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Convoy para Henri Corbin

Ahora están abriéndose  las rutas

 

A plenitud

 

Mientras hablan sobre las energías del archipiélago

Las carnes que aman al continente

(Son los idiomas cantando

En el creol de los barracones y la lengua francesa amalgamada

como el español amasado en América)

 

Es esa fuerza trémula

Esa soledad libre que empuñaba de golpe todas las riberas

conocidas

Todas las estaciones

Todas las posibilidades

          Desde el sol de Marsella a los sentimientos de Santo Domingo

Desde las profundidades locales hasta las pasiones

venezolanas

El lugar puesto sin límites bajo la insignia de las Américas

 

El lugar de la solidaridad

 

Decía René Char que para un poeta

Son las huellas y no las pruebas lo que le permiten soñar

 

Amigo

 

Conocí tu ternura a causa de nuestro sol común

 

Supe escuchar en el rincón de las confidencias

el canto de las mujeres cautivas

y la más increíble aventura

 

(pelo alisado y cuchillos de maleante)

Nada exacto o banal en esta vida sometida a la poesía tan pura

 

¡Te hundías en las sombras y vivías de la luz!

 

¡Ninguna tumba!

 

Las tumbas del exilio son tristes, decías

 

¡Basta de tumbas si hemos vencido al exilio y su

errancia nos pone en Relación!

Justo el relámpago que perdura

y que se renueva

y que se labra así

 

En nosotros para nosotros

En las exigencias amigables de la intemperie

 

La ofrenda

 

Los huracanes de la travesía sobre doce mil raíces

 

La fragilidad de una presencia que forja su alfabeto

 

 

Lo inusitado casi invisible

 

Lo majestuoso de una Huella

 

 

La Habana, 13 de Abril, 2015

 

Nota de la traductora:

El guadalupeño Henri Corbin (1934 – 2015)[1] es uno de los poetas caribeños de expresión francesa más relevantes del siglo XX.  Su padre espiritual fue Édouard Glissant.  Sus humildes orígenes lo obligaron a realizar en París casi todos los oficios, a pesar de lo cual realizó estudios en Francia.  Durante décadas se radicó en Venezuela    –una suerte de patria también– y, desde allí, con una vocación latinoamericana indescriptible, logró entablar relaciones entrañables con los poetas de América del Sur. Patrick Chamoiseau, Premio Goncourt por su novela Texaco en 1992, entre otras distinciones, lo considera un innovador de la poesía antillana. [2]

 



[1] Ver Pedro Ureña Rib y Jean-Paul Duviols: El Caribe, Santo Domingo, ed. Santuario, 2014, 146 – 47

[2] Ver Patrick Chamoiseau et Raphaël Confiant: Lettres créoles. Tracées antillaises et continentales de la littérature (Haití, Guadeloupe, Martinique, Guyane 1635 – 1975), Paris, ed. Gallimard, col. Folio Essais, 1999, p. 181 – 82

 

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Edición No. 175