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Jorge Mora-Caldas. Un humanista en lo jurídico y en la vida

 

[La lectura de los libros del Dr. Jorge Mora-Caldas] nos remite a los valores o virtudes que han configurado la sicología y la personalidad del autor, en consonancia, por supuesto, con los planteamientos, valores y virtudes de los queridos autores que a lo largo de su intensa vida han llenado sus horas de estudio y han modelado su quehacer, tanto en su vida pública como en su vida privada.
                                                                               Heriberto Santacruz-Ibarra


Colombia es un país con enorme riqueza de talentos humanos en todas las regiones y en todas las épocas. Muchos de ellos se realizan a cabalidad en desempeños destacados de ciencia, arte, educación, literatura, filosofía, emprendimiento y gestores de sociedad. Por desgracia hay la componente de guerras y violencia que ocupa los primeros niveles de información, en todo momento. Pero es indispensable registrar el ejemplo de aquellos que hicieron de la vida una labor constructiva, en diversos campos, referentes ineludibles en la formación de nuevas generaciones.

En el panorama nacional, Nariño ha sido una región de apariencia lejana y marginal, cuna de personalidades notables en diversas disciplinas. Baste con nombrar algunas: Agustín Agualongo, Emilio Bastidas, Aurelio Arturo, Rosendo Mora-Rosero, Ignacio Rodríguez-Guerrero, Rosario Conto, Leopoldo López-Álvarez, Sergio-Elías Ortiz, Alberto Quijano-Guerrero, Cecilia Guerrero, José-Bernardo Martínez S., Luis-Enrique Nieto, Cecilia Caicedo-Jurado, Constanza Jossa, Alberto Quijano, Fortunato Pereira-Gamba, Eduardo Muñoz-Lora, José Revelo, Manuel Estrada, Alicia Viteri; Luis-Eduardo, Luciano y Humberto Mora-Osejo, Victoria Pereira-Urdaneta, etc., etc. Con un largo etcétera. Y en ese historial de arte, letras, ciencia y humanismo aparece Jorge Mora-Caldas (1925-2021), personalidad que motiva estas líneas.

Mora-Caldas es una figura singular, formada en las ciencias del Derecho, con aplicaciones en su profesión, de vocación por la historia, la literatura, la ciencia, la música,…. Con desempeños significativos en diferentes campos de la rama judicial, tratadista en temas del habeas corpus y su régimen jurídico, hacienda pública, instrucción criminal, cuestiones presupuestales, económicas, fiscales y financieras. Publicó del orden de veinte libros en esos temas y además sobre temas históricos, literarios, de arte y autobiográficos. Es incluso autor de obra introductoria al estudio de la música, con fines didácticos. Muchos acontecimientos y gestiones en su vida son de importancia mayor, como el rescate que hizo de doce volúmenes capitulares del archivo histórico de Pasto, desde 1587 hasta 1811, cuando ejerció de Juez Primero Superior del distrito judicial de Pasto, los cuales entregó con acta al Archivo Histórico de esa ciudad.

A los catorce años de edad, Mora-Caldas fue director de la biblioteca pública Murillo Toro, de la “Sociedad El Carácter” (entidad privada, en Ipiales, promotora cultural con 108 años de existencia), cuando era alumno del bachillerato en el Colegio Sucre. Docente luego en establecimientos públicos, y después de su grado en Derecho y Ciencias Sociales, con el reconocimiento mayor, ocupó todos los cargos públicos de la rama judicial y del orden administrativo en su Departamento, con articulaciones sobresalientes a nivel nacional, y con todos los honores nacionales y regionales. Sus ancestros tienen representatividad histórica en los campos militar, de letras, pensamiento y ciencia. Por rama materna viene con sangre de Rafael de Caldas Tenorio, de José de Caldas Rodríguez de Gamba, Gabriel Caldas (su bisabuelo), José Sergio Caldas Argotti (su abuelo, latinista y filósofo) y Francisco José de Caldas, el sabio (su tío tatarabuelo). Familias esparcidas por Ecuador y Nariño, sus miembros ocupados en especial de la educación.

Conocedor de la vida y obra del sabio Caldas, y coleccionista de sus obras y de biografías acerca de él, en el volumen intitulado “Temas que hacen pensar” (2016), recoge importante apreciación de Caldas sobre la Educación, contenida en su “Semanario del Nuevo Reino de Granada” (No. 10, 28 de febrero de 1808), que dice: “Es común oír en escritos políticos y en las conversaciones de novelistas del día, las varias formas de gobierno y el atribuir a ellas las felicidades o desgracias públicas. Sin pretender yo entrar en esta disputa que pertenece a la filosofía política, me atrevo a afirmar que, sea lo que fuere y se denomine como quieran, monárquicos, democráticos, aristocráticos o despóticos, en todos es necesario que tengan los jóvenes de ambos sexos para el logro de los fines que se proponen los gobiernos, una educación pública eficaz, gratuita, igual, sabia y sostenida. En ella estriba el futuro de todos los pueblos cultos así como de todos los males.”

La trayectoria de Mora-Caldas ocupa varios volúmenes que él ha elaborado con testimonios de su trasegar por el mundo del saber, con recurrencia en variedad de disciplinas. Su pariente (primo del abuelo paterno, Eliseo Mora-Osejo, general en la guerra de los mil días), Rosendo Mora-Rosero (Túquerres 1840 – Quito1901), fue un hombre de ciencia, graduado de Agrónomo en la Universidad Nacional de Colombia, en 1883, con vocación por la matemática, la astronomía, los idiomas; educador y fundador de colegios. En virtud de su carácter de librepensador fue objetado con sevicia por la Iglesia, a tal punto que el obispo de Pasto, Ezequiel Moreno-Díaz, lo “excomulgó por blasfemo”, con la amenaza que también excomulgaría a los padres que llevaran sus hijos al colegio de Mora-Rosero. La persecución del clero católico lo condujo a refugiarse en el Ecuador donde siguió prestando servicios a la ciencia y a la sociedad; fue asesor del célebre presidente en dos ocasiones Eloy Alfaro (1842-1912), cabeza de la revolución liberal en su país, quien lo designa rector del colegio Bolívar de Tulcán, luego del colegio Mejía en Quito y director-fundador del Observatorio Astronómico de Quito.

Hubo el hecho singular del enfrentamiento del arzobispo de Quito, Federico González-Suárez, con el obispo de Pasto, en defensa de Mora-Rosero, lo que llevó al presidente Alfaro a comunicarle a la Santa Sede que si seguía la Iglesia inmiscuyéndose en los asuntos de Estado, rompería relaciones. La obra científica de Mora-Rosero está por rescatarse, en lo publicado en vida y en lo inédito, como sus escritos filosóficos.

También es interesante recordar que el Dr. Rosendo Mora-Rosero fue abuelo de otras tres notables personalidades nariñenses, los hermanos Mora-Osejo: Luciano (matemático y filósofo), Luis-Eduardo (botánico, presidente por 20 años de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales) y Humberto (jurista, consejero de Estado), profesores los tres de la Universidad Nacional de Colombia.

El Dr. Jorge Mora-Caldas, el personaje que nos ocupa, fue un estudioso permanente, con registro detallado de sus lecturas y de los fragmentos que le atraían por el poder de conocimiento y verdad que encerraban. Su biblioteca, rica y variada, ha venido distribuyéndola, al final de sus días, a instituciones educativas, como la Universidad de Nariño. Es tan detallista que el inventario de sus libros, por varios miles, los tiene registrados en su cabeza y en las anotaciones. La biblioteca contiene obras de Derecho, Literatura, Filosofía, Economía, Geología, Antropología, Arqueología, Física, Astronomía, Historia, Bellas Artes,…  Entre las curiosidades de esa valiosa biblioteca pueden mencionarse las obras de José María Vargas Vila, a quien considera “una de las figuras más ilustres como iluminado escritor, poeta, novelista de todos los tiempos en Colombia”; “La vida privada de Helena de Troya”, de John Erskine; obras de y sobre el pensador Rafael Uribe-Uribe; biografías de Francisco José de Caldas, con el “Gran reportaje sobre su vida y obra” de Jaime-Andrés Peralta; “La historia de las civilizaciones” de Diana Uribe; el “Diccionario filosófico” de Voltaire. Además obras de Kant, Rousseau, Platón, etc. Y como buen practicante de la filosofía liberal, número importante de libros relacionados.

En los cuatro últimos volúmenes publicados por Mora-Caldas, además de congregar valiosa información autobiográfica, rescata documentos históricos merecedores de ser mencionados. Por ejemplo, publica el cruce de cartas que en 1957 consolidaron la apertura al Frente Nacional y la reconciliación de los dos partidos históricos que venían enfrentados en guerra fratricida, producidas por los dos líderes autorizados de esas vertientes enfrentadas. Alberto Lleras-Camargo se dirige a Laureano Gómez, con los siguientes términos, de comunicación fechada en Bogotá el 12 de mayo de 1957: “Al terminar esta primera etapa hacia la reconstrucción de las instituciones, se dobla mi satisfacción con la certidumbre de que podremos contar con usted aquí, levantando el inicuo destierro, para completar una tarea que se inició con nuestras conversaciones y declaraciones de Benidorm [“Pacto de Benidorm” suscrito el 24 de julio de 1956]. El país necesita más que nunca que el criterio en que allá encontramos tan fácil acuerdo subsista hasta que volvamos a tener una República respetable y gloriosa.”

Y con la misma fecha, desde Barcelona, Laureano Gómez se dirige a Alberto Lleras, en los siguientes términos: “Emocionado felicítolo magnífica victoria. Sólo perdurable entendimiento partidos históricos podrá proteger patrimonio ideológico común, contra desenfrenada codicia dictaduras tropicales. Para este noble empeño, la patria contará con mi decidido apoyo.”

Por otra parte, Mora-Caldas también recogió en sus volúmenes algunos testimonios de sus incursiones, como letrado, en la poesía. Está el inspirado poema “Soñar” que dedicó a su segunda esposa, Merceditas Santacruz-Ibarra, del cual vale la pena recoger los siguientes versos de la primera estrofa: “Desearía ser raíz porque sostiene,/ savia que alimenta en primavera,/ árbol que depare su sombra/ al caminante…/ proyectarme en el tiempo y el espacio/ y después dormir, dormir/ en el seno inquietante de los siglos…” Más adelante, en la estancia final, agrega: “Cuando afloren los recuerdos/ de anhelos, ilusiones y esperanzas/ cuando medio cerebro esté en reposo/ contigo volar a otros mundos/ rutilantes, lejanos, insondables/ y haciendo del amor cadena/ sentir, soñar, vivir, pensar…/ Dos cuerpos y una sola alma/ en sinfonía de proporciones/ como realidad vital/ al despertar un sueño…”

El valioso personaje que nos ocupa hizo parte de la vertiente de filosofía liberal de la Masonería, y sobre esta escribió: “La masonería es una institución universal admirable, ajena a la política y a la religión que afloró en Escocia en el siglo VIII para luchar contra la ignorancia, fomentando la educación, la ética, la dignificación del trabajo, el respeto mutuo, la libertad absoluta de pensamiento y la paz o convivencia.”  Ejercicio cabal de su vida.

Jorge Mora-Caldas es una personalidad colombiana curtida en el estudio, la escritura y el ejercicio de ciudadanía con voz pública de librepensamiento. Digno de ser estudiado en vida y obra.

 

Manizales, en Aleph, 27 de agosto del 2021

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