Cargando sitio

Creatividad en la palabra por la vida

Guerras, masacres, holocaustos pululan en la historia de la humanidad. Nada que aprendemos a convivir de manera colaborativa en las diferencias. Minorías étnicas son sojuzgadas, eliminadas, desplazadas. Las migraciones cunden en todos los continentes y países. Por los cuatro puntos cardinales ocurren desplazamientos forzados, gentes que huyen de la violencia, en busca de lugar para sobrevivir. Las imágenes derramadas sin contemplación por los medios, aterrorizan y quebrantan la esperanza. Por África, Oriente Medio, más allá y más acá, ese fenómeno aterrador siembra desconsuelo. La compasión apenas es una figura del deseo. El Arte, y en general la Cultura, no clausura la creatividad; en paradoja sus expresiones son refugio para testimoniar los acontecimientos y las épocas, así como para exaltar la vida.

Creadores los hay que en sus obras expanden el espíritu, sin quedar en la mera protesta, en el cartel, en los enunciados de panfleto. La poesía en Gaza es una prueba de tomar en cuenta, de enorme actualidad, como fue también en el Holocausto, y en tantos lugares de cruel y absurdo exterminio. Acudo por ejemplo a Nasser Rabah (n. 1963), poeta gazatí, víctima sobreviviente de cinco guerras y del genocidio sin término, con permanencia en la nación palestina escribiendo sus poemas en un celular y deambulando por lugares en destrozos, con pérdida total de su propia biblioteca. Autor de seis poemarios y dos novelas. Se publicó en español su libro “GAZA: el poema hizo su parte” (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid 2025). Su obra tiene antecesores como Mevlana Celaleddin Rumi, del siglo XIII, ajeno a la ortodoxia, propiciador del respeto en las diferencias, con estímulo a la razón y promoción de la bondad, la caridad y la conciencia del amor.

Asimismo, tiene poetas coetáneos, con el mismo sentido de expresión libre en la poesía, en rebeldía y testimonio de todo lo que ocurre en Gaza, destrucción y barbarie, desde una posición imperial. En México se realizó en 2025 un encuentro de poetas gazatíes, con la participación de Nida Younis, Haithan Jaber, Al-Mutawakkil Taha, Firas Haj Mohammad y Ziad Khaddash. Fatma Nazzal, dijo: “La ausencia se mide por el momento/ en que abres la puerta/ esperando lo que no va a pasar/…”  A esos nombres se suman otros más: Ghassan Zaqtan (poeta y crítico), Amal Dunqul, Uzman Husain (de la generación de Rabah), y poetas más jóvenes asesinados: Hiba Abu Nada y Refaat Alarceer, entre otros. Es una valiosa tradición representada de manera singular por Mahmud Darwish (1941-2008), estimado como el poeta nacional palestino, víctima del exilio, con obra testimonial de la pérdida del Edén, con la angustia por el desalojo, con desarrollos hacia la introspección. Analistas de su obra lo ubican en el llamado realismo metafísico, relacionado con poetas como Milosz, Walcott, Brodsky, Szymborska.

Nasser Rabah es un poeta no detenido por el dolor; su palabra bulle con testimonios  de alusiones metafóricas, a veces en directo, de todo lo padecido en su pueblo y en su persona. Campea entre la subjetividad y el lenguaje del común. Alude, por ejemplo, a esos momentos de enfrentar la muerte, cuando el valor de las cosas se desvanece, puesto que con la palabra en esas circunstancias se registran los sentimientos, el dolor, el silencio. Su escritura se ubica entre la consciencia y el inconsciente, una especie de estado de ensoñación, en momentos de poder tomar algo de distancia de la tragedia y poder explorar ideas y lenguaje, alcanzando especie de fusión de lo onírico con la imaginación, la realidad con la fantasía, al permitirse aflorar la luz humana que se lleva dentro. En la guerra el tiempo se suicida, dice.

La dureza de la vida no le limita el mirar un mundo de posibilidades, un tanto invisible, propio para la inspiración. Y el dolor templa la conciencia y la creatividad, sin la felicidad. La poesía de Rabah merodea por el vacío, por la tristeza en los corazones, en legión de suspiros. Con retorno a los sentimientos y derrota de la nostalgia. Es el miedo en la guerra, de precaria iluminación en la penumbra para poder actuar, en momentos de aislamiento, en encuentro consigo mismo. Sirena de ambulancias con recrudecimiento del dolor. El frío de la piedra en el tiempo graba lenguas de ausencia. Y la esperanza va a la espalda en el amasijo de los que huyen, de un lado a otro, con retornos y escondites en la encrucijada.

Como un sueño que desaparece al despertar, sin posibilidad de asomar al balcón, no deja de estimar la calle como recurso de presencia y de huida, con resultado de la poesía interpretar el vacío. En las intempestivas huidas por el fuego de bombardeos y metrallas, quedan las ropas abandonadas, como almas cautivas en la penumbra, en el olvido. En los sueños pavimenta calles para que los muertos del recuerdo no tropiecen y envía cometas de papel al cielo del pensamiento compungido y estrecho. Convoca a conversar para que los silencios no torturen el corazón. Y la sonrisa apenas despierta compasión. Es el drama de la vida en medio de los estruendos y las destrucciones, con precario espacio para el diálogo y el amor. Se trata del destino enceguecido en la oscuridad de los espacios del alma. Se le canta al padre, a la madre, a los hijos, a las gentes sin súplica, que cayeron por la barbarie. El poeta en ese panorama piensa que las sombras son muros cansados. En la música devela el sentido de la ausencia. Invoca que las balas son silencio, lamento, flor, sepultura, palabra, que dejaron en tierra a los ausentes, caídos.

La nostalgia vuelve una y otra vez en la poesía de Rabah, sin ausencia, frondosa, que devora el aire en la respiración, con el recuerdo de la vid, entre pájaros que picotean el silencio del poeta. Estima la vida y la muerte como un círculo vicioso. Piensa en un reloj de pared inconmovible siempre marcando la misma hora del tormento. Las palabras son rebaño que golpean a la puerta, y consiguen asomarse en los versos, con las categorías del sufrimiento, de lo perdido, de quienes se desvanecen en el peregrinaje de la huida sin retorno. Se habla del amor con el drama de no haberse visto, menos sentido, apenas una obsesión, un escaparse de la memoria, con olvidos y sin ilusiones. Se pregunta: “¿Te ha llegado mi corazón desnudo en la noche, como un corcel que nunca encontró la piedad de las balas ni recibió el beso de la vida al final de la guerra?”  Supone que habría un final. Pero se siente desnudo, vacío y triste en una guerra interminable. Retorna a las preguntas: “¿Quién sabía que tengo una noche que busca ansiosa sus espejos y lanza a cada ventana un día de clamor y locura?”

Concluye al advertir la imaginación sin agotarse, especie de café de los forasteros, los espejos de la intimidad desconocida y las bibliotecas en el cautiverio. Con el buen deseo de alcanzar algún día la construcción de una patria, de la nación, del territorio para la vida en fraternidad y labor.

Queda la poesía en testimonio del desastre. Las ambiciones terrenales, por poder y riqueza, minan la condición humana, sin considerar la fortaleza natural para preservar la vida. Las guerras siguen destruyendo la esperanza y los buenos deseos. Pero no hay que perder la ilusión de la paz, desde lo más íntimo de la persona, para conquistar la subsistencia digna de poblaciones de todo lugar, con respeto a la Naturaleza, sin desprecio a las diferencias, y con la posibilidad de llevar a cabo conversaciones para la mutua comprensión y la identificación de espacios de compartir, con ideas y proyectos para el desarrollo humano en común.

De algunos poemas

¿Por qué la serenidad se escapa furtivamente con nuestro cesto de sueños
y ni un solo sol regresa a jugar con el cabello de nuestra mañana huérfana?
¿Por qué no hay una nube dormida que repose en la risa del jardín
o que restriegue el fruto del llanto en los ojos de la nostalgia?
¿Por qué aceleramos el paso en caminos muertos
y el suspiro no llega al fondo del corazón?
¿Por qué la sangre de la ciudad se coagula en mis venas
y a las palabras las derriba un silencioso pánico?
                                            [En: Reflexiones, VIII;  p. 57]

El jardín de la locura

El corazón te olvida, y los lugares se contagian de tu febril presencia;
te recuerda, y del reloj de pared rezuma una fragancia de ojos entrecerrados.
La música se enrosca en mis muñecas como serpientes en serpientes.
No hay edificios que se alineen ante mis ojos como palabras en un verso rimado,
ni versos que tiemblen en la voz del recitador antes de que amanezca en mi corazón.
No queda ni un solo espejo que no se haya roto.
Eres agua que deshace el guijarro del anhelo y me mastica,
aire cansado que siega la sonrisa de tu muerte,
y yo me convierto en pasto para el recuerdo de un camino que no recorrimos juntos.
Sé un suspiro que atraviesa mi corazón con la aguja del olvido
y teja un amplio vestido para la tarde en que aparezcas.
Sé una inhalación que les robe a las casas sus preocupaciones
y deje que los balcones compren acciones del jazmín de tu voz.
Eres silencio que deshace la piedra del tiempo y me dispersa cerca de tu rostro,
ese rostro que cada noche sacude las cortinas de mi sueño y me impide dormir.
Confuso en el camino que te lleva hacia mí,
donde no tengo lugar, ni rostro, ni espejos que guíen tus sentidos colmados de amor,
mientras los soldados, los muertos y los portadores de falsas banderas se multiplican.
Mi camino es confuso. Sé, pues, como el país: misterioso, como el rostro: aireado,
como estos errores que se multiplican en el corazón,
para que una sola coincidencia tal vez nos reúna en el jardín de la locura.

                                                                                  [pp. 65-66]


Fuera de casa

………………………..
No te preocupes, la casa, la niña que tanto cuidaste, es ahora una joven que aguantará la soledad y las balas.
La ninfa que tanto cuidaste es ahora una joven que soportará la guerra y conocerá las embestidas de los tanques.
No te preocupes, la hallarás abatida cuando regreses, sí, tal vez herida,
pero plantada en su sitio, meciendo su alma destrozada, reparando las ventanas rotas de su pecho,
y tú, como un padre, te preguntarás cómo vendar sus heridas.

                                                                                  [p. 101]

[Ref.: Nasser Rabah. GAZA: el poema hizo su parte. Ediciones del oriente y del mediterráneo, Madrid 2025; Traducción del árabe: Alberto Benjamín López Oliva]

*

De poeta palestino, Mahmud D., en muro externo de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, Bloque C:

[Texto ampliado de mi columna en “La Patria”, domingo 08.II.2026]

Compartir: