Graciela Maturo, una propuesta humanista
El 22 y 23 de agosto de 2006 tuvimos la fortuna de contar, en la Universidad de Caldas, con la presencia de Graciela Maturo, prestigiosa escritora y pensadora argentina, autora de libros de poesía y de ensayos literarios en los que por su rigor, reflexión y capacidad interpretativa deja ver la huella de una profunda formación filosófica y humanística.
La escritora nos sorprendió con una renovada concepción filosófico-literaria en la que propone «el despliegue de una propuesta humanista para los estudios literarios y una invitación al crecimiento de una conciencia nacional y americanamente situada», lo cual significa la creación de un pensamiento latinoamericano que no prescinda de ninguna de las dos raíces básicas: la raíz hispana o española, que nos introduce en la cultura clásica tradicional y en su pensamiento, y una raíz americana que le otorga rasgos peculiares a aquella cultura. Somos el producto de un mestizaje, como bien lo ha mostrado García Márquez.
Su propuesta es valiosa en varios sentidos: permite superar la encrucijada en que nos vemos confundidos cuando se defienden, como únicas posturas válidas para comprendernos, el pensamiento propio de la cultura europea o la aceptación de una cultura netamente amerindia. Los dos extremos son equívocos porque descuidan un aspecto esencial de nuestro ser. Esta idea es presentada por Graciela Maturo ligada a otra importante concepción: La Filosofía occidental propone conceptos y teorías importantes que nos ayudan a comprendernos a nosotros mismos y a reconocer nuestra identidad cultural. Por una parte, La fenomenologìa, al ubicar el estudio del hombre desde el mundo de la vida, en la experiencia vital y en la forma como el hombre le otorga un sentido o le da un significado a esa experiencia vital, es un punto de partida teórico de suma importancia para acceder a ese conocimiento. La fenomenología es necesaria, afirma Graciela, «como una vía de renovación de la cultura y, en particular, de las ciencias del hombre». Pues, en última instancia, el yo trascendental de la fenomenología es un yo encarnado y situado en el mundo y en la historia. La fenomenología, como un saber de experiencia, aporta la relación íntima del hombre con el mundo, la precomprensión previa del mundo de la vida. «En forma de imagen y palabra, la vida cotidiana aparece como horizonte ineludible en el que se despliega el sujeto humano». Estas categorías deben ser aplicadas al estudio del hombre latinoamericano, situado en determinado entorno social y cultural y que parte de una comprensión previa de ese mundo.
Por otro lado, la hermenéutica es una herramienta imprescindible para nuestro reconocimiento. La interpretación de los textos más representativos de la cultura es un camino necesario para lograrlo. En este campo, la escritora ha avanzado en la interpretación de las obras de García Márquez hasta proponer que las figuras simbólicas de sus obras encarnan ideales de nuestra cultura, maneras de ser y rasgos existenciales americanos.
El estilo de la pensadora sugiere una renovadora forma de hacer Filosofía y Literatura, aplicándolas al pensamiento americano. El quehacer de estas prácticas adquiere un nuevo sentido. El sentido de ser estudiadas y pensadas para buscar la comprensión y el reconocimiento de una identidad cultural latinoamericana, lo cual significa también la superación de la tan criticada fosilización de la filosofía como repetición aburrida de la filosofía occidental. E implica la superación de la renuncia a apoyar los escritos y el ensayo literario en una fundamentación filosófica.
Finalmente, quiero destacar que, como ha enseñado el gran maestro Ricoeur, Graciela sostiene la necesidad de hacer de la Filosofía un diálogo entre pensadores. El respeto con que se dirige a los grandes para tomar de ellos lo que pueden aportar para la conformación de un entramado teórico del cual partir, así como su capacidad para desarrollar una consideración crítica hacia ellos, nos muestra un norte de trabajo. Efectivamente, a los filósofos no hay que sacralizarlos de manera dogmática sino aprender de ellos una forma de trabajo, un estilo de investigación y una capacidad de pensar. Esto significa que tampoco es preciso elegir entre, por un lado, la posición dogmática de que existen una sola tradición cultural válida, una única forma de hacer ciencia y conocimiento y una única verdad universal absoluta, y, por otro, el deconstructivismo francés que cae en el nihilismo, en la falta de sentido, en el relativismo y en una parálisis del actuar humano. Las dos posiciones son dañinas para el pensar latinoamericano, la primera porque nos sume en la mera repetición sumisa de doctrinas y la segunda porque nos deja sin esperanza y sin sentido para la acción.
«En síntesis se trata de una preocupación por la cultura y la educación de nuestros pueblos, políticamente débiles y desunidos, económicamente frágiles, dueños de enormes reservas culturales, pero librados a la vez a graves flagelos: la masificación cultural ejercida por los medios de comunicación en nuestro tiempo, y la parcial alineación de nuestros intelectuales que a veces olvidan el servicio a su pueblo y a su historia» Este es el sentido del quehacer del intelectual humanista latinoamericano, para Graciela Maturo.
(Escribe: Marta-Cecilia Betancur G.). El 22 y 23 de agosto de 2006 tuvimos la fortuna de contar, en la Universidad de Caldas, con la presencia de Graciela Maturo, prestigiosa escritora y pensadora argentina, autora de libros de poesía y de ensayos literarios en los que por su rigor, reflexión y capacidad interpretativa deja ver la huella de una profunda formación filosófica y humanística.
La escritora nos sorprendió con una renovada concepción filosófico-literaria en la que propone «el despliegue de una propuesta humanista para los estudios literarios y una invitación al crecimiento de una conciencia nacional y americanamente situada», lo cual significa la creación de un pensamiento latinoamericano que no prescinda de ninguna de las dos raíces básicas: la raíz hispana o española, que nos introduce en la cultura clásica tradicional y en su pensamiento, y una raíz americana que le otorga rasgos peculiares a aquella cultura. Somos el producto de un mestizaje, como bien lo ha mostrado García Márquez.
Su propuesta es valiosa en varios sentidos: permite superar la encrucijada en que nos vemos confundidos cuando se defienden, como únicas posturas válidas para comprendernos, el pensamiento propio de la cultura europea o la aceptación de una cultura netamente amerindia. Los dos extremos son equívocos porque descuidan un aspecto esencial de nuestro ser. Esta idea es presentada por Graciela Maturo ligada a otra importante concepción: La Filosofía occidental propone conceptos y teorías importantes que nos ayudan a comprendernos a nosotros mismos y a reconocer nuestra identidad cultural. Por una parte, La fenomenologìa, al ubicar el estudio del hombre desde el mundo de la vida, en la experiencia vital y en la forma como el hombre le otorga un sentido o le da un significado a esa experiencia vital, es un punto de partida teórico de suma importancia para acceder a ese conocimiento. La fenomenología es necesaria, afirma Graciela, «como una vía de renovación de la cultura y, en particular, de las ciencias del hombre». Pues, en última instancia, el yo trascendental de la fenomenología es un yo encarnado y situado en el mundo y en la historia. La fenomenología, como un saber de experiencia, aporta la relación íntima del hombre con el mundo, la precomprensión previa del mundo de la vida. «En forma de imagen y palabra, la vida cotidiana aparece como horizonte ineludible en el que se despliega el sujeto humano». Estas categorías deben ser aplicadas al estudio del hombre latinoamericano, situado en determinado entorno social y cultural y que parte de una comprensión previa de ese mundo.
Por otro lado, la hermenéutica es una herramienta imprescindible para nuestro reconocimiento. La interpretación de los textos más representativos de la cultura es un camino necesario para lograrlo. En este campo, la escritora ha avanzado en la interpretación de las obras de García Márquez hasta proponer que las figuras simbólicas de sus obras encarnan ideales de nuestra cultura, maneras de ser y rasgos existenciales americanos.
El estilo de la pensadora sugiere una renovadora forma de hacer Filosofía y Literatura, aplicándolas al pensamiento americano. El quehacer de estas prácticas adquiere un nuevo sentido. El sentido de ser estudiadas y pensadas para buscar la comprensión y el reconocimiento de una identidad cultural latinoamericana, lo cual significa también la superación de la tan criticada fosilización de la filosofía como repetición aburrida de la filosofía occidental. E implica la superación de la renuncia a apoyar los escritos y el ensayo literario en una fundamentación filosófica.
Finalmente, quiero destacar que, como ha enseñado el gran maestro Ricoeur, Graciela sostiene la necesidad de hacer de la Filosofía un diálogo entre pensadores. El respeto con que se dirige a los grandes para tomar de ellos lo que pueden aportar para la conformación de un entramado teórico del cual partir, así como su capacidad para desarrollar una consideración crítica hacia ellos, nos muestra un norte de trabajo. Efectivamente, a los filósofos no hay que sacralizarlos de manera dogmática sino aprender de ellos una forma de trabajo, un estilo de investigación y una capacidad de pensar. Esto significa que tampoco es preciso elegir entre, por un lado, la posición dogmática de que existen una sola tradición cultural válida, una única forma de hacer ciencia y conocimiento y una única verdad universal absoluta, y, por otro, el deconstructivismo francés que cae en el nihilismo, en la falta de sentido, en el relativismo y en una parálisis del actuar humano. Las dos posiciones son dañinas para el pensar latinoamericano, la primera porque nos sume en la mera repetición sumisa de doctrinas y la segunda porque nos deja sin esperanza y sin sentido para la acción.
«En síntesis se trata de una preocupación por la cultura y la educación de nuestros pueblos, políticamente débiles y desunidos, económicamente frágiles, dueños de enormes reservas culturales, pero librados a la vez a graves flagelos: la masificación cultural ejercida por los medios de comunicación en nuestro tiempo, y la parcial alineación de nuestros intelectuales que a veces olvidan el servicio a su pueblo y a su historia» Este es el sentido del quehacer del intelectual humanista latinoamericano, para Graciela Maturo.