El conocimiento y el placer, en diálogo
Universidad Nacional de Colombia
Sede Manizales
Contexto: Cátedra Aleph (modalidad: Seminario); Código: 4050078-1
Duodécima versión, primer semestre académico de 2008
Prof. Carlos-Enrique Ruiz[1->file:///C:/Dokumente%20und%20Einstellungen/feder/Lokale%20Einstellungen/Temp/Tmp.htm#sdfootnote1sym]
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Tema de la duodécima versión:
“El conocimiento y el placer, en diálogo”
Lema fundamental de la Cátedra:
Leer, meditar y compartir, para comprender y transformar
Los libros son, lo he descubierto, las mejores provisiones que pueden llevarse para el viaje de la vida.
Michel de Montaigne
La conversación debe crear las condiciones para que la mente comprenda, no para que confiese o simule haber comprendido.
Jorge Wagensberg
Antecedentes
La “Cátedra ALEPH” fue instituida mediante Resolución CFIA-134, del 31 de julio del 2002, como “Curso de contexto”, con el propósito de aprovechar la experiencia y trayectoria de la “Revista ALEPH” como publicación periódica, con 41 años de existencia y 143 ediciones (al cuarto trimestre de 2007), creada en la sede Manizales de la Universidad Nacional de Colombia en 1966. En la misma disposición se designó a C.E.R. como director, en calidad de “profesor especial ad-honorem”. El objetivo fundamental de la Cátedra es promover el desarrollo de formas de pensamiento racional, crítico, de libre examen, con auspicio de lectura sistemática y grata, a partir del análisis de textos aportados como referencia fundamental, al igual que de otros surgidos en la dinámica del semestre.
Se han realizado las siguientes versiones:
-# Segundo semestre de 2002 (1ª versión), bajo el tema “La comprensión unitaria”. (Memorias, volumen I). La conferencia de apertura estuvo a cargo del Prof. Dr. Marco Palacios.
-# Primer semestre de 2003 (2ª versión): “Proceso que pueda llevarse en Colombia para alcanzar la paz, con maneras sensatas de solucionar conflictos”, con base en el estudio y debate del libro “Más allá del conflicto”, de Luis-Carlos Restrepo. (Memorias, volumen II). Esta versión se abrió con la conferencia exclusiva del Alto Comisionado para la Paz, Dr. Luis-Carlos Restrepo.
-# Segundo semestre de 2003 (3ª versión): “Nexos entre la creación literaria y la teoría del perdón”, con apoyo en antología de Harold Bloom: “Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes”, y “Los límites del perdón” de Simon Wiesenthal. (Memorias, volumen III)
-# Primer semestre de 2004 (4ª versión): “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, como antesala del cuarto centenario de la magna obra. (Memorias, volumen IV)
-# Segundo semestre de 2004 (5ª versión): “Albert Einstein: el científico y el humanista” (Ciencia y Cultura), con apoyo en el libro: “Mis ideas y opiniones”, de A. Einstein. (Memorias, volumen V)
-# Primer semestre de 2005 (6ª versión): “¿Cómo se aprecia el mundo a través de la Cultura?”, con base principalmente en los libros: “Inteligencia genial. Siete principios claves para desarrollar la inteligencia, inspirados en la vida y obra de Leonardo da Vinci”, de Michael J. Gelb, y “Breve historia de la cultura”, de Ernst H. Gombrich. (Memorias, volumen VI)
-# Segundo semestre de 2005 (7ª versión): “Don Quijote y Sancho, y los inquietos de todas la épocas”, con lectura extensiva de “La Caverna” de José Saramago, y de “El día señalado” de Manuel Mejía-Vallejo. (Memorias, volumen VII)
-# Primer semestre de 2006 (8ª versión): “Ciencia y Humanismo – ¿Respeto o tolerancia?” Se trabajó en especial el texto: “Tolerancia y responsabilidad intelectual”, de Karl Popper. (Memorias, volumen VIII)
-# Segundo semestre de 2006 (9ª versión): “Una mirada a Colombia desde la Cultura”. En especial se trabajaron dos ensayos de Rubén Sierra-Mejía: “Elogio de la lectura ociosa” y “Simulación y cultura”. (Memorias, volumen IX)
-# Primer semestre de 2007 (10ª versión): “Cultura ciudadana y Cien años de soledad”. Se dispuso de la “Cartilla moral” (1944) de Alfonso Reyes, como guía fundamental. (Memorias, volumen X)
-# Segundo semestre de 2007 (11ª versión): “Libros y bibliotecas: fulgor del conocimiento”. Texto estudiado: “La biblioteca de noche”, de Alberto Manguel. (Memorias, volumen XI).
Descripción del método
-* Se parte de la lectura personalizada de textos seleccionados con anterioridad, para el caso en especial del libro “El gozo intelectual” de Jorge Wagensberg.
-* En cada sesión habrá ponentes (informes de lectura) que expondrán su personal comprensión, con los nexos científicos, culturales, históricos, políticos, etc. que cada uno pueda establecer con plena libertad.
-* Se asignan relatores para cada sesión, quienes registrarán el desarrollo de los análisis y debates, con presentación escrita y pública de informe (informes de relatoría), en sesión siguiente, con el correspondiente examen libre del grupo.
-* Ocasionalmente se contará con la participación de expositores invitados.
-* El aporte final estará representado en las Memorias de la Cátedra ALEPH: volumen XII (I, 2008).
-* La nota o calificación, para los fines propios de la Universidad, se obtendrá en función de las evaluaciones en cada sesión de los “informes de relatoría” y de los “informes de lectura”, y en la última sesión del semestre se establecerá la evaluación integrada, con la participación de los mismos estudiantes, sin la modalidad de “exámenes”, en ningún caso.
-* Conservo la idea de publicar, al término del semestre, un volumen de los “Cuadernos de la Cátedra Aleph”, con escritos escogidos de los estudiantes, objetivo que no ha sido posible cumplir en las versiones anteriores.
Es de anotar que la Cátedra no se realiza a través de la forma tradicional de “clases”, sino de “sesiones”, para distinguir entre el método recitativo tradicional, repetitivo, donde el estudiante es apenas pasivo receptor, y la participación activa que bien se facilita en la modalidad de “seminario”. Cada sesión será productiva si los participantes llegan al “aula del estudiante de la mesa redonda” habiendo leído, con meditación propia, los materiales que correspondan, y con la disposición de buen ánimo para el diálogo de libre examen. De esta manera se tendrá, en cada sesión, un “informe de relatoría” como documento testimonial de la participación inteligente del grupo.
Cátedra Aleph, entonces, es nombre genérico que se realiza en versiones, y cada una de ellas por medio de sesiones. Al final se tendrán las Memorias conformadas por los aportes en “informes de lectura” y en “informes de relatoría”. Los “informes de lectura” responden a la necesidad de encontrar y exponer las ideas, o asuntos fundamentales, contenidas en el documento de que se trate, con examen crítico. Los “informes de relatoría” deben recoger, en síntesis, lo ocurrido en cada sesión, con los aportes esenciales que se hayan hecho en las exposiciones y debates de los participantes. Ambos informes deben responder a una cuidada redacción e impecable ortografía.
Cupo máximo: 25 personas
Lugar:Aula del estudiante de la mesa redonda en el edificio de Postgrados (I-304), los martes a partir de las 8 de la mañana.
El tema de la duodécima versión
La Cultura es la acumulación de conocimientos a través de las múltiples formas con las que el ser humano se ha ido expresando en su historia, y de relaciones de esos conocimientos como manera de vida diaria. Pero en esa noción surgirá el espacio de las maneras de acceder al conocimiento de antes y de otros, testimoniado en obras que pueden apreciarse con los sentidos, como en el caso de los libros, con la posibilidad de ojearlos, leerlos y llegar a ser seducidos, atraídos, por lo que dicen, o parecen decir.
Surge, como en el arte, la aproximación de la persona al testimonio de otro u otros, planteándose las maneras de hacerse a los conocimientos que contienen, o a los elementos que la integran para visión de conjunto, en singularidad o en la complejidad de lo plural y múltiple, fortaleciendo el sentido crítico para debatir con el libro o con el documento que se aborda, y tanto más formativo si el debate se puede desarrollar con otros, en intercambio de interpretaciones, para descubrir sentidos y desprender conclusiones.
Ese acercamiento a las formas de conocer es lo que motiva todo el proceso de la Educación, en instituciones que la sociedad ha creado, y en el desarrollo personal como proceso de aprender por sí mismo, en una dinámica que puede ser, en lo deseable, incontenible.
Para acceder, entonces, al conocimiento, deberá haber motivación y oportunidad, deseos de aproximación a los procesos de leer, en las variadas formas de palabras, imágenes o sonidos, en condiciones que resulten atractivas, para que el proceso sea grato y productivo.
De ahí nuestro interés por dedicar esta versión de la Cátedra al estudio de un libro singular que recopila, en lo fundamental, artículos de divulgación, elaborados por Jorge Wagensberg, hombre de ciencia, nacido en Barcelona en 1948, doctor en Física, profesor-investigador en la Universidad de su ciudad natal; fue director del Museo de la Ciencia en la misma, autor de libros de especial interés, como los siguientes: «Ideas sobre la complejidad del mundo», «El progreso», «Ideas para la imaginación impura», «Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?», «La rebelión de las formas», «A más cómo, menos por qué», «El gozo intelectual». Además ha publicado resultados de investigación en termodinámica, matemáticas, biofísica, microbiología, paleontología, entomología, museología científica y filosofía de la ciencia.
El gozo intelectual – Teoría y práctica sobre la inteligibilidad y la belleza (Tusquets Editores, colección Metatemas No.97, Barcelona 2007), es el texto que vamos a estudiar en el primer semestre académico de 2008, con la idea de asumir para los diálogos temas que el autor expone con lucidez, en entronque con la cultura universal y en diálogo con diversas expresiones de la ciencia.
La obra tiene dos partes, en la primera se ocupa de exponer la «teoría», con revisión didáctica y rigurosa de conceptos fundamentales, y en la segunda asume la «práctica», con recopilación de 63 artículos suyos, en los que recoge multiplicidad de casos de encuentros, diálogos, conferencias, lecturas…, como oportunidad para compartir lo que es el gozo intelectual, el disfrute del conocimiento, donde se combinan con amenidad la erudición y el humor, en alianza para inducir o atrapar vocaciones.
De esta circunstancia se trata en la Cátedra: propiciar el encuentro de los estudiantes de diversas carreras para leer, compartir y reflexionar en grupo, con el propósito de validar el sentido de Universidad, como compromiso indeclinable en el conocimiento de todas las épocas y en todas las formas en las que el ser humano se ha expresado: arte, ciencia y humanismo, para estimular, aun despertar o acentuar, el entusiasmo por el saber y el comprender: conocimiento en su dinámica histórica, en su entronque de sociedad y la necesidad de continuar generando conocimiento.
El profesor Wagensberg nos propone ejercitarnos en las siguientes nociones: estímulo, conversación, comprensión y gozo intelectual. En la presente versión de la Cátedra estaremos entretenidos con esas nociones. Al final sabremos lo alcanzado.
Complementaremos las conversaciones con alguna incursión en “La Creación” de Edward O. Wilson, quien advierte la eventualidad de una sexta catástrofe en nuestro planeta, ocasionada por la actividad humana, con valoración de la biodiversidad y la comprensión de lo limitado de nuestra capacidad de imaginar frente a lo complejo de la naturaleza, siendo esta vital para el bienestar físico y espiritual del ser humano.
Referencias bibliográficas
1. Revista ALEPH, con cuarenta y un años de ediciones (fundada en la UN-Manizales en 1966), 143 números hasta el cuarto trimestre de 2007.
2. Jorge-Luis Borges. El Aleph. Múltiples ediciones
3. Jorge Wagensberg. El gozo intelectual -teoría y práctica sobre la inteligibilidad y la belleza. Tusquets Editores, Barcelona 2007; 268 pp. ISBN: 978-84-8310-395-1
4. Edward O. Wilson. La Creación – Salvemos la vida en la Tierra. Katz Editores, Buenos Aires 2006; 252 pp. ISBN: 987-1283-35-0
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Anexo, con textos de motivación
En el Prefacio del libro “Cómo leer y por qué”, de Harold Bloom, se dice:
“No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial por la cual debemos leer. A la información tenemos acceso ilimitado; ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado se topará con un profesor particular que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones. Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos en mi experiencia, es el placer más curativo. Lo devuelve a uno a la otredad, sea la de uno mismo, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La lectura imaginativa es encuentro con lo otro, y por eso alivia la soledad. Leemos no solo porque nos es imposible conocer bastante gente, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la comprensión imperfecta y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional.
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“La mejor forma de ejercer la buena lectura es tomarla como una disciplina implícita; en última instancia no hay más método que el propio, cuando uno mismo se ha moldeado a fondo…….. / Dado que para mí la cuestión de cómo leer nunca deja de llevar a los motivos y usos de la lectura, en ningún caso separaré el ‘cómo’ y el ‘por qué’. En ‘¿Cómo se debe leer un libro?’, el breve ensayo final de su Lector Común (Volumen II), Virginia Wolf hace esta encantadora advertencia: ‘Por cierto, el único consejo que un persona puede darle a otra sobre la lectura es que no acepte consejos’. Pero luego añade muchas disposiciones para el gozo de la libertad por parte del lector, y culmina con la gran pregunta: ‘¿Por dónde empezar?’ Para llegar a los placeres más hondos y amplios de leer, ‘es preciso no dilapidar ignorante y lastimosamente nuestros poderes’. Parece pues que, mientras uno no llegue a ser plenamente uno mismo, recibir consejos puede serle útil y hasta esencial…”
Ref.: Harold Bloom. Cómo leer y por qué. Ed. Grupo Editorial Norma, Bogotá 2000
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Ref.: “La Nación”, Buenos Aires, domingo 5 de agosto de 2007
[http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/cultura/nota.asp?nota_id=931548origen=premium->http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/cultura/nota.asp?nota_id=931548origen=premium]
Los libros y el reino del azar
Fragmento de La biblioteca de noche (Ed. Norma), de Alberto Manguel, donde el autor reflexiona sobre las extrañas peripecias de los volúmenes que colman estantes y repisas sujetos al orden o al caos
Por: Alberto Manguel
Una biblioteca no es sólo un lugar de orden y de caos; es también el reino del azar. Los libros, aun después de tener asignado un estante y un número, conservan una movilidad propia. Abandonados a sus propios recursos, se reúnen formando agrupaciones inesperadas obedeciendo a reglas secretas de similitud, genealogías nunca registradas o intereses y temas comunes. En rincones desatendidos o en montones apilados junto a la cabecera de nuestra cama, en cajas de cartón o en estantes uniformes, a la espera de ser clasificadas y catalogadas en un día futuro muchas veces aplazado, las historias que los libros encierran se agrupan en torno a lo que Henry James llamó un «propósito general», que a veces escapa a la comprensión de los lectores: «El hilo en que estaban enfiladas las perlas, el tesoro enterrado, la figura en el tapiz».
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Los libros se reúnen debido al capricho de un coleccionista, a los avatares de una comunidad o al paso de la guerra y el tiempo; debido a la negligencia, al cuidado, a la imprevisibilidad de la supervivencia o a la azarosa selección del gremio de los chamarileros, y pueden pasar siglos antes que su agrupación adquiera, a los ojos de un lector, la forma identificable de una colección. Toda biblioteca, como descubrió Dewey, tiene que estar sujeta a una ordenación, y, sin embargo, no toda ordenación está voluntaria o lógicamente estructurada. Hay bibliotecas que deben su creación a una afectación del gusto, o a regalos o encuentros casuales……. ……. …../ Cada lector no es más que un capítulo en la vida de un libro y a menos que pase sus conocimientos a otro es como si condenara al libro a ser enterrado vivo….. …… …../ En ocasiones, el punto de partida de una biblioteca es imponderable. En el año 336 d. C., un monje budista, cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros, se aventuró a peregrinar a lo largo de la Ruta de la Seda entre el desierto de Gobi y los yermos de Taklimakán, en la vasta zona del Asia Central que, dos siglos antes, el geógrafo griego Pausanias había llamado la tierra de Seres, remitiendo así a la palabra griega que designaba el gusano de seda. Allí, entre la arena y las piedras, el monje tuvo una visión del Señor en medio de una constelación de mil puntos de luz (que los no creyentes han tratado de explicar como el efecto del sol en los fragmentos de pirita diseminados sobre las laderas de las montañas de la región). Para conmemorar este acontecimiento, el monje excavó una cueva en la roca, enyesó las paredes y las pintó con escenas de la vida de Buda./ Durante los mil años siguientes, casi quinientas cuevas se abrieron en la roca y se embellecieron con exquisitos murales y refinadas estatuas de arcilla, dando lugar al famoso Santuario de Mogao de China occidental…. ….. …../ Más tarde, en el siglo XI, probablemente con el fin de que no fuera objeto de la codicia de ejércitos extranjeros, una colección formada por más de cincuenta mil manuscritos y pinturas de valor incalculable fue escondida y encerrada en una de las cuevas de Mogao, transformando así ese lugar de manera totalmente fortuita en «el primer y mayor archivo del mundo de documentos de papel y en la única biblioteca budista de su tiempo»…, la cual habría de permanecer intacta durante siete siglos.
Wagensberg lanza más de quinientas ideas para invitar a pensar
Ref.: José Andrés Rojo – Madrid – “El País”, Madrid 16/01/2003 [ [http://www.elpais.com/->http://www.elpais.com/] ]
Jorge Wagensberg (Barcelona, 1948) ha «lanzado a la piscina un montón de ideas para ver cómo nadan». «El libro es el resultado de 30 años de trabajo en el mundo de la ciencia, y lo que he hecho es rescatar del trabajo ya hecho aquellas frases que comprimen mejor un problema, una línea de investigación, una reflexión». Son 531 píldoras las reunidas en Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál es la pregunta? (Tusquets), que presentó ayer en Madrid./ «Progresar es ganar independencia respecto a la incertidumbre del entorno». «Si quieres ver los colmillos del elefante no te pongas detrás de la cola». «Todo procede de algún lugar y se dirige a otro, como bien ilustra un plato de espaguetis con salsa de tomate». Son tres de las frases, tomadas al azar, que se encuentran en el último libro de Wagensberg, del que habría que decir como carta de presentación como mínimo dos cosas. La primera, que consigue lo que se propone (es decir, invitar a pensar). La segunda, que está lleno de sentido del humor.
En el último de los apartados del libro, Wagensberg se refiere a la metáfora de «habitar la frontera». Dice de quien vive en aquellos parajes que está abierto a la innovación, que está dispuesto a correr riesgos, que está habituado a enfrentarse a la incertidumbre, entre otras cosas. Y en esa definición, posiblemente se retrate a sí mismo. Doctor en Física y profesor de Teoría de los Procesos Irreversibles en la Universidad de Barcelona, director del Museo de la Ciencia de la Fundación La Caixa, desde 1991, y de la colección Metatemas de Tusquets, que publica libros cientícos, desde su creación hace veinte años, Wagensberg está situado en un territorio en el que confluyen múltiples maneras de manejarse con el conocimiento científico. Y seguramente sólo desde ese lugar podía embarcarse en un libro como éste, en el que conviven el más extremo rigor con la cordialidad de acercarse a todos con cuestiones que parecen reservadas a unos pocos.
«Me he ido quedando con las frases que han tenido fortuna», explica Wagensberg, «aquellas que han producido una comprensión súbita de alguna cuestión o esas otras que generaban espontáneamente una conversación». Las ideas las ha estructurado Wagensberg en cuatro grandes apartados: realidad, vida, conocimiento y civilización. ¿Por qué éstos y no otros? «Desde hace 13.500 millones de años existe eso que llamamos la realidad, que pesa unos 2,5 billones de cuatrillones de kilos, y desde entonces muy pocas cosas verdaderamente importantes han ocurrido. La primera fue la propia creación del universo. Luego, la materia se rebeló y de su esa rebelión surgió la vida. Y, por fin, con el tiempo, esa vida generó un sujeto que puede preguntarse sobre su entorno y que puede modificarlo. Así que las cuestiones fundamentales de las que debía ocuparme debían tratar sobre esas tres cuestiones. Y había otra más, cuando ese conocimiento va más allá, y los hombres se encuentran unos con otros».
El título es importante. Desde el primer párrafo del prólogo, Wagensberg establece cómo trabaja el pensamiento científico. Frente a lo que hay, explica, hay quienes consideran que el mundo está lleno de preguntas y que su tarea, por tanto, consiste en buscar las respuestas. «Son preguntas como quién soy, de dónde vengo, adónde voy. Y las respuestas que terminan por darse forman parte del conocimiento revelado y dan lugar a las creencias»./ Hay otros en cambio, y es el caso de los científicos, que consideran que el mundo es un mundo de respuestas y que lo que tienen que hacer, por tanto, es descubrir las preguntas. «Ya no se trata de establecer grandes verdades, sino de hacer inteligible lo que ocurre, de preocuparse por el cómo de las cosas», afirma Wagensberg./ El tema fundamental, el que recorre todo el libro, es el de la incertidumbre. Nada está establecido, todo puede variar. De la materia inerte surgió la vida; de la vida, el conocimiento. «Mis frases, todos estos pensamientos, tienen fecha de caducidad. No pretendo que valgan para siempre, no son los versículos de una fe que pretende ser eterna. Por eso mismo, cada uno de ellos va numerado, pero el número está entre paréntesis. Su contenido puede cambiar en cualquier momento».
«Pensar es pensar la incertidumbre», es la idea que abre el libro. Wagensberg se ha embarcado en este proyecto a partir de una firme convicción: una idea que no pueda comprimirse en una frase no ha madurado suficientemente. «El conocimiento científico, que intenta comprender lo que ocurre, tiende al mismo tiempo a la máxima compresión. De ahí que, en el límite, se resuma en una ley. Una ley que, eso sí, suele ser incomprensible. Pero todo lo que hay detrás, lo que ha llevado a formularla, puede y debe decirse con el mínimo de palabras».
Así que hay un trabajo muy fino con las palabras. Algunas de ellas, como «progreso», no han calado en el mundo científico, y han sido abiertamente cuestionadas por autores como Stephen Jay Gould. Wagensberg se ha afanado en expresar su significado. «Es un término que llega a la ciencia demasiado cargado del significado que le dan los humanistas o los políticos. Utilizarlo en un ambiente de biólogos puede desencadenar una tormenta. Pero yo creo que es necesario definir lo que es el progreso, un término que pueda explicar lo que ha pasado entre una bacteria y Shakespeare. Además, muchas veces las palabras que pasan del uso diario a la ciencia luego regresan de allí enriquecidas».
La complejidad, el tiempo, los principios antrópico y entrópico, la selección natural. Pero en el libro también se trata del arte, el amor o el dinero. Sin olvidar en ningún caso la perspectiva científica, esa voluntad de ser lo más objetivo posible. ¿Pero eso es cada vez más dífícil cuando entre el sujeto y el objeto se diluyen las fronteras? «Tal vez en determinados casos. Pero los científicos estamos obligados a partir de la hipótesis de que la realidad existe. Y de que se puede conocer. Eso nos exige un gran sacrificio: no poder estar incluidos en la obra que hacemos. Estar fuera, por exigencias del oficio. El artista, en cambio, puede confundirse, mezclarse, estar dentro de lo que hace. De todas formas es un sacrificio que tiene premio: ser universal. Es decir, ser capaces de hacer algo que todos puedan comprender».
Jorge Wagensberg vuelve al aforismo con el libro ‘A más cómo, menos por qué’
Ref.: A. Fancelli – Barcelona – “El País”, Madrid 18/04/2006 [ [http://www.elpais.com/->http://www.elpais.com/] ]
«Lo improbable asombra a todo el mundo, lo cotidiano sólo al genio». «Las verdades se descubren, las mentiras se construyen». O el que da título al volumen: «A más cómo, menos por qué». Son algunos de los 747 aforismos que el científico Jorge Wagensberg (Barcelona, 1948) ha reunido «con la intención de comprender lo fundamental, lo natural y lo actual», según reza el subtítulo del libro. A más cómo, menos por qué (Tusquets) se sitúa en la estela del exitoso Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?, publicado en 2003, en la misma colección Metatemas./ «En aquel libro recogí los pensamientos con los que me había topado en los últimos 20 años. En cambio, las de ahora son reflexiones construidas para comprender, surgen como consecuencia de mi quehacer cotidiano dedicado a la ciencia, que finalmente no es otra cosa que una técnica de reflexión», apunta el físico y catedrático de Procesos Irreversibles de la Universidad de Barcelona./ De A más cómo, menos por qué dice el autor: «Es el aforismo de los que he recogido que, a mi entender, resume mejor el pensamiento científico. Preguntar por las causas es siempre una pregunta de emergencia, porque causas puede haber muchísimas. En cambio, preguntarse por el cómo es investigar el proceso. La crisis de Marbella, por ejemplo: cuanto más conozcamos cómo funcionó realmente la corrupción, tanto menos nos interrogaremos sobre las causas», reflexiona el autor. «Preguntarse qué es, en qué consiste determinado fenómeno es investigar sobre el lenguaje. El porqué nos coloca en el plano de la metaciencia. El para qué, en el de la tecnología. Y el cómo en el de la ciencia». Como ya explicó en su anterior volumen de aforismos, Wagensberg considera que la naturaleza es la respuesta al problema. «Las nalgas son la respuesta natural al problema de sentarse. La silla es la respuesta cultural a ese mismo problema».
A más cómo, menos por qué se adentra en la relación entre disciplinas. Jorge Wagensberg considera que la diferencia entre arte y ciencia radica «en que la primera puede intuir sin comprender», mientras que la segunda «puede comprender sin intuir». «La ciencia es la forma más compacta para expresar la incertidumbre», abunda.
El científico se siente cómodo con el género aforístico. «Se trata de expresiones mínimas de lo máximo compartido, un tipo de pensamiento zip que condensa hasta el límite». La tradición marcada por autores como Spinoza, Wittgenstein o Cioran le infunde mucho respeto. «El aforismo es como la poesía. O resulta sublime o es simplemente ridículo». Confiesa que su formación como aforista es nula. Venera, eso sí, a Groucho Marx, a quien considera uno de los adalides de la sentencia breve. «No ingresar en un club en el que te acepten como socio plantea el problema científico de la indecibilidad».
Ciertamente, el aforismo entraña sus riesgos: fácilmente puede ser tomado por dogma, que es un género parecido, utilizado por las religiones. «El aforismo no es dogmático. Yo lo concibo como una píldora lanzada para ser disuelta por el pensamiento. Recomiendo dosis pequeñas de aforismos, leer de vez en vez unos pocos. En grupo, puede resultar divertido escoger uno y comentarlo».
¿Qué persigue el aforismo? «El gozo intelectual», sentencia Wagensberg. «Ese gozo se sitúa en un punto entre dos fronteras: la belleza y la inteligibilidad. La belleza, el arte, es repetición por fuera. La inteligibilidad es repetición del contenido. Comprender es situar el fenómeno dentro de una totalidad».