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Justicia y seguridad: abstracciones que dan cuenta de la complejidad del ser humano

Hay nociones del imaginario colectivo que caracterizan la complejidad del ser humano. Esencias que han establecido la historia misma de la civilización. Se trata de conceptos fundamentales desde que el hombre empezó la aventura de pensar y que más que evolucionar se han ido redescubriendo en forma dinámica, según los contextos y los planteamientos sociales de cada momento.

En otras palabras, hay nociones consustanciales a la complejidad del ser humano, muy difíciles de definir, que aunque son abstracciones o conceptos aparentemente intangibles, son claras construcciones sociales de incidencia constante y fundamental en el quehacer de la colectividad. El privilegio y la maravilla de haber logrado desarrollar el lenguaje y de que el ser humano haya podido sintetizar complejidades en términos que supuestamente comprendemos, pero que si es necesario desmenuzar o precisar, resulta difícil de capturar, definir o contener, permite dimensionar el esplendor de la mente, el pensamiento, el conocimiento, el arte y la cultura. Nociones como “justicia” o como “seguridad” humana, en el fondo íntimamente ligadas a la asombrosa complejidad del hombre en sociedad, y por las cuales hoy se plantean derechos considerados fundamentales, son motivo de reflexión constante y de valoración o juicio pero a la vez de indefinición continua.

Qué es justo así como qué es seguro es una apreciación relativa que depende de una valoración social acerca de una circunstancia o una situación. Lo mismo ocurre con sus contrarios cuando nos preguntamos qué es una injusticia a nivel individual o colectivo, o en qué momento hay una situación de inseguridad humana; condición que usualmente se le conoce como riesgo. Estos son conceptos normativos que dependen de un referente, de un nivel implícito o explícito de aceptabilidad o tolerancia humana, que varía de una colectividad a otra, de una época a otra, pero que se intentan unificar, no necesariamente con éxito, a nivel global y por lo cual se han planteado los denominados derechos humanos. El grado de justicia o el nivel de seguridad es algo que se valora, o incluso que se mide, usualmente con sus contrarios: por ejemplo, con la sanción que un juez en Derecho asigna a quien ha cometido un acto injusto frente a un miembro o grupo de miembros de la sociedad, o con el mucho o poco riesgo que implica por ejemplo una situación de inseguridad alimentaría, inseguridad económica, inseguridad social, inseguridad democrática, entre muchos otros riesgos sociales y ambientales.

Quién y cómo se procura la justicia o quién y cómo se procura la seguridad, y si existe un derecho fundamental que se refleje en una exigencia de algo que se denomine justicia o seguridad, conduce a pensar en conceptos como el de Estado y a la necesidad de poner en perspectiva deberes y responsabilidades de los individuos y de la colectividad que conforman. Hasta dónde es una función y una responsabilidad fundamentalmente del Estado que haya justicia o que haya seguridad, y cómo negar que la definición de Estado está íntimamente enmarañada con la necesidad de procurar o proveer justicia y seguridad. En dónde se origina la percepción de protección del bien común y de protección ante la adversidad ¿en el individuo y de allí a la sociedad? o ¿son expresiones o exigencias culturales o corporativas que se imponen al individuo? Por ejemplo ¿cuánta seguridad es una seguridad suficiente? ¿Existe un umbral que establezca la diferencia entre cuánto es suficiente e insuficiente? ¿Es una apreciación totalmente subjetiva? ¿Hay algún derecho que establezca una medida absoluta para valorar si se está o no se está en riesgo? o ¿en algún grado de riesgo? Claramente se podrían formular preguntas del mismo tenor acerca de la justicia o la injusticia y realizar una reflexión acerca de la dignidad, la equidad, la igualdad por ejemplo, lo que da cuenta de la complejidad del ser humano.

Tratando de comprender y objetivizar se puede señalar que estas nociones son abstracciones compuestas; involucran como sujeto al ser humano pero al mismo tiempo hacen referencia a hechos o circunstancias externas al mismo que lo afectan o lo pueden llegar a afectar. Son siempre una valoración, una apreciación, un juicio individual o colectivo y no parecen tener sentido o existencia en el mundo físico externo al ser humano o la sociedad misma. De nuevo, recurriendo a sus contrarios, la injusticia significa que alguien la sufre o la puede sufrir si un hecho o circunstancia se presenta o ya ha ocurrido. La inseguridad hace referencia a una condición de vulnerabilidad o susceptibilidad de alguien ante la posible acción de un suceso o de una situación peligrosa. Sin lo uno y lo otro no hay inseguridad. Existe en ambos conceptos un simultáneo significado de realidad y de posibilidad. En el caso de la inseguridad, posiblemente más que en el caso de la injusticia, el concepto parecería que se refiere a algo irreal que sólo podría ocurrir en el futuro.

Las características de estas asombrosas abstracciones hacen difícil pasar al terreno de su determinación y a que puedan realmente proveerse en el ejercicio de la toma de decisiones. Hacer justicia difiere sutilmente del concepto mismo de justicia, al igual que safety difiere de security en el caso de la noción de seguridad o riesgo. En el concepto de ‘seguridad territorial’, para referirse a la seguridad alimentaría, económica, social, democrática, ambiental –i.e. a la sostenibilidad ecológica y social– y a otros aspectos como la gobernabilidad, e incluso a la misma justicia, el territorio no es un simple espacio geográfico sino el espacio de las decisiones. Una cosa es que la colectividad crea que se protege su bien común y que está protegida ante la adversidad, debido a los preceptos sociales, los medios y al imaginario que se ha construido acerca del Estado, y otra cosa es que esa justicia y esa seguridad existan objetivamente. La injusticia y la inseguridad son, claramente, un problema mucho más grave, latente y real de lo que la colectividad sospecha.

Darse cuenta de la complejidad que subyace a estas nociones es percibir el desarrollo del ser humano como un ser vivo sorprendente y de la aventura milenaria que significa la civilización; es decir, de lo que representa su actuar en sociedad. Tratar de asir estos conceptos del imaginario individual y colectivo y tratar de trasladarlos al campo del quehacer humano es y será, por lo tanto, un desafío constante que no podrá evadir nunca el conocimiento científico y artístico. De estas dos nociones, inmensas en lo abstracto y siempre parciales en la práctica, no sólo depende el futuro sino la existencia de la humanidad.

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Edición No. 147