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Humboldt – Goethe. Naturaleza y Poesía

… Poéticamente habita el hombre sobre la tierra…
                                           
F. Hölderlin

La naturaleza nos dio sólo existencia; vida nos da el arte y plenitud la sabiduría.
                                            F. Schiller

La ciencia suele tener en motivo la razón, la secuencia en planteamientos, a partir de hipótesis, de desarrollos experimentales y de imaginación, con apego a procedimientos metódicos. Y no es frecuente encontrar relaciones fiables entre ciencia y arte, ciencia y pensamiento, ciencia y sociedad, auncuando los hallazgos de la ciencia tengan consecuencias en esas áreas. Sinembargo hay ejemplos de científicos de alta formación integral, que comprenden conocimientos en historia, filosofía, literatura, además de saberes en campos de la sociología y la política. Albert Einstein es un ejemplo, al igual que Bertrand Russell, entre otros.
Y más extraña aún resulta la relación de ciencia y poesía, no como apéndice ésta de aquella, sino como desprendimiento del gusto por la belleza en sus múltiples formas. El científico en sus aplicaciones se maravilla con los objetos de su estudio, al desentrañar componentes, relaciones y formas que le asombran, incluso con una especie de música oculta, que podrá desprenderse de movimientos apreciados desde los tamaños mínimos hasta los estelares y cósmicos.


                                                          Pilar González-Gómez

¿Qué es la Naturaleza y qué es la Poesía, y cuál su punto de encuentro? No se trata de inventar definiciones, sino de establecer contexto o ambientes propicios a la observación con interpretación de fenómenos, a la creación y al pensamiento, con pilares que la historia de la Cultura ha consagrado por la dignidad de sus obras. Goethe y Humboldt, con los antecedentes de Homero, Heráclito, Sócrates, Platón, Aristóteles, Virgilio, Dante, Shakespeare, son hitos que enlazan el saber con apreciación integradora en sentido de complementariedad a la manera de tejidos que unen y traslapan conocimientos, en una matriz propia que es la Naturaleza, donde está la vida animada y las cosas con su espíritu.

Todo habla en los lenguajes misteriosos de intercomunicación, incluidos los de los mundos vegetal y animal, con el ser humano en su capacidad de explorar, conocer y expresar lo múltiple y diverso, incluso con formulaciones generales.

Weimar, Jena y Schiller fueron referencias de encuentro Goethe-Humboldt (el primero, en 1789). En el invierno de 1794, ambos asistían a clases de anatomía en la universidad de Jena, con disección de cadáveres. Goethe tenía la prestancia mayor de escritor y científico en Alemania, con la apoteosis de su obra “Las penas del joven Werther”. Humboldt conoce a Goethe (residente en Weimar) gracias a la invitación de su hermano Wilhelm, residente en Jena, quien propicia el encuentro entusiasta. Ambos tenían pasión por la geología, en especial la minería, la botánica, las ciencias naturales en general, y gustos por la literatura, en particular la poesía. 

En aquel año de encuentro Goethe había creado un jardín botánico en la Universidad de Jena y había escrito una memoria, “La metamorfosis de las plantas”, que consagraba el criterio fundamental de cada planta ser una variante de un todo de unidad, al estimar que una planta era especie de hoja de ese conjunto. La viva inteligencia de Humboldt animó la elocuencia ilustrada de Goethe, con diálogos y debates en campos afines, entre estos la botánica y la zoología, al incorporar también la adaptabilidad de las especies al medio que habitaban. 

Tres años después volvieron a encontrarse en Jena, y Humboldt daba clases en la Universidad con el tema de los estudios que llevaba sobre electricidad en los animales, para libro en preparación, con observaciones y experimentos a veces sorprendentes. Goethe a su vez desarrolló la teoría del comportamiento unificado del cuerpo en los animales, independiente de la función de cada órgano. Y Humboldt avanzó en su comprensión unitaria del mundo físico, en tanto la naturaleza respondía a un conjunto activado por fuerzas en interacción. La motivación de Goethe, avivada con ese encuentro, le llevó a una actividad frenética, con la composición de su poema “Hermann y Dorotea” y en el avance de sus estudios sobre la teoría del color, a la vez que desplegaba experimentos en animales y en sus observaciones de la geología. Por las noches en especial se reunían con Schiller, en su casa, quien manifestaba preocupaciones por el distanciamiento de Goethe en la literatura y veía en Humboldt demasiada dispersión en aplicaciones, a pesar de reconocerle su enorme talento. Sus conversaciones giraban entorno a temas de interés común, muy variados, en tiempos del auge de dos corrientes de pensamiento: el racionalismo y el empirismo; la primera con validez en el conocimiento a partir de la razón y la segunda, a partir de los sentidos. Años antes Kant había adoptado una posición mediadora entre ambas, al comprender que las leyes de la naturaleza tienen existencia por la manera como la mente las interpreta. Asimismo, Kant concibió el conocimiento como un sistema integrado por hechos que tomaban sentido al integrarse en un ámbito más amplio, idea que fue núcleo del pensamiento desarrollado por Humboldt.  (cf. A. Wulf. La invención de la naturaleza…; cap. 2)

Un conocimiento más integrador lo alcanzaron con los románticos ingleses, en especial con S.T. Coleridge y los trascendentalistas de Estados Unidos en cabeza de R.W. Emerson, con rescate de la unidad perdida entre hombre y naturaleza, para lo cual se necesitaba también del arte y de la poesía, con reconocimiento de las emociones. Humboldt leyó las obras de Kant, como apoyo para discutir con Goethe lo concerniente al individuo, la naturaleza, lo subjetivo, lo objetivo, la ciencia y la imaginación, con el fin de disponer de claridad en la teoría del conocimiento con la secuencia sentidos-entendimiento-razón, en la combinatoria inteligencia-emoción-imaginación. Goethe a su vez supo que la verdad objetiva se puede alcanzar mediante observaciones subjetivas y con razonamiento, y al concebir también que cuando estamos engañados es por el juicio y no por los sentidos, con la creencia firme en indisoluble relación entre ciencia y arte. (cf. Ibid.)

Humboldt, en cambio, con sus preferencias por la experimentación y las observaciones directas, con mediciones de rigor, también llegó a valorar el alcance de lo subjetivo, en complemento de imaginación y racionalidad. Pero acepta la influencia de Goethe al asimilar la relación de naturaleza y arte, de hechos y razón, a la manera de unidad interactuante.

Esa relación intensa Humboldt-Goethe llevó al primero a tener una mayor visión para la comprensión del medio natural en su excursión por tierras de América, con la apreciación de la Tierra ser portadora de unidad geológica y en términos más globales su idea fundamental del mundo físico disponer de unidad, al igual que el género humano, en evolución constante.

Humboldt lo expresó en “Cosmos”, su obra cumbre y culminante:

Del mismo modo que en las elevadas esferas del pensamiento y del sentimiento, en la filosofía, la poesía y las bellas artes, es el primer fin de todo estudio un objeto interior, el de ensanchar y fecundizar la inteligencia, es también el término hacia el cual deben tender las ciencias directamente, el descubrimiento de las leyes, del principio de unidad que se revela en la vida universal de la naturaleza… Por una feliz conexión de causas y de efectos, generalmente aun sin que el hombre haya previsto, lo verdadero, lo bello y lo bueno se encuentran unidos a lo útil.

De ese modo comprende el valor de integrar la ciencia con las maneras de elaboración en las bellas artes, la creación poética y la filosofía, bajo el propósito de ampliar la capacidad intelectiva y buscar efectos prácticos de utilidad. 

Desde los tiempos más antiguos la idea de naturaleza ha servido como medio recurrente para observaciones, aplicaciones e investigaciones, con la noción del todo. Así, Parménides de Elea plantea la “unidad del ser” y en Heráclito está la noción del continuo movimiento, del cambio, del todo fluye. Y los estoicos antiguos elaboraron ideas sobre la física como ciencia del mundo y de las cosas, acorde con la teoría del conocimiento, con referencia al conjunto del universo. La naturaleza (“physis”) para los estoicos es como una especie de “fuego artístico en camino de crear”. Es clara la concepción en la unidad del “principio activo”, el logos cósmico, universal (“pneuma”), especie de “aliento ígneo”, y del “principio pasivo”, lo inerte y eterno.

Allí está explícita la idea de lo poético, como arte de crear en especie de fuego que provoca la intención, remueve lo imaginario y se arriesga a producir efectos con expresión de belleza en el arte de la palabra y de las formas. Naturaleza, agente de exploración y de recreación, motivo de pertenencia y de modos de escudriñar en sus aspectos e intimidades, con resultados en las diversas ciencias ocupadas por la razón de ser y por la incontenible evolución.

Humboldt va a España en 1799 para conseguir los debidos permisos reales que le permitieran viajar al Nuevo Mundo, para lo cual emprende con fina diplomacia todas las gestiones del caso, incluso para establecer las conexiones bancarias en el manejo de sus propios recursos (allegados de herencia materna) para esa ambicionada excursión. Como argumento central de ese permiso expuso el disponer de instrumental científico apropiado que le permitiera hacer mediciones sobre la formación del globo terrestre, las capas que lo componen y llegar a establecer “las relaciones generales que unen a los seres organizados”, auncuando en el permiso oficial se destaca la ocupación que tendrá en la exploración de minas, de especial interés para la corona española. 

De regreso a Europa en 1804, se aplica en especial en París a la redacción de sus trabajos científicos, también con pasantías en Italia y en Berlín, en especial su obra “Cuadros de la Naturaleza”, de las más apreciadas. Tanto en ella como en otras hizo gala de su propio método de “geografía comparada”, que le permitió reconocer similitudes en formaciones y fenómenos de los distintos lugares explorados. Mariano Luis de Urquijo (ministro de las Cortes) en carta que le dirige (1800) llega a reconocer la manera como Humboldt refiere anticipos de esa obra con “dulzura” y “delicada sensibilidad”, camino de esa obra central. El mismo Humboldt no se queda corto en expresiones de esta naturaleza, como ocurre, por ejemplo, en su obra “Ensayo sobre la geografía de las plantas”, donde dice: “El simple aspecto de la naturaleza, la vista de los campos y los bosques, producen una alegría que se diferencia de la impresión que genera el estudio particular de la estructura de un ser organizado.” (1807).

En aquella obra, “Cuadros de la Naturaleza”, Humboldt tuvo la intención de imbricar ciencia y arte, en cuyo prólogo de la primera edición (1808) dice: “… La visión del conjunto de la naturaleza, la comprobación de la acción común de todas las fuerzas, la renovación del goce que la vista directa de las regiones tropicales hace experimentar al hombre sensible,…” En el mismo prólogo alude a la “aplicación de la estética a los objetos de la historia natural”, con mención de los estilos en la escritura para expresar los sentimientos y la fantasía, que en ocasiones se reducen a “declamaciones poéticas”. Aún con ese riesgo, Humboldt acude a movilizarse en la escritura con ejemplos en esos “desvaríos y debilidades”.

Sandra Rebok y Miguel-Ángel Puig, en el estudio de Introducción a los “Cuadros de la Naturaleza” observan la intención de Humboldt de llevar a cabo, con esa obra, una “representación artística” de América, y sugieren estimar dos aspectos fundamentales: el sentido del arte en la tarea científica del sabio prusiano, y el modo como influyó en el arte de Europa toda la iconografía consignada en sus estudios por nuestra América. Incluso hizo estudios de dibujo y pintura en su temprana juventud que aprovechó para sus bocetos y representaciones por estos territorios, con el propósito de dar expresión artística a la ciencia, en el desarrollo de conocimientos y encuentros particulares. En esa línea de interés promovió la participación de artistas europeos para que ilustrasen sus obras y se motivaran en la comprensión de esas realidades insospechadas que el sabio encontró en su viaje por América; asimismo, influyó en el envío de artistas y viajeros, con la predisposición imaginativa determinante, que se ocuparan de asuntos del Nuevo Mundo.

Humboldt tuvo el compromiso de incorporar en la representación gráfica de la flora y la geografía americana los ambientes integradores, en especie de función expresiva y útil del arte, con influencia manifiesta de la teoría de la naturaleza de Goethe, en el entendido de alcanzar la representación de lo múltiple en las características del paisaje, con visión unificadora, y no con elementos fragmentados, con el empleo de lo que el barón llamó las “artes de imitación”. En su preocupación por estudiar la historia para comprender el presente, también abordó el tema de la plástica al encontrar pintores de la escuela holandesa del siglo XVII que habían incursionado por Sudamérica (1637-1644), con representaciones calificadas de “exóticas”. De esa manera Humboldt afina su interés en representar los paisajes locales con realismo y emoción, con uso de los pinceles, que a su vez contribuye a apreciar lo diferente y múltiple en la naturaleza.

Humboldt tuvo siempre la idea de indagar en los nexos entre los fenómenos físicos, terrestres, bajo la comprensión de todo estar regido por leyes articuladas, inexorables, sin solución de continuidad. Así, en escrito suyo dirigido al rey Carlos IV (1798), dice: “Llevado por un ardiente deseo de ver la otra parte del mundo bajo el aspecto de la física general, de estudiar no solamente las especies y sus caracteres…, sino también la influencia de la atmósfera y su composición química sobre los cuerpos organizados, la construcción del globo, la identidad de capas (geológicas) en los países más alejados unos de otros, y, en fin, las grandes armonías de la naturaleza, hice el propósito de dejar algunos años el servicio del rey y sacrificar una parte de mi pequeña fortuna al progreso de las ciencias.”  Se trató de una vocación intuitiva en la antesala de su viaje al Nuevo Mundo, después de sus exploraciones científicas en Alemania, Polonia, Francia, Suiza, Inglaterra, Italia, Hungría y España.

La obra asombrosa de Humboldt, en especial la congregada en “Cosmos” podría tener una relación simbólica con “El Aleph” de Borges, donde aquel personaje Carlos Argentino Daneri intenta describir todo el globo terráqueo, en un poema exorbitante que llama “La Tierra”, el que a su vez Borges relaciona con la epopeya  de Michael Drayton (1563-1631) que describió en pormenores topográficos a Inglaterra, en quince mil versos dodecasílabos, además con elementos de la flora, la fauna, las montañas, la hidrografía y la historia militar y monástica. Con ese simbolismo totalizante e integrador del Aleph, Borges también remite al poeta y teólogo francés, Alanus de Insulis (o Alain de Lille) que a finales del siglo XII plantea la imagen de una esfera con centro en todas partes y la circunferencia en ningún lugar.

Asimismo está el antecedente de visión integral y totalizadora en la mitología del hinduismo, con el dios Krishna, quien de niño fue acusado ante Yosada, la mamá, de haber comido tierra, y al tratar de reprenderlo aquel le dice que es mentira y que le examine la boca. Yosada al proceder ve con asombro una bóveda estrellada, bosques, islas, mares, la rueda del zodíaco, torrentes, ciudades, calles y muchas cosas más, y al final se ve ella misma mirando la boca de un niño.  Es la metáfora del Aleph que Borges representó en su cuento consagrado.

Goethe también vislumbró esta comprensión metafórica, en los términos siguientes: “…, cada  cosa existe en aras de todas las cosas, y todas en aras de ella; porque el uno es también el todo.”

A su manera, con la inteligencia extraordinaria (esa capacidad de movilizar voluntad, percepción y conocimiento discernido), la fuerza del estudio, la observación, la racionalidad, la intuición visionaria y los sentimientos, Humboldt lleva a cabo la comprensión unificadora al relacionar aspectos físicos y manifestaciones de fenómenos múltiples, en los lugares más distantes, unos de otros, con apreciación de sus nexos, sus relaciones explícitas e implícitas para un observador atento y de la genialidad del sabio prusiano. Fue una elaboración de especie de Aleph, por la capacidad integradora del todo, sin perderse en las partes constitutivas. Con mayor evidencia en su obra “Cosmos”, la de síntesis de todo su periplo vital de explorador científico. Las partes se confunden con el todo, y el todo está en todas partes. Es la fusión de ideas y realidades, en la multiplicidad y diversidad, sumidas en la comprensión unitaria.

En el Epílogo a “Cosmos”, Ottmar Ette expresa: “… la ciencia transdisciplinar humboldtiana es una ciencia de futuro que pone a nuestra disposición los procedimientos y modelos de comprensión interrelacionados de un pensamiento transversal y unificador, unos procedimientos y modelos que podrían llegar a convertirse en directrices del desarrollo de las sociedades del conocimiento en el siglo XXI.” En el mismo epílogo el autor resalta lo más fundamental del pensamiento de Humboldt, por la manera como establece las relaciones entre los fenómenos, en un devenir e intercambios cada vez más intensos, con el estimado de tres dimensiones: la cósmica, la planetaria y la abstracta filosófica.

Sus estudios de campo y reflexión estuvieron en todo momento acogidos por la visión global e integradora, en lo que él llamó la física del mundo, o la teoría de la tierra, o la geografía física, expresiones sinónimas en uso dado por él, en concordancia con las lecciones impartidas por Kant en términos de la “Geografía física”, quien enseñó las interacciones de los seres humanos, las sociedades, las culturas y el medio natural, con sentido de interdisciplina.

 A su vez, la escritura tuvo en todas sus páginas configuración literaria, con apego al gozo, a la belleza como arte y a la fascinación poética. En la Introducción de “Cosmos” dice: “… resulta que en la esfera de la ciencia, como en la de la poesía y la pintura de paisajes, la descripción de los parajes y los cuadros que hablan a la imaginación tienen tanta mayor verdad y vida cuanto más determinados están sus rasgos característicos.”

Carl Henrik Langebaek ubica a Humboldt en la transición entre la Ilustración y el romanticismo. Y dice: “Humboldt escribió, entonces, desde la razón y desde la emoción. Fue sinónimo de modernización, de la medida sistemática y la evaluación científica, y al mismo tiempo fue un romántico que se aproximó al pasado remoto desde la nostalgia y el deseo.” (cf. Tomo III de la “Humboldtiana Neogranadina”)

La placidez en sus estudios y descripciones está imbuida de la idea del gozo, que lo reitera por todas partes, incluso en el mismo subtítulo de la Introducción a “Cosmos”: “Consideraciones sobre los diferentes grados de goce que ofrecen el aspecto de la naturaleza y el estudio de sus leyes.”

Humboldt explora en las culturas antiguas y en las más recientes las diversas maneras de interpretar el mundo en sus manifestaciones, incluidas las más dramáticas, intimidantes y catastróficas. Y esboza la “filosofía de la naturaleza”, con asidero en las primeras creencias, encontrando que hay explicaciones sustentables pero con un trasfondo de misterio, de conocimiento de causas sin alcanzarse. En esa pesquisa cita verso de una elegía de Schiller, para develar esa componente que antecede: “el polo inmóvil en la eterna fluctuación de las cosas creadas”. Y rubrica con insistencia el gozo o alegría al ir descubriendo razones, causas, leyes que expliquen el comportamiento de la naturaleza. También refiere cómo aquellos pueblos primigenios tienen de igual modo gozo por las explicaciones extrañas y fantásticas, con predilección por los símbolos, que a su vez determinan el lenguaje y las ideas. “El mundo de las ideas y de los sentimientos no refleja en su pureza primitiva el mundo exterior.” Y en la medida del avance en el desarrollo intelectual, se consigue la independencia entre las ideas y las sensaciones. “La observación fecundada por el razonamiento llega con ardor a las causas de los fenómenos”, también expresó el sabio prusiano.

La relación con Goethe tiene testimonios en “Cosmos”, desde la misma introducción cuando califica de “sagacidad superior” la manera como estudia la “metamorfosis” en los desarrollos orgánicos. Ha llegado incluso a suponerse que dado el impacto que tuvo en Goethe la personalidad de Humboldt, el personaje Fausto es un poco recreación de ella.

La idea de “metamorfosis” en Goethe parte de sus estudios de las plantas, en algunas de las cuales observa la manera como hojas cercanas a la flor adoptan la característica o aspecto del sépalo (formación del cáliz de la flor), y que hay multiplicidad de hojas que pueden compararse por la manera como se transforman, con posibilidades de intervenir en la producción de los órganos superiores de la planta. Goethe considera que los hechos en sí mismos son la teoría, pero trata de conciliar lo pragmático con lo ideal, sujeto a la comprensión de la dinámica de los fenómenos y ajeno a las observaciones experimentales insulares, con apego a las consideraciones multilaterales y a las interrelaciones. Concibe en unidad el espíritu y la materia, sin exclusión alguna, al igual que las partes y el todo. Su visión de la naturaleza es totalizante, integradora, múltiple y diversa, e incorpora lo espiritual y lo sensible. Resalta la condición de naturaleza del ser humano que le lleva a crear cultura. Y considera la vida en su propia unidad.

Humboldt y Goethe tienen similar concepción de la naturaleza y son panteístas, a la manera de Baruch Spinoza, al comprender la identidad entre dios y naturaleza, naturaleza y dios. Goethe al referirse al “pensamiento intuitivo” de Spinoza adopta la decisión de consagrar la vida a la contemplación de las cosas a su alcance, con el propósito de crear ideas apropiadas.

A este respecto, Goethe es explícito en el poema que dedica a Schiller cuando sus restos fueron exhumados en marzo de 1826 (“Contemplando el cráneo de Schiller”):

                                   “…..
                                   ¿Qué más el hombre ambicionar podría
                                   en este mundo, qué merced más alta,
                                   que esta revelación del Dios-Natura?
                                   …………….”

Es la idea de Baruch Spinoza formulada en la expresión “Deus sive Natura” (cf. Libro IV de su Ética), con la que señala la identidad entre Dios y la Naturaleza, lo que ha valido interpretar al panteísmo.

A su vez, Schiller, en sus lecciones sobre la “Educación estética de la humanidad” (cf. Carta VIII), al considerarse viviendo una “época ilustrada”, hizo énfasis en el “espíritu de libre investigación” que permitió disipar el engaño y el fanatismo, al facilitar el acceso a la verdad. Y señala cómo antes la filosofía renegó de la naturaleza, con el asomo de nuevo en su tiempo de un despertar trascendente para regresar con claridad y urgencia a su seno.

El filósofo contemporáneo de la Complejidad, Edgar Morin, aviva esa tradición de la comprensión unitaria, en los siguientes términos: “Se trata de ver cómo es posible, a partir de las disciplinas actuales, reconocer la unidad y la complejidad humanas reuniendo y organizando los conocimientos dispersos en las ciencias de la naturaleza, las ciencias humanas, la literatura y la filosofía, y mostrar el lazo indisoluble entre la unidad y la diversidad de todo lo que es humano.” (cf. “Enseñar a vivir – Manifiesto para cambiar la educación”, 2015)

Los procesos de investigación de Humboldt tuvieron siempre la constante de buscar interrelaciones, conexiones entre los fenómenos, al observar, medir y recopilar informaciones en los lugares de diversas geografías. Así lo consignó en “Cosmos”: “A medida que se generalizan las leyes, y que las ciencias se fecundan mutuamente, que, extendiéndose, se unen entre sí por lazos más numerosos y más íntimos, el desenvolvimiento de las verdades generales puede ser conciso sin llegar a ser superficial.” Es su comprensión de la unidad en la naturaleza, con atisbo certero en los desarrollos de la ciencia, cada vez en conciliación de disciplinas, sin lo particular fragmentado de las especialidades. Incluso con la intuición de poder llegar a formulaciones abreviadas con un gran poder de generalización, a distancia considerable de los comienzos de las civilizaciones humanas, con observaciones aisladas de los fenómenos, pero al transcurrir el tiempo, la investigación va captando las interrelaciones de los mismos, incluso con “mutua dependencia”.

Aún más, llega a comprender el proceso de razonamiento sobre la base de las observaciones físicas, confirmando convicción histórica de estar las fuerzas inherentes a la materia y las que conducen el mundo moral, sometidas a una necesidad primordial y de acuerdo con movimientos renovables por períodos, o en intervalos sin simetría. Esa comprensión de la naturaleza tiene complemento explícito en las siguientes palabras suyas: “Esta necesidad de las cosas, este encadenamiento oculto, pero permanente, esta renovación periódica en el desenvolvimiento progresivo de las formas, de los fenómenos y de los acontecimientos, constituyen la naturalezaque obedece a un primer impulso dado”.

Humboldt adopta de su maestro de mineralogía en la Escuela de Friburgo, Abraham Gottlob Werner, el propósito de alcanzar una “teoría unificada de la Tierra”. Y también con la influencia del romanticismo afianza su búsqueda de armonía y unidad en la naturaleza, con recursos de la ciencia, la filosofía y la estética. Sus observaciones y mediciones, de explorador científico y de letrado, tienen esa impronta en la búsqueda de la verdad en unidad con la belleza. Lo cual puede apreciarse en especial en su obra la “Geografía de las plantas”.

El hallazgo de nuevos conocimientos lo manifiesta siempre Humboldt con motivos de alegría y emoción, con la felicidad de encontrarles aplicaciones. Su formación unificadora lo lleva a considerar en complemento el pensamiento y los sentimientos, en campos de la filosofía, la poesía y las bellas artes, que a su vez se ocupan de motivos interiores para producir las respectivas obras. No se distancia de la relación entre las formulaciones teóricas y aún estéticas, y las aplicaciones prácticas, por cuanto concibe que “lo verdadero, lo bello y lo bueno se encuentran unidos a lo útil.” Incluso estima que los desarrollos industriales y el comercio resultan de los progresos intelectuales, con mejoramiento de las instituciones políticas, propias de la organización social.

Llama siempre la atención su manera de aludir a la filosofía y las artes, en tanto son “encanto de nuestra existencia” y “soplo vivificador de la imaginación”, en la unidad de la belleza y lo bueno. Recurre en ocasiones a Goethe y a Kant. Y acude al discurso que considera poético de Schelling sobre las artes, para resaltar su idea de naturaleza, no como cosa inerte sino como “sublime grandeza” y “fuerza creadora del universo” que ocasiona todo lo existente, con nacimiento y muerte de manera continua.

En esa manera de plantear la comprensión unitaria, asume la intimidad de relación entre pensamiento y lenguaje, con los desarrollos propios que han permitido ensanchar los campos de expresión para dar cabida a los alcances de la imaginación y del pensamiento, en obras que representan los avances marcados por los tiempos, con entraña en los científicos y creadores.

La idea de naturaleza en Humboldt, conjugada con las indagaciones empíricas o de observación y las reflexiones de pensamiento, lo llevan a formular su idea de la Ciencia, en sus palabras: “La ciencia no empieza para el hombre hasta el momento en que el espíritu se apodera de la materia, en que trata de someter el conjunto de las experiencias a combinaciones racionales. La ciencia es el espíritu aplicado a la naturaleza, pero el mundo exterior no existe para nosotros sino en tanto que por el camino de la intuición lo relejamos dentro de nosotros mismos.” Es decir, Humboldt consideró como un organismo vivo a la naturaleza, actuante por fuerzas dinámicas. A su vez Schiller, en sus “Cartas sobre la educación estética de la humanidad” concibe la naturaleza con la capacidad de unir todo (cf. Carta VI).

Esta concepción puede relacionarse con la aportada por la “escuela jónica” (con Anaxímenes, Heráclito, Pitágoras, Demócrito y Anaximandro), que tuvo en cuenta las observaciones experimentales con ambición de llegar a formulaciones generales, al modo de leyes. Y, además, hizo observaciones sobre los desarrollos dinámicos de la sociedad, al manifestar cómo el ser humano se hizo portador de su propio destino a partir del conocimiento y dominio de la técnica. 

Humboldt y Goethe tuvieron amistad con Schiller, mediando Wilhelm Humboldt. La poesía y el pensamiento los unía, con sentido de naturaleza, a pesar de las diferencias ideológicas. La relación entre Goethe y Schiller ha sido estudiada con detalle por Rüdiger Safranski, en la cual hubo tensiones, incluso ironías y rechazos, pero encuentran campo común de entendimiento, e incluso de influencia mutua: la libertad individual, así fuese héroe o creador; la pasión en tanto motor de la tarea creadora; ciertas maneras de mirar con detalle lo clásico, y una aproximación entre formas literarias de expresión lírica y naturalista. Schiller se caracterizó por la escuela romántica, con énfasis pasional en lo mítico y heroico, mientras en Goethe la preocupación estaba en la razón y en el cuidado metódico.

Humboldt dedica un capítulo en “Cosmos” a revisar la manera como los escritores y pensadores registraron sus impresiones de la naturaleza, en términos de creación literaria y poética. Repasa lo ocurrido en Grecia y Roma para anotar que en general no se ocuparon de manifestar la emoción que les ocasionaba el medio natural, sino que estuvieron más embelesados por la inteligencia razonadora que por la manifestación de los sentimientos. Sinembargo encontró excepción en las más antiguas escrituras de los hebreos y de los indios, en la forma del sentimiento y la poesía de la naturaleza. En los poemas de Homero encuentra que la naturaleza es algo marginal. Lo bucólico y elegíaco se manifiesta, sin descartar la tristeza en lo íntimo al dar mirada a los entornos enhiestos e imponentes, así se tratase de montículos o valles, en las proporciones de la desmesura. Reclama la necesidad de matizar lo descriptivo de la literatura con la contemplación poética.

En medio de la agitación política exacerbada por las pasiones, encontró en los escritos de Cicerón su encanto por la naturaleza y el amor a la soledad. La manera constante e imprescindible de los entornos se hacían tan comunes que llegaban a ser desapercibidos, y por tanto ignorados al momento de escribir, sin llegar a manifestar los sentimientos estéticos y morales debidos a la naturaleza. Y describe tiempos estériles para la poesía, con sustitución en los avances científicos, expresados con aridez en las narraciones.

En Plinio el Viejo encuentra que su magna obra, la “Historia natural”, fue concebida con la intención angustiosa de describir en su totalidad a la naturaleza, ocupándose de narraciones y en formas de pensamiento, con abundancia en retórica. Con la decadencia y disolución del imperio romano, el lenguaje se deteriora, la imaginación pierde poder creador y la tendencia dominante es a la soledad y a las “sombrías meditaciones”. En las culturas de la India encuentra evocación de la naturaleza con formas de la poesía descriptiva, inducida por bosques siempre verdes y florecidos, entre los trópicos y regiones al sur del Himalaya. Similar goce en escrituras encuentra entre los persas, bajo el atractivo cautivante de la naturaleza.

En los libros del Antiguo Testamento halla descripciones fieles a las características de la naturaleza donde vivían los hebreos, con desiertos, llanuras fértiles y bosques apretujados en Palestina. Identifica el Libro de Job como la obra más significativa de la poesía hebrea, con la descripción pintoresca de la naturaleza y sus fenómenos, con formas didácticas de exposición.

Llega hasta considerar con sus propias características literarias las obras testimoniales de la conquista de América, con Vespucio y Colón que hicieron descripciones de rica imaginación. Califica como desgracia la supervivencia en largo tiempo de lo bucólico y elegíaco en las literaturas de España e Italia. Encuentra en las “Lusíadas” de Camões fidelidad con la naturaleza en poesía de encanto, con “grandeza en las imágenes”, con prelación de las escenas del mar, en menoscabo de lo terrestre. Luego encuentra escritores que le dieron expresión de valioso sentimiento al considerar la naturaleza con imaginación significativa. Refiere los casos de Rousseau, Buffon, Saint-Pierre, Chateaubriand, su maestro Forster, y, por supuesto, Goethe, Schiller y Byron.

Le confiere a la naturaleza el “poder embriagador” sobre nuestras almas. Y a Goethe lo sublima con justicia, en la clausura del mismo capítulo, al calificarlo de “gran maestro de la poesía”, con obras que identifica manifiestas en sentimiento profundo de la naturaleza, en conjunción de la física, la filosofía y la poesía. 

Y redondea su apreciación con las siguientes palabras: “Al progreso de los tiempos debemos el engrandecimiento indefinido del horizonte, la abundancia siempre creciente de las emociones y las ideas, y la eficaz influencia que ejercen recíprocamente las unas sobre las otras.” Y subraya su concepción más profunda en “el lazo que une el mundo intelectual al mundo sensible, [que abarca] la vida universal de la naturaleza y su vasta unidad”.

***

En el epígrafe recordamos el verso de Hölderlin: “Poéticamente habita el hombre sobre la tierra”, que mereció meditación profunda de Martin Heidegger, en busca de la claridad de lo que es poetizar y lo que es habitar, para estimar que tanto poetizar como habitar es un construir. Y a su vez habitar es tener un alojamiento. Y poetizar también lo estima como un medir. Es decir, sin adentrarnos en las minuciosas y profundas consideraciones de Heidegger, se podría pensar, en aproximación al tema que nos ocupa, que en lo poético como creación el ser humano construye su residencia en la tierra, y que esa residencia, con sus espacios favorables al acomodo para existir, actuar, pensar, crear, es la naturaleza. Cuestión esta que tuvo entretenido en toda su vida a Alexander von Humboldt, en la busca incesante de conexiones e interrelaciones en sus formas y manifestaciones múltiples y complejas, para desentrañar formulaciones generales de validez.

En “Cosmos” Humboldt ofrece frecuentes expresiones de su apego a la belleza, al goce, al arte, a la poesía. Así, por ejemplo, en el capítulo que dedica a “la influencia de la pintura del paisaje en el estudio de la naturaleza”, comparte su dicha al contemplar en París la obra de Tiziano sobre la muerte de Pedro el Mártir en un bosque, que describe de la siguiente manera en lenguaje poético: “La forma y el follaje de los árboles, la azulada lontananza de las montañas, la armonía general de la sombra y de la luz, todo revela en esta composición perfectamente sencilla la profunda emoción del pintor, dejando una impresión solemne de severidad y grandeza.”  E insiste en estimar que “Cada rincón del globo es, sin duda alguna, un reflejo de la naturaleza entera.” Asimismo invoca, al nombrar a grandes maestros de la pintura, “el deseo de volver a la antigua alianza de la ciencia, del arte y de la poesía”. Y en virtud de la fuerza expresiva alcanzada con la pintura, la asume como “especie de poesía de la naturaleza”.

Su fervor por la comprensión unitaria lo lleva, en una y otra parte a insistir sobre el tema. Así, en el mismo capítulo sobre la pintura del paisaje, dice: “Multiplicando los medios con cuyo auxilio se reproduce bajo imágenes expresivas el conjunto de los fenómenos naturales, es como mejor se familiariza a los hombres con la unidad del mundo, haciéndolos sentir más vivamente el armonioso concierto de la naturaleza.”

Ahora bien, la palabra es una fuente del decir. Es un medio. Es un paladín en el recuento de cosas. Es una necesidad en la comunicación. Y la palabra encuentra acomodo en formas múltiples, con tonalidades de encuentros y desencuentros. Pero, ante todo, es un flujo inesperado de la imaginación. Creencias, descreencias, sosiegos, pasiones, mesuras, desmesuras,… todo cabe en la expresión de la palabra. Pero no todo vale. La poesía es quizá la manifestación mejor deseada de la palabra, para trajinar sentimientos, posiciones de la razón, en conciliación de modalidades.

Goethe y Schiller fueron poetas consagrados en el tiempo, como lo fueron tantos otros de distintas geografías y épocas. Pero de lo que se trata aquí es de meditar en detalles de aquellos dos, en muestra de su poesía. Y he tomado como referente contemporáneo a William Ospina, escritor nuestro, connotado con obra de significativo valor.

La escogencia de poemas puede ser arbitraria, sinembargo lo singular de ellos me lleva a una consideración especial, de parangón, con respeto a intencionalidades, apenas con observaciones formales y de sentidos en riesgosas interpretaciones. Tengo a mano la “Elegía de Marienbad” de Goethe, la “Oda a la alegría” de Schiller y “Humboldt” de Ospina.

Goethe en un momento avanzado de la vida teje ilusión amorosa con chica seductora y muy joven, que pronto se desvanece y registra en palabras sus sentimientos, con maneras de enaltecer aspectos de su transcurrir en sabiduría, con pesquisas de profundo logro, e inquietudes del devenir. Testimonio de ese momento en su vida es la “Elegía de Marienbad”, donde contrasta con nostalgia los prados verdeoscuros en desarmonía con el raudal que canta, y en el mundo astral avizora hallazgo de infinito. El amor de la proximidad en caricias y besos es añoranza de dolor, con rendido anhelo en lo inefable. Asoman el candor y el conflicto espiritual, con expresión en un sino de lástima, especie de comparecencia con la debilidad en intentar ser amado, ya tarde, con desprecio en la proporción del tiempo. Pero convencido en el afán clama por la llama inapagable del deseo, una vez frustrado, decaído el ánimo, con signos de inacción y penas. Personalidad que pretendió tener el reconocimiento del mundo culto y de los dioses, se aprecia venido a menos, con la opción de hundirse en la nada. El sabio tiene requiebros de la condición humana, tan frágil y deleznable. Por instantes su obra queda al margen, y la pena del amor frustrado le sobrecoge. 

En contraste Schiller en su “Oda a la Alegría”, que fue asumida por Beethoven para el cuarto movimiento de su sinfonía 9 (estrenada en 1824), clama por la felicidad, por el regocijo. Convocatoria a la hermandad, a transitar el  camino propio con satisfacción, a beber la alegría en el seno de la naturaleza, a vivir gozosos como los astros en la inmensidad de lo celeste. Se reitera el emblema: “¡Alegría, hermosa chispa de los dioses/ hija del Elíseo!”  Es una ferviente invitación a sobreponernos a las dificultades en los caminos de la vida, con apego a las personas cercanas y dando fortaleza a los momentos felices, animadores para continuar la senda comprometidos y con regocijo en las tareas. Hay en conjunto una develación masónica y de comprensión unitaria al reiterar valores como alegría, amistad, amor y al hacer sentir que uno pertenece al todo que es la Naturaleza, con la ambición de alcanzar la armonía y la belleza, en un proceso de humanización gradual, que anticipan el lema de la Revolución francesa expuesto en términos de libertad, igualdad y fraternidad.

La tercera consideración, en este parangón poético, es el poema “Humboldt” de William Ospina, donde recrea la condición del científico en sus alcances, en sus aplicaciones botánicas, representada en la flor del primer verso, con las formas de multiplicación de las especies vegetales, con el lenguaje en la manera de comunicar e intercambiar conocimientos, la piedra en símbolo de sus pesquisas geológicas. Los estudios y observaciones de astronomía del sabio prusiano, con sus instrumentos recorriendo penosos lugares por suelos de América, y hasta midiendo en comparación la intensidad de los azules en los lugares. Cruce por selvas, en la captación de especies y de comunidades humanas, con referente del verde de la Ilíada, en cantos de reminiscencia constructiva. Y las distancias en el poema son devoradas por la inmensidad de las selvas. (cf. W.Ospina, su poema “Humboldt”; Sanzetti. Navona Editorial. Barcelona 2018;  p. 31)

En los tres poemas está la fuerza creadora y la conjunción imaginaria en situaciones, con trasunto de experiencias de la vida y de la historia. A la sombra de ellos está la esperanza, el vigor del sentimiento y de la razón, con retos de nuevas andaduras. Y la música del rebelde Beethoven con marca mayor en el alcance de la expresión del arte, bajo el misterio de armonías que alimentan el espíritu.

Escuelas, etapas, momentos, circunstancias en ellos, sus obras y los autores, emblemáticos en la presencia activa, ineludible, de la representación poética, como matriz de aliento en la creación y en la consolidación de logros científicos y de la Cultura, como ocurre con la obra de Alexander von Humboldt, a quien celebramos a los 250 años de su nacimiento.

 

Bibliografía

Andrea Wulf. La invención de la naturaleza – El nuevo mundo de Alexander von Humboldt.Ed. Taurus, cuarta reimpresión, Bogotá 2018

Alberto Gómez-Gutiérrez (Edición Académica). Humboldtiana Neogranadina.Ed. Universidades Javeriana, Los Andes, EAFIT, Externado, Rosario, CESA. Bogotá 2018

Alexander von Humboldt. Cuadros de la Naturaleza.Ed. Los Libros de la Catarata, Madrid 2003

_____________________. Cosmos – Ensayo de una descripción física del mundo.Ed. Los Libros de la Catarata, Consejo Superior de Investigaciones Científicas;  Madrid 2011

_____________________.Cosmos – Ensayo de una descripción física del mundo.Tomo I. Biblioteca Hispano-Sur-Americana. Eduardo Perié, Editor. Bélgica 1875

Johan Wolfang von Goethe.  Teoría de la Naturaleza.Ed. Tecnos, Segunda edición (Reimpresión), Madrid 2013

_____________________. Obras completas; tres volúmenes. Ed. Aguilar, S.A. de Ediciones. Madrid 1950 y 1951(el tomo III)

Goethe y la Ciencia. Ediciones Siruela, Madrid 2002

Friedrich Schiller. Lírica de pensamiento.Ed. poesía Hiperión, Madrid 2009

_____________. Cartas sobre la educación estética de la humanidad.Ed. Acantilado, Barcelona 2018

Martín Heidegger. Conferencias y artículos. Ediciones del Serbal, Barcelona 1994

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Edición No. 190