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«El poder inefable de la música» (Acerca de singular obra de Darío Valencia-Restrepo)

… me acogía al entretenimiento de leer algún libro devoto,
o a tocar un arpa, porque la experiencia me mostraba
que la música compone los ánimos descompuestos
y alivia los trabajos que nacen del espíritu….
Luscinda. (En el Cap. XXVIII, parte primera de El Quijote)

Este mundo, planeta, en que surgimos y vivimos, ha llegado a ser conocido con todos sus detalles. Y con la llamada “globalización” las interconexiones de todo orden se han dado, desde lo económico y comercial hasta en las influencias e intercambios en las diversas formas de cultura. Incluso ya no pareciera tener validez la distinción entre “cultura occidental” y “cultura oriental”, a pesar de sostener aún características diferenciadoras, puesto que las fronteras son esquivas. Quizá se alude a la distinción en virtud de expresiones vernáculas de los dos grandes campos. José-Luis Romero tuvo el buen sentido de advertir cómo la cultura occidental se originó en unas maneras heterogéneas de vida, con elaboración interior de supuestos que le daban unidad, lo que a su vez caracterizaba su devenir histórico. La música y todas las artes hacen parte de ese intríngulis.

En el caso de la música, el autor de este enjundioso libro, después de estudiar formas clásicas y modernas, llega a exponer experiencias nacionales en su alcance social, lo cual le lleva a poner de presente “el poder de la música, su potencial para relacionarse vitalmente con el medio social y el desarrollo cultural, al igual que su valor educativo para estimular la creatividad, la imaginación y el reconocimiento de ideas y relaciones no expresables con palabras.”

Esta obra incorpora estudios, en una primera parte, sobre Bach, Mozart, Beethoven, Schubert y Mahler, con demarcación de singularidades en algunas de sus obras. La segunda parte trata aspectos más generales en ensayos sobre la música del siglo XX, las mujeres compositoras, el portentoso trabajo en la música de León y Otto de Greiff, la relación del Quijote con la música, el impacto de Pavarotti en la difusión de la ópera, la noción de las cuatro culturas (con ejemplo mayor en la misión cumplida por los sabios Humboldt y Caldas), el arte como eje articulador en la educación, el lenguaje y la música, y el testimonio final sobre el inestimado poder de la música.

La segunda parte del libro incluye también cinco artículos relacionados con Colombia. En primer lugar, dos que destacan emprendimientos para el necesario rescate de la vida y obra de grandes compositores del país, uno sobre el Grupo de Investigación Audiovisual Musical, INTERDÍS, de la Universidad Nacional de Colombia-Sede Medellín, y el otro que se refiere a la conformación de uno de los archivos musicales más importantes de Colombia, en la actualidad al cuidado de la Sala de Patrimonio Documental de la Biblioteca Luis Echavarría Villegas de la Universidad EAFIT. Un tercer artículo reseña un gran documental musical de Nicolás Buenaventura Vidal que, en un tono poético y con imágenes de gran plasticidad, narra las difíciles condiciones de composición e interpretación, en un campo de prisioneros de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, del Cuarteto para el fin de los tiempos, de Olivier Messiaen. Y finalmente, otros dos artículos, uno relacionado con Antonio María Valencia, en el cual se comenta un valioso libro de Mario Gómez-Vignes, y el otro con Teresita Gómez, destacada pianista colombiana.

El libro muestra el amplio bagaje cultural, en sus múltiples facetas del autor, con realizaciones académicas notables. Formado como ingeniero civil y matemático, con estudios de postgrado en campos de la hidráulica o manejo del agua, en una de las más prestigiosas universidades del mundo, el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts); profesor-investigador eminente, consultor en cuestiones técnicas y científicas, con desempeños públicos en los rectorados de la Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional de Colombia; y gerente en las emblemáticas Empresas Públicas de Medellín (EPM), con todos los honores académicos y reconocimientos mayores de Estado. De manera especial mencionamos que es “Miembro Honorario” de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, al igual que de la Academia Antioqueña de Historia. Autor de libros científicos, técnicos e históricos, con número de alta significación en ensayos y columnas de prensa, sobre los más variados temas, siempre con el talante de investigador y de difusor calificado de los conocimientos, con sentido de la comprensión unitaria. En Darío Valencia-Restrepo se aúnan las vocaciones por la ciencia básica, la ciencia aplicada, el humanismo, las artes, la educación y el sentido del compromiso social con el saber. En la juventud fue deportista campeón nacional en el tenis de mesa, con fortalezas también en el ajedrez. Estudioso y practicante de la música, al igual que en la filosofía y el cine. Viajero por la atracción de las artes y las ciencias, con especial asomo en la música como perceptor de óperas y obras sinfónicas, en destacados auditorios de diversas ciudades del mundo.

Sobre Johann Sebastian Bach publicó bello y minucioso libro, con modesto título: Comentarios sobre la vida y obra de Johann Sebastian Bach (2021), pero que involucra incluso descripciones detalladas de conocedor en cuestiones técnicas de la composición y la interpretación. En tres volúmenes recogió sus columnas de prensa, de labor ejercida por casi cuatro décadas, bajo el título “Viaje del tiempo” (1983-2019), donde también se muestra ese amplio bagaje intelectual de estudioso continuo, con maravillosa escritura, en especie de encontrar mayor ámbito a su vocación de educador.

En diversos escritos el autor refiere al calificado maestro, su maestro, D. Rodolfo Pérez-González (1929-2020), músico completo, compositor, director de orquesta y coros, formador de nuevas generaciones y tratadista con investigaciones minuciosas, de rigor en la escritura, sobre grandes compositores y de otros temas afines. Valencia fue prologuista de algunas de sus obras, así mismo con análisis de fina factura.

En uno de los ensayos finales, el autor alude a cuatro culturas, con inclusión de una adicional a las tres tradicionales. Se refiere a la conferencia de C.P. Snow en Londres (1959) sobre las dos culturas: la ciencia y las humanidades, con crítica al distanciamiento entre científicos y letrados, al igual que al uso del término intelectual solo para los segundos, cuando es igualmente apropiado para los primeros. Asimismo, Snow mencionó la importancia de la interdisciplina para afrontar los problemas del mundo. Enseguida, cita obra de Jerome Kagan, quien señala que no son dos sino tres las culturas: ciencias naturales, ciencias sociales y humanidades. Y el autor hace notar la falta de considerar el arte, que asume como cuarta cultura, por su capacidad de expresar lo que no puede decirse con palabras, además de estimular la formación creativa o innovadora y las actitudes críticas.

En su aproximación a Bach, prólogo de un libro de Pérez-González, explica la posibilidad de ese gran compositor haber considerado la armonía como un don de la naturaleza, al ser la música una expresión de ella en su belleza e incluso llegar a modificarla para bien con trabajo meticuloso. Incorpora el paralelo entre Bach y Newton, por ambos haber hecho contribuciones de cambios fundamentales en sus campos respectivos, con el sentido de hacer patente la armonía de la creación. Adiciona el estimado de la relación entre ciencia y arte, con apoyo en Hofstadter, para adherir al paralelo entre el teorema de Gödel, los dibujos de Escher y la obra de Bach, en tanto se consideran sistemas autorreferenciados o los que se vuelven sobre sí mismos, en especial al tomar en cuenta La Ofrenda Musical, una colección en particular de cánones y fugas, de Bach, con base en el “tema real” de Federico II de Prusia. Al hacer referencia a obras excelsas del compositor: El arte de la fuga, El clave bien temperado, las Variaciones Goldberg, el Concierto italiano, Conciertos de Brandemburgo, la Misa en Si menor, las dos grandes pasiones: según San Mateo y según San Juan… redondea su apreciación sobre Bach al acoger la opinión calificada de J.E. Gardiner, de no existir otro compositor más universal, quien tuvo la capacidad de hacer simbiosis entre lo físico y lo metafísico, lo material y lo espiritual, con sorprendente asimilación de contribuciones viejas y nuevas en la música, de diversos lugares de Europa. Darío agrega que Bach es “una de las pocas figuras portentosas que contribuyeron decisiva y definitivamente a configurar lo que hoy llamamos Civilización Occidental.” Apreciación concordante, además, con la referencia inicial que hicimos de José-Luis Romero.

El autor se adentra en el estudio de la Pasión según San Mateo y de La Ofrenda Musical. A la primera la considera como la obra cumbre de Bach e, incluso, de la música europea de todos los tiempos, que le lleva a rememorar la película El evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini. La segunda la considera como una obra concebida para instruir y para entretener, que refleja la visión luterana ortodoxa de Bach, en especial en sus cánones.

Otro de los estudios incorporados en este libro se ocupa de las características centrales de la obra de Wolfgang Amadeus Mozart, a quien de entrada lo considera como un músico que cambió el mundo para siempre e hizo la vida más digna de vivirse. Músico universal, con dominio de todos los géneros, con preferencia por la ópera y los conciertos, con capacidad de tomar en cuenta todos los ambientes, desde los alegres y festivos hasta los más aterradores. Repasa diversas obras del gran compositor con matices en el conocimiento de ellas y apreciaciones bien fundamentadas. Destaca la innegable influencia que tuvo sobre compositores posteriores como Chopin, Wagner y Richard Strauss, y en escritores, filósofos, pintores y cineastas. Opina que la obra de Mozart, a pesar de algunas superficiales impresiones, tiene trascendencia y profundidad como las obras de Beethoven y Bach. Sin embargo, establece que Beethoven marcó con su obra una revolución en la historia del arte, lo que no ocurrió con Bach y Mozart. Alude con ilustración a obras como el Cuarteto K 465, Las bodas de Fígaro, Don Giovanni, el Réquiem… El autor señala, al final de este ensayo, que “la humanidad encontrará siempre en Mozart un bálsamo para sus dolencias, un ejemplo de la grandeza y fortaleza del espíritu, y la esperanza de un mundo mejor para todos.”

Valencia califica de singulares y maravillosas todas las obras de su maestro, D. Rodolfo Pérez-González, en especial las dedicadas a Beethoven, Bach y Mozart, por lo documentadas y por la singularidad en los estudios técnicos que emprende de las obras de los compositores que estudió, con calificados y acertados juicios.

Darío incorpora también en el libro un juicioso estudio, como todos los suyos, sobre la ópera Don Giovanni de Mozart, con libreto básico de Lorenzo de Ponte, con estreno en 1787, bajo la dirección del compositor. Aborda la existencia de dos figuras en la literatura del Siglo de Oro español, Don Quijote y Don Juan, en el primero con preponderancia de la exaltación del espíritu, y en el segundo, guiado siempre por la sensualidad, especie de representación de la polaridad extrema dominante en tantos lugares y en diversas épocas. Se adentra el autor por vericuetos de las letras (poesía, novela, cuento, ensayo, teatro/drama y comedia) para observar cómo esas tendencias se han manifestado, con expresión mayor en la ópera de Mozart, con antecedentes del personaje sensual en la ópera bufa.

Anota, frente a la tradicional discusión, si es preponderante el texto o la música en la obra, con cita de Mozart, quien arguye: “En una ópera, la poesía debe ser, para todos los efectos, la hija obediente de la música”. Destaca la grandeza, la complejidad y fuerza de la obra, con escenas que contraponen pasajes serios y escenas cómicas. Describe a los personajes con reconocimientos esenciales: Doña Ana y Doña Elvira (personaje que cautiva), la campesina Zerlina, el criado Leporello, perdedor como seductor frustrado, y las dos primeras son las que asedian a Don Juan, con oposición a las conquistas de este. Todos los demás personajes giran en torno a los aludidos.

El autor destaca lo que ocurre en el primer acto, cuando Don Giovanni realiza fiesta en su palacio, de convocatoria abierta, con un breve y rotundo canto a la libertad. Hay asistencia de nobles y campesinos, con baile entre ellos, en interpretación de danza, contradanza, minueto y la danza campesina o alemana. Valencia hace mención singular de la manera como Mozart exalta esa figura, un tanto utópica, de la libertad, con la sorpresa de la actuación simultánea de tres orquestas pequeñas que irrumpen en la escena, con diferente compás cada una.

El apartado sobre Mozart continúa con la experiencia personal del autor al recorrer los caminos del compositor por las ciudades de Salzburgo, Viena y Praga, en las cuales pudo asistir a conciertos y lugares que en la actualidad conservan el recuerdo vivo de quien recorrió buena parte del continente europeo como niño prodigio y posteriormente como célebre personaje. Se ponen de presente las razones que llevaron a Mozart a dejar su ciudad natal, Salzburgo, con el fin de instalarse en Viena, centro en su tiempo de la música occidental; y la feliz época de su vida cuando en sus últimos años estuvo en Praga para presentar su ópera Las bodas de Fígaro, seguida luego del estreno absoluto de su gran ópera Don Giovanni. Valencia- Restrepo recuerda en especial su asistencia al recital del legendario Alfred Brendel con obras de Mozart en el Musikverein de Viena; la oportunidad de escuchar en la misma sala las sinfonías 25 y 41 del compositor, dirigidas por Nikolaus Harnoncourt, uno de los pioneros en la interpretación que considera el contexto histórico y emplea instrumentos de la época de las composiciones; y su emocionante visita en Praga a Bertramka, museo de Mozart y casa de los Dušek, familia que hospedó a Mozart con motivo de la visita antes mencionada.

Finalizan los estudios sobre Mozart con una detallada presentación de los principales retratos que se conocen del compositor, con énfasis en aquellos considerados auténticos. Como señala el autor del libro, la iconografía mozartiana remite con frecuencia a Otto Erich Deutsch, quien se lamenta de las colecciones de retratos que incluyen información exacta, dudosa y falsa. Ante tantos retratos dudosos y espurios, Valencia ilustra el texto con diez imágenes que estima más representativas, con el fin de indicar autoría, origen y circunstancias de cada una de ellas y, al mismo tiempo, establecer comparaciones que permitan acercarse lo más posible al rostro histórico del personaje. Las imágenes se extienden desde cuando Mozart contaba con siete años de edad hasta los años cercanos a su fallecimiento. Vale la pena destacar una afirmación que puede orientar a los interesados: el retrato pintado por Joseph Lange, poco antes de la temprana muerte del compositor, puede ser el más fiel de todos. El pintor fue concuñado de Mozart, de manera que la obra refleja la calidez y cercanía de quien bien conocía y apreciaba al compositor.

Dos estudios a continuación se relacionan con Ludwig van Beethoven. En el primero de ellos se presenta el libro Obra de Beethoven, del maestro Rodolfo Pérez González, con el fin de señalar que es difícil encontrar otro libro sobre el compositor que sea tan comprensivo, pues aquel comenta y analiza todas y cada una de las obras, en una forma cronológica que permite apreciar su evolución y desarrollo creativo, amén de la no siempre obvia relación entre vida y composiciones. Comenta el autor del libro que “A veces no es fácil prescindir totalmente del lenguaje técnico para referirse a la obra de quien transformó totalmente el papel de su arte, modificó su sentido en la sociedad y en la cultura, dándole una significación insospechada. Sin embargo, se ha evitado, hasta donde ha sido posible, todo tecnicismo incomprensible.” Se concluye que es poco posible encontrar una publicación similar si se contrae la atención a trabajos escritos originalmente en idioma español. El libro fue editado por la Universidad de Antioquia y publicado en 2002.

En otro curioso estudio, Darío se ocupa de estudiar los antecedentes de la creación del metrónomo y su adopción por Beethoven, con previa definición pedagógica de los tiempos (tempi) en la música, como forma de la velocidad en la ejecución de una obra: largo, adagio, andante, moderato, allegro y presto, con sus respectivas significaciones. Se remonta al origen del instrumento con la adaptación que hizo Johann Nepomuk Mälzel en 1816, con base en otro anterior existente en Ámsterdam. Describe las características técnicas del instrumento. Mälzel tuvo estrecha relación con Beethoven para afinar su configuración, e incluso le construyó cuatro audífonos como intento de aliviar un poco su sordera.

En virtud del uso del metrónomo, el autor examina los tempi de los cuatro movimientos de la octava sinfonía de Beethoven, que lo lleva a comparar las recomendaciones del compositor con interpretaciones posteriores, para concluir que hay tres versiones que más se acercan a los tempi señalados por el autor: las de Brüggen, Hogwood y Gardiner, con aprovechamiento de instrumentos antiguos. Asimismo, Valencia refiere lo que ocurre con la novena sinfonía, con la alusión de Beethoven considerar que su duración era del orden de tres cuartos de hora, pero en verdad sus interpretaciones más actuales gastan entre 60 y 70 minutos. Complementa el estudio con referencias a algunos directores y compositores sobre el mismo tema de los tempi.

En el siguiente ensayo, el profesor Valencia estudia “La canción artística”, con los antecedentes en el folclor, en especial de Alemania. Advierte que Haydn, Mozart y Beethoven no tuvieron dedicación especial a la canción; sin embargo, resalta en cada uno sendas obras que marcan un antecedente significativo: Las estaciones de Haydn, La violeta de Mozart y A la amada lejana de Beethoven, con luego mayor protagonismo de Schubert, quien al parecer compuso un total de 631 Lieder. Relaciona el proceso de este creador con paso del clasicismo al romanticismo, por la manera como distrae los conceptos anteriores de orden, claridad y unidad, para realzar más bien en su música las ideas y los afectos del poema. Se adentra en el proceso sostenido de Schubert desde su composición magistral, a los 17 años (1814), intitulada Margarita en la rueca, considerada como el primer Lied moderno. Con frecuencia se apoya en poemas de Goethe, también de Heine, entre otros, con despliegue de su reconocido conocimiento de la literatura.

Schubert creó ciclos de canciones, como La bella molinera, de 20 canciones, y Viaje de invierno con 24. Schubert asume el piano no solo como acompañamiento, sino que lo iguala a la interpretación de la voz.

De manera especial aludo a la semblanza que hace de Gustav Mahler, compositor de nuestra más afectiva cercanía, y a la traducción del alemán que hace de los poemas que integran su obra La canción de la Tierra. Nos recuerda la manera como Mahler concibió esa obra, en especie de sinfonía para contralto, tenor y orquesta. Alude al año trágico de 1907, cuando perdió a su hija mayor, fue despojado del cargo de director de la Ópera de Viena y tuvo diagnóstico de dolencia delicada en el corazón, lo que le llevaría a la muerte. En vida su obra no tuvo el relieve que adquirió con los años. Valencia lo considera como uno de los últimos románticos y como compositor que desarrolló de manera notable la concepción de Sinfonía, enriqueciéndola con la incorporación de la canción.

Para la obra en mención, Mahler tomó siete poemas de La flauta china, unos poemas chinos del siglo VIII, traducidos al alemán por Hans Bethge, los que reunió en seis partes de su obra sinfónica, con igual número de movimientos para dos voces y orquesta. Obra que Valencia reconoce como la de máximo desarrollo en las opciones sinfónicas de la canción, con “interacción de voz y orquesta, fundida en una arquitectura sinfónica de gran aliento”, la obra mayor de Mahler, entendida quizá como un adiós del romanticismo.

La traducción libre que hace Darío de los poemas en la versión alemana de Bethge, es de gran belleza, con los detalles en sentimientos ante la vida y la muerte, las banalidades de la Tierra, lo sombrío, las flores del campo, el descanso, la soledad, las lágrimas, la evocación de la juventud, las aguas tranquilas, los cuerpos dorados de las muchachas por el Sol, esa juventud sensual en sus exhibiciones al aire, con el pálpito del corazón. Si la vida es sueño, por qué las manifestaciones de la fatiga y la pena, con la primavera los cantos de los pájaros no le despiertan el merecido entusiasmo. Con la llegada del crepúsculo en las tardes, hay la meditación por el ocultamiento del Sol con sus sombras frescas, y la Luna hace presencia por entre los pinos sombríos, el murmullo de los arroyos cruza lo oscuro y las flores palidecen. La dicha se olvida y la juventud se percibe como un pasado, en tanto se tiene la sensación de que el mundo duerme. Hay frescor con la brisa proveniente de los pinos. Se añora la amistad distante. Queda el canto: “¡Oh belleza! ¡Oh mundo por siempre ebrio de amor y de vida!” Muy a pesar de la tristeza, hay el reconocimiento de lo amoroso de la Tierra que en la primavera revive con su verdor, en el buen deseo de disponer de horizontes luminosos, por siempre.

El autor del libro en cuestión se adentra en estudiar la música del siglo XX, con indagación en los cambios ocurridos en las modalidades de composición, con el contraste de la armonía, el contrapunto, la tonalidad y las líneas melódicas y los sonidos consonantes. Se refiere al desconocimiento generalizado de esas contribuciones del pasado siglo, quizá por falta de mejor difusión en las instituciones educativas, con la anotación de lo bueno que es escuchar las obras, aun sin conocimientos de música, repetirlas unas y otra vez para cogerle el gusto. Señala la multiplicidad de estilos y técnicas que afloran a las maneras del impresionismo, la atonalidad, el neoclasicismo, el dodecafonismo, el serialismo, la música electrónica, el minimalismo, la música aleatoria… con especial interés en el ritmo y el color en las composiciones, incluso con elementos de obras en períodos históricos anteriores, también con el jazz, las contribuciones del folclor y de lo popular.

No desconoce el autor la influencia en los jóvenes de Frank Sinatra, Elvis Presley, los Beatles, los Rolling Stones, de manera principal. Alude a los períodos de entreguerras con los impactos en la cultura y en la creación artística. En su estudio aborda cuatro períodos: 1. La nueva música: 1900-1920; 2. Neoclasicismos, estilos nacionales: 1920-1945; 3. Serialismo, aleatoriedad, música electrónica: 1945-1975, y 4. Posmodernismo: 1975-2000. Precede sus observaciones de estos períodos con breve consideración sobre la tonalidad, en sus características y variaciones, con exposición didáctica.

Acude a considerar la influencia de Wagner en la segunda mitad del siglo XIX, con muestra del agotamiento del Romanticismo alemán, con recepción en Mahler quien incorpora el Lied a las obras sinfónicas, con cambios más manifiestos en obras de Debussy y Strauss. Destaca la manera como se consolida la atonalidad en figuras prominentes del siglo XX como Stravinski, Schönberg y Bartók. Refiere obras con sus impactos, en especial en París, con Debussy, y en Viena con Schönberg y sus discípulos Alban Berg y Anton Webern. Revisa las contribuciones de Stravinski, con los antecedentes en obras de Prokofiev y Strauss. Dedica un poco más de espacio a las consideraciones sobre Béla Bartók, quien toma elementos de la música folclórica en sus composiciones, con identidad nacional.

Continúa la exposición en los períodos mencionados con especial estimado de Olivier Messiaen, Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen, llegando con este al tratamiento electrónico de la música y sentido de obra abierta. Refiere la antipática expresión “posmodernismo” en el cuarto de siglo final del siglo XX, con muestra de agotamiento en el vanguardismo y el surgimiento de nuevo de la tonalidad y la regularidad rítmica, con incorporación de avances tecnológicos en multimedia, “performances” o “happenings”, y expansión por los diversos medios digitales al alcance, con acceso a elementos electroacústicos, con influencias asumidas de otros estilos (jazz, rock, pop, música no occidental).

Se reproduce el prólogo que Darío hizo para el otro libro del maestro Pérez-González, acerca de las mujeres compositoras, de olvido imperdonable. Comienza por aportar datos en encuesta de Estados Unidos (1983) para examinar cómo las mujeres eran referidas en textos universitarios de historia de la música, con precario resultado. Desconocimientos, y cuando alguna mujer era mencionada no aportaban datos de obras ni de su significación. Presenta casos históricos en grandes personalidades de la música y el pensamiento sobre la manera como se subvaloraba la inteligencia y ocupación creadora de la mujer, con preeminencia del poder masculino. Y toma referencia de la reivindicación de los derechos de la mujer, con cita de la obra Una vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft (1759-1797), publicada en 1792, para mencionar la manera como Pérez-González da a conocer con detalle la personalidad y la obra de la compositora Ethel Smyth, además de activista en movimientos de reivindicación de los derechos de la mujer. Otras compositoras que rescata el maestro son: Louise Adolpha le Beau, Louise Farrenc, Thea Musgrave, Sofia Asgatovna Gubaidulina, con el antecedente notable de la monja en la Orden de San Benito, Hildegard von Bingen (1098-1179), compositora, pensadora, naturalista, polímata.

Darío Valencia lleva a cabo una especial y singular pesquisa sobre la música en los hermanos León y Otto de Greiff, con disciplinas técnicas en sus comienzos y dedicaciones de alta poesía el primero, y despliegues académicos el segundo, con hondura ambos en la música, en su conocimiento y difusión. Recuenta los orígenes de ambos con antecesores en Suecia. Trae oportuna cita de Germán Arciniegas, quien refiere con halago la publicación de obra poética de Otto, Grafismos del grifo grumete. Arciniegas dice: “Los poemas que se publican ahora descubren un poeta escondido durante medio siglo”, con calificación de sorpresa y belleza lírica. Refiere Darío la publicación por la Universidad de Antioquia, en el 2003, de los Escritos sobre música de León, recopilación de las intervenciones semanales, en diez años, que tuvo por la Radiodifusora Nacional de Colombia. Detalla estudios sobre la obra de ambos. De manera especial cita la revista Al margen, de marzo 2006, que recogió las tres conferencias que pronunció Estanislao Zuleta en la Universidad de Antioquia sobre la poesía de León de Greiff.

También dedica Darío buen espacio a reseñar el trabajo de grado en Maestría obtenido por Margarita-María Velásquez, con título: La música en la poesía de León de Greiff (1998), donde se esclarece la influencia principal de Wagner en el poeta, como también de Beethoven desde la más temprana edad. Asimismo, en su poesía se manifiestan Bach y Debussy.

Acerca de Otto, Valencia relaciona su actividad sobresaliente, además de poeta, sus traducciones literarias del inglés, francés, italiano, sueco y alemán, con preferencia por las traducciones de Goethe, e incluso fue traductor de la poesía de Stefan Zweig. Y hace alusión a la columna que sostuvo, por cuatro décadas, en el periódico El Tiempo, con reseñas de la actividad musical en Bogotá. Y destaca la colección de catorce volúmenes, con cuatro casetes cada uno, que publicó con la Historia ilustrada de la música. Da cuenta Darío de la donación que hicieron los descendientes de León y Otto a la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, donde se conservan las bibliotecas de ambos y la portentosa colección de discos y partituras, además de los archivos personales.

En esta sucesión de estudios emprendidos por Darío Valencia aparece el referido a la relación de Don Quijote con la música. Husmea en los antecedentes prerrenacentistas en la música española y sus manifestaciones en el Siglo de Oro, con la irrupción de Tomás Luis de Victoria y del mismo Miguel de Cervantes.

Indaga por la música generada con posterioridad a la publicación del Quijote, con el estimado de más de cien piezas, entre ballet, canción, poema sinfónico, suite, ópera, etc. Menciona la obras más destacadas, en especial las óperas Il Don Chisciot della Mancia (1680) de Carlo Sajon, Der irredende Ritter Don Quixotte de la Mancia de J.P. Försch, Don Quichotte (comedia heroica en cinco actos, “de gran factura, plena de afecto y encanto”) de Jules Massenet y con características todavía más especiales la ópera Don Quijote (1999) de Cristóbal Halffter. De las numerosas obras españolas acentúa la compuesta por Manuel de Falla, la ópera con títeres El retablo de maese Pedro, referente al capítulo XXVI de la segunda parte del Quijote, estrenada en París en 1923. Resalta el bello poema sinfónico de Richard Strauss titulado Don Quijote, con otras menciones a obras preponderantes.

Se ocupa con amplitud el autor de la ópera en general, a propósito de la difusión que de ella hizo Luciano Pavarotti, como destacado protagonista, a quien reconoce por su luminosa voz y carisma, especie de leyenda en vida. Refiere a los grandes compositores que dedicaron obras a ese género: Mozart, Beethoven (con Fidelio, su única ópera)… Strauss, Janáček, Bartók, Prokofiev, Shostakovich, Stravinski, Britten, Schönberg, Ligeti, Stockhausen y Messiaen, en el siglo XX. Incluso refiere la adaptación en cine de algunas óperas, como las llevadas a pantalla por Bergman (La flauta mágica de Mozart), Zeffirelli (La traviata de Verdi), Petr Weigl (La vuelta de tuerca de Britten) y Joseph Losey (Don Giovanni de Mozart).

Las preocupaciones de Darío Valencia por la educación lo llevan a examinar la importancia del arte, como eje formador, en tanto estimula la creatividad y el pensamiento con capacidad de libre examen. Como se dijo antes, establece la existencia de cuatro culturas, con el arte en singular participación. Toma referencia en las contribuciones de la Misión Internacional de Sabios 2019 cuando cita la necesidad de incorporar la práctica artística y la estética en los diferentes niveles de la educación, como núcleo y eje en la formación, con la idea que en cada uno de los departamentos del país funcione por lo menos una institución especializada en artes, estimulante y formadora. Llama también la atención en la necesidad de políticas públicas, en especial del Ministerio de Educación Nacional, con el propósito de alcanzar transformaciones curriculares y pedagógicas, con atención principal a la primera infancia y consecutiva en la básica y media.

Los ensayos del libro terminan con dos textos sobre las nuevas teorías del lenguaje y la música y el poder de la música. En ellos refiere las contribuciones de la neurobiología que explican la manera como el habla y la música aprovechan cualidades existentes

en el cerebro, en especie de diseños de la cultura, con el discutible criterio de imitar la naturaleza. Desarrolla esta exposición con apoyo en obra del científico evolucionista Mark Changizi (n. 1969), ocupado de esclarecer los orígenes de los sistemas biológicos del conocimiento que nos llevan incluso a percibir el presente. Darío introduce alusiones a Chomsky y al efecto Doppler. Y debate la teoría de Changizi, al contraponer la explicación de ser, quizá, los desarrollos del habla y la escritura resultados adquiridos por los esfuerzos de los humanos como producto del impulso que da la cultura, estableciendo progresivas conexiones en el cerebro. Con la convicción de la evolución en la selección natural ocurrida en millones de años al haber tenido otra consecuencia en más rápida evolución con los avances en la cultura.

Acerca del poder de la música cita la actuación, en 2008, de la Orquesta Filarmónica de Nueva York en la capital de Corea del Norte con obras de Wagner, Dvorak y Gershwin, un acontecimiento que califica sin precedentes desde el armisticio en 1953 al término de la guerra de Corea. Ese concierto se complementó con actividades conjuntas e intercambios. Entre nosotros destaca cuatro ejemplos en proyectos ocupados de la relación vital entre la música y la vida social. Son ellos:

1. La Compañía del Cuerpo de Indias, avanzada del Colegio del Cuerpo creado por el bailarín y coreógrafo colombiano Álvaro Restrepo y Marie France Delieuvin, coreógrafa francesa, con trabajos durante quince años en las zonas más pobres de Cartagena de Indias, en la formación de niños y jóvenes; 2. La Fundación Nacional Batuta de Colombia, que con la creación de bandas ha salvado vidas de niños y jóvenes de zonas vulnerables, con fortalecimiento en la integración social; 3. La Red de Escuelas y Bandas de Música en las comunas de Medellín afectadas por la pobreza y por la violencia, de igual manera con la recuperación de niños y jóvenes conquistados para la vida en sociedad, y 4. Los proyectos realizados por el pianista Arnaldo García-Guinand (venezolano, con prolongada residencia en Medellín, de profesor y concertista) al estimular la integración, la comprensión y colaboración social con la interpretación de diversas expresiones de la música desde la clásica y la popular, hasta las formas de mayor gusto en sectores de la juventud como el Rock y el Hip-hop, con una misión especial “de estimular en el público la capacidad de reflexión y la formación de valores individuales y colectivos.”

Por supuesto que a estos significativos casos que relaciona el autor, podrían agregarse otros en las diversas regiones del país. De nuestra parte contamos la existencia de la Normal Musical de Caldas, en Manizales, creada por los músicos, compositores y pedagogos, maestros Guillermo Ceballos-Espinosa y Ruth Peñaloza de Ceballos. Institución que funcionó por cerca de dos décadas y que alcanzó a formar varias decenas de docentes para la enseñanza de la música en la primaria y en la básica. Por desgracia, el Ministerio de Educación Nacional no comprendió la importancia de ese proyecto, con resultados tangibles, y los gestores, con docentes acompañantes, se cansaron de insistir.

Para terminar, queremos subrayar la importancia de este libro que muestra una vez más el talento y la capacidad emprendedora de su autor, en investigación y escritura, comprometido con el libre examen de temas de la Ciencia y la Cultura, al servicio de una mejor sociedad, construida en gradualidad por una educación de calidad para todos. La obra podrá ser un texto para las Escuelas de Música y como apoyo en los cursos de humanidades en todos los programas curriculares de las universidades.

Celebramos con singular entusiasmo esta nueva y afortunada obra del eminente profesor Darío Valencia-Restrepo.

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Edición No. 215