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Justicia

El fiscal le demuestra su cadena de crímenes: Mató a su abuelita materna con raticida. A su mamá la apuñaló en el baño. Les prendió fuego a sus veinte compañeritas del jardín infantil. Luego, adolescente, exterminó a todas las rubias oxigenadas del barrio, violándolas y cortándolas en pedacitos con una navaja de Boy Scout. En sus veintidós años de vida el asesino en serie consiguió la macabra cifra de ochenta y cuatro mujeres muertas, cuyas edades oscilaban entre los seis y los noventa años.
El abogado defensor lo salva, de la horca y de la cárcel, con dos argumentos que convencen por unanimidad al jurado. El primero es genético: el brazo corto de su cromosoma cuatro parece tener una alteración compatible con una predisposición al mal genio. El segundo es sociológico: se comprueba que de niño su héroe televisivo a imitar fue el señor Spock, el extraterrestre vulcano de Viaje a las estrellas, que era incapaz de albergar sentimientos humanos.

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Edición No. 147