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Conversación, debate, negociación y diálogo

Nadie cuestiona la importancia y la necesidad imperiosa del diálogo para resolver conflictos o para llegar a acuerdos. Universalmente suele proponerse como solución el diálogo. La guerra de Rusia contra Ucrania, la de Hamás y Hesbolá contra Israel y viceversa, la del ELN o la segunda Marquetalia contra el estado colombiano; la del gobierno con los empresarios, etc. etc., ciertamente podrían resolverse con el diálogo. Pero precisamente, el empleo casi universal de la palabra diálogo en estos casos, exige una adecuada comprensión de lo que ella significa, y saber distinguirla de procedimientos con los cuales suele confundírsela.

Según la filosofía de Karl Jaspers sobre la comunicación existencial, creo que puede afirmarse que el diálogo no es simplemente una conversación, ni tampoco un debate o una negociación. La “conversación” es un intercambio de experiencias, conceptos o actitudes personales, sin un objetivo pretendido,  fuera del de pasar un rato agradable, El “debate”, por el contrario, es una discusión  (“discutere” =”sacudir ,“ventilar”) de ideas o de posiciones que pretende demostrar ante un auditorio o un público determinado la superioridad de uno de los participantes. En el debate debe haber un “vencedor” y un “vencido” (¿Quién fue el vencedor : Trump o Harris?). La “negociación” es la medición de fuerzas entre dos negociantes o  “negociadores”. En la negociación cada una de las partes busca sacar la mayor ventaja sobre la otra. En una negociación habrá un “ganador” y un “perdedor”: ¿quién es el ganador o el perdedor? ¿Quién cedió más, el sindicato o la empresa? ¿El gobierno o la guerrilla? En la negociación puede y suele haber la búsqueda de un “engaño” para resolver determinadas tensiones.

El diálogo, por su parte, busca la “mutua comprensión y colaboración” de las partes en un “propósito compartido”. Pero el “diálogo auténtico” exige de los participantes un “compromiso ético       previo ” que consiste en escuchar al otro con atención y respeto, buscando comprender a fondo sus planteamientos, estar en la disposición honesta de “cambiar el parecer propio” y asumir el ajeno (su verdad) si sus argumentos lo convencen razonablemente. Lo anterior exige también exponer con todo su vigor la postura propia para hacerla comprender razonablemente. El diálogo (diá-logo) busca el mutuo enriquecimiento de los participantes, por esta razón no hay un vencedor y un vencido, un ganador y un perdedor: los dialogantes serán ambos “ganadores y vencedores” .

Jaspers ilustra la comunicación existencial del diálogo con un par de imágenes; el diálogo es un “combate amoroso” por la verdad y la autenticidad; es un “juego con las cartas as ”sobre la mesa;  más aún: ¨es un  combate con “intercambio de armas”.

                                                                               
El extremo opuesto al “diá-logo” es el “monó-logo”, construido exclusivamente sobre la base de una ideología social, política, económica, religiosa u otra, como el nacionalismo. Ideologías anacrónicas” oprogresistas”, pero sin la colaboración de un pensamiento diferente; por consiguiente, sin la capacidad de la superación (“Aufhebung”) que proviene de la “dia-léctica” entre   opuestos: como la de “el amo” y el “esclavo” según Hegel, que se va superando en forma de espiral, integrando siempre las fases anteriores.                                                                                                   

El “monólogo” es el discurso ideológico propio de los gobiernos dictatoriales y tiránicos.

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Edición No. 212