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Eduardo Escobar: esplendor verbal y lúcido razonamiento

Eduardo Escobar, como su muy querido y admirado Fernando González, prefirió la vida del espíritu y del exilio lector.  Poeta. Novelista. Prosista. Pintor. Ensayista. Crítico. Melómano. Certero retratista. Como el escritor de Otraparte, mira la tontería y la maldad humana, con lucidez, humor  y desencanto. Sin mucha esperanza sobre la suerte de la especie humana. Y también se examina continuamente, y se flagela a sí mismo. En las tentaciones. Las dudas. Los errores.

Formado en los valores cristianos, con los padres escolapios y los hermanos maristas, primero, y luego en el seminario de misiones extranjeras de Yarumal, Antioquia, su escritura afirma una ética sin concesiones. De reflexión y rebelión contra la descomposición y transposición de valores. Ejercicio permanente de enjuiciamiento y replanteamiento moral. Contra la corrupción y la codicia. Las enemistades y los resquemores. En defensa de la solidaridad, la justicia, la protección del débil, el respeto de las diferencias, la autenticidad, el despojo de la mentira,  el coraje para decir la verdad…

En medio de la música y la lectura, el sol y los frutales, encuentra la fuerza para resistir los abatimientos y golpes que intercambia la vida. Sobrevive con el canto del sinsonte. O bajo una noche estrellada.  Es racional y supersticioso. Místico y razonador. Mordaz e iluminado. Poeta, soñador y alquimista. Observador minucioso. Obstinado. Hombre elocuente. Locuaz. Modesto. Lector de historia y espiritismo. De biografías. De literatura y esoterismo. De política y astrología. De ciencias y mitologías. De poesía y filosofía.   Estudioso. Bohemio diplomado. Lo guía la inagotable concupiscencia del saber.

Su influencia se ha extendido a varias generaciones, y perdura su fina poesía tallada a mano, sus crónicas humorísticas, su prosa melodiosa y reflexiva, y su esfuerzo generoso por presentar, recordar y homenajear a algunos grandes escritores, principalmente de los siglos XVIII, XIX y XX, que influyeron y moldearon a los nadaístas: Flaubert, Voltaire, Rimbaud, Baudelaire, Maiacovski, Beckett, Camus, Nabokov, Gide, Wilde, Proust, Mann, Nietzsche, Celine,  Fernando González, León de Greiff, Gonzalo Arango, entre otros, y que son revistados en su libro de ensayos más reciente, Cuando nada concuerda (2013).

Con fidelidad ha disfrutado la literatura desde la juventud, y hoy ofrece a los lectores una obra múltiple, rica en temas, perspectivas, relaciones, tonos y sentimientos. Profunda, lúdica, e imaginativa. Muy bien afinada. Prosa melódica, poemas sugestivos de ajustadas y diversas construcciones, ensayos críticos, una novela de artista, fábulas, epigramas, crónicas del malestar de la cultura, misceláneas, digresiones, poesía de intimidad, agudos análisis y opiniones, divertimentos, reflexiones humorísticas y mordaces, diatribas, alabanzas, notas autobiográficas, homenajes de amor e ingenio, memorias nadaístas y familiares, manifiestos literarios, artículos históricos, lúcidas meditaciones, abundantes confesiones, relatos amorosos, confidencias sangrantes, cotidianas memorables, correspondencia nadaísta, y muy  singulares pensamientos en contravía.

Su escritura es de impecable y rigurosa confección. Exuberancia verbal. Amplia en humor e ironía. Descripciones minuciosas. Y adjetivos muy cuidadosa y sabiamente escogidos: precisos, significantes, sugestivos, imaginativos. De bellas e inusuales correspondencias, y asociaciones inesperadas. Escritura lúdica. Amplia en calambures, relaciones sonoras, y juegos de palabras. De amargo escepticismo. Tono irreverente. Certero y diáfano conocimiento humano. Profunda en la comprensión literaria. Esclarecedora. Reveladora. A veces deslumbrante. Musical. Ágil. Y ligera. Con diversos ritmos, estructuras y texturas. Colecciona  incertidumbres. Es autorreferencial. Se distingue por la claridad y elegancia del estilo. Sin énfasis retórico. De trazos breves, pictóricos. Delicada perfección para recrear ambientes mágicos o espacios de horror. El lenguaje es vigoroso y alusivo. De fina puntería. Frondoso. Amplio en maestría musical. Heredero del barroco, de los poetas místicos, y de  León de Greiff-, logra unas formas muy bellas y cadenciosas de expresión. Una escritura para enriquecer el lenguaje, reír, y afinar el gusto.

Eduardo Escobar siguió una trayectoria vital similar a la de Albert Camus. Escritor de su admiración. Fue compañero de viaje de la izquierda. Ha cuestionado  lo que atenta contra la libertad, la justicia y la dignidad, de derecha o de izquierda. El nazismo. El estalinismo. El comunismo. El totalitarismo. El dogmatismo. Los sueños de heroísmo. La idolatría. El puritanismo. El nacionalismo. El racismo. Los fanatismos. Las ideologías. La guerra. Como activista poético,   agudo e independiente pensador, es un solitario. Un marginal. Un exiliado. Un escritor incómodo para algunos de sus compañeros  nadaístas, y otros vecinos de la izquierda radical, porque con valor intelectual y moral se ha atrevido a cuestionar la guerra, y las guerrillas. A hablar de su irracional barbarie. Sus crímenes gratuitos. Su irredimible utopía. Sus huecas idolatrías. Su  extraordinario anacronismo. Sus falsos paraísos. Sus veleidosos fundamentalismos. E invita a la reflexión contra las fantasías de derecha o de izquierda. Y su redentorismo.  En contra del odio y la violencia.

Su honestidad y sinceridad intelectual, sus valerosas e independientes posiciones y pronunciamientos públicos, en contravía de las creencias más populares, lo han alejado de los mejores premios y las mayores distinciones. Que otros han sabido ganar y acumular con menos méritos intelectuales y literarios.

La revista Aleph quiere hoy rendirle homenaje, con motivo de sus setenta años, por la lucidez, fuerza y libertad de su pensamiento; su reflexiva  y autocrítica autoridad intelectual; el compromiso continuo por desarmar los estereotipos y ficciones que limitan el entendimiento humano; la múltiple riqueza poética y narrativa de su obra; y la puntería y el delicioso  humor que impulsa y moviliza su pulcra escritura.

 

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Edición No. 168