José-Félix Patiño R., un intelectual-humanista
Ha sido una fortuna para el país que la Fundación Malpensante decidiera editar y publicar en 2021 un libro sobre un ciudadano ejemplar que dejó profunda huella en su paso por diversas instituciones colombianas y del exterior. Se trata de un texto documental titulado Vida y reflexiones de un cirujano, resultado de conversaciones entre el médico José Félix Patiño (1927-2020) y la economista y biógrafa Isabel López Giraldo. Sorprende la agilidad y lectura amable que proporciona esta forma dialogada de biografía, pues las apropiadas preguntas propician en el interlocutor comentarios con información precisa y profundos pensamientos que ilustran los aportes y realizaciones de una enriquecedora vida. La formación filosófica, cultural, científica y tecnológica que se despliega en las respuestas interroga al lector por parte de quien se ha ocupado intensamente de la salud, la educación, el bien común y, en general, de acuciantes problemas de la vida del país en la época que le tocó vivir.
Al hablar de sus orígenes, al comienzo del libro de conversaciones que aquí se reseña, el médico Patiño Restrepo formula la siguiente síntesis: Soy un cirujano que nació en San Cristóbal, Venezuela. He dedicado mi vida a la docencia y al ejercicio de las especialidades quirúrgicas, siempre en un ambiente académico y con un hondo sentido de la responsabilidad social, heredado de mi padre.
José Félix Patiño Restrepo inició sus estudios de medicina en la Universidad Nacional de Colombia y los continuó en la prestigiosa Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, donde se formó como cirujano. Culminó sus estudios en 1952 con la tesis titulada “El trasplante de tejido embrionario endocrino”, laureada con el importante Premio Borden. Como uno de sus profesores, Harry Greene, trabaja en el trasplante de células a animales y se preguntaba si ello podría hacerse con seres humanos, Patiño le propuso hacerlo con un paciente que padecía la enfermedad de Addison, una rara deficiencia que afecta las glándulas suprarrenales. Más tarde comentaría: “Ha sido el único paciente con un trasplante exitoso de este tipo reportado en la literatura mundial”.
Y dejó su nombre asociado a una técnica pionera conocida como Glenn-Patiño para el tratamiento de anomalías presentes en el corazón o la arteria pulmonar, la cual está descrita en un artículo publicado en el Journal of Biology and Medicine, Vol. 27, No. 3, de diciembre de 1954 con el título “Observaciones preliminares sobre traspaso directo de sangre del sistema venoso cava al sistema arterial pulmonar. Circuito vena azigos-arteria pulmonar”. Más tarde, la Revista de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional publicó, en su número 1 del volumen 33 de 1963, el artículo “Anastomosis cava – pulmonar en el tratamiento quirúrgico de la tetralogia de Fallot”, en el cual se informa sobre la aplicación clínica exitosa de la técnica originalmente descrita por Glenn y Patiño. Representa este caso el primer paciente tratado en esta forma en la literatura médica occidental.
Regreso a Colombia
Con frecuencia surge la pregunta sobre las razones que llevaron a don José Félix a regresar a Colombia, si se tiene en cuenta el brillante porvenir que le esperaba en la Universidad de Yale, en donde le ofrecieron quedarse como profesor asistente, primer escalafón de la carrera profesoral, al igual que le propusieron la jefatura del departamento de cirugía de esa universidad. Fue el deseo de envejecer en su casa, con su biblioteca y la cercanía de sus hijas. Su esposa Blanca Osorio ya había fallecido. Pero no cabe duda sobre el deseo de regresar a su país con el ánimo de servirlo en campos tan significativos como la salud pública y la educación.
Importante fue que trabajaría en el Hospital de La Samaritana, una de las mejores instituciones de salud pública de Colombia. También se relacionó de inmediato con la Universidad Nacional y su Facultad de Medicina, en la cual fue nombrado Director de Educación Graduada, en ese entonces influida por el sentido profesionalizador de la universidad francesa, muy distinto a lo que había experimentado en Yale. Sería este modelo el que inspiraría la Reforma Patiño, cuya profunda influencia académica se discutirá más tarde en este artículo.
Se inició así su intensa vinculación a la salud pública en Colombia. A la par con el trabajo en La Samaritana, se incorporó al Hospital San Juan de Dios, considerado por él como la cuna de la medicina en el país. Con posterioridad, la Clínica de Marly sería el centro para su práctica profesional, la cual culminaría brillantemente en la Fundación Santa Fe de Bogotá. En todas estas entidades fue un ejemplo para colegas y estudiantes como trabajador incansable, íntegro e innovador, al punto de que puede afirmarse que “creó escuela” al cambiar significativamente la práctica de la cirugía y orientar el ejercicio de la medicina con claro criterio social.
A lo largo de los años fue director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame), cuya creación fue un hecho histórico en el desarrollo de la educación médica en América Latina y cuyos avances ejercieron mucha influencia en dichas Facultades; ministro de salud en la administración del presidente Guillermo León Valencia (1962-1966), ejercicio en el cual logró la aprobación de los medicamentos genéricos con el fin de abaratar los altos costos impuestos por la industria farmacéutica, algo que por primera vez se lograba en América Latina; presidente de la Sociedad Internacional de Cirugía; académico honorario de la Academia Nacional de Medicina de Colombia y de la American Surgical Association; y tuvo como pacientes a los presidentes de Colombia Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), Belisario Betancur (1982-1986) y Virgilio Barco (1986-1990), con los cuales sostuvo una relación que iba más allá de la atención médica, en especial con el primero de los nombrados, a quien considera “seguramente el máximo estadista de nuestra historia” (en las conversaciones, se refiere con agudas observaciones a todos los presidentes que pudo conocer, con especial discusión de sus respectivas políticas de salud).
En el año 2000, la Editorial Médica Internacional publicó su libro Lecciones de cirugía, un excelente texto de referencia y consulta para profesionales y estudiantes que incorpora los avances científicos del momento; su constante preocupación por la ética médica lo llevó, como lo cuenta en una de sus respuestas, a incluir en este libro un capítulo sobre la ética quirúrgica a la luz de Ética a Nicómaco, de Aristóteles. Así definía la que fue su profesión de toda la vida: “Quien trabaja con las manos, es un artesano. Quien lo hace con el corazón, un artista. Y quien trabaja con las manos, el corazón y la cabeza, es un cirujano”.
Comenta Mario Hernández, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad y uno de los mayores expertos en la historia y evolución de la medicina en el país, en un documento de la institución:
Al profesor Patiño siempre se le recordará por tres aspectos fundamentales: su compromiso ético con el paciente, algo que hoy casi no existe en la realidad médica; su concepción de que el estudiante debe tener una formación humanista y universal, para poder ser un sujeto crítico consigo mismo y con la sociedad donde se desenvuelve; y por siempre señalar que el derecho a la salud es una responsabilidad directa del Estado; por eso fue un duro crítico de la Ley 100 de 1993. La huella del exrector José Félix Patiño también se observa en el establecimiento de una comunidad médica sólida tanto en Colombia como en América Latina, puesto que fue uno de los fundadores de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina y desarrolló el proyecto para conformar la Federación Latinoamericana de Cirugía, desde donde incentivó la formación y el acceso a la información científica, en una época que no existían las avanzadas tecnologías de la información de la actualidad. Cabe destacar que también fue uno de los fundadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes.
En lo referente a la innovación médica, el profesor Patiño es reconocido como el introductor en el país de la técnica de nutrición parenteral (alimentación a través de las venas), usada cuando los pacientes no pueden tomar alimentos por sí mismos; en su momento, esto significó toda una revolución en el cuidado del paciente. Así mismo, se le atribuye la puesta en práctica en Colombia del modelo educativo Flexneriano (ideado por el estadounidense Abraham Flexner), que supuso la modernización de la enseñanza de la medicina, que se centró en el entrenamiento de los estudiantes con casos reales, entre otros aspectos.
Quien puede calificarse como un renacentista de nuestro tiempo, se distinguiría también como conocedor de la música clásica y de la ópera en particular. En el año 2000 la Academia Nacional de Medicina de Colombia editó su libro MARIA CALLAS. La Divina. Prima donna assoluta. La voz de Oro del Siglo, del cual se conoce una segunda edición. Su apreciación de diferentes presentaciones de la gran soprano y de su discografía, así como el análisis de abundante bibliografía, permitieron al autor escribir lo que señala en el Prólogo del libro otro distinguido melómano, Bernardo Hoyos:
No es tan solo la exploración de los más diversos materiales la que consolida con autoridad un trabajo tan meritorio en castellano, sino la pasión que alienta su tarea, la intensa devoción con que el personaje anima su obra, la presencia del fenómeno musical, dramático y humano que era Maria Callas y que es la razón final del valor y necesidad de su libro.
Las reformas a la salud
Hasta el último momento de su vida, el médico Patiño estuvo preocupado por la situación de la salud pública en Colombia, siempre promoviendo y sustentando los cambios exigidos por una reforma que buscara la atención universal de los ciudadanos, con sentido social, y que estuviera a cargo del Estado. Cuando con ponencia del senador Álvaro Uribe Vélez se aprobó la Ley 100 de 1993 «Por la cual se crea el sistema de seguridad social integral y se dictan otras disposiciones», se inclinó a aceptarla porque percibió que intentaba extender el servicio de salud a todos los habitantes (cuando solo un pequeño porcentaje gozaba de esa posibilidad).
Pero con posterioridad consideró que dicha ley había llevado al sector salud a una crisis sin precedentes, al observar que, siendo la salud un derecho fundamental, centenares de miles de ciudadanos debían recurrir mediante tutelas a que los jueces ordenaran un servicio al cual tenían pleno derecho; que los hospitales, en particular los de carácter público, columna vertebral de cualquier servicio de salud, enfrentaban carteras impagables; que varios intermediarios que, como aseguradores recibían importantes recursos parafiscales, se veían envueltos en grandes escándalos; que los precios de los medicamentos se encontraban entre los más caros del mundo; y, de lo más grave, que las limitaciones en la citas médicas y los exámenes de laboratorio habían afectado la autonomía médica. En forma contundente afirma en el libro que comentamos:
Pero lo más grave es que la ley 100 convirtió la salud en una mercancía y la atención de la salud en un vil negocio. Esto significa destruir los pilares fundamentales sobre los cuales se creó la atención de la salud, desde los tiempos del padre de la medicina, Hipócrates de Cos. La atención estuvo a cargo de la profesión médica, la cual actuó siempre como una comunidad moral en la sociedad por cuanto tenía un sentido altruista de servicio, nunca de negocio. La Ley 100 y el Sistema de Seguridad Social en Salud representan una perversión de la moral social. Fueron varias las veces que fui a explicarle al presidente Uribe Vélez lo que estaba ocurriendo, pero con su terquedad bien conocida lo único que hizo fue profundizar el fatídico sistema de salud que hoy tenemos e insistir, como lo expresó a Yamid Amat en una conocida entrevista, en que una vez una empresa haya pagado los impuestos y demás obligaciones, los dineros parafiscales se convierten en privados.
Al referirse al gobierno del presidente Juan Manuel Santos, destaca como un hito histórico la aprobación de la Ley 1751 de 2015, conocida como Ley Estatutaria de Salud (Alejandro Gaviria Uribe era el ministro de salud y protección social). Señala que esta ley tuvo su origen en la Academia Nacional de Medicina durante la presidencia de Fernando Sánchez Torres, exrector de la Universidad Nacional y médico que se ha distinguido por su preocupación acerca de la ética médica en Colombia, manifestada en sus columnas de opinión aparecidas en el periódico El Tiempo. Debemos agregar que la Ley Estatutaria de Salud sigue sin reglamentar.
Patiño Restrepo manifestó sus inquietudes sobre la seguridad social en Colombia hasta los últimos años de su vida. Cuenta la Academia Nacional de Medicina que pocos días antes de su muerte se acercó a la oficina de la revista MEDICINA para dejar un artículo de reflexión (que se ha publicado como Editorial del primer número de 2020) en el que “-con tino y documentación- deja constancia de su tesis de los últimos años, en la que sostiene que el Sistema originado en la ley 100 produjo la ruptura del contrato social de la medicina.”
La reforma universitaria
Hacia 1960, la Universidad Nacional de Colombia estaba organizada con base a Facultades asociadas a las diferentes disciplinas o profesiones. Los profesores pertenecían a dichas Facultades y su tarea principal, podría decirse que única, consistía en dar clase. La investigación era una actividad marginal ejercida en forma casi individual por pocos profesores, en tanto que la extensión universitaria era mínima o inexistente. Quiere ello decir que de las tres funciones misionales de la universidad, docencia, investigación y extensión, predominaba la primera. Se trataba de una tendencia profesionalizante, proveniente de la influencia francesa solo interesada en proporcionar a la sociedad, en su caso principalmente al Estado, los profesionales que ella consideraba necesarios. Muy distinto a la tradición alemana de una universidad centrada en la investigación y la docencia.
Un documento oficial de la Universidad Nacional titulado “Reforma Patiño 50 años”, de 2015 (ver REFORMA PATIÑO), cuando se cumplían 50 años de la ya llamada Reforma Patiño, señala lo siguiente: en 1961, Rudolph Atcon, emisario de la Alianza para el Progreso, concretó el proceso de modernización de la universidad colombiana con su trabajo “La universidad latinoamericana. Clave para un enfoque conjunto del desarrollo coordinado social, económico y educativo en la América Latina”. En él, Atcon plantea que el éxito del desarrollo depende de integrar el proceso educativo a los planes de desarrollo económico y que el desarrollo de una sociedad está en función directa de su desarrollo educativo. Sostiene, igualmente, que la educación superior constituye la verdadera encrucijada del desarrollo latinoamericano y que la estructura feudal de la universidad latinoamericana debe modificar sustancialmente su organización Académico-administrativa.
Con anterioridad, en 1958, Mario Laserna, fundador de la Universidad de los Andes en 1948, como rector de la Universidad Nacional intentó organizar la institución en “tres grandes bloques académicos”: las Ciencias Biológicas, las Ciencias Físicas y Matemáticas, y las Ciencias sociales y Culturales. El esfuerzo de Laserna fue frustrado por la revuelta estudiantil ocurrida por esos años.
El 25 de marzo de 1965 el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional de Colombia expidió el Acuerdo 59 «Por el cual se establece la División Académica de la Universidad Nacional y se fijan las funciones y organización general de las Unidades Docentes», lo cual permitió que las 27 Facultades existentes en Bogotá fueran reagrupadas en 11. Este acuerdo consolidó la reforma propuesta por el profesor y médico, por aquel entonces rector de la institución, José Félix Patiño Restrepo.
Lo esencial desde el punto de vista académico fue la creación del Departamento, unidad destinada a reunir los profesores de una misma área, los cuales continuarían prestando sus servicios docentes a las diferentes carreras, pero ahora mediante la investigación serían responsables del avance del conocimiento de su propia área, al igual que se encargarían de impulsar el desarrollo de la extensión universitaria. Y ocurrió una gran novedad, apoyada por la entidad gubernamental Colciencias: la creación de los indispensable grupos de investigación, pues bien se sabe que esta tiene un carácter colectivo.
Avanzado ya el siglo XXI ha aparecido una nueva concepción de la universidad en Colombia, en algún grado estimulada por la reforma que se ha venido comentando: la institución debe estar centrada en la investigación, pero no a costa de la docencia como a veces se critica, sino al contrario, para enriquecerla.
Efectos de la Reforma Patiño en Medellín
Tal como se indicó en el apartado anterior, la llamada Reforma Patiño de mediados de los años sesenta significo una revitalización y unos cambios históricos para la Universidad Nacional de Colombia en momentos de grandes conflictos y dificultades para la Institución. Conviene referirnos a los efectos de aquella reforma en la entonces llamada seccional Medellín de la Universidad, para lo cual es importante saber cuál era la situación antes del Reforma en dicha seccional. La actividad central y casi única era la educación profesional correspondiente a las diferentes carreras. La mayoría de los profesores se dedicaba prácticamente todo el tiempo a dictar clase, mientras algunos colaboraban en la administración académica. En general, la investigación era vista como una actividad individual y marginal. Y la extensión era casi inexistente. Los profesores se identificaban con las carreras y podríamos decir que no existían los claustros de profesores por áreas del conocimiento.
La seccional existía de nombre. Sus tres Facultades, Minas, Agronomía y Arquitectura, no tenían ninguna comunicación entre sí y para los asuntos importantes dependían de los directivos centrales en Bogotá. Al aparecer los departamentos académicos, los profesores empezaron a identificarse con áreas disciplinarias o profesionales. El departamento tenía que seguir sirviendo a algunas carreras pero el área correspondiente tendría que ir más allá: podría empezar a desarrollar sus propias actividades de investigación y extensión. Aquello significó también una integración de la seccional. Un departamento, por ejemplo el de matemáticas y física creado en la Facultad de Minas, prestaría ahora sus servicios a las carreras de las otras dos Facultades, Agronomía y Arquitectura. Este acercamiento entre las Facultades era fundamental para impulsar el trabajo interdisciplinario.
Surgió asimismo el claustro de profesores por departamento, de gran importancia para tratar los problemas de la respectiva área del conocimiento, así como para propiciar la identidad y el avance de la misma. Aquellos pasos de integración fueron el comienzo de lo que pocos años más tarde permitiría la creación de la Sede Medellín junto con su propia vicerrectoría. Y el nuevo contexto facilitó la creación, en 1975, de las Facultades de Ciencias y de Ciencias Humanas en dicha sede. Ocurrió entonces una sustancial transformación, pues lo que era en esencia un conjunto de Facultades con tradicional tendencia técnica y tecnológica se convirtió en una entidad más completa desde el punto de vista académico al propiciar el desarrollo de la ciencia básica, las ciencias sociales, las humanidades y el arte.
En efecto, la organización por departamentos de la Reforma Patiño propició la creación de las indicadas dos Facultades sin grandes traumatismos ni ingentes gastos presupuestales, ya que cada una de las tres Facultades tradicionales cedió los departamentos que debían hacer parte de alguna de las dos nuevas Facultades. Por ejemplo, la Facultad de Minas cedió los departamentos de Matemáticas, Física, Química y Recursos Minerales a la Facultad de Ciencias. Por supuesto, muchos profesores resintieron el abandono del lugar que durante muchos años había sido su hogar académico. Vale la pena destacar que se llegó a estos cambios después de una discusión interna de la comunidad universitaria, promovida por quien esto escribe cuando ocupaba la vicerrectoría de la Sede Medellín, y después también de acoger las recomendaciones del consejo académico de la institución.
Una generosa donación a la Universidad Nacional
El exrector José Félix Patiño donó a la Universidad Nacional en 2015 su valiosa biblioteca, compuesta por 11.000 libros y, además, 2.000 discos de música clásica, todo lo cual se encuentra en el cuarto piso de la Biblioteca Central Gabriel García Márquez. Según un comunicado de la propia universidad, entre los libros se encuentran las obras completas de Shakespeare publicadas en Londres en 1624, una edición de 1629 de La historia natural, escrita por el romano Cayo Plinio Segundo, y una primera edición de «Los Afectos y Consideraciones», de san Ignacio de Loyola.
Por otra parte, el Archivo Central e Histórico de la Universidad recibió una documentación que recoge muchos momentos de su vida personal y profesional. En los registros familiares, por ejemplo, hay documentos de su padre, el médico y egresado de la UN Gabriel Patiño Camargo, que son importantes dentro de la historia de la medicina colombiana. También hay bastante información de su servicio público como ministro, de su trabajo como investigador y docente, así como de su paso por instituciones de otros países donde fue profesor visitante, tal como señala Gabriel Escalante Guzmán, coordinador del servicio al público del archivo.
Cátedra José Félix Patiño y una última inquietud sobre la universidad
Al cumplirse 50 años de la reforma universitaria instaurada por el doctor José Félix Patiño Restrepo y su equipo de trabajo, la vicerrectoría de investigación de la Universidad Nacional quiso rendir un homenaje al ilustre rector por medio de la creación de la “Cátedra José Félix Patiño Restrepo”. Con ella se pretende no solo realizar el recorrido histórico de lo que ha sido el Modelo en estos 50 años, sino también plantear una perspectiva hacia el futuro con base a dos preguntas fundamentales:
¿Después de los 50 años de la reforma, este modelo sigue vigente, o es necesario plantear cambios?
¿De qué manera el modelo de educación superior en Colombia ha servido para el desarrollo político, industrial, social y académico?
El documento antes mencionado, “Reforma Patiño 50 años”, se ocupa extensamente de los propósitos de la nueva cátedra y de la descripción de sus primeras actividades. Durante la tercera sesión de la cátedra, llevada a cabo el 14 de abril de 2015, quien escribe esta reseña tuvo el privilegio de conversar a distancia, en una teleconferencia entre Bogotá y Medellín, con el profesor José Félix Patiño sobre la situación de la universidad en ese momento.
Un aspecto central lo constituyó lo que puede verse como la última preocupación del distinguido exrector sobre la Universidad. Manifestó que en sus recientes contactos con la institución había observado con gran inquietud la tendencia de algunos activistas estudiantiles a convertir la actividad política como un eje central de su acción, es decir, su deseo de convertir la Universidad en promotora beligerante del cambio social y de la revolución política.
Pude entonces expresar en términos generales lo siguiente, acogido por el Dr. Patiño: la tarea central de la Universidad es formar ciudadanos cultos, dotados de sensibilidad social y capacidad crítica, con excelente preparación en su área específica, pero abiertos al diálogo interdisciplinario. Creer que la Universidad puede ser un actor en la lucha política de los partidos, es exponer la institución a su debilitamiento y poner de presente su ineficacia a este respecto. Corresponde a los egresados, ojalá con la mejor formación posible, desarrollar las acciones políticas y promover los cambios sociales que consideren pertinentes. Tuve también la satisfacción de expresar al exrector que su reforma había facilitado la trascendental transformación de la Sede Medellín, tal como se describió con anterioridad en el presente artículo.
Un espíritu libre y la despedida
Las respuestas que aparecen en el libro Vida y reflexiones de un cirujano nos revelan a un personaje de pensamiento libre, carente de dogmas, al igual que ajeno a cenáculos o capillas. Así comenta la médica psiquiátrica Carolina Corcho Mejía, quien tuvo oportunidad de interactuar con el Dr. Patiño: “En varias ocasiones, tuve la honrosa tarea de ser delegada por mis colegas médicos para discutir con él algunos temas de preocupación gremial sobre el sistema de salud en Colombia; debatíamos por largo rato, y él tenía la capacidad de reconocer la razón así no estuviera de su lado, declinar y respaldar con humildad posturas que el previamente no había considerado.” Este carácter independiente otorga gran valor a sus profundas reflexiones y comentarios sobre la medicina, la educación y, en general, sobre graves problemas del país. Ojalá los colombianos nos acerquemos al pensamiento de una de las grandes figuras de años recientes, a quien con propiedad debemos reconocer como destacado intelectual humanista.
El libro termina con las últimas preguntas de la entrevistadora López Giraldo:
– ¿Y cómo ve el final de su vida?
Aquí tengo que ser muy simple en la respuesta. Creo que con la muerte finaliza todo, así como cuando se funde un bombillo… ya no hay luz.
– Doctor Patiño, quisiéramos que, para el cierre del libro, exprese algo que sintetice todo lo que hemos hablado.
Puedo decir como el título del libro póstumo de Pablo Neruda y como canta Frank Sinatra: Confieso que he vivido, y a mi manera.
Para terminar, nada mejor que el Aforismo I : I de Hipócrates:
La vida es corta / el arte es largo, / la ocasión fugaz, /la experiencia insegura / el juicio difícil.