Informe de la Versión 33 (I, 2019) – Cátedra Aleph – UN-Manizales
El “Manual de vida” de Epicteto y los Estoicos en su filosofía práctica y comprensible de la historia
Esta Versión se realizó en el segundo semestre académico de 2019, en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales. Se trató de examinar la naturaleza del Estoicismo, recordando a Zenón de Citio a quien se atribuye su fundación en el año 301 a.C., con base en los siguientes criterios o principios: tener capacidad de controlar los hechos, las cosas y las pasiones que afectan la vida, para buscar la felicidad y la sabiduría.
El Estoicismo se estima en tres períodos: 1. Estoicismo antiguo, de los siglos III al II a.C., representado por Zenón de Citio, Aristón de Quíos, Apolófanes, Cleantes y Crisipo, principalmente. Su fortaleza estaba en aplicar la lógica en sus investigaciones. 2. Estoicismo medio, de los siglos II a I a.C., con figuras representativas Panecio y Posidonio, quienes hicieron de la sencillez y la sobriedad las características principales de su escuela. Y 3. Estoicismo nuevo o romano, de los siglos I al III d.C., con las figuras centrales Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, representado en la concepción práctica y en el énfasis en las labores éticas de la educación.

Nos ocupamos durante el semestre académico en especial del último período, con reflexiones sobre las contribuciones de Epicteto en su “Manuel de vida”, enseñanzas recogidas por sus discípulos.
El Estoicismo influyó en pensadores como Descartes y Kant, con promoción de la serenidad frente a las situaciones adversas. Durante el Renacimiento, el Estoicismo fue acogido por corrientes humanistas y en las universidades, y se resaltan como principales protagonistas a Erasmo, Juan-Luis Vives, Michel de Montaigne. En nuestro tiempo suele emplearse la expresión “estoicismo” para simbolizar la fortaleza de espíritu, aún en momentos difíciles.
Importante señalar que los estoicos expusieron como requisito fundamental para alcanzar la libertad y la serenidad si se conseguía el desapego por las cuestiones materiales, con dedicación a fortalecer la virtud y la razón. Estiman que para obtener un conocimiento verdadero se necesita tener evidencia en lo que se percibe, sin descartar el error, en tanto se den opiniones diversas. Consideran que el cambio es lo natural en todo, pero a su vez conciben que el Universo es armonía, y hay causas en todo. En la teología estoica la idea de dios coincide con la naturaleza, lo cual se reconoce desde Baruch Spinoza como “panteísmo”.
No conciben la existencia del azar, sino que todo está determinado por una ley racional, y el destino corresponde a una sucesión de acontecimientos ligados entre sí. También piensan que este mundo es el mejor de los posibles, con nuestra existencia ligada al proyecto universal, y en consecuencia debe aceptarse el destino sin temores. Por otra parte conciben grandes ciclos cósmicos y que cada uno concluye con una “conflagración universal”, para dar origen al siguiente con surgimiento de nuevo del agua, del aire y de la tierra.
Una mirada de síntesis sobre el Estoicismo, nos lleva a considerar su preocupación por ambientar el bien y la virtud, evitando las pasiones que son contrarias a la razón. Lo que conduce a dominar el dolor, el placer y el miedo. En conclusión, la sabiduría, de alcanzarse, lleva a vivir de acuerdo con la razón, estar alejados de las pasiones y a estimarse cada persona como ciudadano del mundo.
Sobre la base de estos conocimientos básicos que dan soporte al pensamiento y a las obras de los estoicos de la tercera fase, nos dedicamos en especial a tratar el “Manual de vida” de Epicteto, en secuencias de los apartados que integran el libro.
Epicteto (55 d.C. – 135 d.C.), fue un esclavo en Roma que fue reconocido a tiempo en su talento por Musonio Rufo, filósofo estoico, y educado para multiplicar enseñanzas. De conjunto su prédica establecía vivir una vida moralmente despierta, afinar el carácter y la conducta, persistir en el progreso moral, trabajar cada día sobre nosotros mismos, ser elocuentes en la acción, ocuparse de las circunstancias concretas de la vida cotidiana, disponer de dignidad personal, armonizar deseos y actos con la naturaleza, alcanzar la serenidad y la bondad. Todo esto lleva a comprender qué tipo de persona somos y qué vida llevamos, con la asimilación de llevar una vida buena al dominar los deseos, cumplir con los deberes y pensar con claridad.
El estudio del Manual lo llevamos, como se decía arriba, en la secuencia de los apartados, señalando en ellos los aspectos fundamentales, que me tomé el cuidado de identificarlos con síntesis, en el orden del Manual, siguiendo los apartados con numeración secuencial que asigné:
- Saber lo que puedes controlar y lo que no
- Algunas cosas están bajo nuestro control y otras no.
- Tranquilidad interior y eficacia exterior.
- El tormento surge al intentar controlar lo que no podemos.
- Asumir los asuntos de otros como propios nos genera ansias y frustraciones.
- Ocúpate de tus propios asuntos
- Si nos ocupamos de nuestras verdaderas preocupaciones, nadie nos podrá hacer actuar contra nuestra voluntad.
- Para alcanzar la felicidad y la libertad es posible que debamos privarnos de la riqueza y del poder.
- Reconoce las meras apariencias
- Lo desagradable puede ser considerado como mera apariencia, y para nada en lo que aparentamos ser.
- Si aquello corresponde a algo fuera de nuestro control, no habrá por qué preocuparnos.
- El deseo reclama ser satisfecho
- Los deseos y aversiones suelen ser veleidosos, con reclamo de ser satisfechos.
- No debemos intentar evitar las fatalidades, como la enfermedad, la muerte, el infortunio, sobre los cuales no tengamos control, y que al hacerlo sufriremos nosotros y haremos sufrir a quienes nos rodean.
- No hay que dejarse apabullar por la sensación de rechazo. Es mejor centrarse en las cosas nocivas que podamos combatir.
- Veamos las cosas tal como son en verdad
- Las cosas suceden por sí mismas.
- Hay que tratar de ver las cosas tal como son, para evitar la decepción y el dolor.
- Cuando algo acontece, nos corresponderá por la actitud que tomemos.
- La manera como pensamos los acontecimientos exteriores, puede ocasionarnos espanto y desaliento, pero será debido a la interpretación que tengamos o se nos ocurra acerca de ellos.
- Las cosas y las personas no son lo que deseamos que sean, sino ellas son lo que son.
- Armoniza tus acciones con la vida como realmente es
- Armonizar nuestra voluntad con la naturaleza debe de ser nuestro máximo ideal.
- No es tan importante lo que hacemos sino cómo lo hacemos.
- Los acontecimientos no te lastiman, pero tu percepción de ellos si puede hacerlo
- No temamos a la muerte ni al dolor, temamos al miedo de la muerte y del dolor.
- Que no haya vergüenza ni culpa
- Las cosas son solo lo que son. Los demás piensan lo que piensan. Que no haya vergüenza; que no haya culpa.
- Crea tu propio mérito
- El mérito personal no puede provenir de una fuente externa. Leamos los libros a mano. Apliquemos el conocimiento con los mejores fines. Utilicemos las herramientas disponibles.
- Hagamos el mejor uso de lo que tenemos, de lo que en realidad nos pertenece.
- Concéntrate en tu deber principal
- No debemos distraernos en nimiedades, y aplicarnos a lo que nos corresponde como compromisos principales.
- Acepta con serenidad los sucesos tal como ocurren
- Aceptemos los acontecimientos como suceden en realidad.
- Tu voluntad está siempre en tu poder
- Nada nos debe impedir avanzar, puesto que debemos tener siempre el control de nuestra propia voluntad
- Aprovecha a cabalidad todo lo que ocurra
- Cada dificultad de la vida nos ofrece una oportunidad para mirar en nuestro interior e invocar nuestros recursos internos. Prudencia en la vida.
- Cuida lo que tienes en este momento; no hay nada que perder
- Lo importante es cuidad bien lo que tenemos, mientras el mundo nos permita tenerlo.
- La vida buena es la vida de la serenidad interior
- Programa de autodominio. Hay que soportar con tranquilidad los inconvenientes, considerados como el precio que se paga por la serenidad interior, al quedar libres de perturbaciones.
- No prestar atención a las cosas que no nos conciernen
- No preocuparnos por las impresiones que los otros tengan de nosotros. Las apariencias.
- Ajustar los deseos y expectativas a la realidad
- La naturaleza y la vida están gobernadas por leyes que no podemos cambiar. Alcanzar la tranquilidad. De nosotros depende el no estar desilusionados.
- Comprensión de la libertad que surge de la comprensión de los límites de nuestro poder.
- Acercarse a la vida como si fuese un banquete
- No hay necesidad de anhelar, envidiar y arrebatar.
- Hay que evitar adoptar las opiniones negativas de los demás
- En nuestras relaciones con otras personas no nos dejemos influir por condiciones y actitudes negativas. Si al conversar encontramos que la otra persona está deprimida o frustrada, seamos amables con ella y tratémosla con simpatía y consideración.
- Representemos bien el papel que se nos ha asignado
- Somos portadores de un destino, y como en el teatro debemos actuar lo mejor que podamos, sin quejas ni menosprecio de los papeles de nuestros desempeños.
- Las buenas razones marcan las ocurrencias
- Lo que pensemos sobre nosotros influye en lo que seamos. Hay que alcanzar y preservar la serenidad.
- La felicidad es interior
- Si nuestra mente está llena de temores y ambiciones, no podremos sentir alegría. No debemos dejarnos deslumbrar y engañar por la elocuencia. Los más poderosos y visibles en los medios no necesariamente son El bien se encuentra en los campos de nuestro dominio o control.
- Nadie puede herirnos
- Ante agresiones u ofensas, depende de uno el resentirnos. No reaccionemos al instante, más bien tomar distancia de esas situaciones.
- El progreso espiritual
- No eludamos los momentos y acontecimientos dolorosos, sino asumámoslos de frente. Al afrontar la muerte, la invalidez, la pérdida y el desencanto evitaremos la desesperanza, las desilusiones y evitaremos pensamientos tristes y de envidia.
- Debemos proponernos pensamientos con ideales alcanzables
- Apeguémonos a lo espiritualmente superior, a nuestras aspiraciones valederas.
- Podemos ser objeto de burla y reprobación
- Aferrémonos a lo que podamos reconocer como bueno, y comportarnos con humildad y seguir nuestros ideales morales, sin temor a ser burlados y reprobados.
- Si pretendemos agradar a los demás caeremos en trampa
- Debemos sentirnos satisfechos si buscamos la verdad, con fidelidad a lo que es esencial y valioso.
- El carácter y la reputación
- No hay que preocuparse por alcanzar reconocimientos, o las ganancias que otros obtienen. La preocupación fundamental ha de ser el formarnos como buenas personas, sin ocuparnos de tener renombre y poder. Hay que ser leales con nuestros deberes.
- El tener ventaja
- No hay que sentirse desilusionado frente a otro que obtuvo sobre nosotros una ventaja justa, por méritos.
- Identificar la voluntad de la naturaleza
- Debemos vivir en armonía con la naturaleza. Y aprender a aceptar con inteligencia los acontecimientos, incluida la muerte.
- Hay que tener dominio de sí mismo
- La meta superior en la formación de la persona ha de ser el progreso espiritual. La falta de aplicación, especie de pereza para trabajar en lo que nos corresponde, y el distraernos en cosas que no corresponden, nos conduce a perder los objetivos de la propia vida.
- Hay que forjar la voluntad, la razón y los objetivos
- No debemos prestarnos para que otros nos manipulen.
- Situaciones y sus consecuencias
- Debemos examinar con tranquilidad las consecuencias de cualquier acción que vayamos a emprender, puesto que somos responsables en las consecuencias de nuestros propios actos. Tratemos de alcanzar el más digno de los propósitos: la libertad, la serenidad y la tranquilidad.
- Los deberes en función de la relación con los otros
- Nuestros deberes surgen en la familia, en los contornos cercanos y en la nación a la que pertenecemos. Hay unos deberes primarios, de responsabilidad con los progenitores. El imperativo moral.
- La fidelidad
- Debemos acatar las opiniones y actitudes que correspondan a lo esencial, a lo fundamental. Debemos propiciar la justicia, la bondad y el orden. Hay que apreciar el mundo como un todo integrado.
- Los acontecimientos en sí, impersonales e indiferentes.
- Las situaciones se desarrollan independientemente de nosotros, de lo que sintamos acerca de ellas. Pero son nuestras esperanzas y temores los que nos acercan a ellas. Debemos intervenir en forjar el futuro, no estar al margen de él, con desarrollo de buenos hábitos.
- Una persona buena es la que ha alcanzado la serenidad, en virtud de preguntarse en cada momento: ¿Cuál es la acción correcta en este momento?
- El impulso generoso
- Generosidad como servicio a quien necesita apoyo. “Mientras permitamos que nos guíe la razón, estaremos seguros.”
- El tipo de persona que deseamos ser
- Punto de partida, las personas que admiramos. Tratemos de perfilar los ideales, las características y condiciones de la persona que queremos ser.
- Considerar la buena intención al conversar
- Las palabras tienen un poder moral. Debemos cuidar que las discusiones valgan la pena. Y no nos dejemos llevar del parloteo o de la palabrería insustancial. Debemos reír con otros, pero nunca reírnos de ellos.
- Las diversiones populares, merecedoras de tomar distancia
- Es corriente que las diversiones populares, con caída en lo vulgar, buscan satisfacer las debilidades de la gente. Debemos elegir nuestros pensamientos e imágenes, para que otros no lo hagan por nosotros.
- Hay que tener cuidado al seleccionar y cultivar las amistades
- La condición fundamental es que sean personas con referentes superiores, que al tratarlas despiertan lo mejor de nosotros. Y, en correspondencia, debemos esforzarnos por despertar lo mejor en los otros.
- Cuidar el cuerpo
- Los mejores cuidados para adquirir y conservar salud y bienestar.
- Lo ocasional de la actividad sexual
- En esa actividad hay que conservar respeto por nosotros y por los demás.
- No merece la pena defendernos sin necesidad
- “Sólo quienes son moralmente débiles se sienten obligados a defenderse o explicar sus acciones, ante los demás.”
- Comportarse con dignidad
- Comportamiento digno, independiente del lugar.
- Desarrollo de ideales personales con referentes en modelos
- Importante observar a personalidades de la historia o del momento, cuyas conductas en la vida merezcan ser referencia para modelar las propias.
- La discreción
- No debe exagerarse en exponer los propios logros. Evitar conversaciones agresivas, triviales y ostentosas.
- Satisfacción duradera vs. gratificación inmediata
- Hay que favorecer el predominio de la razón, con capacidad de pensar y de esperar, sin precipitudes para la emisión de juicios o conceptos. En esto radica la prudencia.
- Asumir posiciones
- Epicteto llama a fijar siempre posiciones frente a las situaciones que nos correspondan, sin actitud de cobardía. Pero en correspondencia con lo anterior, debe primero pensarse con detenimiento, y cabeza fría, antes de expresar lo que corresponda.
- Cortesía y lógica
- En cualquier parte hay que actuar con “buenas maneras”, aquellas que correspondan al sentido común, al uso preferente y al razonamiento.
- La honestidad consigo mismo y su consecuencia el dominio personal
- Es de alta conveniencia conocernos nosotros mismos y saber qué alcance podemos tener, en función de la vocación propia, incluso aceptando retos que puedan ser evaluados en su alcance y que nos produzcan satisfacciones.
- Proteger la razón
- Entendida la razón como la capacidad de discernimiento, con apego a los análisis lógicos. Al aplicarla podremos tener mejores desempeños.
- Proporcionalidad y moderación en las pertenencias
- En esta época del consumismo, conviene pensar con el deseo de solo adquirir lo que en realidad necesitamos, sin excesos.
- La decencia y la belleza interior vs. las apariencias
- Dice Epicteto que en realidad lo que importa es quiénes somos en nuestro interior, y en qué tipo de persona nos estamos convirtiendo.
- El cuidado de la razón, en prioridad
- La prioridad ha de ser cuidar la razón que nos conduce a comprender, por ejemplo, las leyes de la naturaleza.
- El maltrato respecto a las falsas impresiones
- Epicteto expresa que sólo la persona que sostiene una opinión equivocada se engaña, y se lesiona. Y si esa opinión tiene que ver con nosotros, asumirla como opinión de ella, sin dejarnos afectar.
- Cuidar las relaciones en la familia
- Epicteto utiliza el símbolo de dos asas: una que favorece y la otra que no, e invita a tomar las cosas sin resentimientos ni injusticia, en mayor grado cuando se trata de diferencias en la familia, con el fin de afianzar vínculos perdurables.
- Claridad en el pensamiento
- En las relaciones con los demás debemos distinguir los propósitos y los deberes, evitando pensamientos confusos y engañosos.
- Epicteto señala que “una educación fuerte en lógica y en las reglas de la argumentación eficaz nos será de gran utilidad.”
- Llamar las cosas por su nombre
- Debemos describir las situaciones tal como ellas son, sin dejarnos seducir y engañar por las apariencias, con el ánimo de aprobar lo que pueda ser verdadero.
- Sabiduría y acción
- Nuestros actos deben representar nuestra propia condición, cuidando que ellos sean atinados.
- La fortaleza de nosotros mismos no para impresionar a los demás
- Debemos liberarnos del egoísmo, ser austeros y vivir con sencillez. En todo ello radica la fortaleza individual.
- Prestar atención a nuestros actos
- En general, los problemas y las soluciones provienen de nuestro interior. Hay sabiduría en una persona cuando asume los retos sin pretensiones, cuando al ser elogiada asume con moderación y si recibe injuria cuidarse de no responder.
- Vivir con sabiduría
- Lo más importante no es la erudición ni hablar con fluidez, sino disponer de capacidad de comprensión, para adecuar nuestras actuaciones de manera acertada.
- Principios básicos en función de la naturaleza
- Debemos habituarnos a poner en práctica principios fundamentales, en armonía con la Naturaleza. ¿Cuáles principios? Vale la pena explorarlos al margen de lo tratado por Epicteto, con el ejemplo de “no mentir”.
- Importante vivir de acuerdo con nuestros propios ideales
- Debemos desarrollar y fortalecer un programa espiritual, los ideales que podamos adoptar y desarrollar. No debemos caer en la mediocridad, ni dejarnos sobrecoger por la vergüenza y el remordimiento.
Resumo en lo esencial las características de mayor alcance en las enseñanzas de Epicteto: lo primordial, saber distinguir entre lo que podamos intervenir y en lo que no; debemos alcanzar la serenidad y disponer de fortaleza frente a las adversidades, despreocupados por los intereses materiales; vivir dedicados al bien y a la virtud, con el cuidado de la razón.
Los estudiantes piensan, escriben y debaten
En cada sesión los estudiantes actúan con dos tipos de documentos: el informe de relatoría, que recoge en especie de crónica lo acontecido en la sesión anterior, y los informes de lectura, con las reflexiones personales sobre los textos asignados para ser debidamente considerados. Se trata de estimular, motivar, tanto la lectura comprensiva como la escritura de claridad y reflexión. De esta manera escojo un singular texto escrito por el alumno Mateo Trujillo-Isaza,como discernimiento final acerca de lo tratado y de su propia condición en esta versión de la Cátedra:
Acerca del “Manual de vida” de Epicteto; por Mateo Trujillo-Isaza
El “Manual de vida” de Epicteto deja muchas enseñanzas, bastante pertinentes en un mundo en el que percibimos el vivir como un acto de supervivencia, y así no debería ser.
A lo largo del semestre no tuve tiempo suficiente para leer los textos, y ahora que me he puesto en la tarea de hacerlo siento que me perdí de mucho al no participar en cada una de las sesiones. Pues la verdad es que su contenido fue bastante interesante. Me declaro fan de este Manual y debería estar en cada una de las escuelas en Colombia, que sería de provecho para mejorar la condición de las personas, puesto que se ha venido teniendo una formación que fortalece el individualismo, con falta de solidaridad. El Manual nos orienta para crecer como personas y sobre todo para disfrutar esta hermosa incertidumbre que nos regala el mundo cada mañana.
Es cierto que por mi condición tengo la necesidad de trabajar para continuar con mis estudios, pero es de aclarar que esa condición no me va a formar como un tipo que piensa en el dinero antes que nada. Por el contrario, comprendo las enseñanzas de Epicteto con desapego a lo material, apenas con disposición de lo necesario, y con fortalecimiento de la condición humana en dignidad, justicia y solidaridad.
Mi deseo es forjarme una vida alejada de intereses menores, pero con apego a lo sustantivo de la vida diaria, cubriendo las necesidades básicas y avanzando en la formación personal, con sentido de utilidad en la sociedad.
Para mi la vida es tener la sensibilidad de apreciar la sonrisa de un niño al recibir un juguete de la madre, o la sonrisa de los amigos por cuestiones simples. Volviendo al tema, debo decir que el “Manual de vida” de Epicteto tiene como regla fundamental encontrar la libertad y la felicidad, de tal modo que el respeto y la solidaridad resultan una consecuencia de aquella.
Aprovecho para agradecerle al profesor por tan grandes enseñanzas que nos deja, al conocer que en este mundo nos estamos consumiendo por cosas que a la hora de la verdad no son nada. Asimismo resalto la manera como alcanzó construir un ambiente cálido y fraterno en cada una de las sesiones. De corazón, mil gracias Maestro.
26 de julio de 2019
Otras reflexiones:
Daniela González-López, escribió: En muchas ocasiones escondemos nuestros valores y nuestros ideales morales, por temor a ser objeto de burla por personas que buscan la aceptación social, a costa de lo que sea, y simplemente menosprecian aquellas personas que consiguen lo que las otras quieren, sin tener en cuenta que lo han llegado a conseguir por méritos propios y por el esfuerzo personal. / Es necesario crear una conciencia colectiva que derribe fronteras y que se vuelva global, para luchar contra el calentamiento global y proteger los recursos del mundo que se agotan. Con el rumbo que llevamos es posible que no haya un mejor mañana para nuestros hijos, quienes deberán heredar el planeta que dejemos, con todos sus males.
Santiago-Andrés Castañeda G., dijo: Entender la vida misma es comprender como la felicidad del ser humano se encuentra al interior de nuestro ser y no en la búsqueda externa de objetos mundanos y de situaciones incontrolables. No cabe duda que frente a esta búsqueda el ser humano deba actuar con base en principios éticos y morales, prescindiendo de la reputación personal como forma de aceptación social. El ser humano debe seguir el rumbo de su vida evitando ser menoscabado por el prójimo que busca aminorar el carácter y el temperamento propio, por la envidia, el odio, los celos, la rabia, entre otros.
Diego-Felipe Maldonado R., expresó: La vida siempre será una montaña rusa de acontecimientos, de sensaciones y sentimientos, por lo cual no podemos esperar que todo sea color de rosa, que sea una plena felicidad, pero lo que si podemos hacer es tomar todo lo que suceda con calma, y agradecer por todo cuanto aparece en nuestra vida, cada abnegación, cada fracaso, cada tristeza, pues si los tomamos siendo agradecidos con la vida, serán estos los escalones para alcanzar esa plenitud que desde que nacemos hemos anhelado.
Sofía Álvarez P., comentó: El “Manual de vida” de Epicteto es una recopilación de enseñanzas. La primera de ellas: “Saber lo que puedes controlar y lo que no”, se refiere a cómo distinguir lo que puede estar en nuestra manos para asumir o resolver. Pero también debe tenerse en cuenta las reglas que se establecen en la sociedad, que inducen a llevar la vida de cierto modo, con apego por ejemplo a las riquezas. Aún así, debemos sobreponernos a los intereses materiales y alcanzar un modo de vida signados por la dignidad, el trabajo, el respeto, la iniciativa, la bondad, y afines. También Epicteto se refiere a no hacernos falsas ilusiones, y procurar alcanzar una vida tranquila y feliz, en paz con los entornos.
María-Sofía Díaz B., reflexionó: El ser humano siempre se ha preocupado por entender y manejar con plena convicción lo que sucede en el mundo, sin claridad en las situaciones que nos atañen de manera directa y de otras que no nos corresponden. La naturaleza, a su vez, actúa por sí misma, sin preocuparse por los que están inmersos en ella./ Como lo expresa Eckhart Tolle: “Si no te gusta lo que vives, cámbialo. Si no lo puedes cambiar, muévete de lugar. Si no puedes hacer ni una cosa ni otra, aprende a vivir en paz con ello.” El hecho de estar en un mundo ajeno a nuestras decisiones hace que seamos vulnerables al sentimiento de ser incapaces, pero ante todo el ser humando debe admitir su pequeñez en el mundo cotidiano, y de esa manera comienza su estabilidad emocional y su conocimiento interior acerca del papel propio en la vida.