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El arribo de Aleph al número 150

Se dice fácil, pero cuando se detiene uno en esa cifra y se piensa en lo que ha significado y en lo que significa; cuando, por la fortuna de haber estado cerca de su construcción se conoce algo de sus avatares, de sus agonías, de sus momentos de esplendor, lo que queda es la maravilla de lo que significa una empresa, en este caso una empresa cultural. Yo amo la Revista ALEPH, a la que me he referido en anteriores ocasiones. Pero en ésta quiero centrar la atención en el concepto de empresa.

¿Qué quiere decir empresa? Si bien lo primero que asociamos con este concepto tiene que ver con el mundo de las relaciones comerciales que hace el hombre, se trata de un concepto bastante amplio, con muchos sentidos, de los cuales el que me interesa para esta reflexión es el primero que aparece en los diccionarios: Acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo. Esta es la clave del concepto de empresa, trátese de empresas comerciales, industriales o de servicios –públicas o privadas–, de empresas deportivas, o, como en este caso, de lo que llamo una empresa cultural. Toda empresa tiene, en cuanto acción que es, varios fines, entre los cuales de una u otra manera se encuentra el de obtener ganancias económicas, es decir, tienen ánimo de lucro, sin lo cual el sistema económico por el que se desarrolló el mundo a partir del surgimiento del capitalismo, para bien y para mal, sería imposible. Una empresa cultural, como es el caso de Aleph, a diferencia de las demás empresas no tiene este fin último de las ganancias económicas. Se trata, como en alguna ocasión la denominó el doctor Luciano Mosa-Osejo, matemático y filósofo entrañable de la Revista, de una empresa con ánimo de logro.

¿Qué ha logrado Aleph durante estos 43 años a través de sus 150 números? Con decisión y esfuerzo su hacedores, Carlos-Enrique y Livia, han construido un enorme patrimonio cultural del que Manizales y Colombia pueden enorgullecerse. Nacida como un “órgano de provincia” se ha mantenido siempre fiel a los fines iniciales propuestos por su director y sintetizados en el número 30 de Aleph: “sin ambiciones del saber metropolitano, ni poses de genialidad, no alineado a vertientes del pensamiento que se disputan su prevalencia en terrenos no propiamente culturales… Es, por tanto, pluralista y da cabida respetuosa a colaboradores con diversas posiciones ideológicas. En la revista lo que interesa es la honestidad en el tratamiento de los temas, sin dogmatismos. (…). Aleph construye al margen de disputas inútiles o estériles.”

El hecho de que se mantenga como órgano en la provincia no significa, ni mucho menos, que no haya alcanzado una dimensión universal, como fácil es verlo al repasar sus páginas y encontrarnos con los más diversos temas y autores.

Respecto de su edición quiero resaltar dos virtudes: la sobriedad y la transparencia. En Aleph no hay propagandas, no hay spam, no hay distractores del pensamiento y de la concentración. La sobriedad y la transparencia, virtudes que manan de Carlos-Enrique y de Livia, se mantienen ahora que Aleph se encuentra ya en la red del ciberespacio y en donde ustedes pueden consultarla –por lo pronto desde el número 129/130–, pues, ajustándose al enorme potencial de una tecnología que ya ha introducido cambios profundos en el curso de la civilización, la revista ha dado ese paso que hace posible la difusión que amerita, en total sintonía con los fines de la “Escuela municipal de ciudadanía”, de “Polifonía: programa interinstitucional de literatura” y del “Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles”, instituciones empeñadas también en la construcción de ciudadanía, que tanta falta nos hace en la conformación de un país en el que todos sus habitantes puedan disfrutar su vida sin el miedo de perderla y sin la amargura, el dolor y la brutalidad de la miseria, en tiempos en los que incluso de la vida y de la muerte, de la educación y la salud se buscan rendimientos económicos.

A las instituciones que acabo de mencionar les expreso gratitud por haberme invitado a participar de este homenaje a la Revista Aleph, invitación que he acogido con el regocijo de saber que los jóvenes de Manizales valoran la enorme dimensión de semejante empresa cultural y con la seguridad de que se apoyarán de manera segura y firme en semejante fuente de investigación.

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Edición No. 150