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Revista Aleph No. 161
(Abril/Junio, 2012 – Año: XLVI)

Edición monográfica dedicada a los 300 años del nacimiento de
Jean-Jacques Rousseau
Ilustraciones principales (4) de Pilar González-Gómez

También puede accederse a la edición completa en las siguientes plataformas:
http://es.calameo.com/read/00094832816c264fff1c9
http://ntc-documentos.blogspot.com/2012/05/blog-post.html

Jean-Jacques Rousseau: la modernidad cuestionada

En octubre del año de 1749 Diderot fue enviado a prisión durante un mes en el Castillo de Vincennes, por haber publicado su Carta sobre los ciegos para uso de los que pueden ver, acusado de ser un libertino intelectual, dado el tono escéptico que le imprimió a su escrito y por defender en él posturas agnósticas. Mientras Rousseau camina desde París para visitarlo en aquel verano, especialmente intenso, rendido de calor y fatiga, a menudo se detiene para descansar bajo la exigua sombra que producen los árboles podados. En uno de esos momentos de reposo, leyendo El Mercurio de París, descubrió la pregunta que por entonces formuló la academia de Dijon para un concurso del premio de moral de 1750: Si el restablecimiento de las ciencias y de las artes ha contribuido a depurar las costumbres.

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Rousseau y la música: las razones del corazón

Autodidacta y eterno diletante, quien llegaría a ser uno de los pensadores más influyentes, leídos, proscritos y perseguidos de Europa, en un siglo iluminado y libertario, declara no saber cómo aprendió a leer, al no haber frecuentado realmente la escuela. Apenas salido de la infancia Jean Jacques Rousseau, destinado por herencia paterna a la actividad de relojero, hace un breve tránsito como aprendiz de escribano y grabador, mas no pisó un aula universitaria y su formación, hecha a jirones, es un modelo de informalidad.

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Notas sobre algunas polémicas de Rousseau

La principal de las polémicas con Voltaire aparece en la carta de agosto 18 de 1756, donde Rousseau refuta con detalle la idea central del Poema sobre el desastre de Lisboa, idea según la cual la existencia humana estaría dominada por la desgracia, como si el mal tuviera una raíz metafísica, a lo cual Rousseau responde que su único origen es de carácter social y que su fuente está en las desigualdades y no en los fenómenos naturales. Terremotos se presentan por todas partes, el problema está en que los hombres viven aglomerados en grandes ciudades.

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Rousseau: intempestivo y actual

Trescientos años después de su nacimiento, el 28 de junio de 1712, en Ginebra, "ciudadano de un estado libre", como dice al comienzo del Contrato Social "o Principios de Derecho Político", publicado en 1762, resulta paradójico el modo de actuar de Rousseau, si se le compara con su pensamiento.

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Ecos del Rousseau pedagogo

Me hacen reír esos pueblos envilecidos que dejándose arrastrar por agitadores osan hablar de libertad sin siquiera tener su idea y –el corazón lleno de todos los vicios de los esclavos– se imaginan que para ser libres basta con ser rebeldes.

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Rousseau, el libertario

El ensayo que se abre en estas páginas gracias a esta hospitalidad tan propia de Aleph, es reelaboración de un proyecto de libro de 1988 en torno al ginebrino, el cual incluía la traducción del Contrato Social, misma que en más de la mitad yace en los archivos de mi computador. En la evolución de mi pensamiento y vida, la lectura de Rosuseau, iniciada con mucha intensidad en la segunda mitad de los años setentas, fue fundamental para realizar el tránsito de la obsesión del Estado a la pasión por la Nación, o, en los términos de la teoría dramática de la sociedad que elaboro y ya pronto saldrá al público en forma de libro, del mundo de los sistemas sociales (poderes económico, político, mediático y académico) a los mundos sociales de la vida.

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Las enfermedades de Jean-Jacques Rousseau

Juan-Jacobo Rousseau (1712-1778) fue y es una figura incómoda en la tradición histórica de los intelectuales. Más allá de su rechazo al progreso de las ciencias y de las artes, de su idealismo romántico por el "buen salvaje" americano, de sus profundas contradicciones personales, de sus conversiones religiosas hipócritas, de ser un precursor ideológico de los totalitarismos políticos modernos, lo que no se le perdona es su repudio radical al proceso mismo del pensamiento racional, que dejó bien expresado en su comentario: "Si la naturaleza nos ha destinado a estar sanos, casi me atrevo a afirmar que el estado reflexivo es un estado antinatural y que el hombre que medita es un animal depravado".

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Contenido de la edición impresa

Los 300 años de Jean-Jacques Rousseau (1712-1789) 1. Rousseau: la modernidad cuestionada/Carlos-Alberto Ospina H./ 2. Rousseau y la música: las razones del corazón/Valentina Marulanda/ 3. Notas sobre algunas polémicas de Rousseau/Iván-Darío Arango/ 4. Rousseau: intempestivo y actual/Marta de la Vega Visbal/ 5. Ecos del Rousseau pedagogo/Heriberto Santacruz-Ibarra/ 6. Rousseau, el…

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