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Guinea Ecuatorial y la literatura hispanoafricana

Introducción

En la breve historia de la literatura de Guinea Ecuatorial, han aparecido tres antologías trascendentales. Estas recogen las obras de los autores más significativos de todas las etnias y pueblos que conforman la República de Guinea Ecuatorial. Muchos de ellos han alcanzado notoriedad tanto a nivel nacional como internacional. Sus obras han tenido difusión mundial y, en la actualidad, sirven de herramienta de consulta para estudiosos e investigadores que tienen algún interés en las literaturas africanas escritas en castellano, las denominadas literaturas hispanoafricanas.

La primera antología de esta trilogía se publicó en 1984 (Antología de la literatura guineana, Editora Nacional), del escritor y periodista guineoecuatoriano Donato Ndongo-Bidyogo Makina. La segunda, en el año 2000 (Antología de la Literatura de Guinea Ecuatorial, Sial/Casa de África), coordinada por Donato Ndongo Bidyogo Makina y el investigador y especialista en literatura africana francófona e hispanohablante M´bare N´gom Faye, de la Morgan State University de Baltimore (Maryland). En 2012, doce años después, apareció en las librerías la tercera entrega (Nueva Antología de la Literatura de Guinea Ecuatorial, Sial/Casa de África), una nueva versión de la anterior corregida y ampliada, esta vez coordinada por la escritora, africanista, fotógrafa y especialista en literatura de Guinea Ecuatorial Gloria Nistal Rosique, en colaboración con el profesor M´bare N´gom Faye.

En la antología del 2012, no solo se introdujeron las obras de los autores guineoecuatorianos que no habían sido recogidas en las dos anteriores, sino que, con pericia y rigor, se realizó un recorrido amplio y detallado, incidiendo en otros aspectos de la literatura guineoecuatoriana y recogiendo nuevos elementos de la literatura oral y tradicional en las lenguas vernáculas de los pueblos que conforman Guinea Ecuatorial, como son: los cuentos, las canciones, las manifestaciones de los griots, las leyendas, los relatos, las epopeyas, la poesía tradicional y la literatura tradicional en pidgin[1].

Por otro lado, en el continente africano en general y en Guinea Ecuatorial en particular, existe un repunte de la literatura escrita por mujeres que ha estado en segundo plano, dominado por industrias dirigidas por hombres. Las mujeres en África han tenido muchas dificultades a la hora visibilizar su actividad literaria, ya que la literatura escrita por hombres ha tenido más impacto y reconocimiento, producto de la sociedad androcéntrica y patriarcal.

Veremos a lo largo del texto que muchas escritoras africanas han tenido que dejar su país por varias circunstancias y marcharse a otros lugares para poder desarrollar su carrera profesional de forma libre. Nos centraremos principalmente en las mujeres de Guinea Ecuatorial, pero de forma breve y testimonial, abordaremos algunos aspectos de escritoras que provienen de otras latitudes africanas y que, de alguna forma, presentan características y circunstancias similares desde la perspectiva de la migración.

Estas mujeres cuando abandonan sus países y se trasladan al lugar de destino se encuentran con ciertas ventajas y desventajas. Por una parte, se mueven en un escenario donde aparentemente pueden crear libremente, es decir un espacio libre y democrático.  Pero, por otro lado, descubren que el mercado literario del país de destino está dominado por hombres; ya que las editoriales en estos países a menudo publican y prestan más atención a las obras de sus compañeros varones.

En el caso de Guinea Ecuatorial, desde la primera antología editada en el año 1984[2] coordinada por el escritor guineoecuatoriano Donato Ndongo Bidyogo, las mujeres han tenido una presencia escasa y casi nula. Según puntualiza la investigadora de la Universidad de Cambridge, experta en literatura de Guinea Ecuatorial escrita por mujeres Rosemary Clark[3], en la primera antología se incluyó a solo dos mujeres de los 23 escritores recogidos: las poetisas Raquel Ilombé†, de la isla de Corisco, y María Nsué†, natural de Ebebiyin en el África continental. Dieciséis años después, en el año 2000 apareció la segunda antología[4] coordinada por Donato Ndongo y M´bare N´gom Faye donde de los treinta y un escritores seleccionados escogieron a dos mujeres más, aumentando de esta forma la lista: Caridad Riloha Ebuera, escritora de relatos y cuentos y Trinidad Morgades Besari, escritora de obras teatrales. Doce años después con la tercera antología[5] de la colección coordinada por M´bare N´gom Faye y Gloria Nistal Rosique se incluyeron a seis mujeres más entre sus treinta y siete escritores seleccionados. Y, finalmente en la cuarta antología[6] coordinada, compilada y editada en el año 2019 por  Juan Riochí Siafá, se escogieron a unce escritoras de la nueva generación de los veintidós autores seleccionados.

En definitiva la literatura de Guinea Ecuatorial y la literatura escrita por mujeres está recibiendo tímidos reconocimientos, escalando poco a poco y apuntando hacia la dirección correcta, sobre todo durante los últimos veinte años.

El objetivo de este artículo es mostrar el panorama literario guineoecuatoriano a nivel general y al mismo tiempo dar a conocer las vicisitudes y obstáculos con las que se encuentran las mujeres a la hora de desempeñar su actividad literaria tanto en país de origen como el de destino. 

Apuntes generales sobre la literatura de Guinea Ecuatorial  

Guinea Ecuatorial ha dado grandes escritores y escritoras en poesía y narrativa, que se reparten entre las islas (Bioko, Annobón y Corisco) y la parte continental del país (Rio Muni). Por nombrar algunos, tenemos a: Juan Balboa Boneke, Donato Ndongo-Bidyogo, Justo Bolekia Boleká, Ciriaco Bokesa Napo, María Nsué Angüe, Maximiliano Esono Nkogo, Francisco Zamora Loboch, Julián Bibang Oyee, Maplal Loboch, Rafael María Nzé Abuy, Constantino Ocha´a Nve, Anacleto Oló Mibuy, Eugenio Nkogo Ondó, Joaquín Mbomio, Juan M. Davies, Juan Tomás Ávila Laurel, Leoncio Evita Enoy, José Fernando Siale Djangani, Raquel Ilombé, etc.

Recientemente, han aparecido en el panorama literario guineoecuatoriano autores y autoras que apuntan alto y mantienen el ritmo marcado por sus predecesores, con nuevos estilos y nutriendo y transformando la literatura guineana. En esta línea, tenemos a: Remei Sipi Mayo, Djongele Bokokó Boko, Ángela Nzambi, Guillermina Mekuy, Nina Camó, Recaredo Silebo Boturu, Francisco Ballovera Estrada, Trifonia Melibea, Adelaida Ondua Casaña, Victoria Evita Ika, Lucía Mbomio Rubio, Barón Ya Búk-Lu, Liki Loribo Apo, César Mba Abogo, Estanislao Medina Huesca, Paloma Loribo (Paloma del Sol), Herminio Treviño (Nánãy-Menemôl Lêdjam), Edjanga Divendu, Sonia María Reina Ondó Baha, Amparo Méndez da Cruz (Aurora da Cruz), Aurelia Bestúe Borja, Fumilayo Johnson Sopale, Diana-Alene Ikaka Nzamio, Carmen Mangué Saint-Omer, Juan José Ería Itoji, Blas Bolekia Boko, Pedro Santos Mbá, Trinidad Akeng, Mayra Rondo Ndjinga, Desirée Bela-Lobedde, Mario Mulé Ribala, Juan Riochí Siafá, etc.

Guinea Ecuatorial es el embrión de las literaturas hispanoafricanas por razones históricas obvias. Es el único país africano que utiliza el español o castellano como vehículo de expresión oficial, transacción internacional y administrativa, así como de expresión cultural. Es la única comunidad política con herencia cultural hispana, hecho que ha convertido al país en punto neurálgico del castellano en el continente africano. Y, como defiende el historiador José Urbano Martínez Carreras[7], esto hace que Guinea Ecuatorial ocupe uno de los vértices del triángulo afro-hispano-iberoamericano, por lo que debe servir de puente del mundo hispánico en África. A pesar de contar con esta ventaja, la producción literaria de Guinea Ecuatorial es escasa y la menos explorada si la comparamos con la producción literaria de otros países de su entorno. Nos estamos refiriendo a la producción literaria anglófona, francófona y lusófona. Eso se debe, en parte, a que los escritores de estas colonias tuvieron un contacto con la metrópoli que les permitió introducir parte de su incipiente producción literatura en la cultura y sociedad europea.

El nacimiento de la literatura africana escrita en la legua del colonizador comienza a emerger en la segunda mitad del siglo XIX; unas producciones literarias estrechamente ligadas a la escuela colonial y a la prensa colonial[8]. Los primeros textos producidos por los colonizados aparecen en el África occidental poco antes de la Primera Guerra Mundial[9]. En Francia, con el movimiento de la négritude, liderado por Léopold Sédar Senghor, estos autores aseguraron su consolidación y posición. Los escritores guineoecuatorianos no tuvieron esta suerte.

En ningún momento, la metrópoli (España) propició el ambiente necesario para el desarrollo de la literatura escrita por los colonizados. Tampoco erigió un espacio de difusión cultural y un lugar de encuentro, diálogo e interacción para estudiantes, intelectuales y escritores guineanos que se encontraban dentro del país y en la diáspora. Entre los autores guineanos que vivían y estudiaban en España no había conexión, y eso dificultaba poder crear asociaciones y encuentros entre escritores e intelectuales que se encontraban dispersos por toda la península ibérica. Tampoco existían en la capital de España infraestructuras de transmisión cultural que pudieran arropar el talento guineano, como sucedía en Francia con la revista Présence africaine, fundada por el senegalés Alioune Diop en Paris, en el año 1947[10].

La literatura guineoecuatoriana ha permanecido invisible y ha dado pasos lentos a lo largo de varias décadas, si bien esta contingencia no la convierte en una literatura de menor calidad. Los textos producidos hasta ahora presentan una calidad extraordinaria. Las primeras manifestaciones literarias guineanas (Guinea Española) en castellano aparecen a mediados de los años cuarenta del siglo XX, lideradas principalmente por hombres, sobre todo seminaristas residentes en el seminario de Banapá (Bioko), donde copaba el espacio el periódico quincenal La Guinea Española (1903-1969). En cambio, las literaturas francófonas y anglófonas propiamente dichas habían dado comienzo tres décadas antes, logrando sentar las bases de una literatura propia. Habían conseguido posicionarse.

Si realizamos un breve recorrido y un repaso general a la historia de la literatura guineoecuatoriana desde la época colonial hasta las dictaduras imperantes, veremos que las primeras manifestaciones literarias serias y con cierta entidad comienzan a partir de los años cincuenta. Primero, con la novela de Leoncio Evita Enoy, Cuando los combes luchaban (1953), considerada la primera novela escrita por un autor guineano. Según el mismo autor, se trata de «una novela etnológica de las costumbres de la tribu combe». Una obra que rompió los moldes y destruyó los estereotipos sobre el africano construidos por el discurso colonial español y por el europeo en general.

Once años más tarde, apareció la obra del autor Daniel Jones Mathama, Una lanza por el Boabí (1962), obra considerada por muchos especialistas e investigadores de la literatura guineoecuatoriana e hispanoafricana como la segunda novela escrita por un autor guineano durante la época colonial.

A partir de los años 60 del siglo XX, aparecerán numerosos escritores, una nueva generación que adoptará como género principal la poesía, una manifestación artística poco utilizada en la época. Sus temas principales se centran sobre Guinea y África. En este período, tenemos a los siguientes autores: Juan Chema Mijero, El león de África (1964); Francisco Zamora Loboch, Lamento sobre Annobón, belleza y soledad (1967) y Ciriaco Bokesa Napo, Isla verde (1968).

Después de la independencia (1968), y debido al régimen dictatorial de Francisco Macías Nguema, muchos escritores e intelectuales se marcharon al exilio —voluntario o involuntario— motivado por la situación política y económica imperante, un alejamiento que se produce principalmente hacia la metrópoli, donde tendrán más posibilidades de desarrollarse cultural y académicamente. Estos autores tomaron la poesía como principal arma de discurso y resistencia política. La nostalgia de la tierra, el desarraigo social, económico y cultural fueron sus temas favoritos. Aparecieron obras de autores como Donato Ndongo-Bidyodo (Epitafio,1984), Constantino Ocha´a Nve (Libertas,1984), Anacleto Oló Mibuy (A un joven fusilado en Santa Isabel,1984), Juan Balboa Boneke (Vencedores y vencidos, 1982), Julián Bibang Oyee (Cuando el viento llora, 1971), Cristino Bueriberi Bokesa (El topo topero,1984), etc.

Los autores antes señalados utilizaron también el ensayo como medio de expresión y denuncia de la situación social que los afectaba. Destacaron las obras ensayísticas de Eugenio Nkogo Ondó como El problema humano (1985), una colección de ensayos escritos entre 1973 y 1977, donde se recoge la experiencia traumática y dramática del exilio y de la diáspora guineana. También hay que destacar a Donato Ndongo-Bidyogo con Historia y Tragedia de Guinea Ecuatorial (1977) o a Juan Balboa Boneke con ¿Dónde estás Guinea? (1978).

En la década de los años 80 descollaron diversas obras, principalmente las de Raquel Ilombé (Leyendas guineanas, 1981), Juan Balbo Boneke (O´Boriba (El exiliado), 1982; Susurros y pensamientos comentados: desde mi vidriera, 1983) o María Nsue Angüe con Ekomo (1985).

En 1984, apareció la Antología de la literatura guineana de Donato Ndongo-Bidyogo. En esta selección se recogieron las obras de los principales autores del panorama literario guineano: muchas eran inéditas y desconocidas por el público guineano y extranjero. En esta década, se publicó la primera novela de Donato Ndongo-Bidyogo, Las tinieblas de tu memoria negra (1987), seguida de dos títulos más: Los poderes de la tempestad (1997) y El metro (2007), convirtiéndose de esta manera en una trilogía, cuyas partes aparecen separadas unas de otras por un periodo de diez años.

En la década de los años 90 entraron en escena nuevos autores, como el profesor universitario Justo Bolekia Boleká con su primer libro de poesía, Löbëla (1999), al que siguieron obras como Ombligos y raíces (2006), Poesía africana o Las reposadas imágenes de antaño (2008). Reapareció en el escenario literario Francisco Zamora Loboch con su libro de poesía —también el primero de su pluma— Memorias de Laberinto (1999), además de Desde el Vijil y otras crónicas (2008). Recordamos también a Juan Tomás Ávila Laurel con La carga (1999), y, de José Fernando Siale Djangany, Cenizas de Kalabo y Termes (2000), La revuelta de los disfraces (2003) y Autorretrato con un infiel (2007). Sin olvidar a Juan Manuel Davies Eisso con Obiamo (2004), Siete días en Bioko (2007), Héroes (2008) y La guerra de Hormelef (2005).

Finalmente, asistimos al surgimiento de las nuevas voces femeninas y masculinas de los últimos quince años. Entre las femeninas destacan: Remei Sipi Mayo (Cuentos africanos, 2005; y El secreto del bosque, 2007), Guillermina Mekuy (El llanto de la perra, 2005; Las tres vírgenes de Santo Tomás,.2008; y Tres almas para un corazón, 2011), Ángela Nzambi (Biyare, 2016; y Ngulsi, 2012), Adelaida Ondua Casaña (Esta soy y esto quiero, 2017), Lucía Mbomío Rubio (Las que se atrevieron, 2017), Paloma Loribo, también llamada Paloma del Sol (Cuentos africanos, 2006; La batalla de los dioses, 2010; Pasos desconocidos, 2012; y Momentos fugaces, 2015), Victoria Evita Ika (Mokambo, Aromas de libertad, 2010; y Kanga, la tierra de los sueños, 2016), Sonia María Reina Ondó Baha (Tan cerca y tan lejos, 2017), Trifonia Melibea Obono (Herencia de Bindendee, 2016; La bastarda, 2017; La albina del dinero, 2017; y Las mujeres hablan mucho y mal, 2018), Mari-Carmen Baca Smith (Entre dos mundos, 2014), Nina Bokesa Camó (El otro lado de la puerta, 2016; y A este lado del mundo, 2017), Mari-Carmen O´sírima Mota Ripeu (El punto ciego de Cassandra , 2017), Carmela Oyono Ayingono (Acacio Mañé Elá. Una historia por contar, 2011; Obiang Nguema Mbasogo, presidente, 2011; Las claves necesarias para una Guinea mejor, 2012; y Guinea Ecuatorial: razones para un premio, 2012), Rufina María Raso Bijeri (Del alba al ocaso, 2010), Fumilayo Johnson Sopale (Los cuentos de la abuela Chioma, 2017), Desirée Bela-Lobedde (Ser mujer negra en España, 2018), Trinidad Akeng (Camino de piedras gordas: Mamá Etugu, la voz de una activista, 2018), entre otras voces.

De las voces masculinas destacan: José Eneme Oyono (Más allá del deber, 2005), Liki Loribo (Mi Jardín-Retratos, 2015), Juan Riochí Siafá (Redes migratorias e inserción laboral de los guineoecuatorianos, 2016; Tragedias y Laberintos, 2017; Bëtápànó (Recuerdos), 2017; Las mujeres de Guinea Ecuatorial. Una aproximación a los estudios de género, 2018; y Soledad, 2018), Barón Ya Búk-Lu, (El acontecimiento, 2005; Mikaná ya midjoán, nkóbo fang «Proverbios, refranes y dichos en lengua fang», 2012; ¡Ziliyang!, 2016; y Bidje Ndúan, 2018), Djongele Bokokó Boko (Sueños y dolor. Historia quemada de Guinea Ecuatorial, 2017), Edjanga Divendu Jones (Heredarás la tierra, 2015; y El diario de Marc, 2018). Completan la relación de nuevas voces masculinas: Estanislao Medina Huesca, con sus relatos Tierra prometida (2017) y El agua lleva el cambio (2008); y su novela Barlock. Los hijos del gran búho (2016), El albino Micó (2019). Francisco Ballovera Estrada es autor de los poemas Lejos de mi tierra (2007), El secreto de los libros (2013), Caminando por África (2014) y Mil novecientos ochenta (2017). No hay que olvidar, entre otros autores a Herminio Treviño, también conocido como Nánãy-Menemôl Lêdjam, y sus obras: Búdjigêl (2008) y Cancionero oral annobonés (2008). En poesía y teatro recordamos a Recaredo Silebo Boturu, Luz en la noche (2010) y Crónicas de Lágrimas anuladas (2014). Como colofón de esta relación de escritores, contamos, asimismo, con Inocencio Engon (Nostalgia de un emigrante, 2008), Cesar Mba Abogo (El portador de Marlow/Canción negra sin color, 2007), Ambrosio Sebastián Ndjeng Angono (Gafas opacas, 2002), Ramón Esono Ebale (La pesadilla de Obi, 2015) y César Brandon Ndjocu (Las almas de Brandon, 2018).

Migración, mujer y creación literaria

Antes de comenzar con los argumentos de este apartado, sería conveniente presentar algunas consideraciones, ya que existe una tendencia de querer homogeneizar las razones que motivan a los emigrantes a abandonar sus países de origen.

A menudo escuchamos, vemos, leemos la información sobre investigaciones, artículos o estudios donde se incide en la razón económica, política y laboral como factores principales de motivación para la emigración. Señalando a los emigrantes como un problema para el país receptor y como personas que carecen de un nivel intelectual en la medida de los ciudadanos del país de acogida. Se presenta a los emigrantes como «incultos, incompetentes, personas difíciles de integrarse en la sociedad, etc.». Se trata pues, de una tendencia a nuestro modo de ver, que hace que se acentúe el racismo, la xenofobia y los estereotipos. Pero, conviene reconocer al mismo tiempo que este tipo de comportamientos hacia los emigrantes, no es compartida por todos los ciudadanos de la sociedad de acogida, sino más bien de una minoría de la población.

Principalmente hablaremos de las mujeres que emigran cuyo único objetivo es desarrollarse en el campo literario. Identificaremos las dificultades y las barreras con las  que se encuentran en el país de destino por su condición de mujer; y también las ventajas y oportunidades que les ofrece una sociedad relativamente libre y democrática.

Comenzamos afirmando que los motivos de la emigración no son en ningún caso homogéneos como han venido sosteniendo numerosos estudios. Los emigrantes abandonan sus países de origen por varios motivos. Existen otras variables que les empujan a emigrar al margen de las puntualizadas más arriba. A demás de las razones políticas, económicas y laborales, emigran por motivos culturales y académicos, incluido los literarios o de creación literaria.

La emigración hacia España y Europa de muchas mujeres y hombres de países africanos denominados «en vías de desarrollo o del tercer mundo», ha provocado en las últimas décadas una crisis intelectual en estos países. La mayoría de los intelectuales han abandonado sus países con el objetivo de seguir promocionándose cultural e intelectualmente más allá de sus fronteras. Esta «fuga de cerebros» afecta tanto a hombres como mujeres que cuentan con cierto nivel académico(enfermeras, maestras, profesoras, escritoras, etc). Se sospecha que la emigración de las escritoras fue mucho más elevada que la de los escritores. Con sus escritos incomodaban a los gobiernos dictatoriales, ya que en ellos reivindicaban, su identidad como mujer, sus derechos políticos y sociales, sobre todo el derecho a la participación política y el acceso a los puestos de responsabilidad en las empresas. El exilio, sea provocado o voluntario, se convierte en la única salida para muchas mujeres escritoras. Mujeres comprometidas con la sociedad. Mujeres que en sus países de origen habían perdido no solo sus derechos como mujeres, sino su identidad y cualquier participación en la esfera intelectual y cultural. Nos encontramos ante una emigración que puede considerarse dramática por sus características. Eso hace que en sus textos aparezcan testimonios históricos de la situación de sus países y de su propia situación personal, creando en ellas un dilema entre lo que creen ser y lo que la sociedad quiere que sean.

Las escritoras que emigran sufren un doble exilio marcado por su condición de mujeres y de exiliadas. Esta situación condiciona el rumbo de sus vidas para siempre. (Piñeiro, 2014, p. 305). Este doble exilio afecta en gran medida sus aspiraciones personales y profesionales en el país de destino.

El término exilio tiene que ver con la separación del lugar de residencia por motivos políticos. Pero, si nos alejamos de las acepciones de este término y nos acercamos a las cuestiones que conciernen al género, veremos cómo el hecho de ser mujer se convierte en una dificultad añadida a la hora de desarrollarse como persona y alcanzar las aspiraciones ya sean políticas, laborales o en este caso culturales. (Piñeiro, 2014, p. 306).

Las escritoras emigrantes encuentran en la creación literaria el instrumento o la vía para canalizar sus inquietudes como mujer. A través de la escritura intentan visibilizar y denunciar las discriminaciones que sufren. A través de la escritura reivindican su papel cultural y el espacio arrebatado por los hombres.

En lo que se refiere a las oportunidades o ventajas que les ofrece el país de emigración, podemos destacar lo siguiente: en el país de destino las mujeres emigrantes han encontrado un escenario cultural e intelectual que les permite, a pesar de las dificultades y trabas, poder expresarse de una manera relativamente libre. En el país de destino existen editoriales, organismos cuyo objetivo principal es promocionar y financiar los proyectos literarios emprendidos por mujeres emigrantes y autóctonas. Editoriales y revistas especializadas en materias de género, donde las escritoras pueden desarrollar sus ideas, plantear sus problemas y reivindicar sus derechos.

En lo que se refiere a las desventajas o dificultades, podemos destacar en primer lugar, el poco espacio que tienen estas mujeres en el mercado literario a pesar de las ventajas que tienen a la hora de publicar algunas de sus obras. Este mercado está monopolizado por los escritores varones. Las grandes editoriales y de renombre a menudo no apuestan  por el trabajo desempeñado por estas mujeres, sobre todo las escritoras noveles y de trayectoria corta. En segundo lugar, los estereotipos que imperan en la sociedad, resultado de una construcción social; donde se enseña desde la infancia que todo lo que hace una  mujer al margen del hogar familiar, carece de valor. 

La vida de los escritores de Guinea Ecuatorial está marcada por la emigración y el exilio, sea político o voluntario. La situación política y social del país ha condicionado el modus operandi de estas mujeres y hombres. La falta de un espacio cultural para poder manifestarse libremente ha permitido que proyecten su mirada hacia España y otros países europeos que les brindan oportunidades para desarrollarse y promocionarse en el mundo literario.

Actualmente existe una creación literaria activa en Guinea Ecuatorial protagonizada principalmente por hombres. Los hombres han dominado y siguen dominando el espacio literario desde los tiempos de la colonia hasta los momentos actuales, aunque en las últimas décadas están apareciendo nuevas voces femeninas en el panorama literario.

Las primeras voces literarias en Guinea Ecuatorial aparecieron durante la época colonial cuando los periódicos (La Guinea española[11]), estaban controlados y gestionados por los misioneros y religiosos católicos. Los seminaristas, fueron los primeros en participar en los espacios dedicados a la literatura de aquellos periódicos. Esta es la razón por la cual los hombres fueron los primeros en contribuir en la literatura del país.

Durante la primera dictadura de Francisco Macías Nguema Biyogo, muchas mujeres y hombres abandonaron el país y se vieron obligados a vivir en el exilio ya que, era imposible manifestarse culturalmente en un ambiente político donde imperaba la censura, los asesinatos y la violencia física.

En el panorama literario femenino destacaron en aquella época de los inicios, solo dos mujeres: María Nsue Angüe (1945-2017), recientemente fallecida y Raquel Ilonbé (1938?-1992), seudónimo de Raquel del Pozo Epita. Las dos se trasladaron a la metrópoli (España) siendo niñas y, fue en este país donde desarrollaron la mayor parte de su producción literaria. Raquel Ilombé era de padre español y su madre guineoecuatoriana. Por eso, en sus escritos refleja la búsqueda de su identidad y sus orígenes africanos. Sus obras aparecieron en letra impresa por primera vez en la Antología de Guinea Ecuatorial (1984)  preparada por el escritor y periodista, Donato Ndongo-Bidyogo.

En la última década el número de mujeres guineoecuatorianas escritoras ha incrementado. La salida de Guinea Ecuatorial hacia otros países se ha convertido en un trampolín para poder lanzarse como escritoras, aunque algunas consiguen publicar desde Guinea Ecuatorial con la ayuda de editoriales extranjeras (Diwan Mayrit, Verbum, Sial/Casa de África, Casa África, Wanáfrica, etc.).

En España publicaron sus primeras obras y se dieron a conocer como profesionales de las letras. Destacan en esta lista, Remei Sipi Mayo, Caridad Riloha, Ángela Nzambi y Victoria Evita Ika. Recientemente han aparecido en el panorama literario guineoecuatoriano autoras de la talla de Paloma del Sol, Guillermina Mekuy, Lucía Asué Mbomío Rubio y Trifonia Melibea Obono. Se trata de escritoras de la nueva generación, que en su mayoría han tenido que salir de Guinea Ecuatorial para dedicarse a la escritura combinándola con otras profesiones.

En la antología coordinada, compilada y editada en el 2019 por el escritor Juan Riochí Siafá titulada Nuevas voces de la literatura de Guinea Ecuatorial (2008-2018), publicada en la editorial Diwan Mayrit (2019), se recogen fragmentos de las obras de once escritoras de la nueva generación, muchas de ellas residentes en Guinea Ecuatorial. Algunas de ellas han sido citadas en el párrafo anterior, pero conviene mencionar a las otras de las que creemos que con sus textos apuntan muy alto en el panorama literario africano e internacional. En esta lista destacamos a Amparo Méndez da Cruz, Adelaida Ondua Casaña, Mayra Rondo Ndjinga, Aurelia Bestué Borja, Sonia María Reina Ondó Baha y Fumilayo Johnson Sopale. Aparecieron en el escenario meses después de la publicación de la última antología las escritoras, Desirée Bela-Lobedde, Deborah Ekoka y Carolina Nvé Díaz San Francisco.

La emigración no solo ha sido un trampolín para las mujeres guineoecuatorianas que escriben, sino también para otras mujeres de países del continente africano. La mayoría de las escritoras africanas consagradas en el panorama literario africano se marcharon fuera de sus países para poder escribir libremente y reivindicar sus derechos desde la escritura. En esta lista de escritoras africanas destacan, Ama Ata Aidoo (Ghana), que residió en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Zimbabwe. Grace Ogot (Kenia), que se marchó a Inglaterra como enfermera. Buchi Emecheta (Nigeria), que vivió en Londres. Y, en los últimos años la prolífica escritora y feminista Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria), que vive a caballo entre Estados Unidos y su Nigeria natal. Todas ellas mujeres que en sus países no podían expresarse libremente y desarrollarse plenamente como escritoras. En sus obras tienen como temática central, la búsqueda de la identidad y la lucha por los derechos de las mujeres.

En el caso de las escritoras de Guinea Ecuatorial mencionadas anteriormente, sobre todo María Nsue[12], la temática de sus textos se centra en la situación marginal de la mujer dentro de las estructuras familiares africanas. La búsqueda de la identidad, las vicisitudes de las mujeres, el conflicto entre tradición y modernidad y la condición de la mujer en un universo tradicional, patriarcal y androcéntrica. Pero, conviene resaltar que esta temática cambia cuando llegan al país de destino. Su literatura se convierte en una escritura de exilio donde se explora la alteración de la identidad, los obstáculos en la nueva sociedad, la emancipación de la mujer, su condición como extranjeras, la situación del país de origen, la incomprensión de los suyos, el éxito profesional y el ascenso en la escala social. (Miampika, 2005, p.31, 2002, p. 174).

Las escritoras guineoecuatorianas de la nueva generación, son mujeres que se sienten presas en el dominio de dos mundos. El impacto de la nueva sociedad sobre estas mujeres que viven muchas veces a caballo entre Guinea Ecuatorial y España, produce una generación de escritoras de mayor densidad. Son escritoras que abandonan más libremente que sus madres literarias, las convenciones del realismo formal. En sus obras aparece el postmodernismo transnacional. Sus narraciones se centran en la creación de personajes que se difieren ante la situación que les otorgan sus identidades complejas, tanto como las sociedades que las acogen (Benítez, 2010, pp. 142-143).

En definitiva, la mayoría de estas escritoras recurren a la emigración para poder buscar un hueco en este mundo literario controlado, copado y dominado por los hombres. La emigración y el exilio sirven como espejo para poder reflejarse en estos dos mundos; por un lado, el mundo tradicional donde están subordinadas a los sistemas sociales y culturales; y por otro, el mundo moderno y global, donde son capaces de reivindicar y conquistar derechos.

 

Referencias

Benítez Eyzaguirre. L. (2010). Mujeres migrantes africanas. Literatura, género, migración. Chile: Universidad de la Frontera.

Clark, R. (2019). Escritoras nómadas entre Guinea Ecuatorial y España: En: Juan Riochí Siafá, Nuevas voces de la literatura de Guinea Ecuatorial (2008-2018). Madrid: Diwan Mayrit.

Miampika, L-W. (2002). Autobiografías ficticias: identidades y subversiones femeninas en el África negra. En: Martín, Aurelia; Velasco, Casilda; y García, Fernanda (coord.), Las mujeres en el África subsahariana: Antropología, literatura, arte y medicina. Barcelona: Ediciones del Bronce.

— (2005). Narrativa subsahariana en lengua francesa: En: en Díaz Narbona, Inmaculada; y Aragón Varo, Asunción (eds.), Otras mujeres, otras literaturas. Madrid: Zanzíbar.

Ndongo Bidyogo. D. (1984). Antología de la literatura guineana. Editora Nacional. Madrid.

Ndongo Bidyogo. D y N´gom Faye. M. (2000). Literatura de Guinea Ecuatorial (Antología). Madrid: Sial/Casa de África.

Ngom Faye M y Nistal Rosique. G (2012). Nueva antología de la literatura de Guinea Ecuatorial. Madrid: Sial/Casa de África.

Nsue Angüe. M. (1985). Ekomo. Madrid: UNED.

Piñeiro, Domínguez. MJ. (2014). El exilio político y de género de las escritoras españolas en la emigración. Departamento de Filología Española y Latina. Universidad da Coruña.

Riochí Siafá. J. (2019). Nuevas voces de la literatura de Guinea Ecuatorial (2008-2018). Madrid: Diwan Mayrit.

 

Notas

[1] El pidgin es una lengua simplificada, creada y usada por individuos de comunidades que no tienen una lengua común ni conocen suficientemente alguna otra lengua para usarla entre ellos. El pidgin ha sido común a lo largo de la historia en situaciones como el comercio, donde los dos grupos hablan lenguas diferentes, o situaciones coloniales en que había mano de obra forzada (frecuentemente, entre los esclavos de las colonias se usaban temporalmente pidgins).

En esencia, el pidgin es un código simplificado que permite una comunicación lingüística escueta, con estructuras simples y construidas azarosamente mediante convenciones entre los grupos que lo usan. El pidgin no es la lengua materna de ninguna comunidad, sino una segunda lengua aprendida o adquirida. Los pidgins se caracterizan por combinar los rasgos fonéticosmorfológicos y léxicos de una lengua con las unidades léxicas de otra, sin tener una gramática estructurada estable.

[2] Donato Ndongo Bidyogo (1984). Antología de la literatura guineana. Editora Nacional. Madrid.

[3] Rosemary Clark. «Escritoras nómadas entre Guinea Ecuatorial y España», en Nuevas voces de la literatura de Guinea Ecuatorial (2008-2018), Juan Riochí Siafá. Madrid: Diwan Mayrit, 2019. Pág.104.

[4] Donato Ndongo Bidyogo y M´bare N´gom Faye. Literatura de Guinea Ecuatorial (Antología). Madrid: Sial/Casa de África, 2000.

[5] M´bare Ngom Faye y Gloria Nistal Rosique. Nueva antología de la literatura de Guinea Ecuatorial. Madrid: Sial/Casa de África, 2012.

[6] Juan Riochí Siafá. Nuevas voces de la literatura de Guinea Ecuatorial (2008-2018). Madrid: Diwan Mayrit, 2019.

[7] Martínez Carreras, José Urbano. «España y Guinea Ecuatorial desde 1968», en Mariano de Castro y Donato Ndongo, España en Guinea. Construcción del desencuentro 1778-1968. Madrid: Sequitur, 1998, p. 224.

[8] Miampika, Laudry-Wilfrid y Arroyo Patricia (2010). De Guinea Ecuatorial a las literaturas hispanoafricanas. Madrid: Verbum, p.24.

[9] Miampika, Laudry-Wilfrid y Arroyo Patricia. ibíd., p.24.

[10] Miampika, Laudry-Wilfrid y Arroyo Patricia. ibíd., p.25.

[11] El primer número apareció en el año 1903.

[12] Nsue Angüe, M. Ekomo. Madrid: UNED, 1985.

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Edición No. 198