Elvira Rico, en exposición
De la imaginación a la imagen ningún signo hay más elemental que un trazo y, para materializar la imagen, ningún trazo hay más contundente que un diseño. Este ejercicio elemental, que permite recrear cualquier experiencia fantaseadora, se convirtió, desde la noche de los tiempos, junto con el ejercicio de la palabra, en el primer media. Adquirir el lenguaje de los signos le ha permitido a la especie humana trazar el mundo circunstante, grabar el hecho imaginativo, construir la memoria. Los signos y los trazos se convirtieron en los más inequívocos compañeros de expresión del ser en el camino de la evolución. Nació la escritura, asumió cuerpo la palabra y se inauguraron, en una cadena infinita, la práctica textual, el acto comunicativo y la trascendencia del pensamiento y las ideas.
Apunte, esquicio, bosquejo, esbozo, trazado, contorno, delineación, diseño, representación, plano, proyecto, retrato, dibujo…, porque el lenguaje burilado con los signos y caliografiado con los significantes es el punto de partida de cualquier creación; lo demás son variaciones de dicha forma primera del arte. Evóquense los petroglifos de Chiribiquete en Colombia, de Drakensberg en África, de Lascaux en Francia, de Altamira en España y de Val Camonica en Italia. Apréciese la perfección de los diseños cerámicos y la exactitud evocativa de las líneas nazcas, la filigrana de las estelas mayas, el simbolismo de los oros quimbayas, la solemnidad de las incisiones egipcias, el hieratismo de las ánforas griegas, la obscenidad de los frescos de Pompeya y Ercolano, la voluptuosidad de los dibujos hindúes, la sobriedad del arte erótico japonés, la poesía de los caligramas chinos en que el dibujo, visionario, es fuente generadora.

Actualícese el mito de Pigmalión, el escultor hechizado de amor por la bellísima mujer que él mismo había esculpido; léase lo que refiere Plinio en el libro xxxvde su Naturalis Historia sobre el nacimiento del retrato, por mano del alfarero Butade Sicionio en Corinto. Y así, de anónimos a Piero de la Francesca, de Vitruvio a Botticelli; de Leonardo a Miguel Ángel; de Filarete a Palladio; de Rembrandt a Dürer; de Goya a Blake, de David a Ingres; de Rodin a Van Gogh; de Picasso a Giacometti; de Obregón a Cuevas; de Roda, Alcántara y Rendón a Varela, Jaramillo y Astudillo; de Caballero a Morales… porque la historia del dibujo y la escritura es la de la humanidad entera.
En el panorama actual del arte que se hace en Colombia, Elvira Rico Grillo se apersona de la continuidad de una tradición ejemplar. De su ímpetu y sensibilidad femíneos brotan trazos insolentes y vibrátiles que exaltan su manera: a la inmediatez de las imágenes suma la energía incontenible de su poética personal y, en el frenesí de su vida dedicada de manera ejemplar y poliédrica al arte, con el dibujo, minuta historias, prolifera situaciones, brinda sugestiones y enuncia verdades. En la obra de Elvira Rico Grillo impera el desnudo humano elemental con su carga de erotismo, su anhelo de verdad, su conciencia de ser. Porque reside en el fuego con que su alma combate la mediocre vida cotidiana. El pulso con que cincela los cuerpos y la dinámica con que los figura son carnales; ellos transpiran pasión, sudor y vida, y responden a los ritmos vertiginosos con que los construye.
En el infolio blanco o pigmentado con las yemas de sus dedos destellan figuras, rostros, torsos, sexos enardecidos por el deseo y exaltados por la invención y el ludus. A ello suma retratos tan ideales como verosímiles, composiciones misteriosas, seres ingrávidos, caballos, centauros y equinocéfalos (una de sus obsesiones) en un contrapunto vertido en libros de artista editados en ejemplares únicos. Y así, con fragmentos de humanidad, Elvira Rico Grillo estila la crónica de caídas, desamparos, soledades, cópulas y encuentros, de la que rinden cuenta también sus reiterados homenajes a la mujer. En el pleno dominio del medio expresivo y de un saber autónomo, elabora narraciones memoriosas. En estas, las creaturas en su gallardía, en su esencia, en su venustez, testimonian la pulsión efímera, los sueños irrealizados, la necesidad de amor. Con su admirable producción de dibujos, Elvira Rico Grillo trasiega en imágenes francas y virtuosas su prístino y vehemente vuelo imaginativo.
Milán, primavera de 2018