Huellas del tiempo
I
Grávido unas veces
agrietando la piel de tan pesado
alado otras
el pasado es un fardo
que doblega o sostiene
según de donde sople el viento
La experiencia es el ala
que permite al paso cruzar aéreo
sobre los precipicios
que cotidianamente nos cortan la vereda
reflejos de viejos precipicios
que en un ayer nebuloso
dolorosamente atravesamos.
II
Nació conmigo: frágil
puntiagudo y redondo
moldeable por los viejos ancestros interiores
aceptando los cambios impuestos
al capricho del tiempo
paso a paso
desde la breve insinuación
hasta su amplitud definitiva
transgrediendo fronteras
entre la desgadez y la espesura
la flexibilidad y la dureza
y ahora, en la cúspide de la cumbre nevada
escondida su pareja blancura
mi esqueleto se apresta a descender conmigo
paso a paso.
III
Los fantasmas se tragan
nuestra vieja memoria
nos disuelven la mesa
la silla
el pan de cada día
y la piel
poco a poco
nos va haciendo fantasma.
IV
Yo sé lo que es la muerte
la he vivido:
no es el cuerpo que se enfría
ni el corazón que se suspende
en el vacío del Tiempo
es la memoria la chispa
que se inflama
y al abrasarse
nos consume desde adentro.
V
Aceptar la arruga no en el ángulo del ojo ya sin brillo
no junto a la boca de los viejos apetitos
no en la mano temblorosa
ni en el vientre escondido
aceptar la arruga en el alma rebelde
es reto-y-recapitulación de un solo trazo.
VI
El aire se marchita y disuelve su sombra
poro a poro
Bajo un solo rayo el infinito se evapora
y tuerce los destinos del viento
Las huellas de la sombra sobre el rayo
arrancan de mi cuerpo
poro a poro
el aire marchito y me disuelvo.
VII
¿A quién decirle que el universo va camino de la muerte?
Agónico, en una soledad de palabras impronunciadas,
la carcoma va tragándolo letra a letra, sin preguntarle
al fuego qué palabra arde adentro de la flama
Si el propio sol ignora su irremediable y cotidiana
consumación ¿a quién decirle que un día y no otro,
la antorcha se extinguirá y el polvo no logrará siquiera
preguntar: ¿«por qué»?
¿A quién decirle que un silencio tan sólo es mensurable
cuando alguien esta vivo? Es más, que basta una palabra
para anunciar la vida.
¿A quién decirle que este corazón mío, piedra
resquebrajada, quiere escuchar esa única palabra
antes de naufragar en el silencio inmensurado?
VIII
El pensar en mañana nos acorta
como a la serpiente el tajo
y los fragmentos se retuercen
queriendo reverdecer como la vara del santo.
Estallido de lápidas nos rasga
la memoria, y sepulta los ayeres sin luz,
buscando los mañanas luminosos,
sin querer pensar en que mañana seremos un día menos, jóvenes
un día menos, viejos
un día menos: vivos.
IX
Tendido en el umbral de la incertidumbre
el amor se masturba con la daga mortal
de la palabra recordada.
Cuchillos de palo corrompen el espíritu,
maduran perdigones para futuras estrategias
de asalto, la agresión se prepara
en la dudosa soledad del insomnio.
Éxtasis de alfileres sobre los nervios inflamados.
Nirvana masoquista pariendo más dolores
de los que puede soportar un río
que al despeñarse, no se acuerda ya del dolor
de su primer aliento
y piensa en el último como océano de alivio.
X
Y seguir viviendo, a pesar de la luz y de la sombra
con que día a día
noche a noche
se teje y se deshila la luz de las estrellas
en la cóncava soledad de la pupila.
Llevo a cuestas la edad del universo
sus antiguas memorias
mi nuevas soledades
y su peso es mi peso
y su duelo mi alforja.
Y seguir viviendo, a pesar de todo
de las explosiones bajo la piel desnuda y volcánica
de los tumultos globulares
de las demoliciones
de los sepulcros bajo de cada poro
La vejez es el espejo roto
reflejando la cara del infante.
Adentro de su azogue
hay siempre un niño que ha jugado a ser hombre
o una niña que ha renunciado ya a ser mujer.
XI
Doblarse-no-doblarse
bajo el peso desmembrado del recuerdo
achicar los ojos para ver-no-ver la meta desleída
Medio siglo de caminar sobre la cuerda
presente incierto
tendida entre dos brumas
mientras abajo, el precipicio
aguarda
siempre en acecho.
XII
Implosión que reintegra
lo disperso.
Un resplandor interno
cegó al sol.
Mi piel, cortina impenetrable
dejó la oscuridad afuera,
errante, vagabunda
expulsada del perfil del cuerpo.
Aquel día fue mi muerte
y la recuerdo como si fuera ayer.