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El aroma literario de la novela de Farid Numa: «El aroma de la acacia»

Se pretende en este breve artículo dar a conocer unas ideas para acercarse a esta novela del autor colombiano Farid Numa Hernández, presentada en el salón de conferencias de la Logia de los Andes en Bucaramanga el 20 de noviembre del 2024.

Roland Bertrand (El placer del texto) nos enseñó que leer debe ser un acto libre, espontáneo; que leyéramos en un espacio cómodo, dejándonos atrapar por los textos, sentir el placer de la lectura. Por otra parte, La teoría de la recepción centra el acto de la lectura, no en el libro en sí, ni en el autor, sino en el lector, en una actitud activa es quien le da significado a los textos. El grado de comprensión variará de una persona a otra. La lectura realizada por alguien será una de muchas que puedan existir. Ahora, si estas lecturas se comparten y se discuten, por ejemplo: en un foro, en una tertulia, o leyendo críticas, comentarios respecto a la novela leída, se obtendrá un enriquecimiento general y todo será ganancia.

Tuve la oportunidad de leer El aroma de la acacia hace unas semanas atrás. Para valorarla se requiere de fundamentos literarios, de soportes que permitan tasarla en su integridad, pues calificarla de buena, mala; un me gustó o no fui capaz de terminarla, es un ejercicio pobre. Así que para no caer en el error anterior me apoyaré en Seymour Menton en su artículo “Manual imperfecto del novelista”. Seymour Menton es un reconocido crítico norteamericano, experto en literatura latinoamericana y en especial en la literatura colombiana.

En este “manual” el crítico establece nueve puntos que se deben tener en cuenta en el proceso de valoración de cualquier novela. A continuación desarrollaré algunos de estos aspectos brevemente, con el propósito, como antes lo señalé, de orientar a quiénes ya leyeron la novela, a los que se acercan a ella, y también para invitar a aquellas personas que tienen dudas de si merece la pena su lectura.

Menton nos plantea que el primer aspecto a tener en cuenta es su “Unidad orgánica” y señala

“Una buena novela podría compararse a un edificio bien estructurado donde cada elemento cumple una función precisa, de acuerdo con un plan general. Para soportar el peso de la estructura y para crear un conjunto bello, no debería faltar ni sobrar ninguna piedra, ningún arbotante, ninguna viga ni ningún quiebra-luz.”   (1)  

Idea que es sencilla de entender, pero que en la práctica, los lectores no se preocupan por indagar en la misma, quizás porque lo primero que se desea, es saber el tema general del libro que está leyendo. Satisfecho este punto, rara vez desentrañan su “unidad orgánica” u otros aspectos intrínsecos de la construcción de una novela. En verdad, la unidad orgánica, la apreciamos una vez terminamos la lectura y empezamos a ver como encajan las piezas de la novela; cuando intentamos descubrir cuál fue el plan del autor en la escritura de la misma; cuando ahondamos las relaciones internas de sus elementos.

Vamos a continuación intentar a hacer un ejercicio global de lectura a la novela El aroma de la acacia”.

Ante mis manos tengo el libro que contiene la novela. Lo primero que observo es su carátula y su contra carátula, estas dos partes tienen como objetivo llamar la atención del lector e invitarlo a abrir el libro,  En la presentación del libro, el profesor Serafín Martínez nos dio la interpretación simbólica de la misma, y considero que pronto será publicada esa ponencia y por lo tanto no la voy a comentar; mientras en la contraportada hay tres párrafos en donde quien los lee puede tener una idea del personaje central de la novela, las temática y una valoración positiva de la obra. Se ignora quiénes es /son los autor/-es de estos fragmentos, y podemos entonces asociarlos a que provienen de la Casa Editorial Planeta.

Siguiendo el libro, al abrirlo nos encontramos con la descripción bibliográfica del libro, la página del título de la novela y el nombre del autor, un índice de los capítulos del libro, una dedicación de tres líneas, un epígrafe  tomado de Oswaldo Guayasamín, (el célebre pintor ecuatoriano) una página de entrada, titulada “El suplicio”, inmediatamente aparece el primer capítulo de la novela titulado “Iniciación”, a continuación otros 25 capítulos más, todos con su título respectivos, finaliza en el capítulo 27, “Los rescoldos del poder” todo lo anterior constituye la novela en sí, pero el libro contiene además unos glosarios guía.

Examinemos la dedicación

“Al púrpura de las no me olvides,
Al aroma de la acacia,
Y a la espina de la rosa.”

Lo común en las dedicaciones es encontrar el nombre de una persona a quien está dedicado el libro por algún papel que esta persona ejerció en el autor o el desarrollo del libro; sin embargo en esta novela está dedicada a tres elementos de la biología vegetal: Las no me olvides, la acacia y la rosa. El autor privilegia en este sentido al reino vegetal, sobre el reino animal. En cada una de las líneas seleccionadas se observa una palabra que concentra la atención: el adjetivo púrpura, y los sustantivos: aroma y espina, respectivamente: pero no es en sí los sustantivos o el adjetivo que usa el autor, sino los símbolos que representan en los cuales debemos centrarnos.  ¿Qué lo pudo motivar a tomar esta decisión? o ¿Por qué lo hará? ¿qué implica este movimiento y como estará representado en la novela?

Si queremos precisar tendríamos que preguntarle directamente al autor al respecto, o podemos hacer ya un ejercicio de lectura, indagándonos sobre su significado bien sea antes (imaginándolo) o después de leer la novela (racionalizándolo): En mi caso, luego de la lectura, asocio el color púrpura con el sufrimiento, el dolor y el suplicio que padece su protagonista. El aroma de la acacia, porque en cada página del libro su esencia está impregnada, y es el título de la novela; por otro lado, la acacia simboliza pureza y renovación. Las flores de la acacia por lo general son de color blanco y su olor recuerda al del naranjo, a miel dulce. En relación a la espina de la rosa, lo asimilo, con el conocimiento, que no llega a este fácilmente, sino que para alcanzarlo se deben vencer los varios obstáculos que se presentan antes de su adquisición.  Mi interpretación es una de las muchas posibles que se puedan elaborar.

El epígrafe

“Mantened prendida una luz,
que siempre voy a volver”   
  
Oswaldo Guayasamín

El autor del libro toma esta frase del famoso pintor ecuatoriano, para con ella envolver todo el contenido de la novela.  Ignoro el contexto en el cual el pintor ecuatoriano uso la frase, pero con seguridad en la elaboración del libro si estuvo presente en la mente del autor, y este desea que antes (imaginar) o después de la lectura, (reflexionar) los lectores hagamos el ejercicio de relacionar el pensamiento con la obra, ejercicio suplementario, ejercicio de enriquecimiento. Sin sumergirme en profundidades filosóficas, sino yendo por la superficie, luego de la lectura de la novela, me atrevo a asociarlo con el papel que jugó y juega Jacques de Molay en la Historia. Un personaje de permanente referencia, ya sea en los salones de las logias, o en los juegos que hoy existen, o cuando las gentes lo asocian con las cruzadas, la Edad Media, el Siglo XIII, el reinado de Felipe IV de Francia, etc.

Veamos ahora la hoja inicial titulada: “El suplicio”, y que conlleva el subtitulo: Viernes 13 de octubre, 1307, en la cual se describe un momento de la crucifixión que sufre Jacques de Molay. El único dato referido al tiempo, además de la fecha, es que lleva 18 horas en este tormento, y que el tormento continúa.  (Este texto aislado, lo llamaría Nivel A de la narración, págs. 11. 12).

Inmediatamente a “El suplicio”, empieza a desarrollarse en la novela breves partes enumeradas por capítulos, por ejemplo el primer capítulo (Págs. 13-26) “La iniciación” que se inicia con un párrafo en letra itálica, que en sí, es un fragmento del suplicio, y por su lectura sabemos que el crucificado para eludir el dolor, recuerda el día en que él se inicia en la orden de los templarios, que se cuenta en las siguientes 13 páginas, pero en un tipo de letra diferente a la itálica, precisando el día exacto del acontecimiento: “el lunes 19 de 1265”. Sin embargo en el transcurso de la narración se intercalaban algunos párrafos en itálica, los cuales nos remiten a “el suplicio”.

El patrón anterior recorrerá los siguientes 21 capítulos, en donde se narran la ida y vuelta de un grupo de expedicionarios miembros todos de la orden del Temple en busca de saberes ocultos e ignorados por ellos y por el mundo occidental. Salieron del puerto de Marsella, en el Mediterráneo rumbo, primero a Beirut, luego, a Egipto, de allí a Jerusalén, y de esta ciudad a las cumbres del Himalaya, luego, desde las cumbres del Himalaya se cuenta brevemente su regreso a Europa en el verano u otoño del año 1293.  O sea el viaje les llevó 27 años. Tarea encomendada a de Molay por parte del gran Maestre, Thomas Bérard. De Molay regresa a Europa siendo el Gran Maestre y emprende una serie de acciones para renovar la Orden del Temple. (Lo anterior sería el Nivel B de la novela).

El capitulo 23: “Un Rey de Mármol”, en el cual se describe quién es este personaje, Felipe IV y su relación con la Orden del Temple. En este capítulo a diferencia de todos precedentes, no se intercala ningún tiempo del suplicio.

El capítulo 24: “Artificio y tormento” nos cuenta el final de la crucifixión, en donde de Molay, está al borde de la muerte, pero es socorrido por su hermano de comunidad, Charnay, por la madre de este y su hermana. Con cuidados sobrevive, pero sigue el suplicio, ahora en cautiverio en una mazmorra por siete años.

El capítulo 25: “Un pontífice en evidencia” cuenta las relaciones entre Felipe IV y el papa Clemente V, en la cual el papa da el visto bueno para que se proceda en contra de la orden de los templarios y la exterminen, empezando por su Gran Maestre. A todos ellos se les acusarán de falsos cargos, el principal de ser herejes y por lo tanto deben ser castigados con la muerte en la hoguera.

Capítulo 26: “El aroma de la acacia” (título de la novela); Es la ejecución de la sentencia y muerte en la hoguera de De Molay y Charnay, su hermano gemelo.

El capítulo 27:“Los rescoldos del poder” nos cuenta hechos posteriores a la muerte de de Molay. Es un capítulo, tipo epílogo, que permite a lector saber qué sucedió después con los personajes o los hechos no esclarecidos en los capítulos anteriores.

Existe un nivel C de lectura, que no está explícito en la novela, y que se debe inferir: se trata de una línea que principia el capítulo 1. “La iniciación” -de De Molay- y termina, en el capítulo 26, con la muerte en la hoguera del iniciado. Es decir, cubre toda la vida de este personaje, en donde asistimos a cómo ingresa en la orden de los templarios, su formación, su papel de líder del viaje, hasta llegar a ser al final de la novela el gran Maestre. Esta formación va en un permanente crecimiento espiritual y físico e intelectual dentro de la comunidad. El personaje resiste al final las torturas a que fue sometido, gracias a la educación mental y espiritual asimilada por el “héroe”, y su muerte no es derrota, sino redención para la comunidad, que hasta el día de hoy pervive con otros nombres.

Figura de la estructura

Entremos a analizar otros aspectos para ir deduciendo más aquello de evaluar la novela a partir del artículo de Seymour Menton:

Tema trascendente

“No es el tema en sí sino la combinación del tema con su modo de elaboración  que determina la trascendencia de la obra. Las grandes tragedias de Shakespeare, HamletMacbeth y Otelo, se sitúan en tierras o tiempos lejanos tanto de la Inglaterra del siglo diez y siete como de la América del siglo veinte pero las obras llevan ya tres siglos de destacarse por sus temas trascendentes: el estudio de ciertos rasgos de carácter básicos del ser humano ejecutado de una manera magistral. En cambio, una novela detectivesca, por bien ejecutada que resulte, puede despertar un interés relampagueante pero que no deja de ser   pasajero”.

Teniendo en cuenta lo anterior y asociando el plano de la estructura antes enumerado, podemos señalar, que el tema general o de lo que trata la novela es la vida de Jacques de Molay, y de hecho es muy importante rescatar este personaje de la historia y que justo, la misma iglesia católica, pidió excusas públicas por el ajusticiamiento de este hombre inocente y gran defensor de la iglesia. Este sería el tema general, sin embargo debajo del mismo subyacen otros temas a la par interesantes. y en ese orden cito: ambición y poder (la lucha que hubo entre el poder monárquico, Felipe IV y el papado, Clemente V./, o el poder externo político de Felipe IV versus el poder interno de Jacques de Molay; el viaje de los templarios en busca del saber, o el viaje interior de Molay en busca del conocimiento; la violencia, la inquisición, las maldiciones, el siglo XIII, serían otros posibles temas a explorar…

Continuando otro aspecto de los señalados por Menton, llegamos a: el argumento, trama o fábula interesante

“lo que sucede en la novela debe provocar el interés del lector y mantenerlo hasta el
final”

En otras palabras, la obra en sí debe atrapar al lector y llevarlo a consumir sus páginas; pero cada novela y cada lector imponen el ritmo de lectura. Algunas novelas son tan interesantes que el lector se sumerge en ellas y en pocas horas termina, e incluso existe la expresión, la obra y satisface su deseo de saber lo que esta le quería contar, “se lee de un tirón”. En otras el ritmo es más lento o reposado, exige que el lector vaya lentamente digiriendo la información, desentrañando los sucesos o recopilando la información para llegar al final. También depende de los lectores, lo que interesa a uno, es posible que a otro no. El aroma de la acacia reclama un lector pausado, que vaya acumulando datos y sumando sucesos.

Adecuación de recursos técnicos

El anterior, es otro de los aspectos señalados en el artículo del profesor Menton; y señala que: “El empleo de cualquier recurso técnico, por novedoso y bien ejecutado que sea, no constituye automáticamente un acierto. Todo recurso técnico tiene que relacionarse con el plan general de la novela.

Un recurso notable en El aroma de la acacia es el uso del tiempo, que puede en un primer momento confundirnos, pero que una vez leída la novela entenderemos su funcionalidad y su acierto. Básicamente el autor maneja dos tiempos, uno como se explicó antes, en los niveles de lectura, es el tiempo que posiblemente transcurre durante el suplicio, (Viernes 13 de octubre, 1307) que puede entenderse de unas 18 horas antes de estar crucificado, y luego otras dieciocho horas hasta el momento de ser descendido, y que se prolongará por otros siete años, de aislamiento y torturas en la mazmorra de la sede del templo.

Un segundo tiempo que se puede medir porque como en el caso anterior es cronológico, que parte del día de la iniciación de Jacques de de Molay en la Orden del temple  el 19 de marzo de 1265 y que va primero hasta el momento en que se embarca en un viaje  al oriente con otros 26 compañeros (15 de febrero de 1267), viaje que finaliza 27 años después, cuando posiblemente en el otoño del año regresan 1293 a Francia, luego en el verano del año 1294, vemos a de Molay “visitando las provincias de Francia Y la cortes de Europa”  (Pág.  328)  visita la Papa Bonifacio VIII, En la Primavera arribó a París 1295, transcurrirán unos años de crecimiento y prosperidad de la orden, hasta el día 13 de octubre de 1307, en donde se encuentra en la cruz, sufriendo el suplicio hasta su muerte en la hoguera. [18 de marzo de 1314. Dato externo a la novela y que corresponde a su biografía] Es decir la novela cubre 49 años.

La manera como entrelaza el momento del suplico y la vida de De Molay desde su iniciación en la orden de los templarios hasta su muerte en la hoguera, es lo novedoso y acertado en esta novela. Mientras está colgado en la cruz, para eludir el dolor, empieza a recordar los momentos supremos de su estadía en la Orden, son pequeños fragmentos que enlazan con los sucesos del viaje hasta su retorno.  

Caracterización acertada deacuerdo con Menton es como sigue

“La novela colombiana y la novela hispanoamericana en general no han sido justamente apreciadas por los críticos europeos y norteamericanos porque tal vez los criterios principales empleados por estos críticos sean la complejidad sicológica, la verosimilitud y la constancia de caracterización del protagonista y de los otros personajes. En las novelas de los llamados países desarrollados del mundo capitalista, los problemas sociales están subordinados a los problemas individuales mientras la búsqueda de la identidad nacional no constituye una preocupación porque ya se formuló hace mucho tiempo. En cambio, el novelista hispanoamericano suele considerarse la consciencia de su patria obligado a denunciar abusos, reclamar derechos y formular una nueva conciencia social”.

En el caso de la novela en referencia, El aroma de la acacia tenemos una profusión de personajes, que giran o acompañan al personaje principal Jacques de Molay que sin duda está bien delineado, siendo un personaje redondo, es decir, no es plano, sino que va transformándose en la medida que los hechos se van presentado, de hecho se puede clasificar la novela como novela de personaje, pues cubre su vida. Muy próximo a este, se encuentra Felipe IV, el rey de mármol, (Cap. XXIII). En este capítulo y en los siguientes lo observamos actuando y tramando engaños, ejecutando acciones negativas desde el aspecto moral, con frialdad, al punto qué al seguirlo en sus andanzas, corroborarnos el porqué del adjetivo mármol. Los otros numerosos personajes cumplen su papel de complemento o de referencia dentro de la historia.  

Por todo lo anterior podemos ir calificando la novela de Numa como Nueva novela histórica de acuerdo con Seymour Menton, al clasificar personajes reales con ficticios y no calcar exactamente los hechos históricos reales, por poner hechos o conocimientos no conocidos para el momento como tales, es decir: procronismos, como es el concepto sicológico del túnel de la muerte, etc.

Por centrar la novela alrededor de Jacques de Molay, y contar su vida desde que inicio en la orden de los templarios hasta su muerte, es una novela de Personaje y por la misma razón es una novela de aprendizaje (o Bildungsroman).

Para finalizar, quedan varios aspectos como el tono constante, vocabulario apropiado; respecto al tono, primero señalemos dos avenidas, una la del dramatismo que se inicia desde la primera página “El suplico” y que se irá intensificando en la medida que nos aproximemos al final; la segunda avenida corresponde a una expectativa por los hallazgos que harán los expedicionarios en sus investigaciones, excavaciones y consultas que hacen.

El vocabulario en la obra es apropiado tanto en las descripciones de las edificaciones, guerras, encuentros o peleas, viajes, lugares geográficos, en las explicaciones científicas. Cabe señalar que el autor es arquitecto de profesión y que para facilitar la lectura, al final de la novela añade primero un vocabulario especializado de los términos usados, y segundo una lista de personajes citados, diferenciando los reales, los que corresponden a la Historia Universal, y los creados por él, (ficticios), lo cual representa una gran ayuda para el lector.

Seymour Menton, señala que hasta este punto son elementos o aspecto intrínsecos a la novela en sí mismos, pero que hay dos que son extrínsecos que contribuyen a su fama: originalidad y su impacto posterior.

Al respecto, considero que El aroma de la acacia en varios aspectos es original, no he visto ni leído de otra novela que aborde el personaje real Jacques de Molay , aunque si aparece en otro tipo de entretenimiento como juegos de video, la investigación llevada por el autor para presentarnos los acontecimientos dentro de la época histórica que sucedieron es vasta y profunda, lo cual le da veracidad a lo narrado; también es original al mostrar en paralelo dos momentos del mismo protagonista que se desarrollan en tiempos diferentes, en hora y en años. También resulta interesante observar que un autor colombiano, trabaje con un éxito un tema histórico de la Francia del 1300 y lo haga con tanta propiedad, Lo anterior me permite augurarle a la novela un impacto auténtico y con los años la novela irá escalando posiciones dentro de la novela colombiana, como hispanoamericana. El sello Planeta de la editorial ya es una garantía.

Con lo expuesto en las páginas anteriores, deseo, como lo expresé al principio, contribuir en el proceso de la lectura de la novela El aroma de la acacia, sea que desee leerla o si ya fue leída, en el primer caso el lector sabe de antemano la estructura del libro y los alcances logrados por el autor con la novela, y si ya la leyó le ayudaré a cimentar las ideas que se haya forma de la misma.

Bibliografía

Barthes, Roland, (1973) El placer del texto. México: Siglo XXI Editores.

Estébanez Calderón, Demetrio. (2001) Diccionario de términos literarios. Madrid: Alianza Editorial S.A.

Numa Farid, (2024) El aroma de la acacia, Bogotá: Editorial Planeta. Bronce  424 p.

https//ciudadseva.com>texto< Manual imperfecto del novelista. Seymour Menton
Teoría de la recepción – Wikipedia, la enciclopedia libre

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Edición No. 213