Alexander von Humboldt y la Astronomía
Introducción
Estando en Berlín en 1996, mi amigo Adolph Kunert, exdirector del Planetario Wilhelm-Foerster, gran astrónomo fallecido el pasado 19 de mayo a la edad de 97 años, me hizo caer en la cuenta de que Alexander von Humboldt también era un gran aficionado a la astronomía y que probablemente alimentó desde niño esta pasión por el estudio del cielo gracias a las primeras cartas estelares que ya adornaban las expediciones de los viajeros por los mares del sur. Humboldt nació en 1769, el mismo año en que el almirante James Cook venía de probar con éxito en los mares del sur el cronómetro de Harrison, una herramienta fundamental en la determinación de la longitud terrestre y el mayor escollo que tenían los navegantes hasta ese momento para una navegación segura.
Años de formación
Humboldt alimentó su pasión marinera como una ensoñación en el aburrimiento del castillo de Tegel y donde pasó la niñez y primera juventud al lado de severos tutores y de una madre esmerada en la educación de sus hijos, pero fría sentimentalmente. El viaje con Georg Forster fue para Humboldt motivo de grandes alegrías, conocimientos y anhelos de conocer otras latitudes.
El viaje a América ya estaba prefigurado en el contacto con naturalistas de la talla de Willdenow, Forster, von Zach, Goethe entre otros. Humboldt anhelaba viajar para explorar y pintar con palabras cuadros de la naturaleza, pero sobre todo para buscar conexiones entre los fenómenos de la naturaleza.
Se inicia el viaje a América
Cuando el mineralogista alemán partió del puerto de La Coruña, en España, en compañía del médico y botánico francés Amadeo Bonpland con rumbo a la América española, en sus valijas llevaba un telescopio, un sextante, una brújula, un estuche de matemáticas con buenos compases, un cronómetro y un gran instrumento de precisión para determinar por las estrellas puntos geodésicos y conocido como el cuadrante de Bird, adquirido en Inglaterra.
Además, y por supuesto, libros de botánica, zoología, astronomía y matemáticas. La clásica pintura de Humboldt y Bonpland en el Orinoco nos da una buena idea de este equipamiento instrumental. Son aparatos de precisión calibrados para determinar ángulos sobre accidentes geográficos y puntos de referencia astronómica. Es evidente que con dichos instrumentos Humboldt se proponía medir alturas, determinar rumbos y acimutes, calcular distancias, culminación de estrellas meridianas y observación de fenómenos celestes.
La era de los grandes descubrimientos
El siglo XVIII es un siglo de grandes descubrimientos. Es el siglo de la Ilustración, de la ciencia como fundamento del verdadero conocimiento. Es el siglo de la razón, de la medida, del experimento. Cuando Humboldt nació en 1769, ya William Herschel estaba descubriendo las estrellas dobles, las nebulosas y las que llegarían a ser con el tiempo, las galaxias. Mientras Herschel pondera el tamaño y la forma de la Vía Láctea, Kant está elucubrando sobre la existencia de posibles mundos extra galácticos.
Louis-Antoine de Bougainville redescubrió Tahití y regresó a Francia coronado de gloria en 1769, anunciando unas tierras hermosas en donde sin duda vivía feliz el buen salvaje. En un principio Humboldt quiso embarcarse con Bougainville para un gran viaje de circunnavegación, el segundo del gran capitán francés, pero finalmente el viaje no se cumplió.
La alternativa fue la América española y el destino lo llevó con Bonpland al Orinoco, a Cuba, al virreinato de la Nueva Granada, al Ecuador y Perú, a México y finalmente a los Estados Unidos. Durante un viaje de cinco años, Humboldt tuvo oportunidad de observar el cielo boreal que ya conocía bien, el cielo ecuatorial y, en parte, el cielo austral donde reconoció la Cruz del Sur y las Nubes de Magallanes.
Observaciones en la América española
Con pericia de astrónomo y geodesta, Humboldt determinó numerosos puntos geodésicos para levantar la carta del río Magdalena en el virreinato de la Nueva Granada, desde el Dique hasta el puerto de Honda. Determinó por trigonometría la altura del nevado del Tolima, la altura del Salto del Tequendama. Observó la lluvia de meteoros de 1799 en Cumaná y la relacionó con el paso de un cometa hoy llamado Tempel- Tuttle. Observó el eclipse solar del 28 de octubre de 1799 y lo reportó al astrónomo de Gotha, Francisco Xavier von Zach. Observó el eclipse total de luna del 29 de marzo de 1801 en Punta Gigante y determinó la longitud de Cartagena de Indias.
Observó el tránsito de Mercurio el 9 de noviembre de 1802 en el Callao y determinó la longitud de Lima. Calculó la altura del volcán Chimborazo y registró la declinación magnética en Cajamarca, Perú. Observó con detalle el fenómeno de la luz zodiacal. Realizó una visita en compañía de Francisco José de Caldas a las derruidas pirámides de la expedición francesa de Lacondamine, en Yaruquí, Ecuador y determinó la línea equinoccial. Elaboró el mapa de la bahía de Acapulco, midió de la altura de los volcanes Popocatépetl y del Iztaccíhuatl de México, le dio una nueva lectura e interpretación del Calendario Azteca.
Todas estas medidas y observaciones dan una idea del gran interés y conocimientos de Humboldt por la astronomía de su tiempo. Pero su carrera en este campo habría de comenzar luego y gracias a su amistad con Francois Arago, uno de los mayores astrónomos y mejores divulgadores de la Astronomía. A partir de esa amistad y de su permanencia en París por espacio de casi veinte años después del gran viaje por América, Humboldt estuvo cada día más interesado por el estudio de la Astronomía.
Humboldt y Caldas
Los dos astrónomos y también naturalistas, Alexander von Humboldt y Francisco José de Caldas, tuvieron un encuentro de varios meses, a principios de 1802, en la Real Audiencia de Quito, donde realizaron excursiones y conversaron sobre temas de interés común.
El prusiano pudo verificar la exactitud de medidas efectuadas por Caldas, a pesar de las limitaciones del neogranadino en materia de instrumentos, libros y colegas. Pero este recibió un bello elogio de Humboldt, según la cita que se transcribe de un importante artículo:
Este Caldas es un prodigio en astronomía. Nacido en las tinieblas de Popayán y sin haber ido nunca más allá de Santafé, ha construido barómetros, un sector, un cuarto de ciclo en madera. Mide meridianos y latitudes mediante gnómones de 12 a 15 pies.
¡Qué no habría hecho este joven hombre en un país con más medios, en donde no hay que aprender todo por sí mismo! Las obras de Bouguer y de La Condamine han tenido una influencia singular sobre los americanos de Quito a Popayán. El territorio (sol) de este país ha llegado a ser clásico y podría decirse que esto tiene que ver con una característica telúrica (sol natal). (Arboleda, 2016).
Kosmos
La idea inicial y fundamental de esta obra, es unir fenómenos de la naturaleza y tratar de establecer leyes o por lo menos relaciones importantes. La obra consta inicialmente de dos tomos y posteriormente de cinco. Este último tuvo un carácter póstumo y solo recientemente fue vertido al español (Rebok, 2011).
El origen y los propósitos del Kosmosson bien descritos por su autor, así:
A excepción de algunos fragmentos de la introducción, todo el Cosmos ha sido escrito en los años de 1843 y 1844; debiendo advertir, que el curso que di en Berlín, y que se compone de sesenta lecciones, es anterior a mi expedición al Norte del Asia. El primer tomo de esta obra contiene un cuadro de la Naturaleza, que abarca el conjunto de los fenómenos del universo, desde las nebulosas planetarias hasta la geografía de las plantas y los animales, terminando por las razas humanas. Este cuadro va precedido de algunas consideraciones sobre los diferentes grados de goce que ofrecen el estudio de la naturaleza y el conocimiento de sus leyes, y una discusión razonada sobre los límites de la ciencia del Cosmos, y el método según el cual intento exponerla. Todo lo que respecta al detalle de las observaciones particulares, y a los recuerdos de la antigüedad clásica, eterna fuente de instrucción y de vida, está reducido en notas colocadas al final de cada tomo.
Un libro en que se pretende reunir todo lo que en una época dada se ha descubierto en los espacios celestes, en la superficie del globo, y a la débil distancia en que nos está permitido leer en sus profundidades, puede, si no me engaño, ofrecer aun algún interés, cualesquiera que sean los progresos futuros de la ciencia, con tal que logre retratar vivamente una parte siquiera de lo que el espíritu humano apercibe como general, constante y eterno, entrelas aparentes fluctuaciones de los fenómenos del universo” (Humboldt, 1875).
La consagración a su gran obra final, “Kosmos”, lo relacionaría con los más importantes astrónomos de su tiempo, entre ellos Gauss, Laplace, Le Verrier, Oltmans. Sin duda alguna, Humboldt fue un gran divulgador, un observador del cielo como pocos y un príncipe entre los aficionados. Una carrera iniciada en los campos del castillo de Tegel y vivida plenamente en su viaje a las regiones equinocciales. Completada académicamente con sus colegas y amigos en los observatorios de París, Berlín y Gotha.
Bibliografía
Arboleda, Luis-Carlos. (2016). Caldas, matematización de la naturaleza y sentimiento telúrico, en Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 40(154):6-7, enero-marzo de 2016.
Gómez- Carder, Gabriel-Jaime. (2002). El día que Humboldt llegó a Cartagena de Indias. Medellín, Colombia: editorial Colina.
Humboldt, Alexander von (1875). Ensayo de una descripción física del mundo. Biblioteca Hispano Sur Americana. Bélgica: editor Eduardo Perié.
Rebok, Sandra. (2011). Alexander von Humboldt. Cosmos: Ensayo de una descripción física del mundo. Madrid, España: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de España.
Wattenberg, Dietrich. (1959). Alexander von Humboldt und die Astronomie. Berlín: Archenhold-Sternwarte.
Wulf, Andrea. (2016). La invención de la naturaleza, el Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt, Madrid, España: editorial Taurus.