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Eme Güitrón-Villaseñor, diseñador y cineasta

Cine de México ha ido por todo el mundo, como pionero que fue en América Latina, con creadores y realizadores de significación, de producción seria, respetable, además con películas comerciales, muy populares. Temas de esta naturaleza abordamos con el joven cineasta Eme Güitrón, a partir de su formación y de sus proyectos ambiciosos.

– ¿Cuándo y cómo empezó tu afición por el cine?

Desde niño la he tenido como una afición constante. Tengo fijación por la películas, me absorben. Y de manera creativa lo asumí en los últimos años de mis estudios de Diseño Gráfico en la Universidad de Guadalajara, más motivado por una asignatura sobre producción audiovisual. Comencé a trabajar en una agencia de publicidad en ese campo. Luego estudié cine en Londres, y he asumido la producción y dirección de proyectos audiovisuales.

– El proceso de tus estudios…

Estudié comunicación y diseño gráfico en la Universidad de Guadalajara, entre 1992 y 1996; de 1996 a 2002 trabajé en agencias de publicidad en Guadalajara, principalmente en el campo audiovisual, en comerciales, videos, en especial en el diseño gráfico, con lo que acentué mi curiosidad por la producción audiovisual, y en el 2002 tomé la decisión de inclinar mi trabajo a ese campo, con el paso siguiente de hacer maestría en dirección y producción de cine en Londres, con programa muy práctico.

– ¿Cuáles han sido tus trabajos en documentales y cortometrajes?

He hecho ocho cortometrajes, siete de ficción y uno documental. El documental fue sobre un comediante judío, Ivor Dembina, polémico y controversial, que tenía un show en Londres sobre el conflicto entre árabes e israelíes, trabajo con el que obtuve el grado allá. En su elaboración entrevisté personas de la comunidad judía de Londres y abordé el conflicto entre palestinos y judíos, descarnando la condición humana, al poner en cuestión actitudes heredadas que incrementan las venganzas y perpetúan las guerras, invocando la urgencia de llevarle a la sociedad otros sentimientos motivadores, que enriquezcan el espíritu con algo de alegría.

Cinco de los de ficción han estado en festivales internacionales, y dos fueron exclusivamente hechos para televisión. He realizado también documentales por encargo o comisionados; por ejemplo, el Estado de Nayarit me comisionó para un par de documentales acerca del estado de las cosas en la sociedad, también para otro sobre la actriz mexicana, Mónica Miguel.

De esos trabajos el que me ha proporcionado mayor gusto profesional ha sido “Blanca Nieves, mis secretos confidenciales”, cortometraje de comedia acerca del cuento original, en la forma de parodia con alusión a situaciones de la sociedad actual, con buen logro en los diferentes festivales internacionales, en Milán, en Buenos Aires, en Guadalajara, en Porto Belo, en Londres y en Washington, con buena recepción y estimulante crítica.

Con mi trabajo apunto a provocar sentimientos y reacciones del público al cual consigo llegar, y la comedia me permite llegar de mejor manera, con sentimientos de alegría, tan legítimos como los otros. Justo el arte de lo que se encarga es de trasmitir a la gente sentimientos. A la alegría como sentimiento le doy toda la validez artística, al igual que lo hacía Molière.

– ¿Qué referentes has tenido en la creación de comedia?

Aparte de Molière tengo en el cine a Woody Allen, a Pedro Almodóvar y John Waters.

– Describe por lo menos otro de tus trabajos…

Hice cortometraje sobre Amado Nervo, de igual modo en comisión del Estado de Nayarit, un poeta mexicano ampliamente conocido, originario de Tepic, la capital. Lo asumí con total capacidad creativa, sin limitante alguna. Lo que hice fue familiarizar más al personaje, recree pensamientos de él expresados en dibujos animados. La investigación de apoyo me llevó a conocer más profundamente al autor que ya sabía por su obra poética, pero me sorprendí por igual con su prosa, descubriéndolo como sarcástico, con capacidad de crítica de la sociedad de su tiempo. Ese personaje me llenó de esperanza y de ambición, al mismo tiempo. Su duración es de cinco minutos, lo cual fue el mayor reto, al intentar condensar en tan poco tiempo los aspectos esenciales de ese gran hombre. Se distribuyó en escuelas primarias, en cines y se utiliza para divulgación en la casa-museo en su honor, en Tepic. Fue presentado, incluso, en Ciudad de México.

– ¿Qué influencias literarias reconoces en la escritura de tus guiones?

He recibido influencias literarias de autores que he leído y admiro, pero no estoy seguro que influyan sobre mí al momento de escribir. En mi formación han estado Agatha Christi, sir Arthur Conaldoy… Desde niño soy aficionado a las novelas de detectives. Otra parte de mi formación literaria lo ha sido el libro “Mujercitas” de Louisa May Alcott, y otras de un conjunto de cincuenta que teníamos en casa a nuestra disposición. De autores mexicanos reconozco a Octavio Paz, Amado Nervo, Alí Chumacero, poetas. De conjunto me han creado la capacidad de construir metáforas en mi trabajo. El arte, en general, es una metáfora de la vida, y es el medio para poder expresar el por qué es emocionante vivir.

– ¿Qué proyectos tienes en tu futuro próximo?

Tengo dos proyectos inmediatos. El primero es un largometraje de ficción, una comedia negra, también romántica, en la que exploro más los sentimientos condicionados que tenemos respecto al amor, especie de reflejo autobiográfico, pero en simultaneidad es un retrato de lo que percibo a mi alrededor. El otro proyecto es un documental acerca de niños ciegos; a raíz de un documental de los que hice por cuenta del Estado de Nayarit, me tocó entrevistar a una niña invidente, asombrosa, deportista con galardones en competencias nacionales, además cantante que estudia música, que se siente feliz. Mi impresión fue grande, lo que me llevó a reflexionar sobre el caso y en especial sobre la discapacidad, concluyendo que la única discapacidad que tendremos es la de no ser felices. Y avanzo en entrevistas y en estructura, con la esperanza de concluirlo en unos seis meses. Por supuesto que tengo un problema: el financiamiento.

– Hay una eterna discusión entre cine y literatura, ¿qué opinas?

Son medios diferentes. Aunque una obra literaria se lleve al cine, no por eso estaremos hablando de lo mismo. Una obra literaria es más introspectiva, mientras que en el cine la experiencia es más colectiva. Sinembargo, al ser dos medios diferentes sus posibilidades son similares. No tiene sentido hablar de lo fiel que pueda ser una película con la obra literaria que le sirve de base, lo más importante es el efecto que consiga en el público, por los mensajes de sentimientos que transmita y que sean efectivamente percibidos. Está el caso de la película “El perfume”, como disonante: el libro me emocionó, pero la película una decepción. Otro caso es “El amor en los tiempos del cólera”, la novela de García-Márquez que fue llevada al cine. La emoción con la lectura es diferente a lo que se percibe con la película. De ahí que lo aconsejable sea, cuando una novela es llevada al cine, abordarla en la pantalla despojándonos de esa otra naturaleza que es el texto escrito.

Lo interesante no es adaptar con fidelidad el texto al cine, lo interesante es adaptar al cine las intenciones que tuvo el autor original para llegarle a su público.

– De Cantiflas y Chaplin, ¿qué puedes decir?

El éxito de Cantiflas estuvo en la manera como transmitió los sentimientos, con capacidad de compartir muchas cosas incluso sin hablar. Con Chaplin tiene la similitud en la capacidad de adaptar sentimientos de las respectivas sociedades, con idéntica alma artística. Cantinflas reivindicó la idiosincrasia latinoamericana, y nos hizo sentir que como sociedad éramos aceptables.

– ¿Y cómo aprecias el caso de la adaptación al cine de obras clásicas de la literatura?

El problema es más complejo, porque los lenguajes son bien distintos, en función del tiempo. En casos de esa naturaleza el cineasta se enfrenta a la traducción del texto al lenguaje audiovisual, pero también a la adaptación del lenguaje literario de antes a los tiempos actuales, lo que obliga al uso de licencia artística para modificar las formas.

– ¿Cómo fue aquello del origen del cine en México que me relataste hoy caminando por calles y plazas de Guadalajara?

Los hermanos Lumière crearon el cinematógrafo sobre bases que lo suponían, con antecedentes en la fotografía en movimiento, incluso con aportes de Edison mismo, pero el gran logro de aquellos es haber hecho del cine una experiencia colectiva. A México llegó el cine a finales de 1895, con promoción real al año siguiente, y tuvo gran acogida porque el presidente Porfirio Díaz tenía especial afición por todo lo francés, además era innovador y de ideas económicas avanzadas; captó el potencial que tenía, incluso como capital político. El primer documental que se hizo fue un paseo de Porfirio Díaz por el bosque de Chapultepec, que con otras imágenes que se hicieron de Ciudad de México fueron los dos primeros trabajos del cine en nuestro país. El efecto en la gente fue impresionante, comparable a lo que ha sido en nuestra generación el internet.

En Guadalajara el comienzo también estuvo en 1896, pero con canalización a la alta sociedad. Dos años después aparecieron la carpas, con característica de tradición nacional. El teatro las utilizaba en giras por el país, lo que se aprovechó para incorporar también el cine, con rutas específicas. El nomadismo le imprimió un sello singular y grande a la industria cinematográfica en México. Generó por primera vez estrellas nacionales, y dio oportunidad de transmitir tradiciones como las provenientes de las culturas azteca y maya. De los años treinta a los cincuenta del siglo pasado esa industria tuvo desempeño exportador importante, incluso en 1956 era el segundo renglón de nuestra economía, después del petróleo. Hubo luego una caída por haberse metido el gobierno a producir cine, con quiebra de empresarios privados. Ahora vivimos resurgimiento en la producción de nuestro cine, de manera similar a lo que ocurre en otros países, incluido Colombia.

– ¿Qué escuelas de cine valoras en Latinoamérica?

En México la UNAM tiene la escuela de cine más importante del país: el centro universitario de estudios cinematográficos, que dirige Armando Casas, director de cine que admiro. También está el centro de capacitación cinematográfica en Ciudad de México, como escuela privada, y la escuela de cine de la Universidad de Guadalajara, con disposición del gran auditorio Télmex, donde tiene lugar el festival de cine que organiza la misma institución.

A nivel internacional el único caso que puedo mencionar por conocimiento directo es la escuela de Cuba que reúne personas de toda Latinoamérica, enfocada al cine como arte, no tanto al cine como negocio. Entre los directores más interesantes del momento están Guillermo del Toro, de Guadalajara, con su trabajo más conocido “El laberinto del fauno”; Alfonso Cuarón, más involucrado en el cine de Holywood, sin desconectarse del cine mexicano independiente. En Colombia está Sergio Cabrera, el de la película “La estrategia del caracol”.

La conversación termina y quedamos a la expectativa del trabajo próximo de este joven creador, de valiosas realizaciones y promisorio.

Guadalajara, 6 de noviembre de 2008

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Edición No. 148