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El cancionero de Sebastian Arruruz

Sebastián Arruruz, 1868-1922

1

Diez años sin ti. Pues así sucede.

Los días marcan su firme progreso, una compasiva

rutina que a nadie atrae.

Ahora, como un disciplinado erudito,

junto los fragmentos, a través de conjeturas

que establecen la verdadera secuencia del dolor;

pues es justo encontrar valía

en una deslucida maña, como en la cosa restaurada:

las hace tiempo perdidas palabras de opción y adiós.

2 Coplas

i

‘No se puede perder lo que no se ha poseído’.

Demasiado para esa abrasiva joya.

Puedo perder lo que deseo. Te deseo.

ii

oh, querida mía, deberé penar por ti

por el resto de mi vida con una cadencia

ligeramente variable, oh, querida mía.

iii

Mofándome en parte de la media verdad, noto

‘la violenta brevedad del amor sensual’,

soy sacudido, incluso por eso.

iv

Es a él a quien escribo, es a ella

a quien hablo en contenido silencio. ¿Serán tocados

por esa desconocida pasión entre ellos?

3

Lo que otros hombres hacen con otras mujeres

no es para mi orgía ni sacramento

tampoco un lenguaje de extraño candor

sino mera oportunidad o casual distancia

de la que debes moverte y decir mi nombre

como yo digo el tuyo, regateando con los

variados dioses del sueño por tanto

como yo pueda tener: un paisaje extranjero,

el sueño donde tu siempre puedes ser encontrada.

4

Una fantasía posible. Una pena vieja

y petulante regresa a nosotros, metamorfoseada

y semipreciosa. Amabar fortuito.

Como si eso recompensara nuestra carencia.

Ve cómo cada freagmento arde cuando lo barajamos,

finalmente, en la luz de la comprensión.

5

Amor, oh, amor, vendrá

con toda seguridad. Una tormenta

cavila sobre el seca tierra todo el día.

De noche las persianas vibran con su aguacero.

La metáfora persiste; es un cómodo hogar.

Tu estás afuera, perdido en algún lado. Me hallo

devorando versos de extraña pasión

y exilio. Las exactas palabras

son alimentadas en mi blanca hambre por ti.

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