enseñanza.
Masur de igual modo se ocupa de la Teoría de los colores, formulada por Goethe, con apreciaciones en la naturaleza del color, en los fenómenos subjetivo y objetivo, con la identificación de tres colores primarios (rojo, amarillo y azul) y tres colores secundarios (naranja, verde y violeta), con estudio de sus efectos psicológicos asociados a estados de ánimo y emociones.
El singular y maravilloso libro de Masur hace personal estudio de Goethe sobre la infancia, la juventud, la madurez y la perfección en sabiduría, con detalles de sus obras fundamentales e intercala poemas, en las magníficas versiones de Guillermo Valencia y Otto de Greiff. Su fervor por Weimar, ciudad que lo estimuló, y con el conocimiento de profunda cercanía de Schiller, en principio por la ciencia, dos grandes poetas, aunque sustantivamente diferentes. Schiller filósofo, de origen humilde, enfermo, propugnaba por la independencia personal; Goethe, rico, saludable y enérgico, con desprecio a la especulación y más seducido por la realidad. Este más propicio a meditar sobre lo efímero, lo voluble del ser humano y el enigma de la vida. En sus conversaciones con Eckermann expresó lo maravilloso que sería disponer de lo positivo como lo recto y verdadero. Sus obras consideró haberlas escrito para personas selectas con parecido a él mismo y, por tanto, nada de ser populares.
Sanín-Cano en las páginas liminares consideró a Goethe semejante a Da Vinci, por la visión universalista y con la capacidad de emular con Baruch Spinoza al penetrar con sutileza en la intimidad de la naturaleza y del espíritu humano. De ahí que Masur en su obra se dedicó a examinar el elemento conductor de la vida de Goethe. Descubre Oriente, se fascina con el Gótico, penetra con psicología el Drama y da forma a la poesía filosófica, con una concepción estética y simbólica del mundo, al reconocer el Arte como lo más sublime, a tal grado que se propuso develar el contenido poético de la realidad. El ensueño, la fantasía y la realidad fueron sus aliadas, hasta establecer que las dos últimas eran el polo de su propio destino. Incluso tuvo la convicción que la investigación verdadera no tiene validez sin la fantasía.
En Weimar tuvo acercamiento y estudio de la Ética de Spinoza, obra que le permitió sosiego en el espíritu, especie de “hálito de paz”, y expandir su horizonte en el mundo sensible y moral, que lo condujo a expresar un lema fundamental: “Conócete, vive en paz con el mundo”. Masur nos hace ver a Goethe con su enorme capacidad de comprender y de crear, antes que reconocérsele tan solo como poeta, o investigador, incluso como estadista por los cargos de Estado que ocupó. En el “Canto de los espíritus sobre las aguas”, al final dice: “Alma del hombre, ¡cómo semejas al agua!/ Destino humano, ¡cómo semejas al viento!” La Naturaleza, en todas sus expresiones, era el motivo central, sensible, para explorar conocimiento en todos los campos, con amor universal. Considera a la Naturaleza en simultaneidad como “ruda y suave, amable y terrible, débil y todopoderosa”. La observa en su complejidad y se confió a ella para que lo gobierne a su propia manera.
Contrario al fervor manifiesto por la Revolución Francesa de personalidades alemanas como Kant, Fichte, Hölderlin, Hegel, Wieland, Herder, Goethe tuvo su distancia y escepticismo, prevenido y contrario a los llamados “apóstoles de la libertad”.
En el estudio sobre el granito (roca ígnea) hizo gala de combinar la exactitud de la investigación con la imaginación poética. Tuvo en Weimar desempeños administrativos y de gobierno, y en algún momento se considera frustrado por la proliferación de los odios en los partidos políticos, y ambiciona refugiarse en su hogar, en especie de autoexilio.
[Versión ampliada de la publicada en “La Patria”; 08.III.2026; p. 18]