NOTAS: Reseña de «Los dormidos y los muertos»; Gonzalo Arango y la estética del Nadaísmo; Fernando González, filósofo
“Los dormidos y los muertos”(por José-Ignacio Arias A.). La novela Los Dormidos y los Muertos, de Gustavo López (Rey Naranjo Editores, Ed. Delfín SAS, 2018), me lleva a una escena doméstica, ocurrida al menos una década atrás, cuando en su casa y entre otras cosas como gran anfitrión, me condujo a su estudio y dio lectura a un párrafo; esta lectura que daba inicio a una futura novela, no fue traído a la memoria al leerlo nuevamente en la pág. 41: ”…, y en el senado Laureano Gómez suspendió el discurso que daba sobre el sarampión constitucional para ordenar…”.
En ese entonces, este encuentro se reanudó con mi padre quien tenía la costumbre, que lo caracterizaba, de abordar temas o personajes generadores de polémica, discusión o argumentos emocionales por medio de un anécdota o relato, creando un cambio de actitud y, especialmente una percepción de ingenio y creatividad en sus contertulios; en esta ocasión abordamos el tema de Laureano con la fantasía de haber sido mi padre mismo, tributario de una distinción connotadísima por parte del INDERENA (Instituto de Recursos Naturales Renovables) puesto que como miembro perteneciente al partido conservador y de los pocos y más probablemente el único sujeto conocido como Laureanista, había sido merecedor a un carnet de esta institución por ser una “especie en vía de extinción”. Luego de esto y tras un corto pero intenso cambio de opiniones, anécdotas y referencias- la mayoría de todas ellas sin soporte bibliográfico alguno- me entregó algunos de los discursos, de este personaje, en forma de CD con la indicación clara de que se los hiciera llegar al autor; asunto que atendí en aquella época a la mayor brevedad posible.
Esta anécdota surge, obviamente, al margen de la novela de nuestro colega y amigo; pero me permito narrarla pues hallo en su trabajo una labor ardua y perseverante, entre otras cosas de varios años, en la recopilación de datos de los personajes con la mayor exactitud y precisión posibles. Permite vislumbrar el ansia de tener un rigor histórico, al situar en la actualidad las diferentes cuadros y memorias, darles coherencia cronológica dentro del texto en forma acompasada y en ocasiones, en forma de vórtice.
Cada una de estas partes de su obra como figuras literarias y más que figuras con la apariencia, para el lector, de lo que me atrevo a denominar como “cuadros”; éstos muy bien ilustrados y especialmente narrados, lo cual permite que cada uno tome solidez dentro de la lectura del texto. Al estar situados sobre una obra concreta se aprecia cómo una forma creativa, si se tratase de un rompecabezas. El problema para identificarnos con esta forma de trabajo radica en la manera de acoplar los diferentes textos y segmentos, lo cual se ilustra con la anécdota del rompecabezas; de esos que se instalaban en las mesas de comedor de las casas y que hacían participar a los diferentes miembros de la familia, durante algunas semanas; pero para el pequeño sobrino que queriendo ayudar e integrarse, simplemente toma una pieza al azar y exclama: “tío: ponga ésta”.
Ante esto releemos algunos textos y nos damos cuenta de que como labor de orfebrería se dedicó a pulir, recortar y tallar las aristas y lados de cada pieza para permitir que coincidieran y la narrativa no se interrumpiese saltando en forma abrupta de un párrafo a otro.
Uno de estos recursos aparece en la interpretación de la poesía de los españoles Blas de Otero y Gabriel Celaya: “…, tan atormentados y agónicos, es decir, tan españoles, …” (pág. 262) sujetos producto de un conflicto y guerra civil por ellos experimentado.
Su estructura nos lleva lenta, pero en forma segura al vórtice, diseñado desde un comienzo, al estilo de “thriller”, en el cual, como nos lo ha dictado la experiencia, estamos en un medio en el que las cosas no son lo que aparentan. Esto al mejor estilo de Paul Johnson cuando nos narra: “El periodista oficial Nicolás Greech subrayaba los siguiente: “Los miembros del pueblo están afectados por muchos males. Por consiguiente, la policía, y una policía severa, es necesaria para el Estado como para todos los individuos”” (Paul Johnson, El nacimiento del mundo contemporáneo moderno, Javier Vergara Editor; pág. 701). Por último, el reconocimiento que hace el historiador de la ambivalencia de las acciones políticas de los mandatarios: “Nicolás terminó con un estado más autocrático que el que había heredado” (pág. 690).
En fin, una novela digna de leerse y con características nacionales y locales que inspiran recuerdos, anécdotas y, especialmente, que nos avisa que tenemos de nuestra historia muchas preguntas sin resolver.
Gonzalo Arango: principios estéticos del Nadaísmo(por María-Dolores Jaramillo). El Primer manifiesto nadaísta escrito por Gonzalo Arango en 1958, hace 60 años, parece haber sido leído con desdén. Porque en él cifra el autor antioqueño todas las ideas estéticas básicas del nadaísmo, y expone su renovadora propuesta artística. La que muchos lectores y escritores despistados aun se preguntan dónde está. O que incluso se atreven a negar.
G .Arango inicia estableciendo las diferencias entre la poesía y la política, y hace una separación indispensable frente a la literatura comprometida o ideológicamente afín con determinadas posiciones partidistas. Llamada en nuestros días literatura politizada o ideológica o militante. Señala en 1958 que no se debe hipotecar la poesía a ideas de orden social, religioso o político.1Porque son servidumbres ajenas a su auténtica esencia imaginativa y libre.
El Primer manifiesto formula la necesidad de una nueva estética.2Diferente del romanticismo, el modernismo, el parnasianismo, el piedracielismo, y otras formas literarias tradicionales. Es la primera tarea que se propone el nadaísmo, y el primer tema que desglosa el primer manifiesto. La búsqueda de una nueva poesía y una nueva estética que recoja los caminos que marcan las vanguardias artísticas internacionales del siglo XX, principalmente el surrealismo, el simbolismo, el dadaísmo3, el cubismo o el futurismo. Se refiere Arango a una poesía más libre, que excluya la lógica unificada, los preceptos de la retórica, las obligaciones del ritmo o de la rima, los cánones de la belleza clásica, el predominio sentimental y el dominio de una razón unificadora. Los nadaístas proponían una poesía más experimental, de asociaciones libres e imágenes arbitrarias. De nuevas y variadas sensaciones. Sin leyes. Ni reglamentos. Ni imposiciones restrictivas. Que pudiera abarcar la intuición, el sueño, lo irracional, y no solo lo reconocido y aceptado como realidad.Una poesía que pudiera hablar de una vocal verde, o de un pájaro ebrio de existencia. Que incluyera el fragmento, la desvertebración, lo inconcluso, lo no real, lo absurdo, lo inverosímil, lo patológico, lo prohibido, lo inquietante.4Y no solo lo ideal o sentimental, o religiosamente correcto, de la poesía más general que se escribía en Colombia cuando surge el grupo.
Gonzalo Arango se aleja de las teorías del genio. Habla de la condición humana del poeta. Lo iguala con los demás hombres. Lo retira del ámbito de la divinidad. De la inalcanzable torre de marfil. Separa la poesía de la moral, del adoctrinamiento, del proselitismo, y afirma que la poesía carece de función social.5 Y defiende la libertad como el atributo esencial y primero de la poesía. Esta nueva visión estética se formula desde el primer momento, desde el Primer manifiesto nadaísta. Es una nueva concepción de la belleza que se encuentra, por ejemplo, en la poesía de Gonzalo Arango , Amílcar Osorio o Eduardo Escobar. Una concepción más moderna que el modernismo y el parnasianismo, que buscó integrar las distintas propuestas estéticas de las vanguardias artísticas europeas y norteamericanas: Breton, Baudelaire, Mallarmé, Valéry, Dali, Rimbaud… y dar un giro más fresco, renovado y personalizado a la poesía colombiana.
Se refiere G.A., desde el Primer manifiesto, de forma directa a Breton y a Mallarmé como faros que iluminan la estética nadaísta.6 Las nuevas ideas estéticas de surrealistas y simbolistas, principalmente franceses, impulsan y acompañan las primeras reflexiones estéticas de los nadaístas.7 Y les ayudan a observar el estado anacrónico de los poetas colombianos de su tiempo. Y a desear forjar una nueva poesía, de mayores libertades, menos uniforme, más creativa, y desprendida de todo sistema fijo, esquema o dogma. Esta nueva estética, fundada en la libre asociación, las ideas libres, la escritura libre, el libre pensamiento, y la libertad formal, constituye la estética nadaísta. Una estética de amplia libertad creadora, exploración arbitraria, y libertad intelectual, vigente hasta nuestros días.
Referencias
- Arango, Gonzalo. Primer manifiesto nadaísta. Medellín: Ed. Sílaba, 2018, p. 6
- Arango, Gonzalo. Opus cit., p.p. 5, 6, 7, 8, 9
- El manifiesto Dada fue el primer manifiesto del movimiento dadaísta, escrito por Tristan Tzara en 1918, 40 años antes del primer manifiesto del nadaísmo. ( Zürich,Revista Dada, No. 3, 1918)
- Arango,Gonzalo. Opus cit., p.p. 8 y 9
- Arango, Gonzalo. Opus cit., p. 5
- Arango, Gonzalo. Opus cit., pp. 7, 8, 9, 10.
- Aunque Gonzalo Arango intenta en el Primer manifiesto negar los parentescos estéticos, y las influencias…Tal vez no es necesario negarlas…Porque todo trabajo artístico tiene antecesores e influencias, y el crítico tiene la libertad de detectar y establecer relaciones y similitudes, y apostar influencias. Porque «no existe cultura solitaria, ni desvinculada de los intereses universales», como dirá el propio Gonzalo Arango en la página dieciocho del muy interesante Primer manifiesto.
Fernando González, filósofo(por María-Dolores Jaramillo). Algunos piensan que Fernando González no fue un filósofo porque su pensamiento no se tradujo en moldes y pirámides de piezas bien encajadas. Porque se esbozó por medio de frases cortas, textos breves, cuasi aforismos, y goteo. Porque no pretendió crear un sistema de pensamiento cerrado o absoluto. Porque no apoyó sus ideas en el metalenguaje frecuente al que recurre la filosofía tradicional. Porque no habló de imaginarios seres y entes, como lo hizo Heidegger. Porque no fue verborreico. Porque colocó el humor al lado de la reflexión.
Sin duda Fernando González escogió otro camino filosófico. Y otro lenguaje para exponer su pensamiento: un lenguaje contenido, cotidiano, y conversacional. Y decidió otro método filosófico. Utilizó el pensamiento como instrumento de cuestionamiento continuo y fuente de meditación incesante. Antepuso la duda a la certeza y convirtió la pregunta en instrumento analítico.
Fernando González se separa de la tradición de la verdad única. De las respuestas absolutas de la filosofía tradicional, para sentirse más confortable con la pregunta permanente, y la respuesta temporal y fragmentaria. Para el escritor de Otraparte la única verdad posible es breve, pasajera y móvil. No habló con categorías impresionistas. No se apoyó en los principios metafísicos aunque compartió algunas ilusiones del catolicismo y la religión, como producto inevitable de su condición de antioqueño de su tiempo. Reflexionó sobre creencias e ideas sin adhesión a priori, y contrapuso distintos puntos de vista sin el freno de los prejuicios morales y religiosos, o los convencionales partidismos ideológicos.
Las preguntas del antioqueño reflejan su interés por pensar de nuevo, y por sí mismo, cada tema y problema. Su ejercicio de reflexión se plantea como introspectivo. Como diálogo consigo mismo. Sus libros son vivenciales y no doctrinales. Personales y no apologéticos. Reflexivos y no dogmáticos. Construyó su pensamiento basado en la duda y el cuestionamiento continuo. No pretendió crear escuela ni convencer discípulos. No fue un filósofo universitario, apoyado en andamiajes conceptuales, ni hombre de mirada ortodoxa o impresionista. No fue un filósofo adscrito a una moda académica o a una escuela filosófica. Fue un pensador solitario y excéntrico, -como los mejores pensadores-, quien trató de resolver por sí mismo y con amplia libertad preguntas y contradicciones.
El escritor Freddy Téllez traza el perfil de algunos nuevos filósofos franceses y europeos con características similares: Albert Caraco, Clément Rosset, Emilio Cioran y Michel Onfray. Escritores que “producen su pensamiento en sus propios rincones y sin mucho ruido” a partir de la duda y el “cuestionamiento perpetuo”, dirá. Que generan también una reflexión abierta y eternamente inconclusa. Y recuerda que Diógenes de Sinope, Pirrón, Shopenhauer o Nietzsche fueron “hombres afincados en sí mismos”. En lucha incesante consigo mismos, entre la lucidez y la ilusión.(Freddy Téllez. “Filosofía, exilio y utopía”. Diálogo con Freddy Téllez. Revista Palimpsesto No. 4, U. Nacional de Colombia, 2004, pp. 140-148)
Para Fernando González, lo mismo que para Nietzsche, la filosofía es una confesión de intimidad. Un ejercicio solitario y progresivo de desnudez. Un cuestionamiento continuo de “verdades” aprendidas, impuestas o heredadas.
Se pregunta por el amor, la patria, la educación, la política, las contradicciones humanas, la vida, la muerte, o las costumbres. Habla de religión, de las personas que conoció, de las ilusiones del amor, de Dios, de la belleza femenina o la castidad. Y se aproxima a cada tema con respuestas propias y singulares. Sin esquemas previos. Sin lenguaje artificioso. Sin respuestas uniformadas. Descubre un nuevo pensamiento filosófico en su acercamiento a los problemas o interrogantes, utiliza como método la indagación permanente, y cree en el carácter breve, provisorio e inconcluso de las respuestas. La más reciente y nueva filosofía contemporánea trabaja con los mismos presupuestos. No ofrece ni pretende generar sistemas completos e inamovibles, ni tampoco responder todas las dudas. La nueva filosofía quiebra certezas, replantea temas, reformula preguntas, e intenta respuestas breves y provisionales, siempre ajustables, y acompañadas de las indagaciones de la ciencia y otras disciplinas.
Fernando González es un filósofo en el más estricto sentido. Un hombre que con lectura, estudio y observación se cuestiona y busca mejores respuestas; quien, en reflexión consigo mismo, selecciona argumentos y razones, y trata de proponer pequeñas luces. Se distancia, como Nietzsche o Cioran, de las verdades absolutas que caracterizaron la filosofía tradicional y la teodicea. Nietzsche decía que a los pensadores “les faltaba hacer crítica con independencia de los prejuicios morales”, y poder deslindar la filosofía de los preconceptos. González piensa y evalúa muchos conceptos. Crea nuevos. Sus escritos muestran autonomía conceptual e independencia intelectual. Sus creencias no son las mayoritarias. No repite lugares comunes. Quiso independizarse de la herencia conceptual del pasado. Y comparte la honradez intelectual y la transparencia que corresponden al auténtico filósofo. El intento por construir sus propios juicios. Y su filosofía, a diferencia de la occidental, está entrañablemente ligada a la vida. A González lo conocemos como un admirador de W. Withman, H.P. Thoreau y Ralph Waldo Emerson, y sus visiones del mundo, que además de poéticas, son formulaciones filosóficas sentadas en la contemplación. (Véase Jorge Iván Correa, grupo de estudio sobre la obra de Thoreau y su relación con Fernando González. Talleres de la Coorporación Otraparte, 2018)
El pensamiento filosófico de Fernando González se expresa en todos sus libros.Cartas a Estanislao,publicado por primera vez en Manizales en 1935, es un libro de confidencias autobiográficas, con muchos momentos filosóficos interesantes. Fernando González exhibe a lo largo de la correspondencia -como dice Estanislao Zuleta Ferrer-, toda “la capacidad de impertinencia” propia del pensador, y su “hacer filosofías”. (F. González. Cartas a Estanislao. Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, 1995. Págs. 19, 23, 39, 55, 75, 78, 99, 100, 116, 117. En la página 19 él mismo se denomina filósofo).
El libro de Javier Henao-Hidrón, “Fernando González, filósofo de la autenticidad”, es uno de los primeros en reconocer el carácter y valor filosófico del escritor de Otraparte. J.Avski, en Fragmentos de sombra. Una biografía intelectual de Fernando González,lo rescata como filósofo aficionado y filósofo de lo fragmentario, y aporta muy buenos argumentos filosóficos para reconocerlo como filósofo.
Y la condición de “filósofo rumiante”, como recuerda Joseph Avski que se consideraba Fernando González a sí mismo. Nishida Kitaro, filósofo japonés, dice que la filosofía es la transformación de una conciencia ordinaria en una conciencia despierta. Para Nietzsche radicaba en el alejamiento de las explicaciones y valores caducos y antagónicos, y la ampliación de la libertad del espíritu. Y para Fernando González fue una acción vital, una forma de interrogar la vida, y explicarse a sí mismo. Fue un pensador de la duda diaria, de la incertidumbre, de las respuestas incompletas, de las contradicciones grandes y pequeñas.
Hemos recibido… “Puesto de Combate – La revista de la imaginación”, No. 85 (2018): edición muy especial, como suele ocurrir con esa importante publicación. Está el ensayo “Vicisitudes y sospechas en la obra de María-Mercedes Carranza”, de Juan-Carlos Moyano, acompañado de cuatro poemas preciosos de la Carranza; “La mujer de Lázaro – Sylvia Plath”, de Fernando Hernández-Vélez; “Raúl [Gómez-Jattin] en Santa Marta”, de Hernán Vargascarreño; Muestra de la singular poesía de Luis Mizar Maestre (1962-2015). Asimismo, se recoge una valiosa muestra de la poesía de Gerardo Rivera, Mery-Yolanda Sánchez, Eugenia Sánchez-Nieto, Santiago Uribe, Patricia Suárez, Beatriz Vanegas-Athias, Nora Carbonell, Fadir Delgado-Acosta, Dévora Dante (Luz-Estella Galeano V.), Mariana Ossa, Andrés Galeano, etc. También incorpora la significativa entrevista con la escritora colombiana residente en Madrid, Consuelo Triviño-Anzola. Y otros materiales en cuentos y reseñas, todos de importancia. El director de la Revista, Milcíades Arévalo, portento de las letras y de la imaginación, ducho en sortear con logro emprendimientos portentosos en la Cultura.
De igual modo hemos recibido “Otrosí digo”, la poesía de Marcos Silber (Ed. Letra a Letra, Bogotá 2018). “Envío vers.o.s – Obra re-unida 1993-2018”, de John Galán-Casanova (Ed. Letra a Letra, Bogotá 2018). En la misma editorial Letra a Letra, que dirige la talentosa e incansable Luz-Eugenia Sierra, siguen apareciendo volúmenes de la colección “Poesía letra a letra”, los más recientes: “¿Y la alegría?”, de Anabel Torres; “La mirada del huésped y otros poemas”, de José Zuleta-Ortiz; “La poesía es un viaje”, de Robinson Quintero Ossa; “La mala parca”, de Santiago Mutis-Durán.
El “Boletín de Música” Nos. 46-47 (mayo-diciembre, 2017), de Casa de las Américas. “El Eafitense” No. 115 (Universidad Eafit, Medellín 2018)