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De creencias e increencias. Diálogo con Equis

Equis.¿Qué creencias has abandonado con el paso de los años?

 

La primera de todas fue la religiosa. Recuerdo bien el momento en que ocurrió. Tendría tal vez unos 16 o 17 años cuando me dije, como hablando conmigo mismo, que toda esa historia de un dios supremo y todopoderoso no era sino un cuentico para ingenuos. Pero, cosa curiosa y harto sintomática,  me repetía al mismo tiempo que no debía tener miedo al afirmarme en tal increencia. Eso significa que, a pesar de mi lucidez, temía de alguna manera asumir plenamente mi afirmación. Hecho sintomático, digo, pues ello muestra bien cómo la creencia religiosa se afinca precisamente en el temor ante un ente que intimida. Fíjate que el relato bíblico de la conversión de Saulo (Hechos, 9, 6) se basa en una escena en la que ese Dios mayúsculo y amenazante se manifiesta como un resplandor y una gran voz que lo hace caer de su caballo en el que iba camino a Damasco, y que lo presiona en cierta forma a creer en él. Es el preliminar a su transformación en el futuro apóstol Pablo algo más tarde (Hechos 9, 10-19).

Equis.Pero, entonces, ¿tu increencia atea se basa también en una especie de conversión?

 

Sí, eso creo, aunque se trate de una conversión ejercida por la racionalidad, y no en el miedo. Es de hecho una ruptura a nivel de la conciencia, un cambio radical, la entrada en un terreno nuevo y el abandono de otro. Es todo eso lo que define a la conversión.  Es como un abrir los ojos. Podemos referirnos a la Biblia nuevamente, porque la metáfora de « abrir los ojos » es también utilizada para explicar la conversión de Pablo. Pero, hecho otra vez curioso, Saulo abre los ojos para no ver nada (Hechos, 9, 8). Es por eso que lo conducen por la mano a Damasco, donde persiste tres días en su ceguera y en ayuno. Después, dios interviene de nuevo y por intermedio de Ananías Saulo deviene Pablo al recuperar la vista y bautizarse. 

 

Equis.¿Por qué Pablo no se convierte inmediatamente al oir la voz y ver el resplandor? ¿Qué significa la mediación de Ananías?

 

Muy buena pregunta. Pienso que la intervención de Ananías es una manera de introducir la figura de un intermediario entre él y su propia creencia. Es una conversión religiosa que lleva a adherir a un grupo. El bautizo es el símbolo de ese grupo, es decir, de la iglesia. Vale la pena subrayar ese hecho, porque ello deja ver que toda creencia es asimismo un arraigamiento en una comunidad, en una sociedad. Se cree porque los otros creen también, porque nuestro entorno familiar nos condiciona e instala desde pequeños en la creencia. El peso ejercido por la familia y la sociedad es pues determinante. Es lo que explica igualmente el miedo que puede manifestarse al romper con la creencia. En realidad, no se rompe sólo con una idea, sino sobre todo con el condicionamiento familiar y social. 

 

Equis.¿Y en el caso de la conversión atea?

 

En la conversión atea el grupo es irrelevante. Ella es más bien del orden de lo individual. 

 

Equis.Además no hay iglesias ateas; sería como una contradicción en los términos, ¿no te parece ?

 

Existen asociaciones de librepensadores o grupos racionalistas ateos, pero no son iglesias, por supuesto, ya que no están cohesionados por ningún ritual. 

 

Equis.Tampoco hay dogmas o cosas así.

 

Bueno, hay la creencia cohesionadora de la inexistencia de dios, especie de dogma, sin duda. Pero no hay rituales ni exclusiones alrededor. Es una creencia que agrupa, pero que no excluye como un tabú.

 

Equis.No creer en dios no es un dogma. Es una constatación racional.

 

 Yo no diría constatación, porque dios no es del orden de lo material verificable. Pertenece a lo simbólico, terreno donde no actúan los procesos de verificación. 

 

Equis.Bueno, discutir al respecto es un asunto sin fin. Dime más bien cuál fue tu segundo abandono de una creencia.

 

La segunda fue la distancia asumida ante el marxismo, especie de religión laica, sin duda. Esa sí me condujo al abandono de un grupo: el partido comunista, en un primer momento, en el que milité muy poco tiempo, y después la Cuarta Internacional trotskista a la que pertenecí más tarde. Sea como sea, fue también una liberación y un abrir los ojos, claro está. Para mí fue decisiva, porque me conduce a encontrarme a mí mismo a través de la escritura. Me lleva a introducirme de pleno en el mundo, en lo cotidiano, ya que la militancia política comunista, como la religiosa, son formas de evasión. 

 

Equis.Qué entiendes por ello. Explícate un poco.

 

La militancia comunista se basa en el rechazo y la condena del mundo tal cual lo hereda uno al nacer. Ese tipo de formación política se explica y autogenera gracias a la crítica radical de la sociedad en la que ella vive. Es lo que Marx denomina también « el estado de cosas » ; condenable, en su caso, en cuanto «capitalista». Ese anticapitalismo a ultranza se arraiga en el mismo tipo de ilusión salvadora que caracteriza a la religión, la cual proclama un mundo del más allá, similar a la sociedad sin clases postulada por el pensador alemán. Por su lado, la religión es una manera de protegerse de la adversidad de lo mundano, de este mundo « dañino », «pecador» o como se lo quiera llamar. Como ves, los extremos se tocan. Ambos se evaden del aquí y ahora a través de una utopía pretendidamente liberadora. Ambos están unidos por un mismo propósito moral, pero el marxismo lo oculta bajo una apariencia pretendidamente científica.

 

Equis.Estoy seguro de que ningún marxista aceptaría dicha apreciación.

 

Por supuesto. La polémica acerca de si esa doctrina es una religión, o no, es ya bastante vieja, y ha ocupado a figuras tan destacadas como Henri de Man o Raymond Aron. Sinembargo, en mi opinión, el argumento continúa aún dando de qué discutir, síntoma claro de su carácter fructífero. Y eso es ya mucho, dado a que en este tipo de asunto, como ya he dicho, no hay posibilidad de verificación material, es decir, válida cientificamente. 

 

Equis.¿Cómo definirías la religiosidad propia al marxismo?

 

Creo que puede afirmarse que es una religiosidad laica, aunque parezca una contradicción. Digo laica, porque no cree en dios, claro está. El marxismo es ateo desde su inicio y en su definición. Pero es un ateísmo que instala en el lugar que ocupa dios en la religión, nociones y creencias inamovibles y con pretensión de validez universal, es decir, del mismo peso que aquél. Pienso en la postulación de una sociedad futura sin clases ni explotación, basada en una fraternidad humana absolutamente ilusoria y que culminaría en una sociedad más o menos paradisiaca.

 

Equis.Y además, todo ello postulado como un conocimiento científico ineludible.

 

Exacto. Yo creo que eso posibilitó su expansión, porque se presentaba como el cúmulo del saber científico de su época. La revolución rusa más tarde, es decir, el leninismo y el estalinismo posterior, harán del marxismo el saber por excelencia, el molde básico a partir del cual otros saberes debían adecuarse o se explicaban. Era como un saber absoluto a lo Hegel. 

 

Equis.Has manifestado una cierta distancia ante aquellos que critican el mundo tal cual lo hemos heredado, has dicho. ¿Podrías profundizar algo ese punto? 

 

Me refiero al hecho de que esa crítica expresa un rechazo de la realidad en la que vivimos, del presente en el que nos movemos. Es el caso del llamado movimiento «altermundialista», por ejemplo. Se añora así otro mundo distinto, manifestando de tal manera una incapacidad para moverse en el aquí y ahora. Son posiciones marcadas por la añoranza, anheladoras de algo que no existe. Eso no significa que yo rechace la crítica en general o de que esté postulando que nuestro mundo es impoluto y perfecto. Creo que estaremos siempre moviéndonos en una realidad que no nos satisface de manera absoluta. «Imperfecta», en cierto sentido, por cuanto no se adecúa siempre a nuestros deseos. La crítica es pues necesaria y practicamente inevitable en ciertos momentos, pero a condición de que nuestros deseos no se suplanten al mundo real. 

 

Equis.Todo eso forma parte del sentido común

 

Pero que es puesto de lado por un armazón teórico propuesto como panacea. Ahora bien, hay otro aspecto de ese desprecio o ignorancia de la realidad, que se expresa en el ocultamiento de hechos fundamentales del siglo veinte: la existencia del Gulag, la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Para decirlo de manera rotunda y precisa: es asombroso que, a pesar de hechos tales, persistan en ciertos países individuos y partidos comunistas que continúan promoviendo lo mismo que condujo a esa catástrofe (el Gulag) o que se opongan o desvaloricen sucesos benéficos como los dos últimos mencionados. Vladimir Putin, por ejemplo, quien considera que el derrumbe de la URSS fue una desastre, o el filósofo maoísta Alain Badiou, que continúa proponiendo el comunismo como una «hipótesis» válida aún. He ahí dos ejemplos destacados de esa ceguera ante la realidad y de la nostalgia que se esconde detrás. 

 

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Edición No. 188