La distante furia de la batalla
La hierba resucita para enmascarar, para estrangular,
palabras glosadas en piedra, cercenado ángel de piedra;
pero los muertos mantienen su terreno-
que no hay forma de soslayar-
quien en los sitios vitalmente descansa
nombrado, anónimo; quien de igual modo prueba
el aguante de cedros, laureles,
claros de luna, piedra, todas las texturas;
con quien, bajo licencia y coacción,
hay pactos, si no la paz.
Unión con el muerto-lápida
piden el líder nato, el líder
preparado, los devoradores y todos los hombres enjutos.
Algunos, finalmente, aprenden a empezar.
Algunos se limitan a los arreglos del amor
(o similar deber) bajo cuyos auspicios se mueven
casi todos los asuntos, hacia el provecho de esta
asociación de palomas y testigos.
Algunos, sacados del estercolero, son traidos desnudos,
no por concepción sino por cuido.