De paso por Madrid

Otro libro que me conquista es “Lisboa” de Fernando Pessoa, en la editorial Eneida. Un autor de mis pasiones, quien a los 8 años va a dar a Sudáfrica, con regreso a los 17 a su Lisboa del alma. Toda la vida se la pasa intentando rescatar la ciudad de su más tierna infancia, sin lograrlo. El libro es una guía de la ciudad, con meticulosa descripción de lugares físicos y la memoria de los creadores nacionales y de extranjeros que tuvieron a Lisboa como referente. En 1924 Pessoa escribió, quizá un año antes de esta guía, su canto “Lisboa Revisitada” en el que recuerda la niñez, con pavor o con sentido de pérdida. La guía fue publicada primero en portugués a los 35 años de la muerte del autor. Vida de padecimientos la de Pessoa, consumiéndose en lo físico, bullente de espíritu, con afloramiento continuo en sus heterónimos. Se nos fue de la vida a los 47 años, envejecido prematuramente.
Sin desprender la vista de estantes y mostradores, me salta de pronto “El arte y el espacio” (“Die Kunst und der Raum”), de Martin Heidegger, obra bilingüe de apenas 45 páginas en editorial Herder, que incluye aclaraciones y notas. Ensayo originalmente publicado en 1969 en apenas 150 ejemplares, acompañado de disco con grabación del autor leyéndolo, del manuscrito autógrafo y de siete litografías del escultor Eduardo Chillida, vasco, conocido por el autor, a quien el ensayo está dedicado. En él Heidegger indaga por la naturaleza propia del espacio en el que el artista plástico realiza su obra y el del científico (Galileo o Newton), con una mirada hacia la posibilidad de dominio que tenga el uno o el otro. La indagación profundiza en intentar saber si es posible adjudicarle condición de “ser” al espacio, pero para responder el pensador sugiere la necesidad de experimentar lo peculiar del espacio, con la opción de manifestarse como indeterminado en la obra de arte. Pero llega a estimar que “espaciar es libre donación de lugares”, en el sentido de emplazamiento y congregación de cosas, con la ambición de ser preservadas. El ensayo concluye preguntándose por lo que sería el vacío del espacio, pero sin parangonarlo con la “nada”; es decir, el vacío como la disponibilidad que queda de ese espacio para algo al vaciar un recipiente.
Otro libro de hallazgo: “El cuento” de Joseph Conrad, en la editorial Alpha Mini, que recoge en realidad dos cuentos, uno dentro del otro. Revive el talante del autor, sin faltarle el desapego a la fatal condición de la naturaleza humana, con su habitual meditación sobre el bien y el mal, en perseverante búsqueda de una verdad inasible. De Herman Melville me encuentro “Viajar”, también pequeño libro de editorial Gadir, con tres textos sobre el viaje. Luego vino “Baladas de la memoria” de Pedro Lastra, diminuta gran antología del eminente académico y poeta chileno, en edición conjunta de “La cruz del sur” y “Pre-textos”…
Desde Viena, en Austria, junio 2011
[“La Patria”, 12.VI.2011]
